Fuente:
Cinco Días
Profesor
y escritor con doble nacionalidad, estadounidense e israelí, Tal Ben-Shahar
brilló con luz propia en EnlightED, la conferencia internacional que debate
sobre la educación en la era digital, recientemente celebrada en Madrid.
Sus
libros han sido traducidos a 25 idiomas, entre ellos los bestsellers Happier y
Being Happy. Especializado en Psicología Positiva, sobre esta materia inició en
2006 un seminario en la Universidad de Harvard. Aunque inicialmente apenas
asistieron una decena de alumnos, no tardó en convertirse en la asignatura con mayor número de estudiantes
de la historia de Harvard.
“Es
importante tener objetivos a futuro y, al mismo tiempo, aprender a relajarse y
deleitarnos con el presente. Hay que saber combinar un destino que tiene valor
para nosotros con el disfrute del viaje”.
FEDERICO
FERNÁNDEZ DE SANTOS: Coincidimos con Paul Polman en el Global Peter Drucker
Forum, justo el día anterior al anuncio de su retirada como CEO de Unilever, y
allí nos contó una experiencia que tuvo con el exprimer ministro israelí Shimon
Peres un año de su fallecimiento en 2016. En aquellos momentos, Peres tenía 90
años, pero la percepción de Polman era que se trataba de la persona con el
espíritu más joven que jamás había conocido. A ese comentario, Peres le
respondió: “Siempre que la
lista de cosas que quieras hacer sea mayor que la lista de cosas que ya has
realizado, permanecerás joven”. ¿Cómo afecta a los niveles de felicidad
el plantearse mirar siempre al futuro con optimismo?
TAL
BEN-SHAHAR: Hay esencialmente dos escuelas de pensamiento dominantes. Una
sostiene que la felicidad es algo que está directamente relacionado con estar
siempre orientado a objetivos, a tener esa larga lista de cosas que uno desea
hacer, y hasta cierto punto, viviendo en el futuro. Es una escuela muy asociada
con el mundo occidental.
Luego
está la mentalidad oriental, cuya escuela de pensamiento –en líneas generales,
pues hay muchas excepciones–, nos explica que mirar al futuro no aporta
felicidad. Conseguir objetivo tras objetivo hace que las personas puedan tener
mucho éxito, pero que al final no se sientan felices, sino más bien miserables.
Por lo tanto, la respuesta no es tener y alcanzar objetivos, sino que para esta
corriente la esencia de la felicidad radica en el momento en que vives, aquí y
ahora.
Para mí, y basándome en la
investigación, la felicidad reside en la combinación de futuro y presente. Esa
lista de cosas que hacer es lo que da significado a nuestra y vida, nos da las
razones para levantarnos cada mañana y nos mantiene jóvenes. Pero, al mismo
tiempo, una vez que tenemos esos objetivos fijados es importante dejarlos ir y
aprender a focalizarnos en el viaje, en el presente.
Digamos, por ejemplo, que tengo por objetivo escribir un libro –algo que me ha
ocurrido en varias ocasiones–. Una vez que he establecido esa meta, simplemente debo centrarme en
escribir, en disfrutar del camino; porque si estoy pensando si cumpliré los
plazos de entrega, si tendrá la calidad adecuada, si se venderá bien, si
conseguirá buenas críticas, etc., y continúo focalizado en relación a ese libro
hacia el futuro, no disfrutaré del momento.
Por eso es muy importante tener
objetivos a futuro, pero al mismo tiempo aprender a relajarse y deleitarnos con
el presente. De esta forma, combinamos un destino que tiene valor
para nosotros con el disfrute del viaje.
F.F.S.:
El empresario Peter Diamandis explica que la interfaz cerebro-ordenador no es
ciencia ficción, sino algo muy próximo; y cada vez sabemos más sobre
el
cerebro y su funcionamiento. Por otro lado, en management hay una escuela que
dice que aquello que no se puede medir, no existe. ¿Seremos capaces de medir
los procesos químicos y biológicos que ocurren en nuestro cerebro y que
reflejan los efectos de la felicidad, de manera que a través de esa interfaz
mente-ordenador podamos llegar a “administrar y gestionar la felicidad”, o al
menos combatir enfermedades como la depresión?
