Perú ante la paradoja laboral de 2026: menos desempleo, pero todavía demasiada informalidad
El nuevo informe de la OIT muestra que el mercado laboral peruano ha reducido la desocupación, pero advierte que esta mejora coincide con una menor participación laboral y con una informalidad que todavía alcanza al 69,8 % de los trabajadores. El problema del país ya no consiste únicamente en generar empleo, sino en crear puestos formales, productivos y sostenibles.
El mercado laboral peruano llega a 2026 mostrando señales aparentemente contradictorias. Por un lado, la tasa de desempleo continúa disminuyendo y la informalidad laboral registró una mejora moderada. Por otro, cada vez menos personas participan en el mercado de trabajo, la ocupación ha comenzado a retroceder y aproximadamente siete de cada diez trabajadores siguen desempeñándose en condiciones informales.
Esta es una de las principales conclusiones que se desprenden del informe Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe 2026, publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Aunque el documento examina la situación regional, los datos correspondientes al Perú permiten identificar una realidad particular: la caída del desempleo no significa necesariamente que existan más oportunidades laborales.
En algunos casos, la tasa de desocupación puede disminuir porque las personas encuentran trabajo. Sin embargo, también puede bajar cuando una parte de la población deja de buscar empleo y, por tanto, ya no es considerada desempleada. El Perú parece encontrarse parcialmente dentro de este segundo escenario.
Una economía que seguirá creciendo, pero a menor velocidad
El primer elemento que condicionará al mercado laboral peruano durante 2026 es la desaceleración económica. El informe recoge las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Las tres instituciones estimaron que el producto bruto interno del Perú creció 3,4 % en 2025. Para 2026, sin embargo, anticipan una expansión más moderada. La CEPAL proyecta un crecimiento de 3,2 %, mientras que el FMI lo sitúa en 2,8 % y el Banco Mundial en 2,7 %.
Estas estimaciones coinciden en un punto central: la economía peruana continuaría creciendo durante 2026, pero lo haría a una velocidad inferior a la registrada el año anterior.
La desaceleración no significa necesariamente una recesión ni una destrucción inmediata del empleo, pero puede limitar la capacidad de las empresas para contratar nuevos trabajadores, aumentar salarios o invertir en expansión. También puede afectar especialmente a los jóvenes, a las personas con menor calificación y a los trabajadores vinculados con microempresas y actividades de baja productividad.
El desafío para el Perú no será solamente mantener cifras positivas de crecimiento. Será conseguir que ese crecimiento se traduzca en empleo formal, protección social, productividad y mejores ingresos. Una economía puede crecer sin transformar significativamente la calidad del trabajo si la expansión se concentra en actividades informales o de baja productividad.
La inflación vuelve a ejercer presión
Otro dato que merece atención es el comportamiento de los precios. Según el informe, la inflación interanual del Perú pasó de 1,7 % en abril de 2025 a 4,0 % en abril de 2026.
La OIT señala que, pese a este incremento, el resultado todavía era compatible con un escenario general de estabilidad de precios. Sin embargo, el aumento resulta relevante porque la inflación reduce la capacidad adquisitiva de los salarios, especialmente entre los hogares de menores ingresos.
Un trabajador puede conservar su empleo y recibir el mismo sueldo, pero si los alimentos, el transporte, la energía y otros productos básicos se encarecen, su ingreso real disminuye. Por ello, la calidad del mercado laboral no debe evaluarse únicamente mediante el número de personas ocupadas, sino también considerando cuánto pueden comprar realmente con sus remuneraciones.
La combinación de desaceleración económica e inflación representa un escenario delicado: las empresas enfrentan mayores costos, mientras los trabajadores necesitan ingresos más altos para mantener su nivel de vida. En el sector informal, donde los ingresos suelen ser inestables y la protección social es limitada, esta presión puede sentirse con mayor intensidad.
