Despedir
en pandemia
Por: Sílvia
Forés
Presidenta
del Foro de RR.HH. de Foment del Treball
Esta
pandemia desgraciadamente se ha llevado por delante muchas vidas humanas. Si
una muerte de por sí ya es un hecho trágico, no poder despedir debidamente a un
ser querido es aún más dramático. Llevando la mirada al mundo profesional, esta
pandemia también ha truncado las ilusiones de muchos trabajadores que han visto desaparecer sus
puestos de la noche a la mañana, sin posibilidad de asimilarlo, con gran
impotencia.
Muchas de estas personas han sufrido
una pérdida de empleo rodeados de la más absoluta soledad. Y
volviendo al paralelismo con el ejemplo anterior, por más que perder un empleo
ni por asomo puede equipararse al dolor de la pérdida de una vida humana, esta pandemia ha propiciado en
ciertos casos despidos y fines de contrato extremadamente fríos, con muy poco
acompañamiento.
El
aislamiento, confinamiento, las prisas y el escudo de la pantalla han provocado
que momentos que marcan
tanto la vida profesional de una persona, como son su salida, no se hayan
realizado con suficiente empatía. Se habla mucho de las cualidades que
debe tener un buen líder, pero pocas veces se menciona algo que es fundamental:
saber comunicar y
acompañar a las personas en el momento de salir de una empresa también forma
parte de las cualidades de un buen líder.
Las
empresas cuentan con protocolos de salida bastante bien preparados: devolver
llaves, eliminar cuenta de correo electrónico, desconectar accesos, entregar
finiquito y carta... pero pocas veces he visto un protocolo de comunicación
bien elaborado. Porque se supone que Recursos Humanos es quien despide y ya lo
sabe hacer bien. Es un trabajo muy desagradable que a nadie apetece llevar a
cabo.
Sin
embargo, el impacto de delegar la comunicación de forma errónea y no dar la
cara, algo que esta pandemia ha propiciado de forma natural al darse menos
presencia física, tiene un
coste emocional altísimo para aquella persona que lo sufre.
Muchas
empresas consideran erróneamente que el viaje del empleado se termina cuando
sale por la puerta, pero no es así. Ese viaje le acompañará durante tiempo, ese recuerdo le marcará cuando
hable de sus exempleadores en entrevistas de trabajo, en foros de Internet, al
valorar productos de esa compañía como futuro consumidor. Y a veces la
diferencia entre hacer las cosas mal y bien no requiere tanto esfuerzo.
Se
trata de definir bien el quién, el cómo y el cuándo, teniendo muy presente que
la reacción del empleado puede ser imprevisible, pero teniendo el
convencimiento de haber considerado que todo el mundo merece ser despedido de forma digna.