T.B-S.:
En realidad ya sabemos cómo medir la felicidad. Sabemos qué imagen tiene un cerebro feliz y cómo es un
cerebro deprimido. De la misma forma que sabemos cómo es un cerebro que
tiene compasión o el de un sociópata.
Puedo
imaginar un día, no lejano, quizás dentro de 10 años, en el que uno regrese a
su casa deprimido por el día de trabajo y se meta en una máquina o se coloque
un aparato para sentirse mejor. Sin embargo, esto también será algo
problemático, pues aunque
evitará el sufrimiento a muchas personas, a largo plazo evitará el aprendizaje
y el crecimiento en gran manera. No podemos obviar que algunas de las lecciones
más importantes que aprendemos provienen de experiencias difíciles.
F.F.S.:
Hace más de tres décadas tuve la oportunidad de conocer al primer ministro
israelí, Yitzhak Shamir. Recuerdo que era una persona muy intensa, que generaba
mucho respeto –a pesar de ser pequeñito–, y me comentó algo muy interesante: “La verdadera felicidad sólo
proviene del esfuerzo, el trabajo y el sacrificio. Las personas no valoran las
cosas si realmente no han tenido que luchar por ellas”. Hoy vivimos en
una sociedad que busca la satisfacción inmediata. ¿Genera este proceso una
sensación de intensa felicidad?
T.B-S.:
Cuando hablamos de máquinas que serán capaces de introducir la felicidad,
presumo que podrán simular los efectos que se generan cuando uno ha trabajado
intensamente para conseguir un objetivo, y lo alcanza. De ese modo, podríamos
argumentar que serán máquinas que nos hagan felices; pero aun con esos recursos
para poder llevar una vida feliz, esta tiene que ser una vida de trabajo intenso e inversión en algo.
Dicho de otra manera, la base de la felicidad es la dedicación.
“Aunque
consigamos desarrollar una máquina que nos haga sentir mejor, también evitará
el aprendizaje y el crecimiento que obtenemos de las experiencias difíciles”.
“La
interacción online no es ningún sustituto de la interacción directa entre las
personas. Las relaciones verdaderas, cara a cara, son esenciales”.
F.F.S.:
Amin Toufani, profesor de Singularity University, habla de una crisis de la
imaginación. Según él, gracias a las tecnologías exponenciales, hoy tenemos un
alcance que excede a nuestra imaginación, y podríamos hacer mucho más de lo que
hacemos. En su opinión, el riesgo más importante al que nos enfrentamos es el
no pensar suficientemente a lo grande. Como decía Schopenhauer, “el talento permite alcanzar
objetivos que otros no pueden alcanzar; el genio permite alcanzar objetivos que
nadie puede ver”. ¿Qué es lo que no somos capaces de vislumbrar, desde
la perspectiva de la felicidad, en nuestra sociedad?
T.B-S.:
Una de las cosas que no estamos viendo es el impacto que la tecnología está
teniendo sobre nuestra generación. Cada vez son más quienes hablan de ello,
pero hablar no es realmente analizarlo en profundidad. De ser conscientes de
sus consecuencias, actuaríamos y nos pondríamos en marcha para poner remedio.
En
términos de felicidad, la desconexión entre las personas por un mal uso de la
tecnología es radical. Los niveles de depresión están creciendo
exponencialmente, al igual que los de suicidio, y en buena parte se debe a que
no hemos aprendido a utilizar bien la tecnología, que puede ser maravillosa.
Gracias a ella, yo doy clases a miles de alumnos de todo el mundo; pero estar
conectado cuatro horas diarias en vez de interactuando directamente es un
problema.
La interacción online no es ningún
sustituto de la interacción directa entre las personas. Esas relaciones verdaderas,
cara a cara, son de suma importancia.
F.F.S.:
En el congreso TED2019 de Vancouver, Matt Walker, profesor de Neurociencia en
la Universidad de California, hablaba de la importancia que tiene el sueño para nuestro bienestar
fisiológico y psíquico. ¿Existe una relación directa entre sueño y
felicidad?
