martes, 15 de diciembre de 2020

Admitir los fallos - Josh Kaufman


 

Admitir los fallos

Por: Josh Kaufman

 

Confesamos nuestras pequeñas faltas para persuadir a los demás de que carecemos de faltas graves.

FRANÇOIS DE LA ROCHEFOUCAULD, cortesano y escritor francés del siglo XVII

 

Cuando Kelsey y yo nos fuimos de Nueva York para instalarnos en las montañas del norte de Colorado, Ben y Betty, los propietarios de la casa que queríamos comprar en régimen de leasing, nos informaron de dos cuestiones importantes:

 

¾    Los corrimientos de tierras eran frecuentes en la zona.

¾    Los osos negros americanos y los pumas merodeaban habitualmente la zona circundante.

 

Estos dos hechos no nos impidieron firmar el contrato de la casa, pero nos alegramos de que nos informaran de antemano, y pensamos de ellos que eran dos personas íntegras. Sopesamos los riesgos, aumentamos el seguro de nuestro arrendador, compramos un aerosol picante de autodefensa para protegernos de los osos y firmamos el contrato.

 

Quien «admite los fallos» ante sus potenciales clientes se gana de hecho la confianza de los demás, que confían en su capacidad de entregarles lo que promete.

 

Dado que en Manhattan Kelsey y yo no teníamos coche, tuvimos que comprar uno al mudarnos a Colorado. Nos interesaba uno que vendían en eBay Motors, pero no nos gustaba la idea de comprar sin tan siquiera ver el vehículo.

 

Para paliar nuestras preocupaciones, el concesionario anunciante, Masters Auto Collection, de Denver, hizo una excepción y fotografió todos los detalles del coche, incluyendo una pequeña muesca en la pintura del costado izquierdo, nada del otro mundo.

 

Su disposición a incluir en la descripción del automóvil incluso los defectos más insignificantes antes de que formalizáramos la compra les hizo ganarse nuestra confianza, porque pudimos constatar que habían descrito fielmente el vehículo. De no haber admitido los fallos, Masters Auto Collection no habría hecho esa venta.

 

Sus potenciales clientes saben que usted no es perfecto, o sea que no finja lo contrario. A la gente le da mala espina que algo se presente como perfecto. Si una oferta aparenta ser mucho mejor de lo normal, sus posibles clientes empezarán a preguntarse dónde está el fallo. En lugar de esperar que empiecen a hacerse preguntas, adelántese y háblele de los fallos. Adelantándose a ellos y hablando de los inconvenientes y las compensaciones, potenciará la confianza que inspira y conseguirá vender más.

 

 


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