Las preguntas son
la respuesta
Fuente: Cinco Días
La perspicacia de
Peter Drucker sobre el poder de las preguntas ha sido durante mucho tiempo la
principal inspiración de Hal Gregersen. El famoso gurú de la innovación invita
a las organizaciones y a los directivos a cuestionar la manera en la que piensan y actúan para
construir un mundo mejor y más creativo.
Coautor de diez
libros relacionados con las habilidades de los líderes más disruptivos,
Gregersen ha creado Leadership and the Lens, una experiencia de desarrollo
ejecutivo única que aprovecha el poder de la fotografía para ayudar a los
líderes a formular preguntas catalíticas.
CUESTIONAR COMO
BASE DEL ÉXITO
Desde que comencé
mi carrera como investigador hace más de 30 años he analizado diferentes
fenómenos que afectan a las organizaciones, como la globalización, la
transformación o la innovación. En todos los casos, los líderes más exitosos eran aquellos cuya
principal habilidad era realizar las preguntas adecuadas desde los límites de
la certeza, que es precisamente el entorno en el que surgen las preguntas
adecuadas.
No hay nada más
peligroso e inútil que obtener una respuesta equivocada a una pregunta
adecuada. Peter Drucker lo sabía, y prueba de ello es que ya en los años 50
afirmó: “Lo importante y
difícil de un trabajo no es encontrar la respuesta adecuada, sino la pregunta
adecuada”.
Estamos inmersos en
pleno proceso de transformación digital. Un mundo impregnado de Inteligencia
Artificial, donde los ordenadores son capaces de identificar determinados
objetos a través de imágenes. Ahora más que nunca, nuestra capacidad para
realizar las preguntas adecuadas será lo que nos haga ganar la batalla frente a
la Inteligencia Artificial. Los
ordenadores no pueden realizar las preguntas que las personas planteamos, y que
nos permiten saber qué está ocurriendo en realidad. Si queremos
preservar la humanidad en un entorno cada vez más automatizado, es
imprescindible que mantengamos nuestra capacidad de cuestionar lo más viva
posible.
TRABAJAR EN
ENTORNOS DE INCERTIDUMBRE
En los últimos
cinco años he tenido la oportunidad de entrevistar a 200 líderes de grandes
compañías como Amazon, Pixar, Aramex, Salesforce, Chanel, etc. Todos ellos
están absolutamente convencidos de que cuando se trabaja en entornos cercanos a la
incertidumbre, las preguntas permiten descubrir nuevos nichos de oportunidad.
“No hay nada más peligroso e inútil
que obtener una respuesta equivocada a una pregunta adecuada”
La mayor parte de
los directivos exitosos acostumbran a crear condiciones de trabajo en las que
ellos no se encuentran cómodos, permanecen reflexivamente callados y
aparentemente poco activos, porque saben que en estos momentos aparecen preguntas que abren paso a las
oportunidades.
Una historia
divertida es la de Fadi Ghandour, fundador de la compañía logística Aramex.
Este exitoso empresario aprovecha
los trayectos al aeropuerto para recoger información pasiva. Así, cuando
llega de viaje siempre pasa a recogerle un repartidor de la compañía en su
furgoneta para llevarlo al hotel.
Durante todo el trayecto, Ghandour charla con el conductor
de reparto, y cuando llega a su destino tiene una idea clara de los problemas
reales que tiene un trabajador en su día a día, y puede plantear soluciones.
En resumen, para
conocer lo que uno desconoce, es necesario situarnos en un entorno incómodo,
reconocer que podemos estar equivocados y estar dispuestos a escuchar. Sólo de
esta forma podremos obtener las preguntas adecuadas.
Ed Catmull,
cofundador de Pixar, ha contado en varias ocasiones que cuando Steve Jobs le
transmitía sus ideas, él escuchaba con atención, aunque en algunas ocasiones no
estuviera de acuerdo con sus planteamientos; y antes de responder, siempre se
tomaba un tiempo para reflexionar sobre las propuestas.
Desde hace 20 años,
Catmull se levanta cada día preguntándose: ¿cómo puedo construir una organización que sea
creativamente sostenible, donde las preguntas más duras puedan realizarse con
libertad, de forma pública y productiva?
Para conseguirlo,
implantó en la compañía un proceso denominado brain trust, donde todos los
directores de una película tienen que someterse a una reunión en la que sus
compañeros dan su opinión sobre el boceto con el objetivo de resolver errores en etapas tempranas.
Se trata de un proceso arduo y largo que cuestiona no sólo el trabajo de los
directores, sino también su implicación personal, y por eso deben preparase
para afrontar críticas muy duras. Por ejemplo, pasaron ocho años desde que Brad Bird, el director de ‘Los
increíbles’, propuso la idea de crear una cinta sobre una familia de
superhéroes, hasta que el producto llegó al gran público. Sólo de esta
forma, la compañía es capaz de crear verdaderas obras de arte. Todos nosotros
deberíamos buscar nuestras preguntas recurrentes y plantearnos: ¿qué cuestiones
fluyen cada día por mi organización? ¿Estoy creando el espacio o el contexto
adecuado para permitir que florezcan las preguntas difíciles de realizar?
"Necesitamos generar
las condiciones para que las críticas constructivas y las preguntas duras
surjan de una forma sana"
"Si queremos
preservar la humanidad en un entorno cada vez más automatizado, es
imprescindible mantener viva nuestra capacidad de cuestionar"
Las preguntas que
hacen que la gente reflexione no forman parte de la rutina de los entornos
mecanicistas; estas
únicamente surgen cuando las personas trabajan en las fronteras de la
incertidumbre intentando construir cosas que hasta hace poco eran
inimaginables, y que intentan responder a cuestiones que hoy desconocemos, pero
que serán necesarias para crear un mañana.
Por tanto, las
personas que repiten cada día esas preguntas recurrentes terminarán por crear
las condiciones necesarias para que otras personas puedan hacer lo mismo.
No necesitamos
crear dentro de nuestras organizaciones espacios para que las personas puedan
inquirir de forma agresiva o dura, sino generar las condiciones necesarias para que las críticas
constructivas y las preguntas duras surjan de una forma sana. Tenemos
que hacerlo por nosotros, pero también por las nuevas generaciones que nos
rodean: nuestros hijos, nuestros nietos o los jóvenes de nuestra comunidad.
En muchas
ocasiones, los jóvenes son testigos de cómo sus preguntas son apartadas, y la
única forma que tenemos para evitar que sus planteamientos se destruyan es
crear entornos –en casa, en el trabajo o en la comunidad- donde se incentive la capacidad de cuestionar de
forma libre. Sólo así conseguiremos crear un futuro más humano, que nos
permita hacer frente a la tecnología y la Inteligencia Artificial.
