viernes, 29 de enero de 2021

De empresas y negocios - Xavier Marcet

 


De empresas y negocios

Por: Xavier Marcet

Presidente de la consultora Lead to Change

Los mercados pueden ser despiadados, los negocios también. Pero las empresas, no. Por eso es injusto que tengan el mismo tratamiento jurídico-fiscal las empresas, comunidades de personas alrededor de un propósito, que los negocios, artefactos cada vez más tecnológicos que se apoyan en un ejército de precarios para hacer llegar los productos a los clientes. Las empresas deben crear valor corporativo y social, los negocios a menudo solamente crean especulación.

 

Vivimos meses muy complejos para muchas empresas. Se sienten comunidades heridas cuando les caen los mercados por una fatalidad imprevista. Para muchas ha llegado el momento de demostrar que es cierto lo que pregonan en sus relatos cuando proclaman que las personas están en el centro de la organización. Y algunas lo consiguen. A base de sacrificios, pero creen que mantener su comunidad profesional vale la pena. Escuchaba a Aner Garmendia, CEO de EGA Master, explicando lo primero que hicieron tras la llegada del coronavirus. Reunir a la gente, comunicar que no despedirían a nadie y que garantizarían los salarios. Uno puede pensar que EGA Master es una gran multinacional de las herramientas industriales. No lo es. Eso sí, es la empresa alavesa más internacionalizada que hay. Trabaja en 150 países, pero su competidor es 200 veces más grande. Su filosofía es cuidar a las personas para que las personas cuiden a los clientes. EGA Master es una empresa, no es un negocio.

 

Europa lo que necesita son más empresas de este tipo. Empresas donde el nombre de las personas cuenta. Donde la gente sabe quién toma las decisiones y normalmente sabe porqué las toma. Empresas que sobreviven porque crean valor y que emanan una externalidad natural que beneficia a su entorno, con un compromiso natural con su gente y su tierra. El drama de Europa es cuando este perfil de empresas es comprado por fondos internacionales que cambian los nombres y apellidos por guarismos codiciosos. Entonces las empresas pierden la memoria de quién las ayudó a crecer y queriendo aumentar la rentabilidad a toda costa simplemente pierden el alma. Los nuevos gestores convierten las empresas en negocios y deja de importarles el arraigo, las trayectorias, el porqué de las cosas. A veces, los fondos mandan a alguien que intenta surfear entre las exigencias financieras y las comunidades de empresa y otras simplemente envían a un controller sin miramientos. Lo que tienen los controllers es que dan mucha seguridad. Pero a menudo sólo garantizan una muerte lenta pero segura.

“Las empresas deben crear valor corporativo y social, los negocios a menudo solamente crean especulación”.

 

Europa necesita empresas arraigadas, con una agenda clara del compromiso con su gente, con una agenda corporativa y social a la vez. Empresas que basen la competitividad en las personas y en la tecnología. Empresas a las que no molesten las personas para ser competitivas, sino todo lo contrario. Cada vez que vendemos esas empresas que han configurado Europa como un espacio de equilibrio, bajamos un peldaño. Debemos reaccionar. Necesitamos renovar la energía emprendedora y crecer. El emprendimiento no es solamente para autoemplearse o construir empresas micro, necesitamos muchos más proyectos grandes. Necesitamos emprendedores ambiciosos a la vez que humildes.

 

Dentro de unos años veremos cómo una estupidez que muchas grandes empresas prejubilen masivamente teniendo como único criterio la edad. El talento no tiene edad. Y el esfuerzo a menudo tampoco. Ya sabemos de memoria cómo se crean empresas con una silueta atractiva para los inversores y también sabemos cómo acaban muchas de ellas. El talento de verdad se adapta, no se queda anquilosado, sabe que el cambio también es una senda individual. Qué estupidez.

 

No quiero hacer management populista. Por experiencia sé que dirigir empresas es muy difícil. Los desafíos son muy exigentes. A veces son los mercados, a veces las disrupciones tecnológicas, otras las administraciones que no tienen empatía ni respeto, otras nosotros mismos cuando tenemos ataques de arrogancia por éxitos mal digeridos. Sé que no es fácil y sé que los dilemas de adelgazar una empresa para sobrevivir son reales y durísimos. Lo sé. Pero también veo empresas que despiden gente que ha sido un emblema de entrega y de resultados. Simplemente porque cuando las cosas se ponen cuesta arriba hay directivos que no encuentran más solución que encargar a un tercero que desde el anonimato redefina estructuras sin importar las trayectorias que se lleva por delante. Trayectorias que hicieron crecer la empresa. Las empresas no pueden vivir del pasado, pero nada las obliga a vivir sin memoria.

 

Hace unos años, Donald Trump se hizo muy famoso con el programa de televisión en la cadena NBC The Apprentice, en el que el magnate evaluaba una serie de aspirantes a dirigir alguno de sus negocios. La frase que todo el mundo esperaba en el programa era cuando Trump le espetaba a cualquiera de los aspirantes “you’re fired”. Usted está despedido. Después en la Casa Blanca, Trump ha continuado una versión real del concurso que nos ha puesto todos a temblar. Despedir a gente sólo puede ser un deporte en un negocio. Nunca en una empresa.

 

Europa, para mantener su estado social, necesita todo tipo de artefactos económicos, negocios, chiringuitos y empresas. Pero aquellas que aguantarán el modelo social de Europa son las empresas. Esos espacios competitivos con memoria. Lugares con denominación de origen donde las personas tienen un nombre o un mote cariñoso. En la época de la inteligencia artificial no podemos dimitir de la inteligencia natural. Tenemos que redoblarla.

 

Las empresas viven de los resultados, como los negocios. Pero las empresas no alcanzan los beneficios a cualquier precio. Los negocios a menudo sí. Las empresas son comunidades para durar, para enfrentar éxitos y fracasos, bonanzas y adversidades. Para ello deben asegurar que sus responsabilidades críticas estén en manos de gente capaz y comprometida. En las empresas a menudo se exagera el valor de la promoción y se dramatiza demasiado el hecho de la reubicación en responsabilidades de menos visibilidad. El talento en la empresa deber ser fluido y debe existir más solidaridad interna a la hora de poner en cada momento a aquellos que pueden dar mejores resultados en los puestos adecuados. Pero realojar a la gente no significa olvidar sus contribuciones ni despreciarla. Los mercados pueden ser despiadados, los negocios también, pero las empresas, no.


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