lunes, 7 de diciembre de 2020

La financiación - Josh Kaufman

 


La financiación 

Había oído a la gente hablar con desprecio del dinero: se preguntó si alguna vez habrían probado vivir sin él. 

WILLIAM SOMERSET MAUGHAM, escritor británico, autor de Servidumbre humana 

 

Según mi experiencia, las personas disfrutan creando un valor, con el marketing, las ventas y la entrega del valor: son procesos fáciles de comprender y prever.  Ahora bien, cuando llega el turno a la «financiación», a todos les cambia la cara. Las finanzas nos hacen pensar en aquello de contar habas, en fórmulas matemáticas y hojas de cálculo rebosantes de números. No tiene por qué ser así: la financiación resulta bastante fácil de entender si uno se centra en lo que es más importante.  La financiación es el arte y la ciencia de observar los flujos de dinero que entran y salen de una empresa, decidir cómo colocar ese dinero y determinar si lo que hace está produciendo los resultados deseados. No tiene mayor complicación. Sí, puede que nos encontremos con unos modelos o una jerga complicados, pero lo que está haciendo sencillamente es utilizar los números para analizar si su empresa funciona según sus intenciones o no, y si los resultados bastan.  Los negocios de éxito deben aportar cierta cantidad de dinero para seguir funcionando. Si crea un valor, hace marketing de él, lo vende y entrega, el dinero entra y sale de su empresa todos los días. Para asegurar su existencia, toda empresa debe aportar unos ingresos suficientes (de los que hablaremos en este capítulo) que justifiquen el tiempo y el esfuerzo que implica llevar a cabo la operación. 

 

Todos tenemos que pagar facturas e ir a la compra, y las personas que tienen que ver con nuestra empresa necesitan ganarse un buen dinero para justificar el tiempo y la energía que invierten. De no ser así, dejarán la empresa y se dedicarán a otra cosa. Por esa razón las empresas deben quedarse con una parte del valor que crean y considerarlo un ingreso, que servirá luego para pagar los gastos y pagar a la gente que hace funcionar el negocio.  Las mejores empresas generan un ciclo muy satisfactorio: crean una enorme cantidad de valor y mantienen los gastos sistemáticamente bajos. De esta manera tienen dinero de sobras para seguir funcionando sin tener que retener demasiado valor. En resumen, son capaces de llenarse los bolsillos y a la vez de alegrar la vida a sus clientes, ya que su existencia hace que los que están involucrados en ella mejoren su posición económica.  La financiación ayuda a controlar el dinero con sensatez. 

 

El margen de ganancia 

Recuerde a los demás que la ganancia es la diferencia entre los ingresos y los gastos. Y parecerá inteligente. 

SCOTT ADAMS,  dibujante de cómics y creador de Dilbert 

 

No es un buen dato que su empresa aporte 100 millones de dólares al año en concepto de ingresos si luego gasta 100.000.001. El negocio no está en lo que obtiene, sino en lo que conserva.  La «ganancia» es un concepto muy sencillo: es lograr que entre más dinero del que sale. Para que una empresa siga funcionando, los ingresos que aporte de alguna manera deben superar los gastos en un plazo de tiempo determinado. Si no es así, su empresa dejará de ser negocio: se quedará sin recursos y cerrará, o bien se convertirá en un proyecto que subvencionará otra empresa con sus ganancias. No hay nada que resista de por vida si siempre da pérdidas. 

 

El «margen de ganancia» es la diferencia entre los ingresos y los gastos expresado en porcentajes. Es decir, si gasta 1 dólar para obtener 2, el margen de ganancia es del 100 %. Si es capaz de crear un producto por 100 dólares y de venderlo por 150, la ganancia es de 50 dólares y el margen de ganancia del 50 %. Si es capaz de vender el mismo producto a 300 dólares, el margen es del 200 %. Cuanto más alto sea el precio y menor el coste, mayor será el margen de ganancia. 

 

El «margen de ganancia» es importante porque es lo que permite a una empresa seguir funcionando. Si no se generan ganancias, una empresa no puede compensar a sus propietarios, que están invirtiendo tiempo, dinero y energías considerables para que sea operativa. Si los propietarios ven que su inversión no vale la pena, sencillamente cierran el negocio.  Las ganancias también aportan un colchón que permite a la empresa capear los malos tiempos. Si una empresa genera unos ingresos que apenas cubren sus gastos y estos gastos se incrementan de repente, el negocio tendrá problemas serios. Cuantas más ganancias tenga el negocio, con más opciones contará para reaccionar ante los imprevistos. 

 

La ganancia tiene una importancia crucial, pero no es el rasero por el que se mide una empresa. Algunos creen que el propósito de una empresa es maximizar la ganancia generada, pero no es esta la única razón por la que se crean empresas. Somos unos cuantos los que creemos que una empresa tiene mucho que ver con el empeño creativo, con cierta manera de explorar posibilidades, ayudar a los demás y ganarse la vida al mismo tiempo. 

 

Los conceptos que aprenderá en este capítulo le servirán para garantizar que su empresa genere ganancias suficientes para seguir funcionando. 

 

La captación de valor

En esta vida puede conseguir lo que quiera si ayuda a los demás a conseguir lo que quieren.

ZIG ZIGLAR, gurú de las ventas 

 

Las empresas deben captar un porcentaje del valor creado como ingreso y considerarlo ganancia. En caso contrario, la empresa tendrá problemas para seguir generando recursos y operando. La «captación de valor» consiste en retener un porcentaje del valor que se obtiene en cada transacción. Si usted es capaz de ofrecer a una empresa un producto o un servicio que le permita conseguir unos ingresos adicionales de 1.000.000 de dólares y le factura 100.000, está reteniendo el 10 % del valor creado por la transacción. 

 

La captación de valor es engañosa. Para hacerlo bien tiene que captar un valor suficiente para que lo que ha invertido en tiempo y energía le salga a cuenta; pero sin que sus clientes lleguen a la conclusión de que hacer negocios con usted carece de sentido. La gente compra porque cree que con la transacción obtiene un valor superior a lo que gasta.  Cuanto más valor capte, menos atractiva resultará su oferta. Si capta demasiado, sus potenciales clientes prescindirán de usted al hacer sus compras. Ver una película es sensacional, pero ¿pagaría 5.000 dólares por dos horas de entretenimiento?  Dos filosofías imperan en la captación de valor: la maximización y la minimización. La maximización (política de empresa que se enseña en la mayoría de las escuelas de negocios) consiste en intentar captar el máximo valor posible. Del mismo modo, la empresa debería intentar captar el máximo de ingresos posible en cada transacción; captar menos del máximo de valor posible sería inaceptable. 

 

Está claro que maximizar la captación de valor resulta muy atractiva: conseguir más ganancias beneficia a los propietarios de una empresa. Por desgracia, y para empezar, la maximización tiende a minar el ánimo de los clientes para comprar a una determinada empresa.

 

¿Gastaría 999.999 dólares en ganar un millón? En principio sería lógico que así fuera (después de todo, gana 1 dólar), pero la mayoría no se molestaría en hacerlo. Los clientes compran porque reciben más valor del que ceden con la compra. Si reciben poco, pocas ganas tendrán de comprarle.  La política de minimizar la captación de valor consiste en captar el mínimo valor posible, siempre y cuando a la empresa le quede una cantidad suficiente de ganancias (expresión de la que hablaremos en este capítulo) para seguir estando operativa. A pesar de que esta política no aporte tantos ingresos a corto plazo como la de maximizar, conserva el valor que los clientes otorgan al hecho de hacer negocios con la empresa, algo necesario para el éxito a largo plazo de la empresa. 

 

Cuando algo «es un chollo», los clientes tienden a seguir dando su apoyo a la empresa y hacen correr la voz entre los clientes potenciales. Cuando una empresa intenta maximizar los ingresos ofreciendo productos o servicios de poca calidad a sus clientes o intentando captar mucho valor, los clientes salen disparados.  Mientras sus entradas sean suficientes para seguir con lo que está haciendo, no tiene ninguna necesidad de arañar hasta el último centavo. Cree tanto valor como pueda, y luego capte el suficiente para que le salga a cuenta seguir estando operativo. 

 

La cantidad suficiente de ganancias

Dese por satisfecho y no sufrirá ninguna desgracia; aprenda cuándo debe detenerse y no correrá peligro alguno. Sabrá resistir. 

LAO TSE, filósofo chino de la Antigüedad 

 

En una ocasión un poderoso ejecutivo se tomó unas vacaciones, las primeras en quince años. Estaba paseando por un muelle de un pequeño pueblo pesquero cuando un pescador de atunes atracó su barca. Mientras el pescador amarraba la barca al muelle, el ejecutivo lo felicitó por el tamaño y la calidad de su captura.

 

 — ¿Cuánto ha tardado en que picara ese pez? —le preguntó. 

—No mucho —contestó el pescador. 

— ¿Por qué no se ha quedado más rato pescando?

—Ya tengo bastante para cubrir las necesidades de mi familia —respondió el pescador. —Pero, ¿qué hace usted el resto del día? 

—Me levanto tarde, pesco un rato, juego con mis hijos, hago la siesta con mi mujer y, al atardecer, paseo por el pueblo, tomo un vino y toco la guitarra con mis amigos. Tengo una vida muy activa, muy ajetreada. 