El desempleo baja, pero también disminuye la participación laboral
Los indicadores correspondientes al primer trimestre de cada año muestran una reducción sostenida de la desocupación peruana. La tasa de desempleo pasó de 6,4 % en el primer trimestre de 2024 a 5,5 % en 2025 y a 5,1 % en 2026. Esta última cifra es preliminar.
A primera vista, el resultado parece favorable. Sin embargo, debe interpretarse junto con los otros indicadores del mercado laboral.
| Indicador laboral del Perú | I trimestre de 2024 | I trimestre de 2025 | I trimestre de 2026 |
|---|---|---|---|
| Tasa de participación | 71,1 % | 70,5 % | 69,1 % |
| Tasa de ocupación | 66,6 % | 66,7 % | 65,6 % |
| Tasa de desocupación | 6,4 % | 5,5 % | 5,1 % |
La tasa de participación, que representa a las personas en edad de trabajar que tienen empleo o que lo están buscando activamente, disminuyó de 71,1 % a 69,1 % entre 2024 y 2026. Al mismo tiempo, la tasa de ocupación pasó de 66,6 % a 65,6 %.
Esto significa que el desempleo bajó, pero no porque se haya producido una expansión contundente de la ocupación. Entre el primer trimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026, la ocupación descendió 1,1 puntos porcentuales, mientras que la participación laboral cayó 1,4 puntos.
La propia OIT incluye al Perú entre los países donde la desocupación disminuyó en un contexto de reducción de la participación y de la ocupación. El organismo señala que una parte de esta mejora puede explicarse por una menor presión de la oferta laboral: hay menos personas trabajando o buscando activamente un empleo.
Este fenómeno puede responder a diversas situaciones. Algunas personas dejan de buscar porque no encuentran oportunidades adecuadas; otras se dedican a estudiar, realizan labores de cuidado no remuneradas, migran o se retiran temporalmente del mercado laboral. El informe no determina cuál de estas causas explica específicamente el caso peruano, pero sí advierte que la disminución de la fuerza laboral puede estar vinculada con factores demográficos y de participación.
Por esta razón, una menor tasa de desempleo no debe presentarse automáticamente como prueba de un mercado laboral más dinámico. Para conocer la situación real, es indispensable observar simultáneamente la participación, la ocupación y la calidad de los puestos generados.
Los jóvenes enfrentan mayores dificultades
El informe también revela un deterioro en la inserción laboral de los jóvenes peruanos de entre 15 y 24 años. La tasa de desempleo juvenil aumentó de 10,9 % en 2024 a 11,8 % en 2025.
La cifra es más del doble de la tasa general de desempleo registrada en el primer trimestre de 2026. Aunque se trata de periodos de medición diferentes, la comparación permite observar la vulnerabilidad de los jóvenes dentro del mercado de trabajo.
El problema no se limita a conseguir el primer empleo. Los jóvenes también presentan mayores probabilidades de ingresar mediante ocupaciones informales, temporales, inestables o poco relacionadas con su formación. La falta de experiencia se convierte en una barrera de entrada, mientras que la ausencia de oportunidades laborales dificulta precisamente la adquisición de esa experiencia.
Esta situación crea un círculo complicado: sin experiencia es difícil conseguir empleo, pero sin empleo es imposible acumular experiencia. Para romperlo se necesitan programas de formación vinculados con las necesidades reales de las empresas, prácticas laborales de calidad y mecanismos que faciliten la transición de los estudios al trabajo.
La informalidad baja, pero todavía afecta al 69,8 % de los trabajadores
El principal problema estructural del mercado laboral peruano continúa siendo la informalidad. En 2025, el 69,8 % de las personas ocupadas trabajaba en condiciones informales.
Esto equivale a decir que aproximadamente siete de cada diez trabajadores peruanos se encontraban fuera de una relación laboral o empresarial plenamente formal. El Perú aparece así dentro del grupo de países donde la informalidad supera el 60 %.
La cifra representa una mejora de aproximadamente un punto porcentual frente a 2024. La OIT interpreta esta reducción como una señal de avance gradual en el proceso de formalización. Sin embargo, el nivel sigue siendo tan elevado que no permite hablar de una transformación estructural.
