domingo, 27 de diciembre de 2020

CAMBIAR A LA GENTE - Álvaro González-Alorda

 


EL TALKING MANAGER

Cómo dirigir personas a través de conversaciones

Álvaro González-Alorda


CAMBIAR A LA GENTE

Piensa por un momento en una de tus conversaciones pendientes. Quizá es con un jefe con quien te falta sintonía o con un colega de otro departamento con el que tienes conflictos episódicos o con alguien de tu equipo cuya manera de ser te incomoda. Ponle cara y ojos a esa conversación pendiente.

Ahora imagina que, tras vencer diversas resistencias —propias y ajenas—, consigues que se den las circunstancias adecuadas para hablar cara a cara con esa persona. Pero, antes de hacerlo, pregúntate: ¿qué puedo lograr con esta conversación?, ¿cuál es su máximo alcance?

Hace meses tuve la oportunidad de escuchar a Brian Bacon, Fundador de la Oxford Leadership Academy, en un seminario mano a mano con el profesor del IESE Luis Huete. Al concluir la jornada, Brian Bacon contó la siguiente historia:

Hace unos años, participé en un congreso en San Francisco. Yo era un conferenciante de segunda en un gran evento en el que hablaban personajes gigantes como Peter Drucker, Peter Senge o Michael Hammer: el Who’s Who del liderazgo y del cambio en las organizaciones. De hecho, yo estaba más bien en la categoría Who’s He?...

La conferencia se celebraba en torno al 50 aniversario de las Naciones Unidas. Durante dos días, los conferenciantes habían hecho un despliegue de sabiduría científica sobre cómo liderar organizaciones. Se habló desde la reingeniería de los recursos humanos hasta el cambio de las estructuras, pasando por las mejores claves de liderazgo. Los asistentes habían pagado 5.000 dólares por pasar dos días allí, escuchando a grandes figuras.

Al final de estos congresos, los organizadores suelen distribuir un cuestionario para evaluar a los conferenciantes y el impacto de sus mensajes. Para sorpresa de todos, la madre Teresa de Calcuta —a quien lograron convencer para que participase en el evento— quedó la primera en el ranking, y lejos del segundo. Curiosamente, ella no formaba parte del panel de conferenciantes, sino que había sido invitada a dar un pequeño mensaje al final. De hecho, no habló más de treinta segundos. Subió al estrado, se quedó un momento en silencio y, con una voz muy suave, dijo:

—Así que queréis cambiar a la gente. Pero ¿conocéis a vuestra gente? ¿Y les queréis? Porque si no conocéis a las personas, no habrá comprensión, y si no hay comprensión, no habrá confianza, y si no hay confianza, no habrá cambio.

»¿Y queréis a vuestra gente? Porque si no hay amor en lo que hacéis, no habrá pasión, y si no hay pasión, no estaréis preparados para asumir riesgos, y si no estáis preparados para asumir riesgos, nada cambiará.

»Así que, si queréis que vuestra gente cambie, pensad: ¿conozco a mi gente?, ¿y quiero a mi gente?

El mensaje de la madre Teresa había quedado suspendido en el auditorio y se notaba que había golpeado. Tan fuerte como cuando alguien escucha la verdad.

Este relato de Brian Bacon me lleva a la siguiente conclusión: para lograr que una persona cambie, la vía más prometedora es inspirarle, después de haberle aceptado tal como es. Y eres inspirador cuando los demás no sólo ven en ti cualidades profesionales, sino también algunas cualidades personales dignas de ser imitadas. Cuando hay consistencia entre lo que piensas y lo que dices y también entre lo que dices y lo que haces. En definitiva, cuando transmites autenticidad, una cualidad que se conquista con muchos pequeños esfuerzos y que, con frecuencia, exige nadar contra corriente.


viernes, 25 de diciembre de 2020

CARA A CARA - Álvaro González-Alorda

 


EL TALKING MANAGER

Cómo dirigir personas

a través de conversaciones

Por: Álvaro González-Alorda

 

CARA A CARA

En el libro Disrupting Class: How Disruptive Innovation Will Change the Way the World Learns, el profesor de Harvard Business School Clayton Christensen sintetiza una investigación que establece una sorprendente correlación entre la capacidad intelectual y el tipo de conversación a la que los niños han sido expuestos en sus primeros treinta y seis meses de vida.

