EL TALKING MANAGER
Cómo dirigir personas a través de
conversaciones
Álvaro González-Alorda
CAMBIAR A LA GENTE
Piensa por un momento en una de tus
conversaciones pendientes. Quizá es con un jefe con quien te falta sintonía o
con un colega de otro departamento con el que tienes conflictos episódicos o
con alguien de tu equipo cuya manera de ser te incomoda. Ponle cara y ojos a
esa conversación pendiente.
Ahora imagina que, tras vencer diversas
resistencias —propias y ajenas—, consigues que se den las circunstancias
adecuadas para hablar cara a cara con esa persona. Pero, antes de hacerlo,
pregúntate: ¿qué puedo lograr con esta conversación?, ¿cuál es su máximo
alcance?
Hace meses tuve la oportunidad de
escuchar a Brian Bacon, Fundador de la Oxford Leadership Academy, en un
seminario mano a mano con el profesor del IESE Luis Huete. Al concluir la
jornada, Brian Bacon contó la siguiente historia:
Hace unos años, participé en un congreso
en San Francisco. Yo era un conferenciante de segunda en un gran evento en el
que hablaban personajes gigantes como Peter Drucker, Peter Senge o Michael
Hammer: el Who’s Who del liderazgo y del cambio en las organizaciones. De
hecho, yo estaba más bien
en la categoría Who’s He?...
La conferencia se celebraba en torno al
50 aniversario de las Naciones Unidas. Durante dos días, los conferenciantes
habían hecho un despliegue de sabiduría científica sobre cómo liderar
organizaciones. Se habló desde la reingeniería de los recursos humanos hasta el
cambio de las estructuras, pasando por las mejores claves de liderazgo. Los
asistentes habían pagado 5.000 dólares por pasar dos días allí, escuchando a grandes
figuras.
Al final de estos congresos, los
organizadores suelen distribuir un cuestionario para evaluar a los
conferenciantes y el impacto de sus mensajes. Para sorpresa de todos, la madre
Teresa de Calcuta —a quien lograron convencer para que participase en el
evento— quedó la primera en el ranking, y lejos del segundo. Curiosamente, ella
no formaba parte del panel de conferenciantes, sino que había sido invitada a
dar un pequeño mensaje al final. De hecho, no habló más de treinta segundos.
Subió al estrado, se quedó un momento en silencio y, con una voz muy suave,
dijo:
—Así que queréis cambiar a la gente. Pero
¿conocéis a vuestra gente? ¿Y les queréis? Porque si no conocéis a las
personas, no habrá comprensión, y si no hay comprensión, no habrá confianza, y
si no hay confianza, no habrá cambio.
»¿Y queréis a vuestra gente? Porque si no
hay amor en lo que hacéis, no habrá pasión, y si no hay pasión, no estaréis
preparados para asumir riesgos, y si no estáis preparados para asumir riesgos,
nada cambiará.
»Así que, si queréis que vuestra gente
cambie, pensad: ¿conozco a mi gente?, ¿y quiero a mi gente?
El mensaje de la madre Teresa había
quedado suspendido en el auditorio y se notaba que había golpeado. Tan fuerte
como cuando alguien escucha la verdad.
Este relato de Brian Bacon me lleva a la
siguiente conclusión: para lograr que una persona cambie, la vía más
prometedora es inspirarle, después de haberle aceptado tal como es. Y eres inspirador cuando los
demás no sólo ven en ti cualidades profesionales, sino también algunas
cualidades personales dignas de ser imitadas. Cuando hay consistencia entre lo que piensas y lo
que dices y también entre lo que dices y lo que haces. En definitiva, cuando
transmites autenticidad, una cualidad que se conquista con muchos pequeños
esfuerzos y que, con frecuencia, exige nadar contra corriente.




