Pasos
pequeños, pero poderosos
Opinión
de expertos: Francisco Alcaide.
Fuente:
Cinco Días
Tenemos
a nuestra disposición la herramienta más poderosa para llegar donde queremos
llegar: nuestra capacidad
de aprender. Siempre existe la posibilidad de cambiar, mejorar, evolucionar y
crecer, porque siempre existe la posibilidad de aprender.
En
esta vida todo se decide y todo se aprende. Primero, uno decide lo que quiere, y luego aprende todo lo
que sea necesario para llegar donde quiere llegar a través del estudio
(conocimientos), la práctica (experiencia) y el feedback (ajuste).
Entonces,
¿por qué mucha gente no consigue lo que quiere? A menudo me preguntan cuál es el principal pecado que
se comete en los procesos de cambio y transformación personal, y siempre
respondo lo mismo: impaciencia.
La gente se fija metas, se pone en
marcha y, al no ver resultados inmediatos, desiste. En
esta vida nadie fracasa, sólo
hay gente que abandona en algún punto del camino.
John
Wooden, considerado el mejor entrenador de la historia del baloncesto
universitario norteamericano, dijo cierta vez: “Cuando mejoras un poco cada día, al final ocurren
grandes cosas. Cuando mejoras tu forma física un poco cada día, al final se
produce una gran mejora en tu forma física. No mañana, ni al día siguiente,
pero al cabo del tiempo has hecho un notable progreso. No hay que buscar mejoras
rápidas y espectaculares, sino mejoras pequeñas, día a día. Esa es la única
forma en que ocurren, y cuando lo hacen, permanecen”.
Es un
consejo sencillo, pero que poca gente aplica. Además, los pequeños pasos
desactivan los miedos que producen los grandes desafíos y permiten ganar
seguridad en cada paso que damos para seguir dando otros más.
El éxito alimenta la autoestima, y un
pequeño éxito te lleva a abordar retos más grandes. Si
nunca has hablado en público y te ofrecen dar una charla en un estadio de
fútbol y aceptas, probablemente seas víctima de la ansiedad, aquello salga mal
y no quieras volver a saber nada de estar delante de una audiencia nunca más.
Por el contrario, si aceptas dar un pequeño discurso en un cumpleaños, el
colegio de tu hijo u otro evento, y lo preparas a conciencia, aquello saldrá
bien, ganarás confianza y
te atreverás a cotas más ambiciosas sucesivamente. La confianza es el alimento
del talento, y la confianza se gana con entrenamiento.
“Ningún
fracaso puede derrotar a la perseverancia”
Si
quieres escribir un libro, no te obsesiones con su entrega. Escribe una página
cada día y haz esa página de manera excelente. Al final de la semana tendrás
siete páginas, y al cabo de un mes treinta. Continúa con esa marcha y tendrás
el libro acabado.
“Siempre
tendrás una oportunidad de triunfar si no te rindes”
James
Altucher, uno de los personajes incluidos en Aprendiendo de los mejores
(Alienta, 15ª edición), señala: “Crear algo único, hermoso y valioso es muy difícil. Es muy especial hacerlo.
No sucede rápido. No busques dar el pelotazo rápido.
Pocos lo consiguen. El éxito es algo de
largo plazo, aunque en el camino, encontrarás muchos pequeños éxitos que
celebrar”.
La
mejor manera de comerse un elefante, se ha dicho una y mil veces, es bocado a
bocado. El problema, como siempre, es que queremos llegar demasiado rápido a
destino, engullir el
mamífero de golpe, por lo que nos indigestamos y abandonamos.
La
receta está clara: sé tan
paciente como ambicioso. Un ejemplo que nos sirve de referencia como
metáfora del desarrollo personal es el bambú chino. El funcionamiento de esta
planta tropical es el siguiente. Tras plantar la semilla, no se ve nada durante
aproximadamente cinco años, salvo un brote muy diminuto. Todo el crecimiento es subterráneo;
se está construyendo una compleja estructura de raíces que se extiende en
vertical y horizontalmente por la tierra. Luego, al final del quinto año, el
bambú chino crece velozmente hasta alcanzar una altura de veinticinco metros.
Algo parecido ocurre en los procesos de desarrollo personal. Cierto día uno
decide ponerse en marcha para cumplir su sueño. Trabaja sin descanso, pero no
ve resultados. Así una semana tras otra, un mes tras otro, pero nada ocurre y
las cosas parecen como al principio. Entonces, aparecen las dudas y los
momentos de debilidad emocional en los que uno empieza a cuestionarse cosas.
Algunos, ante la incertidumbre del futuro, desisten y prefieren volver al
refugio. Otros continúan, pero poco tiempo después también abandonan. En
definitiva, un gran
porcentaje de personas desiste y sólo un puñado muy reducido insiste. Esos son
los que terminan finalmente por ver realizados sus sueños.
Hace
algún tiempo acuñé una fórmula que creo que resulta visualmente muy útil y que
no deberíamos perder nunca de vista: Poco + Poco = Mucho. Un poco sin importancia, más otro poco sin
importancia, más otro poco sin importancia... acaba haciendo una gran
diferencia con el paso del tiempo. No es complicado de entender, pero vivimos muy aferrados al corto
plazo, al éxito rápido y fácil, y así es complicado consolidar algo grande.
Las cosas necesitan su proceso de despegue, maduración y consolidación. Nada que merece la pena se
construye de un día para otro. El éxito se cuece a fuego lento.
No es la velocidad sino la constancia
la que te hará llegar lejos. En la fábula, la tortuga gana a la
liebre, a pesar de que esta última era más rápida. Si tienes un sentido claro de dirección (sabes lo
que quieres), trabajas todos los días en esa dirección (constancia) y no
renuncias a ello (paciencia), las cosas tienen que acabar funcionando. Zig
Ziglar nos recuerda lo siguiente: “No se desanime, a menudo es la última llave del llavero la que abre la
puerta”. Anthony Robbins también hace una reflexión interesante: “La gente sobrevalora lo que
puede conseguir en un año y, sin embargo, infravalora lo que puede conseguir en
una década”.
El éxito es una cuestión de perseverar
cuando los demás han renunciado. Gran parte del éxito consiste en insistir una
y otra vez hasta llegar donde uno quiere. La mayoría abandona antes.
Ningún fracaso puede derrotar a la perseverancia. El éxito es un proceso, nada sucede de manera
inmediata, y ese proceso hay que sufrirlo, pero siempre tendrás una oportunidad
de triunfar si no te rindes