El estudio, realizado por Todd Risley y Betty Hart, quienes han observado y grabado interacciones físicas y verbales entre padres e hijos durante sus primeros años de vida, establece en 1.500 la media de palabras por hora que los padres dirigen a sus hijos cuando les hablan. Pero ésta es la media, puesto que los padres con formación universitaria les dicen 2.100 palabras y los padres de familias con niveles elementales de formación académica se quedan en 600. La diferencia entre ambos extremos resulta significativa: o tus padres te han dirigido 48 millones de palabras en tus tres primeros años de vida o sólo 13 millones.

Curiosamente, los vocablos con mayor impacto en el desarrollo cognitivo son los expresados en el primer año de vida, período en el que los niños no dan muestras visibles de comprender lo que sus padres dicen.

Según la investigación de Risley y Hart, la correlación entre las palabras que un niño ha escuchado a sus padres y su coeficiente intelectual resulta muy significativa. Aunque no es mi propósito presentar los datos detallados en este libro, esta correlación pasa a ser extremadamente significativa cuando se distingue entre el tipo de conversaciones que los padres han tenido con sus hijos, que han clasificado en dos categorías: Business Conversations, es decir, conversaciones sobre necesidades básicas, como «termina de cenar», «es la hora de dormir» o «entra en el coche»; y Language Dancing, es decir, conversaciones en las que los padres hablan cara a cara a sus hijos con palabras adultas y con un lenguaje rico, ya sea cuando les cambian el pañal o mientras ponen la lavadora.

Dado el impacto de las conversaciones cara a cara en la capacidad intelectual, sería interesante realizar una investigación que midiera la mejora del liderazgo de quien dirige su equipo a través de conversaciones, frente a quien rehúye conversar con sus colaboradores y pretende manejarles enviando e mails desde la distancia, enmascarando su falta de cercanía con la excusa de tener una agenda muy ocupada.

Recientemente he tenido la oportunidad de conversar con un especialista en la negociación de rehenes: George Kohlrieser, profesor de Liderazgo y Comportamiento Organizacional en el IMD (Institute for Management Development) de Suiza y autor del bestseller internacional Hostage at the Table: How Leaders Can Overcome Conflict, Influence Others and Raise Performance.

El profesor Kohlrieser —quien ha sido capturado como rehén en cuatro ocasiones trabajando para la policía, el ejército y otras organizaciones en países como Israel, Croacia, Estados Unidos o Alemania— narra en su libro el secuestro de una aerolínea kuwaití en 1984:

 

Desde el punto de vista de los secuestradores, para ser un buen rehén debes creer que vas a morir. Y eres un mal rehén si no tienes miedo. Ésta es la razón por la cual los terroristas intimidan y torturan a sus rehenes y, con frecuencia, matan a uno como ejemplo.

En este caso, los terroristas escogieron a doce hombres y, con gran ceremonia, los llevaron a la parte delantera del avión, donde les ordenaron sentarse para esperar a ser asesinados. Uno de los doce era de Kuwait. En su profundo dolor, se sentó en silencio y las lágrimas empezaron a caerle por las mejillas. Uno de los terroristas, que cubría su rostro con una máscara —no sólo para proteger su identidad, sino también para bloquear cualquier conexión emocional con los rehenes — se acercó al hombre, le apuntó con su pistola a la cabeza y le dijo: «Tú eres un árabe. Muere como un hombre. Muere con dignidad. No mueras como un cobarde».

Aceptando su muerte inminente, el kuwaití miró a los ojos del terrorista y le dijo: «Señor, si a usted le estuviese esperando en casa tanta gente como a mí, también lloraría».