El ejecutivo se quedó de piedra. 

—Tengo un MBA de Harvard y podría ayudarle. Tendría que dedicar más tiempo a la pesca. Con lo que recaudara, podría comprarse una barca de mayor tamaño. Con esa barca podría capturar más peces, que luego podría vender para comprar más barcas. Al final tendría toda una flotilla. 

 

»En lugar de vender su pescado a un intermediario podría venderlo directamente a los consumidores, y eso mejoraría sus márgenes. Podría terminar abriendo su propia fábrica, y así controlaría el producto, el procesamiento y la distribución. Claro que entonces tendría que dejar el pueblo y mudarse a la ciudad, para poder dirigir la expansión de su empresa.  El pescador se quedó en silencio y luego preguntó:

 

— ¿Cuánto tiempo tardaría en hacer todo eso? 

Quince, veinte años. Veinticinco a lo sumo.

¿Y luego? 

El ejecutivo soltó una carcajada.  Eso es lo mejor. Cuando fuera el momento, podría salir a bolsa y vender todas sus acciones. Ganaría millones. 

 

— ¿Millones? ¿Qué haría entonces? 

 

El ejecutivo reflexionó. 

 

—Podría jubilarse, levantarse tarde, pescar un rato, hacer la siesta con su mujer y, al atardecer, pasear por el pueblo, tomar un vino y tocar la guitarra con sus amigos. 

 

El ejecutivo sacudió la cabeza y se despidió del pescador. Al término de sus vacaciones, entregó su dimisión a la empresa. 

 

No estoy seguro del origen de esta parábola, pero el mensaje nos sirve: un negocio no consiste necesariamente en maximizar las ganancias. Las ganancias son importantes, pero son un medio para llegar a un fin, que es crear un valor, pagar los gastos, pagar a las personas que llevan la empresa y mantenerse sus seres queridos y usted. El dinero no es un fin en sí mismo: el dinero es una herramienta, y la utilidad de esa herramienta depende de lo que se quiera hacer con ella. 

No hace falta que su empresa le aporte millones o miles de millones de dólares para tener éxito. Si le aporta las ganancias suficientes para hacer lo que necesita, mantenerla en funcionamiento y hacer rentable su tiempo, ya ha tenido éxito, independientemente de los ingresos del negocio.

 

La «cantidad suficiente de ganancias» es la que le basta a una empresa para considerarla rentable para seguir operativos en un futuro próximo. Paul Graham, inversor en fusiones de empresas y fundador de Y Combinator (una entidad de capital de riesgo para empresas emergentes) llama a esta cantidad suficiente de ganancias, «ganancia ramen»: tener las ganancias suficientes para pagar el alquiler, para que la empresa siga funcionando y para comprar alimentos sencillos como la sopa de fideos ramen. Tendrá ingresos suficientes para seguir desarrollando su empresa sin que esta le asfixie. 

 

No puede crear un valor si no puede pagar las facturas. Si no aporta ingresos suficientes para cubrir los gastos de funcionamiento, tiene un problema importante. Para seguir estando operativo, debe poder pagar a los empleados y a los propietarios por el tiempo, el esfuerzo y la atención que están dedicando a la empresa. Como estas personas consideren que su inversión no vale la pena, dejarán su trabajo y se dedicarán a otra cosa. 

 

Puede establecer la cantidad suficiente con un número llamado objetivo ingreso mensual (OIM). Dado que los empleados, los agentes de contratación y los vendedores perciben su paga mensualmente, es relativamente simple calcular el dinero que se necesita para pagar a todos por mes. Su objetivo ingreso mensual determina si ha alcanzado o no las ganancias suficientes: mientras sus entradas superen a su OIM, tendrá la cantidad suficiente de ganancias. En caso contrario, hay que ponerse a trabajar. 

 

Esta cantidad suficiente de ganancias es subjetiva; es decir, a cuánto asciende la cantidad que necesita para continuar con lo que está haciendo depende de usted. Si sus necesidades financieras son pocas, no necesita grandes ingresos para seguir estando operativo. Si gasta millones de dólares en nóminas, despachos y sistemas caros, necesitará muchos más ingresos para alcanzar la cantidad mínima.  Cuanto más rápidamente alcance esa cantidad, más oportunidades tendrá su empresa de sobrevivir y prosperar.

 

Cuantos más ingresos genere y menos dinero gaste, más rápidamente alcanzará la cantidad suficiente de ganancias.  Llegados a este punto, podrá decir que ha tenido éxito, sin que importe si gana mucho o poco dinero. 

 

Cuatro formas de aumentar los ingresos 

El dinero abunda para quienes entienden las leyes simples que rigen su adquisición.

GEORGE CLAYSON, autor de The Richest Man in Babylon

 

 Lo crea o no, solo hay cuatro maneras de aumentar los ingresos de su empresa:

 

¾    Aumentar el número de clientes a los que sirve. 

¾    Incrementar el tamaño medio de cada «transacción» vendiendo más. 

¾    Aumentar la frecuencia de las transacciones por cliente. 

¾    Subir los precios. 

 

Supongamos que está gestionando un restaurante y que quiere aumentar la cantidad de ingresos que aporta su local. Veamos la manera de aplicar estas estrategias: 

 

Aumentar el número de clientes consiste en intentar que entre más gente por la puerta. Esta estrategia es relativamente directa: cuantas más personas vayan a su restaurante más cuentas facturará, y eso (dando por sentado que el tamaño medio de la transacción sea el mismo) le aportará más dinero. 

 

Aumentar el tamaño de la transacción media consiste en que los clientes compren más. Y eso puede hacerse a través de un proceso llamado «ventas adicionales de bienes o servicios». Cuando un cliente pide un entrante, le ofrece aperitivos, traen bebida y postre. Cuanto más pida el cliente, más dinero gasta, y más ingresos tiene usted. 

 

Aumentar la frecuencia de transacciones por cliente consiste en animar a que le compren más a menudo. Si el cliente promedio va a su restaurante una vez al mes, convencerle de que frecuente su negocio una vez a la semana aumentará sus ingresos. Cuanto mayor sea la frecuencia con que la clientela visite su local, más ingresos tendrá su negocio, suponiendo que el tamaño de la transacción promedio sea la misma. 

 

Subir los precios significa que tendrá más ingresos por cada compra que haga el cliente. Si el volumen de su negocio, el tamaño de una transacción promedio y la frecuencia son los mismos, subir los precios le aportará un mayor número de ingresos por la misma cantidad de esfuerzo.

 

Recuerde lo que aprendimos con la calificación: no todos los clientes son buenos clientes. Algunos consumirán su tiempo, energía y recursos sin darle los resultados que busca. Si consume mucha energía sirviendo a clientes que no van al restaurante a menudo, su transacción promedio es baja, no se corre la voz y se quejan del precio, ¿qué sentido tiene atraer a clientes de esta clase? 

 

Centre siempre sus esfuerzos en servir a clientes ideales. Sus clientes ideales compran pronto, a menudo, gastan mucho, corren la voz y están dispuestos a pagar una prima por el valor que les ofrece.  Cuantos más clientes ideales atraiga, mejor irá su negocio. 

 

El poder de poner precio 

Si se equivoca al poner el precio, se resentirán su reputación o sus ganancias.

KATHARINE PAINE, fundadora de The Delahaye Group 

 

Imagine que duplica sus precios actuales. Si pierde menos de la mitad de su clientela, seguramente ha hecho una buena jugada. 

 

El «poder de poner precio» es la capacidad de subir los precios a los valores que factura desde hace tiempo. Cuanto menor sea el valor que obtenga, mayor será su poder de poner precio. Servir a los clientes implica tiempo, energía y recursos: cuanto más gane por cliente, mejor irá su negocio. Cambiar los precios puede ayudarle a maximizar los resultados y a minimizar su esfuerzo y su inversión. 

 

El poder de poner precio se relaciona con un concepto que los economistas llaman «flexibilidad de precios». Si los clientes son muy susceptibles a los cambios de precio de su oferta, perderá a muchos si aumenta, aunque solo sea un poco, el precio del valor: eso significa que la demanda fluctúa. Los mercados de mercancías sui géneris como la pasta dentífrica son buenos ejemplos: a menos de que sea capaz de crear algo nuevo y único que los clientes se mueran por comprar, subir los precios de manera drástica es un buen modo de garantizar que todos dejen de comprar su producto y empiecen a comprar a la competencia. 

 

Si sus clientes no fueran susceptibles a las subidas de precio, podría cuadruplicarlo y la venta no se resentiría. Consideremos los artículos de lujo, por ejemplo: los clientes adquieren este tipo de artículos porque son símbolos sociales de riqueza, son exclusivos porque son caros. Subir el precio de los bolsos, la ropa y los relojes de marca probablemente hará que esos artículos sean más deseados, no menos. 

 

A los economistas les gusta pasar el tiempo haciendo gráficos y calculando posibles cambios de precios, pero no hace falta. A menos que cuente con normas muy precisas, no puede prever cuál será la consecuencia de cambiar un precio hasta cambiarlo y observar lo que sucede. Por suerte, a menos que se mueva desde hace tiempo en un mercado grande y activo (en cuyo caso ya contará con norma de trabajo), cambiar los precios raramente tiene consecuencias permanentes a menos que se dé mucha publicidad y se analicen mucho sus precios. Puede experimentar para descubrir si va a funcionar. 