T.B-S.:
Hay una verdadera conexión que también implica a la tecnología. Cuando las personas tienen sus
teléfonos móviles encendidos a las 11 de la noche, están luchando contra su
naturaleza, que lo que necesita a esa hora es que las luces estén apagadas y
dormir.
El precio que pagamos por esta falta de
sueño es extremadamente elevado. Los niveles de energía caen, aumentan las
posibilidades de estar enfadados y de experimentar depresión, y además es mucho
menos frecuente que tengamos grandes ideas si no dormimos lo suficiente. La
falta de sueño, en términos de capacidad de procesos de información, tiene
mucho impacto. Prácticamente todos los parámetros sufren: las relaciones con
otros, nuestro rendimiento en el trabajo y, por supuesto, los niveles de
felicidad.
F.F.S.:
La mayoría de los medios de comunicación transmiten noticias negativas y
afirman que vivimos tremendos momentos de dificultad; pero los hechos
demuestran lo contrario. Si nos fijamos en los niveles de pobreza extrema, se
han reducido en un 50% en la última década. Pero simplemente, preferimos
focalizamos en los aspectos negativos. ¿Por qué sucede esto y cómo nos impacta?
T.B-S.:
El psicólogo Steven Pinker ha realizado muchos trabajos que analizan esta
negatividad de una forma muy inteligente, y les recomiendo sus libros. Como seres humanos, tendemos a
centrarnos en aquello que no funciona; es parte de nuestra herencia evolutiva.
¿Por qué? Le pondré un ejemplo: dos personas andando por el campo escuchan un
ruido a sus espaldas. La persona que se centra en los aspectos positivos piensa
que es el viento haciendo música, mientras que su acompañante cree que un león
está detrás de ellos. El pesimista sale corriendo, y sobrevive. Este proceso ha
ocurrido generación tras generación, siempre se ha producido esta especie de
evolución con una selección natural.
Hoy
nuestros cerebros son los mismos que los que teníamos cuando vivíamos en las
junglas y en los desiertos. Son
cerebros que se centran y focalizan en lo negativo y, aunque desde luego es
necesario resaltar las cosas que no funcionan y que son mejorables, también
necesitamos dedicar tiempo a apreciar lo que tenemos.
“Los
niveles de depresión, al igual que los de suicidio, están creciendo
exponencialmente. La tecnología puede ser maravillosa, pero no hemos aprendido
a utilizarla bien”
“Cuando
uno aprecia lo bueno, lo bueno se aprecia. Las organizaciones donde impera una
cultura de la apreciación consiguen mejores rendimientos”.
Una
de esas frases que repito constantemente a mí mismo y a mis estudiantes es que
“cuando uno aprecia lo bueno, lo bueno se aprecia”. Si
uno aprecia lo bueno en su vida, en el mundo, obtiene más de ello y es más
abundante. La conexión entre ambas apreciaciones es importante. Estos aspectos
están apoyados en investigaciones que demuestran que quienes aprecian lo bueno que tienen en su vida
acaban teniendo más éxito. Los niños que son capaces de apreciar y ser
apreciados por sus progenitores acaban teniendo mejores resultados. Las
organizaciones donde impera una cultura de la apreciación consiguen mejores
rendimientos.
F.F.S.:
También está demostrado
que hay cualidades más presentes en las mujeres, como la empatía, que afectan
positivamente a los entornos laborales.
Sin
embargo, en sitios como Silicon Valley ellas brillan por su ausencia y
predomina una misógina cultura BRO. ¿Cómo se deben gestionar estos aspectos?
T.B-S.:
En los últimos años se están realizando cada vez más investigaciones que
demuestran que los equipos
que incluyen a mujeres tienen más posibilidades de éxito y mayor creatividad,
además de una duración a largo plazo superior, pues registran menos rotación.
Por eso, si queremos realmente alcanzar el potencial inherente dentro de las
organizaciones, tenemos que generar más diversidad, ya sea de género, de
pensamiento, cultural... No queremos réplicas, tenemos que intentar conseguir
originales●