El terrorista respondió poniendo su pistola en la cabeza del hombre y empezó a apretar el gatillo. Pero, de repente, vaciló. Tras un corto período de silencio, en el que se mantuvo el contacto visual, el terrorista bajó el arma y se dirigió a la parte trasera del avión. Dos horas después, el kuwaití fue liberado.

Más tarde, cuando los investigadores preguntaron al rehén por qué fue liberado, explicó: «Creo que el terrorista sintió pena por mí. Pude verlo en sus ojos».

El aprendizaje de esta historia —explica el profesor Kohlrieser— es que, a pesar de que estaba afrontando la muerte, el rehén fue capaz de mantener suficiente calma como para mirar al terrorista a los ojos. Y esa mirada, unida a sus palabras, conectó de alguna manera con él y le persuadió para salvarle la vida.

Los directivos enmascarados, aquellos que —en palabras de Kohlrieser— «se quedan en su oficina y rehúsan conectar emocionalmente con los demás, suelen tener una percepción negativa de su equipo y de sus colegas», quienes acaban por pagarle con la misma moneda, desencadenando un clima que envenena las organizaciones.

Sin embargo, este superviviente kuwaití representa una prueba extrema del potencial desenmascarador de la autenticidad: la capacidad de dar voz a nuestros sentimientos más profundos, a veces, simplemente con la mirada, como conversando en silencio.


LA EPIDEMIA DE LOS MENSAJES ESCRITOS - Álvaro González-Alorda


 

EL TALKING MANAGER

Cómo dirigir personas

a través de conversaciones

Por: Álvaro González-Alorda 

LA EPIDEMIA DE LOS MENSAJES ESCRITOS

El verbo «conversar» proviene del latín, conversare, y significa «girar, hacer girar, dar vuelta, cambiar, convertir». Así que, para pactar un vocabulario común en El Talking Manager, sostengo que una conversación se parece más a una multiplicación que a una suma; tiene que ver más con el nosotros que con el yo e implica la fecundación de planteamientos frente a la estéril yuxtaposición de puntos de vista. Dicho de otra manera, tras una conversación verdadera no hay ganador, perdedor o tablas, como en el ajedrez de la negociación, sino que hay dos personas —o dos países, da lo mismo— más cerca de la verdad —que ninguno poseemos— y a la que hemos de acercarnos desde nuestra parcial perspectiva con la ayuda de los demás. El individualismo —que consiste esencialmente en ignorar a los demás— resulta tan aburrido como peligroso, y el relativismo —que postula la ausencia de verdad— es una insensatez que acarrea graves problemas, especialmente cuando se radicaliza y ya «todo da igual».

Las polarizaciones que dan a elegir entre el blanco o el negro —sea la derecha o la izquierda, los republicanos o los demócratas, Palestina o Israel, el departamento comercial o el de operaciones, o el vecino o yo— renuncian a la riquísima gama cromática de la que está compuesta la vida.

Para determinar el concepto de conversación, tal vez ayude hacer una lista de los rasgos que caracterizan la no-conversación:

• Hablar sin escuchar, como un charlatán.

• Suponer el punto de vista del otro o sus intenciones, sin darle la oportunidad de expresarse.

• Acusar, acorralar, atacar.

• Pedir consejo habiendo tomado una decisión definitiva.

• No atreverse a afrontar un problema directamente, sino a través de indirectas.

• Subir el tono con gestos, palabras y decibelios, intimidando al interlocutor e impidiendo un diálogo sereno.

En los últimos quince años se han incorporado a la sociedad algunos avances tecnológicos extraordinarios como el correo electrónico, Skype, WhatsApp y otros sistemas de mensajería escrita instantánea. Sin negar sus incuestionables ventajas, me gustaría subrayar el peligro que representa su uso como sustituto de la conversación.

No sé si habrá algún modo de medirlo, pero la última década está sembrada de conflictos de toda escala provocados por la pereza, la torpeza o la cobardía de no abordar muchos asuntos importantes cara a cara, sino escondidos tras un teclado y una pantalla.