 

Tener el poder de poner precio a un valor es importante porque subir precios permitiría superar los efectos adversos de la inflación y del aumento de los costes. Históricamente, la moneda que emite un gobierno tiende a disminuir de valor con el tiempo; los funcionarios cuentan con grandes incentivos para aumentar la provisión de moneda, y eso altera el poder adquisitivo del dinero. 

 

Como consecuencia, se requiere más cantidad de moneda para adquirir los mismos productos y servicios que son necesarios para seguir en el negocio, y aumentan las necesidades de su empresa de alcanzar las ganancias suficientes. Sin el poder de poner precio, su negocio quizá no conseguiría bastarse a sí mismo en el caso de tener que enfrentarse a gastos mayores.

 

Cuanto más altos pueda poner los precios, más garantías tendrá de poder mantener una cantidad suficiente de ganancias. Si tiene elección, elija un mercado en que tenga el poder de poner precio: le resultará mucho más fácil alcanzar la cantidad suficiente de ganancias que necesita su empresa a lo largo de los años. 

 

El valor de la duración de los clientes 

El objetivo de un cliente no es conseguir una rebaja. El objetivo de la rebaja es conseguir un cliente. 

BILL GLAZER, experto en publicidad 

 

Imagínese que tiene un puesto de limonadas de esos que hay en las aceras de los pueblecitos turísticos. Cada vaso de limonada cuesta 1 dólar. Aunque no dé abasto sirviendo a los clientes, cada cliente al que sirve es alguien que transita por allí… y probablemente no volverá nunca más. 

 

Compare esta situación con la de una empresa de seguros. Supongamos que el cliente promedio paga una prima de 200 dólares al mes por un seguro de automóvil; eso da un total de 2.400 dólares en primas al año. Si el cliente promedio sigue con la misma agencia de seguros durante diez años, habrá pagado 24.000 dólares en primas, y seguirá pagando mientras dure su relación con la empresa. La diferencia es enorme. 

 

El «valor de la duración» de los clientes es el valor total del negocio mientras siga vigente su relación con la empresa. Cuanto más le compre este cliente y más tiempo permanezca con usted, más valioso será para su negocio.  Una de las razones por las cuales las suscripciones son tan provechosas es que, por regla general, maximizan el valor de la duración. En lugar de hacer una única venta a un cliente, el negocio de las suscripciones se centra en ofrecer un valor (y contabilizar unos ingresos) durante el máximo tiempo posible. Cuanto más tiempo esté suscrito un cliente y más alto sea el precio que paga, mayor será su valor de duración.  Cuanto más alto sea el valor de duración de su cliente promedio, mejor irá su negocio. Al conocer la cantidad que compra su cliente promedio y el tiempo que suele tardar en volver a comprar, puede atribuirle un valor tangible, y eso le ayudará a acertar en sus decisiones. Perder a uno de los clientes del puesto de limonadas no es relevante, pero perder a un cliente de una empresa de seguros sí lo es. 

 

Dicho lo cual, es mucho mejor operar en mercados donde los clientes tengan un alto valor de duración. Cuanto mayor sea este valor de duración, mayor será su margen de maniobra para hacer de su cliente un cliente feliz, y así podrá centrarse en servir bien a su clientela. Mantenga una relación duradera con clientes de provecho y tendrá un pie en el cielo. 

 

El coste por adquisición permitido 

Las empresas pueden conseguir ventas en unidades incrementales con un margen de ganancias negativo, pero es más sencillo ponerse en una esquina a repartir billetes de 20 dólares hasta arruinarse. 

MORRIS ROSENTHAL, autor de Print-on-Demand Book  Publishing y bloguer de fornerbooks.com 

 

Retomemos el ejemplo del puesto de limonadas: ¿cuánto podría gastar para atraer a un cliente? No mucho, porque solo gana 1 dólar por vaso de limonada y no puede permitirse gastar demasiado en una campaña de marketing dirigida a unos cuantos individuos.

 

Comparemos este negocio con el de la agencia de seguros: si el valor de la duración de un cliente es de 24.000 dólares, ¿cuánto podría gastar en atraer a un nuevo cliente? Mucho más.

 

Es sabido que conseguir llamar la atención de la gente y conseguir potenciales nuevos clientes cuesta tiempo y recursos. Cuando conoce el valor de la duración de un cliente potencial, puede calcular las cantidades máximas de tiempo y recursos que está dispuesto a emplear para conseguir potenciales nuevos clientes. 

 

El «coste por adquisición permitido» (CAP) es el componente de marketing que va asociado al valor de la duración. Cuanto más alto sea el valor de la duración de un cliente promedio, más podrá gastar en atraer a un nuevo cliente, y entonces conseguirá hacer correr la voz sobre su oferta de muy diversas maneras. 

 

Si su valor de la duración es alto puede permitirse incluso perder dinero con la primera venta. Guthy-Renker vende un tratamiento tópico para el acné llamado Proactiv a través de largos anuncios de televisión que le salen muy caros, porque contratan a personajes populares como Jessica Simpson e invierten millones en su producción y difusión. A primera vista parece un sinsentido: la primera venta se realiza por el módico precio de 20 dólares. ¿Cómo puede ser que no pierdan dinero a espuertas? 

 

La respuesta nos la da la suscripción. Cuando un cliente compra Proactiv, no solo está comprando un potingue para el cutis, sino que se compromete a comprar una botella al mes a cambio de un pago periódico. El valor de la duración de cada nuevo cliente de Proactiv es tan alto que a Guthy-Renker no le importa que con la venta inicial esté en números rojos. La empresa gana un montón de dinero, aunque también pierde a algunos clientes que no seguirán el tratamiento. 

 

A veces, se denomina a esta primera venta «líder en pérdidas», una oferta tentadora dirigida a entablar una relación con un nuevo cliente. Muchas empresas de suscripciones recurren a estos líderes en pérdidas para crear su base de suscriptores. Revistas como Sports Illustrated han ofrecido señuelos como un teléfono en forma de balón de fútbol americano, y se gastan una fortuna en su edición anual de la chica en bañador en un esfuerzo por atraer a los nuevos suscriptores. 

 

Estos incentivos pueden llegar a consumir el valor anual de ingresos por suscripciones, pero la empresa sale adelante si se considera el valor de la duración de cada cliente. Cada nuevo suscriptor permite a Sports Illustrated facturar precios más elevados a sus anunciantes, y eso genera el grueso de los ingresos de la empresa. 

 

Para calcular el coste por adquisición permitido reste al valor de la duración de su cliente promedio los costes del flujo de valor (lo que cuesta crear y entregar el valor prometido a ese cliente durante toda la relación que mantenga con él). A continuación reste a esa cifra los costes generales del negocio divididos por la base total de clientes, cifra que representa los «costes fijos» que deberá pagar por mantenerse en el negocio durante ese período de tiempo. Multiplique el resultado por 1 y réstele su margen de ganancia deseado (si su objetivo es un margen del 60 %, sería: 1,00 – 0,60 = 0,40), y obtendrá el coste por adquisición permitido». 

 

Vamos a poner un ejemplo: si el valor de la duración promedio de su negocio es de 2.000 dólares por un período de cinco años, y el coste de creación del valor y de su entrega es de 500, le quedarán 1.500 dólares de ingresos por cliente servido. Suponiendo que los gastos de los costes generales del negocio son de 500.000 dólares durante este mismo período de cinco años y que tiene 500 clientes, sus costes fijos serán de 1.000 dólares por cliente, y a usted le quedarán 500 dólares de ingresos antes de deducir los gastos de marketing. Supongamos también que aspira a un margen de ganancia mínimo del 60 %; podrá permitirse gastar entonces el 40 % de esos 500 dólares en marketing, y eso le da un CAP máximo de 200 dólares por cliente. A partir de ahí puede probar con varias técnicas de mercado para saber si funcionan, y si su hipótesis es correcta; cualquier cliente que pueda atraer por 200 dólares como máximo hará que su inversión merezca la pena. 

 

Cuanto más alto sea el valor de la duración de sus clientes, mayor será el coste por adquisición permitido. Cuanto más valor tenga un cliente para su negocio, más dinero podrá gastar en atraer a otro y hacerlos felices. 

 

 

Los costes generales del negocio 

Esté atento a los pequeños gastos; una pequeña vía de agua puede hundir un gran buque.

BENJAMIN FRANKLIN, uno de los primeros políticos estadounidenses, científico y erudito 

 

Cuanto mayor sea el importe de su alquiler o de su hipoteca, más dinero tendrá que ganar al mes para pagar sus gastos. En el mundo de los negocios rige el mismo principio.

 

Los «costes generales del negocio» representan los recursos actuales mínimos que necesita toda empresa para seguir operativa. Y eso incluye todo lo necesario para dirigir su negocio por mes, independientemente de sus ventas: salarios, alquiler, locales, reparaciones del equipo, etcétera. Cuanto menores sean los costes generales del negocio, menos ingresos necesitará su empresa para operar y antes alcanzará las ganancias suficientes. Si no gasta demasiado, no tendrá que ganar mucho para cubrir sus gastos. 

