El
liderazgo es más potente cuando es humilde
Fuente:
Cinco Días
FRANCISCO
ALCAIDE HERNÁNDEZ
Seguro
que recuerdan que la dimensión humana de las organizaciones (Management: The
Human Dimension) fue el lema central de la penúltima edición del Global Peter
Drucker Forum, el evento más importante de liderazgo y gestión empresarial a
nivel mundial en honor de Peter Drucker, a la que esta revista le dedicó un
número especial. Aquel encuentro finalizó con una conclusión que si bien es
compartida por muchos profesionales del management –e incluso el sentido común nos
dice–, merece la pena rescatar y reflexionar sobre ella, y es que el liderazgo
aumenta su potencia si es profundamente humilde.
Nadie
duda que vivimos tiempos VUCA
(en español VICA: Volátil, Incierto, Complejo, Ambiguo), por lo tanto,
frente a tiempos pretéritos donde todo era más estable, sencillo y predecible,
hoy día la situación es la contraria.
Eso
significa que una de las cualidades más importantes para plantar cara al actual
escenario competitivo es, sin dudas, la humildad. Pero, ¿qué significa ser humilde?:
1.
PEDIR AYUDA.
Pedir
ayuda no sólo no es ser débil, sino todo lo contrario. Pedir ayuda es uno de los rasgos de mayor
fortaleza emocional. La gente ganadora pide ayuda cuando lo necesita y avanza en la vida; la
gente perdedora se refugia en su orgullo y queda estancada. Hay que pedir consejo,
asesoramiento u opinión a los que más saben, ya sean consultores,
asesores, coaches o demás colaboradores. Nadie lo sabe todo y siempre, y menos
en tiempos tan complejos. La autosuficiencia (el complejo de ‘llanero
solitario’) siempre ha sido peligrosa porque conduce a la ineficacia y a la
ineficiencia, pero hoy lo es todavía más.
2.
PREGUNTAR.
Decía Peter Drucker que “el líder del
pasado era el que sabía dar instrucciones; el líder del presente y del futuro
es el que sepa preguntar”. Porque en la actualidad todo cambia muy
rápido y es fundamental estar muy pegado al mercado. Siempre existe la
tentación de quedarse en la cueva, en el despacho, que es lo cómodo, en lugar de estar en la calle
cerca del cliente. Un despacho es un lugar desde el que contemplar el
mundo. El propio Richard Branson también señala: “El contacto con el cliente es fundamental ya que
da un conocimiento del negocio que no se puede tener, de ninguna forma, sentado
detrás de una mesa. Dedica gran parte de tu tiempo a experimentar tus propios
negocios y a compartir
opiniones con los clientes”.
3. FEEDBACK.
No
hay mayor enemigo para crecer y mejorar que tenerle miedo a la verdad. Para mejorar hay que hacer
autocrítica, pero no es algo común porque la autocrítica es el suicidio
de la vanidad. Todos decimos que hay que pedir feedback, pero en realidad a
nadie nos gusta que nos digan lo que no queremos escuchar. Jack Welch, ex CEO
de General Electric, decía: “Enfrenta
la realidad tal y como es, no como era o te gustaría que fuese”. No hay
nada más sano que tener a alguien de confianza que nos diga las cosas sin
tapujos. Los buenos
líderes siempre quieren saber la verdad y además rápido, porque entonces pueden actuar
para corregir. Mentir(se) es prolongar un fracaso.
Los
seres humanos tenemos una gran facilidad para negar la realidad porque nos
evita asumir responsabilidad, cuando el verdadero liderazgo es aceptar la
propia responsabilidad.
4.
DEJARSE ENSEÑAR.
En
tiempos pretéritos, a mayor edad, mayor sabiduría. Hoy día eso no es del todo
cierto, porque Internet y las redes sociales han transformado nuestra forma de
interactuar y relacionarnos con el mundo.
Antes
era impensable que un joven fuese millonario, ahora encontramos cientos por
todo el mundo. Cada vez se habla más del ‘mentoring inverso’, pues son los más
jóvenes quienes están mentorizando a las cabezas directivas en muchas
cuestiones de actualidad, porque a ellos les gusta ser pioneros, probar,
trastear y además están al tanto. Tienen mucha más agilidad y rapidez, así que
antes que perder el tiempo leyendo cualquier manual de instrucciones, mejor acelerar nuestro
aprendizaje dejándose enseñar por los que más saben. Ya lo decía Ralph
Waldo Emerson: “Todo el mundo que conozco es superior a mí en algún sentido. En ese sentido aprendo de él”.
5.
ESCUCHAR.
Desde
el punto de vista del cliente externo (consumidor), vender es solucionar
problemas a la gente; y para solucionar sus problemas tienes que saber cuáles
son sus problemas; y para
saber cuáles son sus problemas, tienes que escucharlos. Escuchar es la forma
más efectiva de saber qué es importante para alguien. Los grandes líderes son
grandes escuchadores: hablan menos y escuchan más. Y desde el punto de
vista del cliente interno (empleado), diriges bien si escuchas bien. No puedes dirigir a
quien no conoces. Es muy
difícil relacionarse con otro ser humano sin comprenderlo, sin conocer su
realidad personal. La empatía es fundamental. Si no conoces a la gente, no puedes relacionarte
con ella. Y para conocerla, tienes que mostrar interés por su vida. Y mostrar
interés por su vida, supone escucharla bien. El propio Peter Drucker
también apuntaba que “muchos directivos se creen maravillosos porque hablan
bien; cuando no se dan cuenta de que ser maravillosos con las personas es escucharlas bien”.
6.
OBSERVAR.
Yogi
Berra, conocido jugador de baseball norteamericano, señalaba: “Se puede
aprender mucho tan sólo observando”. Observar no es sino otra forma de escuchar, pero indirecta. En
la escucha tienes a alguien del que absorbes directamente, mientras que
observando absorbes del contexto. Te nutres de inputs de situaciones,
informaciones o personas de manera lateral. Las personas observadoras en
cualquier circunstancia tienen una ventaja competitiva para llevarse información
de cualquier contexto y aplicarla a su día a día para aportar valor, que en
definitiva es de lo que se trata.
¿Y
qué es lo contrario de la humildad? El ego, la soberbia, el complejo de superioridad, que a lo largo de la
historia se han cobrado tantos imperios, empresas e instituciones, como
por ejemplo el Titanic, todo un despropósito en aquella época de principios del
siglo XX, al que se denominó el ‘buque insumergible’ y que acabó en las gélidas
aguas del Atlántico en la madrugada del 15 de abril de 1912. Como apuntaba
Amancio Ortega cierta vez: “La
autocomplacencia es lo peor cuando quieres lograr algo grande. En Zara
nunca nos hemos relajado, ni al principio ni ahora”. Y la humildad es, con toda
seguridad, el factor crítico para que eso no ocurra jamás
