Claridad
mental: clave estratégica para el éxito
Fuente: Cinco Días
Francisco
Alcaide Hernández
Una
de las cosas más importantes para tener éxito es tener claridad mental, porque
la claridad mental lleva a
conducir todas las energías hacia lo importante sin despistarte ni dispersarte.
Cuando sabes qué es importante y qué no, es fácil tomar decisiones.
La sencillez, simplificar las cosas,
aporta mucha claridad mental, y esa claridad mental agiliza las
decisiones, ser resolutivo
o tener foco, entre otras cosas. La claridad mental es fuerza para el
cerebro.
Un
ejemplo de esto es The Paradox of Choice: Why More is Less (La paradoja de la
elección: por qué más es menos) conocido libro del profesor y psicólogo Barry
Schwartz (Swarthmore College). Allí se cuenta el siguiente estudio que es un
clásico sobre la psicología del consumidor.
Los
investigadores, Sheena Lyengar (Universidad de Columbia) y Mark Lepper
(Stanford), pusieron a un
grupo de compradores de un supermercado frente a una selección extensa de
mermeladas (24 clases) y a otro frente a una selección más limitada (6 clases).
Los resultados demostraron que mientras un 30% de los consumidores que sólo
pudieron tener acceso a 6 mermeladas acabaron llevándose un tarro, únicamente
un 3% de los del primer grupo compraron.
La
conclusión es obvia: a
partir de un número de alternativas, el cerebro se bloquea y le cuesta decidir.
Racionalmente creemos que más es mejor, pero la evidencia empírica demuestra
que no es así. El exceso
de alternativas lleva a la duda, a la confusión, a la parálisis, a la
dispersión.
Hoy
día esto es aún más relevante porque vivimos en un mundo donde hay exceso de
todo: exceso de información, exceso de datos, exceso de alternativas, exceso de
redes sociales, exceso de variedad de productos de una misma gama. Esa cantidad
de todo produce un cierto caos —lo opuesto a la claridad— que dificulta mucho
la toma de decisiones. Todo es menos lineal, más complejo, más confuso. Hay
mucho ruido alrededor. Por tanto, la habilidad para no dejarse arrastrar por el
entorno, tener pensamiento propio y mirar desde arriba —que siempre ha sido
importante— es crítica y adquiere mayor relevancia en el contexto actual.
Cuando
Steve Jobs volvió en 1997 a Apple, la compañía que él mismo había fundado años
atrás y de la que había sido despedido, dos palabras definieron su estrategia: sobrevivir (survival)y sencillez
(simplification). Respecto a la que nos ocupa, la sencillez se convirtió en uno de los rasgos de
su liderazgo y en una extensión de su persona a toda la organización: en
sus presentaciones, en la estructura de la empresa, en la clase de equipos, en
sus claims (iPod: mil canciones en tu bolsillo) o en sus productos, ya que cuando regresó a la empresa
había más de 40 productos y los redujo a tan sólo 4. Esto comentaba
Jobs: «Este ha sido uno de mis mantras: foco y sencillez. Lo simple puede ser más difícil que lo
complejo. Tienes que trabajar muy duro para pensar con claridad y hacer las
cosas sencillas. Pero merece la pena, porque una vez que lo logras
puedes conseguir cualquier cosa. La sencillez es la suprema sofisticación».
Jack
Welch, CEO de General Electric durante más de veinte años y considerado por
Business Week el mejor ejecutivo del siglo XX, también apuntaba: «Los directivos inseguros crean
la complejidad. Los directivos asustados y nerviosos utilizan libros de
planificación muy gruesos y complicados, y diapositivas llenas de todo lo que
han aprendido desde su infancia. Los líderes de verdad no necesitan confundir. La gente debe tener la
confianza en sí misma para ser clara, precisa y estar segura de que cada
persona en su organización, desde la más importante a la menos, entiende cuál
es el objetivo básico del negocio. Pero no es fácil. Es increíble lo difícil que es ser simple para la
gente; cuánto miedo le da ser sencilla. Les preocupa el hecho de que si son simples, los demás
pueden pensar que son tontos. En realidad, claro está, es justo al revés. La gente con la mente más
clara y preparada es la más simple».
Creemos
que para crecer hay que hacer más cosas. Siempre más. Parece coherente. Más
productos, más procesos, más personas, más de todo. El negocio se va
desarrollando. Se va haciendo más complejo. Esta es una forma de crecer, la
tradicional. No haces nada especial, sólo te dejas llevar por la inercia del
desarrollo. Pero, ¿es esta la mejor fórmula?
Entre
1985 y 1989, el sector de fabricantes de máquinas en Alemania creció la mitad
del PIB alemán. En el sector, algunas compañías crecían al 3% y otras lo hacían
al 9%. Para conocer las causas de esas diferencias, la consultora Mckinsey realizó
un estudio —que llevaría por título Simplicity wins (La sencillez gana)— en el
que analizó muchas de esas compañías (productos, procesos, clientes...) y
arrojó una conclusión clara:
las empresas con mejores resultados eran las más sencillas. Estas compañías
superaban al resto en muchas de las áreas, y como consecuencia tenían
crecimientos superiores a la demás.
¿Y
cómo ser sencillo? El estudio de Mckinsey aporta una fórmula centrada en tres
elementos:
1.
OBJETIVOS.
Pocos
objetivos y poco complejos. Hace algunos años le pregunté a un directivo del
Real Madrid del equipo de Florentino Pérez qué había aprendido trabajando codo
con codo con él. Me dijo varias cosas, pero una de ellas fue la siguiente: «Tiene siempre tres o cuatro
ideas fuerzas que guían su estrategia, y luego es muy insistente en ellas hasta
que están absolutamente asentadas e interiorizadas. Los procesos de
asimilación no sólo tienen que ser lentos sino que deben de ser muy
insistentes; por eso no se puede hablar de veinte cosas a la vez».
2.
ESTRUCTURAS.
El
empresario mexicano Carlos Slim señalaba cierta vez: «Estructuras simples con
mínimos niveles jerárquicos. En definitiva, operar con las ventajas de la
empresa pequeña, que son las que hacen grandes a las grandes empresas». La burocracia
es el Drácula de la empresa, aniquila muchas iniciativas, quita energía, genera
conflictos y otros muchos derivados.
3.
PROCESOS.
La ejecución es la clave de todo, y
los procesos son los que facilitan u obstaculizan que así ocurra. Procesos
simples, directos y en menos tiempo. ¿Has visto la web de Hawkers? Sencilla. ¿Y
sus productos? Sencillos. ¿Y su proceso de compra? Muy sencillo. Lo mismo pasa
con Amazon. Puedes comprar en un clic sus productos directamente. Todo para
facilitar la decisión (impulso) de compra.
SIM-PLI-FI-CA. Pocas cosas pero importantes, y después mucho foco para concentrarse en ellas. Decide los key factors (factores clave) del negocio y el resto, deséchalo, y no pienses más sobre ello, te quita energía, atención y tiempo. Bruce Lee lo resumía así: «No has de acumular, sino eliminar. No se trata de aumentar cada día, sino de disminuir cada día. Cultivarse a uno mismo culmina siempre en la simplicidad»●