 

Los costes generales del negocio tienen una importancia fundamental si está construyendo su empresa con una cantidad fija de capital. Los socios capitalistas y las restantes formas de inversión pueden proporcionarle un capital inicial: una cantidad fija de dinero que puede emplear para iniciar su negocio. Cuanto más dinero acumule en capital y más despacio lo gaste, más tiempo dispondrá para hacer que su negocio funcione. 

 

Si despilfarra rápidamente su capital, necesitará reunir una cantidad mayor de dinero y empezar antes a percibir ingresos. Si gasta todo su capital inicial y no puede reunir más dinero, se acabó el juego. Por eso los inversores y los empresarios sensatos vigilan muy de cerca el grado de despilfarro del capital: cuanto menos capital malgaste, más tiempo tendrá para generar un negocio de éxito. 

 

Cuanto menores sean los costes generales del negocio, más flexibilidad tendrá y más fácil le resultará financiar indefinidamente las operaciones de su empresa. 

 

Costes fijos y variables 

Vigile los costes, que las ganancias ya se ocuparán de sí mismas. 

ANDREW CARNEGIE, industrial del siglo XIX 

 

Circula un viejo dicho en el mundo de los negocios: hay que gastar dinero para ganar dinero. Y algo de verdad hay en eso, pero no todos los gastos tienen la misma naturaleza.

 

Los «costes fijos» son aquellos que no varían en función de la producción. Los costes generales del negocio son costes fijos: independientemente de lo que haga al mes, tendrá que seguir pagando a sus asalariados y el alquiler de la oficina. 

 

Los «costes variables» forman parte del coste total, pero, a diferencia de los costes fijos, varían en función del volumen de la producción o de la cantidad de productos obtenidos. Si está en la industria textil y fabrica camisetas de algodón, cuantas más camisetas produzca, más tela de algodón necesitará. Las materias primas, las herramientas que garantizan la producción y los trabajadores por horas son costes variables. 

 

Las reducciones en los costes fijos se acumulan; las reducciones en los costes variables se amplían según el volumen. Si puede ahorrar 50 dólares al mes en la factura del teléfono, esos ahorros se acumulan hasta representar 600 dólares al año. Si puede ahorrar 0,50 dólares en cada camiseta que fabrique, ahorrará 500 dólares por cada 1.000 camisetas. 

 

Cuanto mejor conozca sus costes, más probabilidades tendrá de descubrir la manera de producir el máximo de productos de valor posible sin gastar todo lo que gana. 

 

La degradación incremental 

Calidad, calidad y calidad: nunca se aparte de ella, ni siquiera cuando no sepa cómo podrá mantenerla. Si transige en cuanto a la calidad, se convierte en una mercancía y acaba hundiéndose. 

GARY HIRSHBERG, fundador de Stonyfield Farm 

 

Aunque resulte increíble, la mayor parte de los productos de chocolate que encontramos en la sección de dulces de los supermercados ya no son de chocolate con leche sino dulces aromatizados con chocolate. ¿Y eso por qué? 

 

Para preparar un buen chocolate hay que comprar habas de cacao de buena calidad y molerlas a fin de preparar una manteca de cacao. La manteca de cacao se mezcla con azúcar, agua y emulsionantes para que su grasa se pegue al azúcar saturado con agua. El chocolate líquido se calienta, se vierte en unos moldes y se enfría hasta convertirse en chocolate sólido. 

 

Con los años, los fabricantes de chocolate del mercado de masas decidieron utilizar ingredientes más económicos para abaratar costes y aumentar las ganancias. En lugar de comprar habas de chocolate de buena calidad, compraron habas que no fueran tan caras a productores de cacao de calidad mediocre. ¿Quién se iba a dar cuenta? Luego sustituyeron la manteca de cacao por grasas vegetales, hasta el punto de que las entidades reguladoras de la alimentación dejaron de llamar al producto «chocolate con leche». Añadieron más emulsionantes, conservantes y otros aditivos químicos para amalgamar ese simulacro de chocolate y para que durara eternamente en las estanterías.  Apetitoso, ¿verdad? 

 

Ahorrar dinero no sirve de nada si se degrada la calidad de su oferta. En su momento estas medidas para ahorrar costes no parecieron influir demasiado en la calidad del chocolate; era un «sacrificio» que valía la pena. Con el paso del tiempo, sin embargo, los efectos acumulados minaron el sabor y la calidad del producto. La gente se dio cuenta, y también los fabricantes y en la actualidad puede comprar variantes excelentes que contienen los ingredientes originales y son de buena calidad. 

 

Los contables y los ejecutivos financieros tienen fama de pasarse la vida contando habas porque se centran sobre todo en recortar los costes, es decir, en reducir los gastos con la intención de que una oferta o un negocio dé más ganancias. Recortar los costes puede contribuir a aumentar su margen de ganancias, pero pagará un precio muy alto.  Si su objetivo es aumentar las ganancias recortando costes, no llegará muy lejos.

 

Crear y entregar un producto de valor siempre costará cierta suma de dinero, por eso el recorte de costes tiene un límite si no quiere que afecte a la calidad del producto que ofrece. Recortar costes que implican malgastar o son innecesarios es una buena idea, qué duda cabe, pero los rendimientos decrecientes siempre se notan. Tenga cuidado, no hay que perder el norte.  Crear y entregar productos de más valor es la mejor manera de potenciar sus ingresos netos. Es imposible no gastar; pero no hay límites en el grado de calidad de un producto ni en la cantidad de ingresos que puede percibir.  Controle los costes, pero sobre todo no boicotee la razón por la que los clientes le compran.

 

La rentabilidad 

No es frecuente, y en general es muy extraño, que una empresa gane dinero durante los primeros años de su existencia. El producto y la organización [de los sistemas] iniciales nunca funcionan.

HARVEY S. FIRESTONE, fundador de  Firestone Tire and Rubber Company 

 

Imaginemos que su empresa tiene una entrada de ingresos de 100.000 dólares al mes y que gasta 50.000 al mes en costes operativos. ¿Está ganando dinero?

 

Depende. 

 

Cuando crea una nueva empresa lo normal es que tarde un poco en tener más entradas que salidas de dinero. Hay que crear sistemas, contratar y formar a los empleados y lanzar una campaña de marketing antes de empezar a obtener ingresos. Durante el período de lanzamiento estos gastos se acumulan. 

 

Imaginemos que el despegue de nuestra hipotética empresa nos cuesta 50.000 dólares al mes en concepto de gastos. Al año serían 600.000 dólares. Ahora que entran 50.000 dólares al mes, la cantidad supera lo que se necesita para cubrir los gastos operativos. Es el momento de empezar a recuperar la inversión inicial. 

 

La «rentabilidad» es el punto en que los ingresos totales de su negocio superan los gastos totales; es el punto en que su negocio empieza a crear riqueza en lugar de consumirla. Si la empresa sigue teniendo unas entradas de 100.000 dólares al mes y los gastos no varían, tardará doce meses en recuperar la inversión inicial. A partir de entonces, el negocio empezará a ganar dinero de verdad; antes solo lo parecía. 

 

Su umbral de rentabilidad cambiará constantemente. Los ingresos fluctúan de manera natural, como también los gastos. Ir anotando lo que gasta y los ingresos que percibe desde las primeras operaciones de la empresa es la única manera de descubrir si en realidad está ganando dinero.

 

Cuantos más ingresos y menos gastos tenga como norma general, con mayor rapidez alcanzará el umbral de beneficio, y su empresa será autosuficiente. 

 

La amortización 

 

Antes de emprender una acción, pregúntese: ¿Voy a poder cargar con este peso? ¿El resultado de mis acciones será una bendición o una pesada carga? 

ALFRED A. MONTAPERT, autor de Filosofía del comportamiento humano 

 

Ha inventado el juguete del siglo: un animal de peluche que parece un perro y actúa exactamente como un perro, salvo que no hay que darle de comer, de beber ni sacarlo a pasear en plena noche. Los niños se vuelven locos por su prototipo, y los padres le entregan gustosos la tarjeta de crédito para asegurarse la compra cuando el producto esté en las tiendas. No hace falta decir que va a vender millones. 

 

Solo hay un problema: para que estos perros de trapo le salgan a cuenta tendrá que montar una gran fábrica, que costará al menos 100 millones de dólares. En su cuenta corriente no tiene ni por asomo esa cantidad…, es muchísimo dinero. ¿Cómo puede permitirse una empresa tener algo tan caro como una fábrica y seguir ganando dinero? 

 

La «amortización» es el proceso de repartir el coste de la inversión de un recurso durante la vida útil estimada de esa inversión. En el caso del perro de trapo, imaginemos que la fábrica es capaz de producir 10 millones de unidades durante su vida útil. Si se tiene en cuenta la unidad podemos decir que el coste por unidad fabricada es de 10 dólares. Si vende cada unidad que produce a 100 dólares, obtiene un margen de ganancias muy alto. 

 

Tener presente la capacidad de amortización puede ayudarle a decidir si asumir un gran gasto es buena idea. Siempre y cuando cuente con una valoración fiable de lo que le costará producir determinada cantidad de artículos, el cálculo de la amortización de capital sin duda le servirá para descubrir si tiene sentido invertir una suma considerable. 