Esta prostitución del diálogo —acentuada por el uso perverso de los mensajes con copia y con copia oculta— introduce tensión innecesaria en las relaciones personales e ineficiencias estructurales en las organizaciones. ¡Cuánta irrelevancia se amontona en las bandejas de entrada, colapsando la agenda de los directivos y restando tiempo a su principal tarea: dirigir personas a través de conversaciones!

¿Quién no ha sido protagonista, activo o pasivo, de alguno de esos episodios de intercambio de e-mails envenenados, que frecuentemente acaban escribiendo la historia de tantas relaciones deterioradas o sencillamente muertas?

Desde luego, hay e-mails que tienen un impacto muy positivo en la gestión de personas. Pero se requiere tal capacidad en el manejo de las sutilezas del lenguaje escrito y es tan difícil transmitir el tono de lo que se quiere decir, que resulta insensato sustituir conversaciones importantes o de temas conflictivos —que se podrían mantener cara a cara— por huidizos e-mails. O mucho peor, por mensajes breves enviados a través de plataformas de mensajería instantánea.

«En mi departamento ha dejado de sonar el teléfono —me dijo recientemente un directivo de una multinacional— y hemos caído en el defecto de gestionar con largos y articulados e-mails, que tardamos horas en escribir, lo que podríamos resolver en una llamada de diez minutos.»

La tendencia a reemplazar conversaciones por mensajes escritos se ha convertido en una epidemia de la que va a costar librarse ya que se ha extendido no sólo a nuestros hábitos profesionales, sino también a los personales. No obstante, la vacuna no es cara ni inalcanzable. Basta con levantarse de la silla, alejarse del teclado y acercarse a esa persona con una propuesta valiente, sincera y directa: «Me gustaría hablar contigo».


miércoles, 16 de diciembre de 2020

Los tres aspectos de negociación - Josh Kaufman

 


 

Los tres aspectos de negociación

 

Por: Josh Kaufman

 

Lo primero que hay que decidir antes de empezar las negociaciones es lo que se va a hacer si el otro dice que no.

ERNEST BEVIN, ex ministro  de Asuntos Exteriores británico

 

La mayoría piensa que una negociación consiste en sentarse con la parte contraria y presentar ofertas y contraofertas. Sin embargo, esta es la última fase del proceso; las otras dos suceden mucho antes de que uno se siente a la mesa de negociaciones.

 

Los «tres aspectos de negociación» son la preparación y planificación, la estructura y la argumentación. Como exponen David Lax y James Sebenius en Negociación tridimensional: herramientas poderosas para cambiar el juego en sus dimensiones más importantes, cada una de estas etapas tiene una importancia fundamental: crear un entorno que nos conduzca a un acuerdo y preparar su estrategia por adelantado, aumentará enormemente la probabilidad de encontrar una solución aceptable para ambas partes.

 

La primera fase de una negociación es la de la preparación y planificación: crear un escenario para que la negociación dé un resultado satisfactorio. Cuantas mejores sean las condiciones antes de empezar a negociar, en mejor situación estará para llegar a un acuerdo: • ¿Quién está implicado en la negociación? ¿Está bien predispuesto para tratar con usted? • ¿Con quién está negociando? ¿Sabe quién es y cómo puede ayudarlo?

• ¿Qué le propone? ¿En qué beneficia su propuesta a la parte contraria?

• ¿Cuál es el escenario? ¿Presentará su oferta en persona, por teléfono o a través de algún otro medio?

• ¿Qué factores del entorno conciernen al acuerdo? ¿Los últimos acontecimientos influyen en que este acuerdo sea más o menos importante para la parte contraria?

La preparación y planificación de una negociación es el equivalente de la estructura guía: el entorno donde se realiza el acuerdo desempeña un papel muy importante, por eso vale la pena asegurarse de que este entorno nos conduzca a un buen trato antes de sentarnos a la mesa. Al preparar la negociación se asegura de que va a negociar con la persona adecuada, la que tiene el poder de concederle lo que quiere.