La informalidad implica mucho más que la falta de un documento o un registro administrativo. Para los trabajadores puede significar ausencia de contrato, vacaciones, seguro de salud, pensión, indemnización o protección frente a accidentes y despidos. Para las empresas suele relacionarse con dificultades para acceder al crédito, incorporar tecnología, participar en cadenas de suministro de mayor valor o contratar personal calificado.
El verdadero desafío peruano ya no consiste únicamente en reducir el desempleo, sino en convertir el trabajo existente en empleo decente, productivo y protegido.
La informalidad también existe dentro de las empresas registradas
Uno de los hallazgos más reveladores del informe es que no toda la informalidad ocurre en negocios completamente informales. En el Perú, alrededor del 20 % del empleo informal tiene lugar dentro de empresas registradas formalmente, de acuerdo con la evidencia citada por la OIT.
Esto sucede cuando una empresa está inscrita ante las autoridades, pero mantiene a una parte de sus trabajadores sin contrato formal o sin acceso a la seguridad social. Por tanto, registrar nuevas empresas no será suficiente si dentro de ellas continúan existiendo relaciones laborales informales.
El informe utiliza datos de la Encuesta Nacional de Hogares de 2024 para comparar la productividad de las microempresas formales e informales. Para este análisis, considera formal a la empresa peruana que está registrada en la Superintendencia Nacional de Aduanas y de Administración Tributaria y que lleva registros contables.
Los resultados muestran que las microempresas formales son, en promedio, más productivas. Sin embargo, también existe una considerable superposición: algunas empresas informales presentan niveles de productividad similares a los de determinadas empresas formales.
Esto demuestra que la informalidad peruana no es un fenómeno homogéneo. Existen negocios de supervivencia que producen ingresos mínimos, pero también empresas capaces de formalizarse que deciden no hacerlo porque consideran que los costos superan a los beneficios.
La formalidad ofrece mejores posibilidades de crecimiento
El análisis de la ENAHO correspondiente al periodo 2015-2019 permite observar cómo evolucionaron las microempresas peruanas a través del tiempo. Al comparar negocios formales e informales con niveles iniciales de productividad semejantes, la OIT encontró mejores trayectorias entre los formales.
En promedio, dentro de la zona donde ambos tipos de empresas presentaban características comparables, el crecimiento de la productividad laboral de las empresas formales fue 1,19 veces el de las informales. En productividad total de los factores, la relación consignada en el cuadro estadístico fue de 1,07 veces.
La diferencia fue particularmente elevada en el primer y cuarto cuartil de productividad. En ambos grupos, el crecimiento de la productividad laboral de las empresas formales fue alrededor de 1,7 veces el registrado por las informales.
El mensaje es importante: una empresa informal puede alcanzar inicialmente un nivel de productividad similar al de una formal, pero sus posibilidades futuras de expansión pueden quedar limitadas. La falta de financiamiento, protección legal, tecnología, trabajadores calificados y acceso a mercados formales termina actuando como un techo.
La formalidad no garantiza automáticamente el éxito, pero puede crear mejores condiciones para crecer de manera sostenida.
Cuanto más productiva es una empresa, mayor es su posibilidad de formalizarse
El informe también examinó las transiciones de las empresas peruanas desde la informalidad hacia la formalidad. Los resultados muestran una relación clara entre productividad y formalización.
Entre las empresas que realizaron la transición, solo 10,2 % pertenecía al cuartil de menor productividad. La proporción aumentó a 24,3 % en el segundo cuartil, 34,5 % en el tercero y 31,1 % en el cuarto.
Además, el 79,1 % de las empresas peruanas que lograron formalizarse se encontraba inicialmente en la zona donde se superponían los niveles de productividad de empresas formales e informales.
Estos resultados sugieren que las empresas tienen más probabilidades de formalizarse cuando alcanzan un nivel de productividad que les permite asumir los costos laborales, tributarios y administrativos correspondientes.