 

Por ejemplo, un diseñador de libros puede elegir comprar una copia de AdobeInDesign, el software que suelen utilizar los profesionales para componer libros. Comparado con la mayoría de programas de software, InDesing es carísimo: la licencia individual vale 700 dólares. ¿Vale la pena? 

 

Dependerá de la cantidad de libros que el diseñador componga con el software. Si no termina un solo proyecto, habrá malgastado el dinero. Si le sirve para componer 10 libros de 1.000 dólares cada uno, habrá ganado 10.000 dólares con una inversión de 700; no está mal. Si amortiza la inversión una vez realizados los 10 proyectos, el coste del software saldrá a 70 dólares por proyecto, que es un 7 % de los ingresos que aporta cada proyecto. La tarjeta de crédito del diseñador echará humo en el momento de formalizar la compra, pero la herramienta le brindará la oportunidad de ganar más dinero del que habría imaginado. 

 

La amortización depende de valorar acertadamente la vida útil, y eso se prevé. No hay amortización posible si no vende lo que produce o su equipo se estropea antes de lo esperado. Las predicciones pueden ser erróneas: si se equivoca al valorar la inversión, basada en la unidad, la producción puede ser más cara de lo que había supuesto en un principio. 

 

Crocs fabrica un calzado de goma de aspecto curioso. Tras convertirse en un éxito inesperado, la empresa aumentó la producción: abrió una fábrica en China y empezó a producir millones de zapatos con la esperanza de que se vendieran todas y cada una de las unidades producidas. Lo que sucedió fue que el calzado Crocs acabó siendo una moda pasajera, las ventas cayeron en picado y la empresa se quedó colgada con gran capacidad para fabricar, muy cara, y una enorme cantidad de stock que no podía vender. La amortización no pudo evitarle a la empresa ir a la bancarrota. 

 

Tener en cuenta los cálculos de amortización para descubrir si una gran inversión merece la pena es dar un paso inteligente; solo tiene que recordar que se trata de una predicción, y proceder en consecuencia. 

 

El poder adquisitivo 

 

El trabajo del empresario es asegurarse de que la empresa no se quede sin liquidez.

BILL SAHLMAN, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard

 

Seguro que ha oído hablar de este viejo dicho que circula en el mundo de los negocios: El dinero manda. 

 

Es cierto. Puede tener millones de dólares en pedidos anotados en sus libros, pero sin liquidez en el banco, no sirve de nada. El reconocimiento de una deuda no paga las facturas; si no puede pagar a sus empleados o le cortan la luz, está acabado. 

 

El «poder adquisitivo» es la suma de todos los activos líquidos que una empresa tiene a su disposición. Y eso incluye su liquidez, su crédito y cualquier método de financiación disponible. Tener más poder adquisitivo siempre va bien, en la medida en que utilice ese poder con sensatez.

 

Gracias a su poder adquisitivo paga los costes generales de su empresa y a sus proveedores. Mientras siga pagando, seguirá en el negocio. Si pierde su poder adquisitivo, se acabó. Fin del juego. 

 

Esté siempre al corriente de su poder adquisitivo. ¿Cuánto dinero tiene en el banco? ¿A cuánto crédito tiene acceso? Cuanto más poder adquisitivo tenga, más rico será. 

 

Saber de cuanto dinero dispone hará que le resulte más fácil dirigir una empresa. En lugar de andar siempre preocupado por pagar las facturas, mantenga su poder adquisitivo y podrá respirar. Tenerlo da la seguridad de que no se va a quedar sin dinero de repente. Eso libera una gran cantidad de energía mental y emocional que podrá dedicar a algo mejor, a inventar de qué manera puede perfeccionar su negocio. 

 

No pierda nunca de vista el estado de su poder adquisitivo: marca la diferencia entre el negocio que funciona y el que fracasa. 

 

El ciclo del flujo de caja 

 

Las verdades se airean en la cuenta corriente. 

CHARLIE BAHR, asesor de gestión empresarial 

 

Se puede predecir cómo fluye el dinero en una empresa. Teniendo en cuenta cómo funcionan los ingresos, los gastos, las cuentas por cobrar y el crédito, puede asegurarse de seguir conservando «poder adquisitivo» suficiente para seguir operando y maximizar las opciones que tiene a su disposición. 

 

El «ciclo de flujo de caja» describe el modo en que el dinero fluye  en un negocio. Imagine que la cuenta corriente de su empresa es una bañera. Si quiere que suba el nivel del agua, añada más agua e impida que se escape por el desagüe. Cuanto más flujo de agua entre y menos se escape, más alto será el nivel del agua en la bañera. Los ingresos y los gastos funcionan de la misma manera. 

 

Las cuentas por cobrar son promesas de pago que acepta de terceros. Son atractivas, porque parecen ventas: alguien le ha prometido que le dará dinero, y eso es fantástico. Sin embargo, hay un inconveniente: las cuentas por cobrar no se traducen en liquidez hasta que la promesa se cumple. Un reconocimiento de deuda no se traduce en liquidez; cuanto antes se traduzca en un pago, mejor irá su flujo de caja. Muchas empresas han cerrado con millones de pretendidas ventas en sus libros. 

 

La deuda contraída obliga a pagar a alguien en una fecha futura. La deuda es atractiva porque puede hacer una compra en este momento y conservar el dinero durante un tiempo más. Cuanto más tarde en pagar, más liquidez tiene a su disposición. La deuda puede ser útil, pero también tiene una desventaja: las deudas cuestan un dinero adicional por los intereses. A menudo también tendrá que devolver una parte de su deuda periódicamente, el servicio de deuda, que puede considerar como otro tipo de gasto. Si no puede cubrir el servicio de su deuda, tiene un problema. 

 

Si maximiza su liquidez aborda el problema directamente: haga que entren más ingresos y recorte los costes. Aumentar los márgenes de ganancia de su producto, realizar más ventas y gastar menos de lo que percibe siempre mejorará su liquidez. 

 

Aplazar o negociar un período de pago más largo con sus acreedores también ayuda a paliar la falta de liquidez. Si tiene un proveedor, un vendedor o un socio que está dispuesto a dejarle pagar más adelante a cambio de que le sirva unos materiales o servicios en la actualidad, le permitirá mantener más liquidez en su cuenta corriente. Sin embargo, hay que estar atento: las deudas se le van a uno fácilmente de las manos si no está atento a la cantidad que debe y al plazo de tiempo pactado. Si se hace bien, los acreedores a los que debe dinero pueden ser de mucha utilidad en un futuro, sobre todo en los gastos de marketing. Tomar prestado 1 dólar para ganar 10 es una buena operación; e incluso es mejor si usted es capaz de seguir haciendo eso durante meses antes de que le llegue la primera factura. 

 

Para conseguir liquidez sin demora lo mejor es acelerar los cobros y reducir la extensión del crédito. Cuanto antes le paguen, en mejor situación estará su flujo de caja. Lo ideal es que intente cobrar de inmediato, incluso antes de comprar la materia prima y de entregar el producto de valor. 

 

En muchas industrias dar crédito a los clientes es una práctica habitual, pero eso no significa que usted también deba hacerlo. Recuerde siempre que lo que dirige es un negocio, no un banco (a menos que su empresa se dedique a dar «préstamos»): cobre cualquier pago significativo lo antes posible.  Si es necesario, puede aumentar su poder adquisitivo asumiendo una deuda adicional o abriendo líneas de crédito. Lo mejor es evitar recurrir a la deuda o a las líneas de crédito si no tiene necesidad, pero aumentar el crédito disponible sin duda hace aumentar su poder adquisitivo.

 

Piense en estas cuentas como en un recurso financiero solo para casos de emergencia.  Cuanto más poder adquisitivo tenga, más capacidad de recuperación tendrá su empresa y más posibilidades tendrá de manejar los imprevistos.

 

El coste de oportunidad 

En los negocios, más que en cualquier otra ocupación, se está continuamente especulando con el futuro; es un cálculo continuo, un ejercicio instintivo de previsión.  HENRY R. LUCE, editor y fundador de Time Inc. 

 

Supongamos que decide abandonar un empleo de 50.000 dólares al año para montar un negocio. Montar su empresa le va a generar unos gastos, pero también le va a costar los 50.000 que habría ganado si hubiera conservado su empleo. 

 

El «coste de oportunidad» es el valor de la acción alternativa perdida al tomar una «decisión». No podemos hacerlo todo a la vez, no podemos estar en mas de un lugar al mismo tiempo ni gastar el mismo dólar en dos cosas distintas simultáneamente. 

 

Cada vez que invierte tiempo, energía o recursos está eligiendo implícitamente no invertir ese tiempo, esa energía o esos recursos de otra manera. El valor que habría creado su siguiente mejor alternativa es el «coste de oportunidad» de esa decisión. 

 

El coste de oportunidad es importante porque siempre hay otras opciones. Si trabaja para una empresa que le paga 30.000 dólares al año y tiene la opción de entrar en otra empresa que le paga 200.000 al año por hacer el mismo trabajo, ¿por qué se quedaría? Si paga a sus empleados o a sus contratistas menos de lo que podrían ganar en otra parte, ¿por qué van a querer trabajar con usted? Si sus clientes pueden pagar 20 dólares por algo por lo que usted cobra 200, ¿por qué razón van a comprarle a usted? 