 

Documentarse es lo que da poder a este aspecto de la negociación: cuanta más información reúna acerca de quienes van a negociar con usted, más poder tendrá durante la negociación; es decir, haga los deberes antes de presentar una oferta.

 

El segundo aspecto que hay que tener en cuenta es la estructura: los términos de la propuesta. En esta fase, debe elaborar una propuesta de manera que sea valorada y aceptada: • ¿Qué propondrá exactamente y cuál será el enfoque que dará a su propuesta? • ¿En qué beneficia especialmente su propuesta a la parte contraria?

• ¿Cuál es la siguiente mejor alternativa de la parte contraria y por qué es mejor su propuesta? • ¿Cómo superará las objeciones de la parte contraria y las barreras que obstaculizan la venta? • ¿Está dispuesto a aceptar compensaciones o a hacer concesiones para llegar a un acuerdo? Recuerde que su objetivo al hacer una propuesta es encontrar puntos en común: un acuerdo que ambas partes estén dispuestas a aceptar. Pensando de antemano en la estructura de su propuesta podrá preparar alternativas que considere que podrían interesar a la parte contraria en unos términos que esté dispuesto a aceptar.

 

Si espera que la parte contraria ponga reparos, por ejemplo, en el precio puede considerar argumentos que consigan vencer su objeción: opciones a un bajo coste que proporcionen un valor menor u ofertas alternativas que se adapten mejor a sus necesidades. Cuando llegue el momento de hablar del acuerdo con la otra parte, estará preparado para todo.

 

El tercer aspecto es la argumentación del planteo: presentar la propuesta a la otra parte. Es entonces cuando empieza la negociación. A veces algunas negociaciones tienen lugar, como vemos en las películas, en un despacho de juntas de paredes de madera de caoba y sentado frente a la mesa del presidente, hablando con él de tú a tú. Otras se da por teléfono. Algunas otras, por correo electrónico. Sea cual sea el escenario, este es el momento en que presenta su propuesta, argumenta o aclara los puntos que la parte contraria no entiende, responde a las objeciones y, finalmente, vence las barreras que obstaculizan la venta e intenta vender.

 

Independientemente de lo que suceda durante la negociación, el resultado final de cada ronda podría ser el siguiente:

(1) «Sí, hay trato en estos términos»,

(2) «No hay trato; tenemos una contra oferta u opción que vamos a considerar», o (3) «No, no hay trato, porque está claro que no existen puntos en común.  Por eso suspendemos las negociaciones y nos reservamos el derecho a hablar con otros». La negociación continúa hasta que al final se alcanza un acuerdo o bien las partes deciden abandonar la negociación.

 

Si estos tres aspectos de la negociación han sido preparados de antemano (preparación y planificación, estructura y argumentación), tendrá muchas más oportunidades de establecer unos términos que beneficien a ambas partes.

 

 


La venta basada en el valor del producto - Josh Kaufman


 

La venta basada en el valor del producto

 

Por: Josh Kaufman

 

El precio es lo que paga. El valor, lo que obtiene.

WARREN BUFFETT

 

Imagine que ofrece un servicio continuado a una empresa corporativa de la lista Fortune 50 que logra aumentar sus ingresos anuales en unos 100 millones de dólares. ¿Valen sus servicios 10 millones de dólares al año? Por supuesto; después de todo, ¿qué empresa renunciaría a 90 millones de dólares en concepto de ingresos actuales?

 

¿Tiene alguna importancia el hecho de que este servicio tan valioso que ofrece no le cueste mucho dinero? En absoluto, ni aunque le cueste 100 dólares al año, porque lo que está ofreciendo es un servicio de gran valor, y eso justifica que el precio sea proporcionalmente tan alto.

 

¿Tiene alguna importancia el hecho de que el servicio que una empresa pueda ofrecer a otra cueste unos 10.000 dólares? En absoluto, usted está ofreciendo un valor mucho mayor que otros servicios del mercado, y eso justifica que el precio sea superior.

