La huella de carbono anual de
Amazon en 2018 fue más alta que la de nueve de los 27 países de la Unión
Europea
Por: JOSÉ JUAN MORALES (REDACCIÓN)
OLIVIA LÓPEZ BUENO (IMAGEN Y EDICIÓN)
Encender el ordenador, abrir el
navegador, hacer click y en pocos días —a veces horas—, lo que queramos, en la
puerta de casa. La integración del comercio electrónico en el día a día ha
vivido una aceleración como adlátere de la pandemia. El 62,6% de los españoles
ha hecho uso de él en los últimos 12 meses, frente al 58% en 2019, según una
encuesta del INE. Sin embargo, el daño
medioambiental que supone el proceso que empieza con un click y acaba con un
mensajero en casa, se incrementa notablemente con respecto al comercio
tradicional, debido fundamentalmente a lo que en el sector conocen como la
última milla. Según datos distribuidos por el gigante del comercio electrónico
Amazon, su huella de carbono en 2018 fue de 44,4 millones de toneladas de CO2,
mayor que la de nueve de los 27 países de la Unión Europea, si nos atenemos
a las medidas difundidas por la Agencia Europea de Medio Ambiente o similar a
la de todo el CO2 que emitió ese año toda la actividad de Cataluña, como recoge
el informe que desgrana las emisiones por comunidades del think tank Observatorio
de Sostenibilidad.
En
Madrid, se entregan al día entre 350.000 y 400.000 paquetes, según Greenpeace,
una cifra que se puede multiplicar por cuatro en fechas como el Black Friday. “Todo esto tiene un gran impacto
sobre los objetivos de desarrollo sostenible y el primero sobre las emisiones
de CO2, por supuesto″, concreta Fernando Prieto, director del Observatorio de
Sostenibilidad y doctor en Ecología. Pero no solo eso, el peso total de la
distribución de mercancías en una ciudad como Madrid supone el 38% del peso
total del tráfico urbano, según un informe de la patronal de fabricantes y
distribuidores AECOC. Ese informe también contiene que el transporte urbano
genera sobre la economía un daño comparable al 2% del PIB, “por el impacto de
los atascos y la contaminación”, precisa María Tena, gerente del área de
transporte y logística de la patronal. Tena añade que “solo el 22% de la
población es consciente” del daño medioambiental del comercio en línea.
La última milla
Todos los actores implicados en el
proceso coinciden en que la última milla, es decir, el trayecto desde el centro de distribución a cada uno de los hogares,
es el punto en el que el comercio electrónico multiplica sus emisiones con
respecto al comercio tradicional. “Lo más importante es que se produce una
dispersión de los envíos”, describe Rafael Pérez del Monte, director de calidad
y responsable de Medio ambiente de la división española de DHL, la empresa
líder mundial en logística. Pérez del Monte añade que los intentos de entrega fallidos porque el comprador no se encuentra en
casa “supone asumir costes e incrementar el impacto ambiental de la actividad
porque supone desplazamientos adicionales”. Aunque el mayor número de
emisiones se da en los desplazamientos de largo recorrido que se hacen en barco
o avión, trayectos que son comunes al comercio tradicional.
“Una
de cada tres cosas que compramos la devolvemos, con lo que esto también genera
más tráfico”,
añade Celia Ojeda, responsable de la campaña de Consumo de Greenpeace,
circunstancia que, según la patronal AECOC, convierte a España en el cuarto país en tasa de devoluciones de Europa.
Estas devoluciones son muy habituales a la hora de comprar ropa: “Muchos
clientes compran varias tallas de lo mismo asumiendo que lo van a devolver de
antemano”, concreta el portavoz de la empresa de transportes DHL, con lo que queda asegurado que se
multiplican los trayectos de la última milla desde el momento de la
adquisición.
También
está el hecho de la incitación al consumismo “porque es muy rápido hacer click
y obtener el producto de manera instantánea”, según Ojeda, lo que hace que “se compren cosas que no se necesitan”. Greenpeace añade a los
programas de entregas exprés o prime como parte del problema. “Para que un
paquete llegue a las nueve de la mañana del día siguiente tienen que entrar en
juego una gran cantidad de transportes para satisfacer ese deseo”, explica el
doctor en Ecología Fernando Prieto.
El
embalaje es otra de los grandes déficits del comercio electrónico en su
relación con el Medio ambiente. Los envoltorios de estos envíos ya representan el 30% de los
residuos sólidos en Estados Unidos, según la Agencia de Protección Ambiental
del país. “Muchos de estos productos vienen de fuera y esos residuos no entran
en la corriente de residuos normales sujeta a determinados tipos impositivos”,
agrega Fernando Prieto. El cartón de los
envíos se recicla, no así el plástico que “sigue estando presente en esos
embalajes y el reto es encontrar materiales que igualen las prestaciones de
manera lo más medioambientalmente sostenible posible”, según Pérez del
Monte, directivo de DHL. Greenpeace
propone que la paquetería sea retornable, que sea adecuada al tamaño del
producto para optimizar el número de envíos que se pueden hacer en cada medio
de transporte y reducir los plásticos de los mismos, entre otras medidas
para paliar el problema del embalaje.
Soluciones
Empresas implicadas en el comercio electrónico, como DHL, se han marcado como objetivo un saldo de emisiones cero para 2050. Actualmente, el transporte es el responsable del 14% de las emisiones según un informe del propio gigante logístico. Para lograr el objetivo, la empresa está agregando vehículos eléctricos a su flota para la última milla o el aumento de red de taquillas y puntos de conveniencia, en los que el repartidor deja todos los envíos correspondientes a una zona determinada y así el comprador se puede desplazar a pie a recogerlos. “La renovación de la flota es fundamental”, asegura el responsable de Medio ambiente de la compañía en España, que pide que haya fondos europeos que permitan desarrollar vehículos que no emitan CO2 y que su comercialización se popularice. Fernando Prieto del Observatorio de Sostenibilidad, añade a estas soluciones impuestos con los que el consumidor pague por estas emisiones del comercio electrónico porque “de esta manera serían mucho más caros estos productos” y el comercio de proximidad podría competir con ellos.