 

El coste de oportunidad es importante porque está oculto. Como trataremos más adelante en la «ceguera de la carencia», a los seres humanos les cuesta advertir lo que no está presente. Prestar atención a lo que renuncia al tomar una decisión ayuda a considerar todas las alternativas de una manera precisa antes de tomar esa decisión. 

 

Ahora bien, obsesionarse demasiado con el coste de oportunidad puede agobiar innecesariamente. Si usted es un maximizador nato (como es mi caso) tendrá la tentación de excederse analizando cada una de sus decisiones para asegurarse de que ha elegido la mejor opción posible, y eso puede llegar a traspasar el umbral de los «rendimientos decrecientes» (de los que hablaremos más adelante). No se enrede con todas las opciones que tiene a su disposición; considere solo las que parecen ser las mejores alternativas en el momento de tomar su decisión. 

 

Si presta atención a los costes de oportunidad de sus decisiones, aprovechará mucho mejor los recursos que tiene a su disposición.

 

El valor temporal del dinero 

 

Dicen que el tiempo lo cambia todo, pero en realidad es usted quien debe cambiar las cosas.

ANDY WARHOL, artista estadounidense 

 

¿Preferiría tener un millón de dólares hoy o tenerlo dentro de cinco años?

 

La respuesta es obvia: ¿por qué esperar? Tener ahora el dinero significa que puede gastarlo o invertirlo ahora mismo. Un millón de dólares, invertido a un interés compuesto del 5 % serán 1.276.281,56 dólares dentro de cinco años. ¿Por qué renunciar a este cuarto de millón extra si no necesita hacerlo? 

 

Un dólar hoy tiene más valor que mañana. El valor que le dé depende de lo que elija hacer con ese dólar. Cuantas más alternativas provechosas existan para invertir ese dólar, más valor tendrá.

 

Calcular el «valor temporal del dinero» es una manera de tomar decisiones frente a los costes de oportunidad. Supongamos que tiene varias opciones de invertir fondos con diversos rendimientos; en función del valor temporal del dinero puede decidir qué opciones elegir y cuánto debería gastar, dadas las alternativas. 

 

Retomemos el ejemplo del millón de dólares: imaginemos que alguien le ofrece una inversión que le aportará 1.000.000 de dólares libres de riesgo en el plazo de un año. ¿Qué cantidad máxima estaría dispuesto a pagar por él en la actualidad? 

 

Si su siguiente mejor alternativa es otra inversión libre de riesgos con una tasa de interés del 5 %, no tendría que pagar más de 952.380 dólares. ¿Por qué? Porque si tomara esa cantidad y la invirtiera en su siguiente mejor alternativa, tendría un millón de dólares: 1.000.000 dividido por 1,05 (el 5% de tasa de interés/descuento) es igual a 952.380 dólares. Si puede invertir en la primera opción una cantidad menor que esta, saldrá ganando. 

 

El valor temporal del dinero es una idea muy antigua: el primero en explicarla fue el teólogo español del principios del siglo XVI Martín de Azpilicueta. La idea central de que un dólar hoy tiene más valor que mañana puede aplicarse a muchas situaciones financieras de lo más común.

 

Por ejemplo, el valor temporal del dinero puede ayudarle a descubrir el máximo que debería estar dispuesto a pagar por un negocio que da 200.000 dólares de beneficios por año. Si ponemos una tasa de interés del 5 %, sin crecimiento, y un futuro previsible de diez años, el valor actual de esa serie de flujos de caja futuros es de 1.544.347 dólares. Si paga menos de esa cantidad, saldrá adelante siempre y cuando sus supuestos sean correctos. (Nota: este es el método de descuentos de flujos de caja del que hablamos en el apartado «Cuatro formas de fijar un precio».)

 

El valor temporal del dinero es un concepto extremadamente versátil y explorarlo a fondo supera el propósito de este libro. Para un análisis más profundo, recomiendo consultar The McGraw Hill 36-Hour Course in Finance for Nonfinancial Managers, de Robert A. Cooke.

 

La capitalización 

Mejore un 1 % al día y en tan solo 70 días será el doble de bueno. 

ALAN WEISS, asesor de gestión y autor de Getting Started in Consulting y Million Dollar Consulting 

 

Le explicaré un método infalible para convertirse en millonario: ahorre 10 dólares al día durante cuarenta años, de alguna manera que le permitan ganar un 8 % de interés. Ahorrar 10 dólares al día no cuesta nada: puede ahorrar 300 dólares al mes eliminando los gastos innecesarios y ganar el 8 % invirtiendo ese dinero de una manera simple y conservadora. (Le recomiendo Fail-Safe Investing, de Harry Browne, y I Will Teach You to Be Rich, de Ramit Sethi, si le interesan las estrategias de inversion táctica y de bajo riesgo.) 

 

Y ahora viene lo más sorprendente: solo aportará 146.110 dólares a lo largo de esos cuarenta años. ¿Cómo es posible entonces que alcance el millón de dólares? 

 

«Capitalizar» es «acumular» ganancias con el tiempo. Siempre que sea capaz de reinvertir las ganancias, su inversión aumentará de manera exponencial en un bucle de feedback positivo. 

 

Un sencillo ejemplo de capitalización es una cuenta de ahorros. Supongamos que su cuenta corriente gana el 5 % por ciento de interés. Al cabo de un año, 1 dólar en su banco valdrá 1,05. Al tercer año, 1,10 dólares. Al cabo de cuatro años, 1,15. Quince años después de haber hecho el depósito inicial, tendrá 2 dólares. 

 

Dicho así no parece gran cosa, pero tenga en cuenta que esta relación aumenta el valor. Si empieza con 1.000.000 de dólares, tendrá 2.000.000 al cabo de catorce años. No está mal.

 

La capitalización es importante porque se pueden obtener considerables ganancias en períodos de tiempo sorprendentemente cortos. Si reinvierte los ingresos que genera su empresa y esta crece con rapidez, puede multiplicar su inversión original varias veces. La «capitalización» es el secreto que explica que pequeñas empresas que reinvierten sus ganancias se conviertan en grandes empresas al cabo de pocos años. 

 

Acumular ganancias da grandes resultados con el tiempo, sin duda. El truco es tener la paciencia suficiente para esperar la recompensa. 

 

El apalancamiento 

Nos han criticado por no entender lo que significa la palabra «apalancamiento»… Sí sabemos lo que significa un apalancamiento, y que tener una liquidez de varios millones de dólares en el banco es mucho mejor que estar muy bien apalancados. 

KENNETH H. OLSEN, fundador de The Digital Equipment Corporation (DEC), empresa que fue adquirida por Compaq en 1998 

 

Emplear el dinero de los demás para hacer fortuna suena de fábula. Pida prestado dinero, amase una fortuna, devuelva el dinero a quien se lo prestó y quédese con el resto. ¿Qué puede haber mejor que eso? 

 

Ganar dinero habiendo pedido prestado a terceros es muy inteligente, siempre y cuando sea consciente de los riesgos.  El «apalancamiento» es la práctica de usar un dinero prestado para magnificar las ganancias potenciales. Pongamos un ejemplo: imaginemos que tiene 20.000 dólares que le gustaría invertir en propiedades inmobiliarias. Podría usar esa cantidad en concepto del 20 % del pago de la entrada de una propiedad que vale 100.000 dólares, y pedir prestados 80.000, pero eso compromete su dinero en una única inversión. 

 

En lugar de usar los 20.000 dólares para el pago de una sola entrada, podría coger esa misma cantidad de dinero e invertirla en cuatro propiedades de 100.000 dólares dando una entrada de 5.000 dólares por cada una de ellas. La estrategia exige que pida prestados 95.000 dólares cuatro veces, es decir, un total de 380.000 dólares en préstamos. 

 

Y aquí es donde actúa la magia. Imaginemos que las propiedades doblan su valor, y que las vende. En el primer ejemplo habría ganado 100.000 dólares con una inversión de 20.000: el rendimiento habría conseguido multiplicar por 5 su entrada de 20.000 dólares. En el segundo ejemplo ganaría 400.000 dólares con la misma entrada de 20.000: el rendimiento habría conseguido multiplicar por 20 su inversión. Visto así el apalancamiento no parece tener mucha ciencia, ¿verdad? 

 

Pero, no vayamos tan deprisa. ¿Qué pasaría si el valor de cada propiedad descendiera espectacularmente y tuviera que venderlas para recuperar el máximo dinero posible? Si imaginamos que el valor de la propiedad cae un 50 %, en el primer ejemplo habría perdido 50.000 dólares. En el segundo, el uso del apalancamiento magnificaría sus pérdidas que llegarían a los 200.000 dólares, cuatro veces más. 

 

El apalancamiento es una estrategia financiera: puede magnificar el potencial tanto de las ganancias como de las pérdidas. Cuando su inversión genera beneficios, el apalancamiento genera más beneficios. Cuando su inversión se hunde, pierde más dinero del que habría perdido de otra manera. 

 

Una de las razones que contribuyeron a la recesión de los años 2008-2009 fue el empleo desmesurado del apalancamiento por parte de los bancos de inversión. Los bancos adoptaron la costumbre de apalancar sus inversiones por un factor 30 o 40. Millones (o miles de millones) de dólares se ganaban o se perdían cuando el valor de una acción en concreto subía o bajaba por un solo punto porcentual. Cuando se hundió el mercado, las pérdidas de los bancos resultaron mucho mayores por el porcentaje de apalancamiento que habían asumido, más que suficiente para amenazar la existencia misma de la entidad. 