Por ello, exigir la formalización sin ayudar previamente a las unidades económicas de supervivencia a mejorar su productividad puede resultar insuficiente. En ciertos casos, el negocio no permanece informal únicamente porque rechace las normas, sino porque genera ingresos demasiado bajos para cumplirlas.
Capacitación y acompañamiento: la evidencia peruana
Uno de los datos más alentadores del informe aparece en el análisis de las políticas públicas. Según la investigación citada por la OIT, en el Perú, la combinación de apoyo inicial a la formalización y capacitación incrementó las tasas de formalización entre 20 y 25 puntos porcentuales.
El resultado demuestra que las intervenciones integrales pueden ser más efectivas que las medidas aisladas. Reducir un trámite o imponer una sanción puede producir efectos limitados si la empresa sigue teniendo baja productividad, escaso conocimiento administrativo y pocas posibilidades de acceder al mercado.
La capacitación debe estar acompañada por acceso al financiamiento, digitalización, asistencia técnica, mejora de la gestión y vinculación con nuevos clientes. El objetivo no consiste simplemente en entregar un número de registro, sino en construir una empresa capaz de sostener la formalidad.
El informe señala también que el uso de medios de pago diferentes al efectivo, el ahorro, el crédito y la presencia digital están asociados positivamente con la formalización. La transformación digital puede funcionar como un puente entre productividad y formalidad, siempre que las empresas más pequeñas reciban el acompañamiento necesario.
El desafío peruano: hacer viable la formalidad
Los datos presentados por la OIT dibujan un mercado laboral peruano con avances parciales, pero todavía frágil. La desocupación disminuye, aunque simultáneamente retroceden la participación laboral y la ocupación. La informalidad cae moderadamente, pero continúa afectando a casi siete de cada diez trabajadores. Y los jóvenes enfrentan mayores dificultades para ingresar al empleo.
La lección central es que la formalización no puede basarse exclusivamente en controles, sanciones o reducción de trámites. El Perú necesita una estrategia diferenciada.
Las unidades económicas de supervivencia requieren capacitación, protección social, tecnología y apoyo para elevar su productividad. Las empresas que ya pueden asumir los costos de la formalidad necesitan incentivos claros, fiscalización efectiva y acceso a beneficios que hagan visible el valor de cumplir las normas. Las empresas registradas que mantienen trabajadores informales deben ser acompañadas y supervisadas para regularizar sus relaciones laborales.
El país no resolverá la informalidad obligando a todas las empresas a seguir exactamente el mismo camino. Una microempresa que apenas genera ingresos diarios no enfrenta las mismas dificultades que un negocio productivo que evita deliberadamente sus obligaciones.
Una cifra menor no siempre significa una realidad mejor
El informe de la OIT deja una advertencia que debería orientar el debate público peruano: los indicadores laborales no pueden analizarse de manera aislada.
Una tasa de desempleo de 5,1 % parece positiva, pero pierde parte de su brillo cuando se descubre que la ocupación y la participación también disminuyeron. Una reducción de un punto en la informalidad representa un avance, pero resulta insuficiente cuando el problema todavía alcanza al 69,8 % de los trabajadores.
El Perú enfrenta, por tanto, una paradoja laboral: tiene menos desempleo estadístico, pero no necesariamente un mercado de trabajo más fuerte; registra una menor informalidad, pero sigue siendo una economía predominantemente informal.
La tarea pendiente es convertir el crecimiento económico en productividad empresarial y transformar esa productividad en trabajo decente. Solo entonces la reducción del desempleo dejará de ser una cifra aislada y se convertirá en una mejora real para las familias peruanas.
Fuente principal: Organización Internacional del Trabajo, Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe 2026, julio de 2026. Las cifras de 2026 correspondientes al mercado laboral son preliminares. El análisis empresarial utiliza principalmente información de la ENAHO 2024 y paneles de la ENAHO 2015-2019.