 

Emplear el apalancamiento es jugar con fuego: puede ser una herramienta útil si se usa adecuadamente, pero también puede salir escaldado. Nunca recurra al apalancamiento a menos que sea muy consciente de las consecuencias y esté preparado para aceptarlas. En caso contrario, pondrá en peligro su negocio y su propia situación económica. 

 

Jerarquía financiera 

El dinero suele costar muy caro. 

RALPH WALDO EMERSON, filósofo estadounidense 

 

Imagine que ha inventado un dispositivo antigravitacional que puede hacer levitar objetos sólidos sin necesidad de mucha electricidad. Su invento revolucionará el transporte y la industria, que harán posible la aparición de nuevos productos. La demanda de su invento es un hecho: lo único que tiene que hacer es fabricar suficientes dispositivos para satisfacerla. 

 

Sin embargo, hay un problema: sus cálculos indican que instalar la maquinaria necesaria para montar una línea de producción para fabricar esos mecanismos le costará 1.000 millones de dólares. Por desgracia, no tiene esa cantidad. Su invento solucionaría muchos problemas, pero el paso siguiente está fuera de su alcance. ¿Qué puede hacer? 

 

La financiación permite emprender proyectos que de otra manera no podría desarrollar con su presupuesto actual. Si su empresa necesita un equipo caro o muchos trabajadores para fabricar y entregar el producto que ofrece, seguramente necesitará financiación externa. Pocos son los que tienen en el banco una suma enorme de dinero esperando ser invertida, pero es sorprendente la facilidad con que puede llegar a quienes sí la tienen. 

 

La financiación es el equivalente al combustible de los cohetes en el mundo de los negocios. Si su empresa necesita una utilidad adicional y ya está orientada en la dirección correcta, recurrir de una manera sensata a la financiación puede acelerar el crecimiento de la operación. Si la empresa tiene problemas estructurales, explotará, y no para bien.

 

Para acceder a la financiación a menudo es necesario renunciar a una parte del control sobre las operaciones de su empresa. Los profesionales de los negocios no le darán dinero a cambio de nada: siempre piden algo a cambio. 

 

Recuerda que ofrecer capital es ofrecer valor para muchas empresas. A cambio de recursos, sus prestamistas o inversores le pedirán un valor: intereses, pagos en concepto de leasing o una parte de las ganancias de su empresa. También querrán encontrar la manera de disminuir el riesgo a perderlo todo si el negocio fracasa. Para paliar este riesgo, exigirán un control: estar autorizados a influir en las operaciones de su empresa. Cuanto más dinero les pida, más control querrán ejercer. 

 

Considero útil imaginar la «jerarquía financiera» como una escalera con opciones disponibles. Los hombres y las mujeres de negocios empiezan desde abajo y van subiendo peldaño a peldaño hasta donde sea necesario. Cuanto más alto suba, más financiación conseguirá y más control cederá a cambio. 

 

Repasemos la jerarquía financiera empezando desde abajo: 

 

La liquidez personal es sin duda la mejor manera de financiarse. Invertir un dinero que ya tiene se hace rápida y fácilmente, y no requiere aprobación ni papeleo. La mayoría de empresarios empiezan financiándose a sí mismos con su propio dinero si es posible. 

 

El crédito personal es otro método de financiación de bajo coste. Mientras sus necesidades no excedan unos miles de dólares, le resultará fácil financiar sus gastos a través de un crédito personal. En el banco suelen aprobarlo sin demora si tiene un buen expediente, y pagar a plazos sirve para aumentar su flujo de caja. Se arriesga a arruinar su prestigio como deudor (a arriesgar su reputación) si no puede atender los pagos, pero para muchos empresarios ese es un riesgo que vale la pena correr. 

 

Financié mi empresa con mi dinero y un crédito personal. Si sus necesidades son modestas, recurrir al crédito personal para financiar sus costes iniciales es una buena opción siempre y cuando controle su presupuesto. 

 

Los amigos y la familia hacen préstamos personales. Si necesita más dinero del que puede cubrir con su liquidez y los créditos personales, recurra a préstamos de amigos y familiares. Pero tenga cuidado: el riesgo de que no pueda devolverles el dinero es real, y puede tener consecuencias devastadoras en sus relaciones personales, sobre todo cuando son importantes. Por esa razón, le aconsejo que no pida a sus padres ni a sus abuelos que apuesten los ahorros de su vida en el proyecto de su idea; hay otras maneras mucho mejores de hacerlo. 

 

Los préstamos sin garantía son los que hacen los bancos y las entidades crediticias. Rellene un formulario, pida cierta cantidad de dinero y el banco evaluará su capacidad para devolver el préstamo con un interés durante un determinado período de tiempo. El préstamo puede ser una suma global o una línea de crédito que pueda usarse en cualquier momento. El banco no pide garantías por pequeñas cantidades (unos miles de dólares), por eso la tasa de interés probablemente será un poco más alta que la de una tarjeta de crédito o un préstamo asegurado. 

 

Los préstamos con garantía requieren un bien en garantía. Las hipotecas y los préstamos para el automóvil son buenos ejemplos de préstamos con garantías: si no paga, el prestamista puede requisar legalmente la propiedad en garantía. Y como luego el prestamista puede vender esa propiedad para recuperar sus fondos, los préstamos con garantía son muchos más que los sin garantía: miles o centenares de miles de dólares. 

 

Los bonos son deudas contraídas con prestamistas. En lugar de pedir directamente al banco un préstamo, la empresa pide dinero prestado a individuos o compañías. El prestamista entrega el dinero directamente a la empresa, dinero que recuperará con un interés acordado al cabo de un plazo de tiempo determinado. Cuando el plazo expira —es decir, cuando el plazo vence—, la empresa debe devolver la cantidad original del préstamo más los intereses. El proceso legal y regulador del mercado de valores puede ser extremadamente complicado, por eso un banco inversor emite el bono. 

 

La financiación por medio de cuentas por cobrar es una clase de préstamo con garantía especial para empresas. La financiación por medio de cuentas a cobrar puede poner a su disposición millones de dólares en crédito, pero con un coste: la garantía del préstamo es el control de las cuentas por cobrar de su empresa. Dado que el banco controla las cuentas por cobrar, puede asegurarse de que su préstamo sea lo primero que se pague, antes incluso que los salarios de los empleados y los compromisos con los vendedores. Tendrá a su disposición muchísima financiación, pero va a ceder buena parte del control al prestamista. 

 

El capital ángel transfiere los préstamos al capital. Un ángel es un inversor privado, alguien a quien le sobra el dinero que quiere invertir en una empresa privada, por lo general entre 10.000 y 1.000.000 de dólares. A cambio, será el propietario del 1 % o 10 % de la empresa. Aceptar un ángel inversor es un poco como aceptar un socio silencioso: da el capital a cambio de que le den una parte de la propiedad de la empresa legalmente. Algunos ángeles ofrecen sus consejos y pueden ser asesores, pero en general no tienen poder para tomar decisiones empresariales. 

 

Los capitales de riesgo toman el relevo cuando los ángeles se van. Los capitalistas de riesgo son inversores muy ricos (o grupos de inversores que han hecho fondo común) que disponen de gran cantidad de capital: decenas o centenares de millones de dólares en una única inversión. La financiación a través de capitales de riesgo se hace escalonadamente; empiezan de manera modesta y luego crece a medida que la empresa necesita más capital. Las últimas inversiones pueden disminuir el porcentaje de la propiedad de los accionistas, por eso entra en juego la negociación. Los capitalistas de riesgo también exigen ejercer mucho control a cambio de entregar grandes cantidades de capital, y en general ocupan un lugar en la junta directiva. 

 

Las ofertas públicas de acciones (OPA) consisten en vender una parte de la propiedad de la empresa a los inversores en el mercado. Suele hacerse a través de los bancos de inversión: compañías que proveerán a una empresa de gran cantidad de capital a cambio de vender las acciones de esa empresa en el mercado bursátil. Los bancos de inversión ganan dinero vendiendo las acciones por un valor superior al que las compraron a los inversores en el mercado. La oferta pública inicial (OPI) sencillamente es la primera oferta pública de acciones que una compañía ofrece al mercado.  El inversor que adquiere unas acciones legalmente es dueño de parte de la empresa, y eso incluye el derecho a participar en las decisiones empresariales y a elegir a la junta directiva. Quien posea el mayor número de acciones de la empresa es quien la controla, por eso «hacerla pública» pone en peligro el control de las decisiones: una compra de gran parte de las acciones conduce al control de la empresa. 

 

Los ángeles y los inversores capitalistas de riesgo recurren a las ofertas públicas de acciones para adquirir una propiedad a cambio de dinero. Los inversores pueden recuperar sus rendimientos de dos maneras: a través de los dividendos que producen las «ganancias» de la compañía o vendiendo sus acciones a otro inversor. Las ofertas públicas de acciones permiten a los inversores vender sus acciones a cambio de dinero, por eso los ángeles y los inversores capitalistas suelen animar a las empresas de éxito a hacerse públicas o a venderse a otra empresa cuanto antes para recuperar su inversión. 

 

Cuanto más control deba ceder por cada dólar de financiación que obtenga, menos atractiva le resultará su fuente de financiación. Cuantas más personas deba consultar antes de tomar una decisión, más despacio funcionará su empresa. Los inversores aumentan los «costes generales del negocio en comunicación», y eso puede influir negativamente en su capacidad para tomar decisiones con celeridad. 

 

Es frecuente que los inversores echen de la empresa a los ejecutivos que no rinden bien, aunque esos profesionales sean los fundadores de la empresa. Ni siquiera se libran los ejecutivos de altos vuelos. Cuando Apple funcionaba mal en la década de los noventa, la junta directiva despidió a Steve Jobs de la empresa de la que había sido cofundador. Un consejo de amigo: antes de aceptar una gran suma de capital, piense en el poder que tendrá la junta directiva de la empresa sobre las operaciones que emprenda su negocio.  La financiación es útil, pero no olvide que tendrá que ceder el control sobre las operaciones de su empresa: no tome la decisión a la ligera, ni a ciegas. 

 

Yo me lo guiso, yo me lo como 

Felix qui nihil debet. (Feliz el que nada debe.) 

Proverbio romano 

 

La financiación que necesita depende en gran medida de lo que intente hacer. Si quiere alcanzar el éxito, es decir, ser obscenamente rico levantando una enorme empresa conocida, seguramente necesitará financiación. Si su intención, en cambio, es ser autosuficiente y libre de tomar sus propias decisiones, es mucho mejor que evite pedir financiación y conserve el control.  «Yo me lo guiso, yo me lo como» es el arte de levantar y hacer operativa una empresa sin financiación. No crea que la única manera de crear un negocio de éxito es reuniendo millones de dólares de capitales de riesgo, porque no es así. Si se limita a depender de su liquidez, el crédito personal, los ingresos de su empresa y añade un poco de ingenio, puede levantar un negocio con éxito sin buscar financiación. Mi empresa funciona con una cuenta corriente, una cuenta de ahorros y una tarjeta de crédito de la empresa, y estoy satisfecho. 

 

«Yo me lo guiso, yo me lo como» permite hacer crecer su negocio y conservar el control absoluto de las operaciones. No tiene que conseguir la aprobación de terceros para tomar decisiones que cree más acertadas. Pero tardará más en hacer crecer su empresa. Sin embargo, gestionada con prudencia, la financiación puede ayudarle a que las cosas sucedan mucho antes de lo esperado. 

 

Si acepta financiación, asegúrese de emplearla en hacer aquello que no podría hacer de otra manera. Los multiplicadores de fuerzas son útiles pero caros; aceptar la financiación para acceder a bienes o servicios de vital importancia puede ser una buena idea. Pero, de no ser este su caso, intente, en la medida de lo posible, arreglarse con el dinero de que dispone y los ingresos de la empresa. 

 

Para mejorar sus resultados, procure seguir el lema «yo me lo guiso, yo me lo como»; solo recurra a la jerarquía de financiación si es necesario. Conservar el 100 % de la propiedad y el control de una empresa que tiene ganancias y es autosuficiente es algo muy bello.

 

El rendimiento de la inversión 

Sabio es quien aprende que los ingresos netos no siempre deben ser la prioridad. WILLIAM A. WARD, aforista 

 

Cuando invierte en algo espera que le aporte más valor del que pagó por él. Es muy útil valorar lo que va a recibir en función de lo que ha invertido. 

 

El rendimiento de la inversión (RI) es el valor creado a partir de una inversión de tiempo o de recursos. La mayoría asocia el rendimiento de inversión a cuestiones monetarias: si por 1.000 dólares invertidos obtiene 100 dólares de ganancias, el rendimiento de la inversión es del 10 %: (1.000 + 100) / 1.000 = 1,10, o 10 %. Si su rendimiento de inversión es del 100 %, ha doblado su inversión inicial. 

 

Del rendimiento de la inversión dependerá su elección entre distintas alternativas enfrentadas entre sí. Si deposita dinero en una cuenta de ahorros, el rendimiento de su inversión será igual a la tasa de interés que el banco le dé por retener su dinero. ¿Por qué va a dejar el dinero en una cuenta que le paga un 1 % de intereses si puede depositar ese mismo dinero en una cuenta que le paga el 2 % sin variar los gastos? 

 

La utilidad del rendimiento de la inversión va más allá del dinero: puede emplearlo en otras «monedas de cambio universal». El «rendimiento sobre el tiempo invertido» es una manera extremadamente eficaz de analizar los beneficios de su esfuerzo. Si estuviera obligado a trabajar veinticuatro horas seguidas al día durante un año a cambio de un millón de dólares, ¿lo haría? Cuando analice el rendimiento en función del coste de su tiempo y de su salud mental, comprenderá que no merece la pena. 

 

El rendimiento de cada inversión siempre se relaciona directamente con lo que cuesta esa inversión. Cuanto más gasta (en términos de dinero y de tiempo), menor es su rendimiento. Incluso apuestas supuestamente seguras como comprar una casa o sacarse una licenciatura en la universidad no son una buena idea si el precio que paga por ellas es demasiado alto. La valoración del rendimiento es especulativa; nunca se sabe cuál será el resultado. Calcular rendimientos es un ejercicio de predicción del futuro, que en la práctica es imposible. 

 

La valoración de un futuro rendimiento de inversión se basa en un supuesto más o menos bien fundamentado. Conocerá el rendimiento de su inversión después de haberla hecho y de haber obtenido los rendimientos. 

 

En este mundo no hay nada seguro. Tenga siempre en cuenta los posibles riesgos antes de hacer una inversión, por muy alto que aparentemente sea su potencial rendimiento.

 

Costes a fondo perdido 

Si de entrada no tiene éxito, inténtelo, inténtelo de nuevo.  Y luego abandone. No tiene ningún sentido pasar por tonto. 

W. C. FIELDS, cómico 

 

Al regresar de la Segunda Guerra Mundial, mi abuelo montó la constructora Kaufman Construction Company, y construyó fachadas, hogares, locales para los sindicatos y edificios de viviendas en Akron, Ohio. En 1965, tras veinticinco años en el negocio, empezó su proyecto más ambicioso: un edificio de cinco plantas y veintiséis viviendas en Portage Path. 

 

El Baranel tenía que construirse en las parcelas de dos casas antiguas, que mi abuelo compró y demolió con este propósito. Hizo un pedido de barras de acero y de ladrillos y procedió a excavar como tenía planeado. El coste del proyecto debía ser de 300.000 dólares, el equivalente a 2.400.000 de dólares en 2010. 

 

El proyecto iba bien hasta que las excavadoras encontraron unas bolsas enormes de arcilla azul que volverían extremadamente inestables los cimientos. Para seguir con el proyecto, había que excavar muchos metros cúbicos de arcilla y barro hasta alcanzar el suelo de roca, y comprar más hormiguón y barras de acero para rellenar ese hueco enorme. Terminar el edificio costaría mucho más de lo presupuestado inicialmente, aunque era difícil determinar exactamente la cantidad. 

 

En lugar de abandonar, mi abuelo decidió concluir el proyecto; había gastado tanto dinero en el terreno y en los movimientos de tierras que le sabía mal no llevarse nada a cambio del esfuerzo y de la inversión. Encontró inversores, puso como garantía otro edificio de viviendas y el hogar familiar y siguió adelante con el proyecto. 

 

Cuando el edificio estuvo terminado, había gastado tres veces más del importe presupuestado: aproximadamente 1.000.000 de dólares, unos 8.000.000 de dólares en la actualidad con los ajustes de la inflación. Mucho más de lo que valía el edificio. El abuelo se pasó la vida lidiando con los inversores y los abogados. Es una historia triste, pero todos podemos aprender de ella. 

 

El coste hundido es la inversión de tiempo, energía y dinero que no puede recuperarse una vez hecha. Haga lo que haga, estos recursos son irrecuperables. Por consiguiente, seguir invirtiendo en un proyecto para recuperar los recursos perdidos no tiene ningún sentido: lo único que importa es la cantidad de inversión necesaria frente a la recompensa que espera obtener. 

 

El concepto del coste hundido es fácil de entender, pero es muy difícil ponerlo en práctica. Cuando pierde años trabajando en una profesión que no le interesa, o millones de dólares en un proyecto que inesperadamente exige muchos más, es difícil abandonar. Ha invertido tanto que no le parece bien rendirse sin llevarse nada a cambio. De hecho, no hay que pueda hacer con respecto a sus inversiones; lo pasado, pasado está. Solo puede actuar en función de la información de que dispone. 

 

Cometer errores es inevitable: nadie es perfecto. Tomará decisiones que más adelante desearía no haber tomado; de eso puede estar seguro. Si pudiera volver atrás, haría las cosas de otra manera. Por desgracia, eso no es posible. Siempre habrá otros proyectos, a condición de que no insista en un proyecto arriesgado para recuperar sus pérdidas. Invertir dinero en recuperar lo que ya se ha perdido es un mal negocio. 

 

No siga echando hormigón en un pozo sin fondo; si la inversión adicional no sirve de nada, déjela. No pretenda nunca recuperar el dinero de la misma manera que lo ha perdido. Si el resultado no le compensa la inversión exigida ni el riesgo que corre, no invierta.  

 

Por : Josh Kaufman


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