 

La «venta basada en el valor del producto» es el proceso por el cual se justifican y destacan las razones por las cuales su oferta tiene valor para el comprador. En el apartado anterior dijimos que el criterio, para fijar un precio, que considera el valor por comparación con otros productos del mercado suele ser la mejor manera de justificar el precio de su oferta. La venta basada en el valor del producto justifica ese precio. Al justificar y destacar las razones del valor que tiene para el cliente una transacción, aumentan las probabilidades de llegar a un acuerdo y de que el comprador quiera pagar el precio que se pide por el producto.

 

La venta basada en el valor del producto no consiste en hablar, sino en escuchar. Cuando la gente piensa en las ventas, se imagina a un granuja pesado y con mucha labia cuya única prioridad es «cerrar el trato». Actuar como un deshonesto vendedor de coches de segunda mano es la manera más rápida de traicionar la confianza y de dar a sus potenciales clientes la impresión de que le importan más sus ingresos netos que lo que el cliente quiere.

 

Al preguntarse sobre las razones del valor de su oferta, deja claro por qué es importante para sus potenciales clientes.

 

En el famoso libro sobre ventas SPIN Selling, Neil Rackham describe las cuatro fases de una venta:

(1) comprender la situación,

(2) definir el problema,

(3) aclarar las implicaciones del problema a corto y a largo plazo y

(4) cuantificar las necesidades y ventajas, o lo que es lo mismo, los beneficios económicos y emocionales que el cliente obtendrá tras haber resuelto su problema.

 

En lugar de abrirse paso a codazos planteando una venta de manera apresurada, estereotipada y agresiva, los vendedores de éxito se centran en formular preguntas muy concretas para comprender realmente lo que necesitan sus potenciales clientes.

 

Al animar a sus potenciales clientes a decir lo que necesitan, matará dos pájaros de un tiro. En primer lugar, conseguirá que confíen más en su capacidad de comprender la situación y en su capacidad de aportar una solución. En segundo lugar, descubrirá una información que le servirá para insistir en el hecho de que su oferta tiene un gran valor, y eso le ayudará a fijar el precio teniendo en cuenta el valor de lo que ofrece.

 

Si tiene claros los motivos y la manera en que su oferta beneficia al cliente, podrá explicar ese valor en unos términos que este comprenda y aprecie. Ser consciente del valor del producto que ofrece a sus clientes supone allanar el camino a una venta de provecho.


La venta basada en las formas - Josh Kaufman


 

La venta basada en las formas

 

Por: Josh Kaufman

 

Actualice a su usuario en lugar de actualizar su producto. El valor no está en la cosa misma, sino en las posibilidades de la cosa. No fabrique mejores cámaras, haga mejores fotógrafos.

KATHY SIERRA, autora y coeditora de la colección de libros Head First

 

Antes de trasladarnos a Colorado, mi esposa Kelsey fue la directora de ventas de la empresa de alta costura para novias Mark Ingram Bridal Atelier, de Nueva York, la firma de vestidos de novia con mayor prestigio internacional. Su trabajo consistía en ayudar a novias de todo el mundo a encontrar «el elegido», el vestido perfecto para una boda de ensueño.

 

Mark Ingram es la Martha Stewart de la industria nupcial, y su sensibilidad marcando estilo es legendaria. Los vestidos de novia de Oscar de la Renta, Monique Lhuillier, Lela Rose y Vera Wang nutren su colección. Las asesoras de Mark tienen tanta experiencia que, por lo general, la novia elige para su boda uno de los tres primeros vestidos que le presentan. Además, la experiencia de la empresa en compras y servicio a la clientela son magníficos. Mark no hace descuentos, pero las novias prefieren dirigirse a él en lugar de acudir a la competencia a comprarse el vestido, aunque les salga más caro.

 

Comparada con la mayor parte de los salones de costura para novias, la empresa Mark Ingram Bridal Atelier vende vestidos de alta costura. El precio medio de un vestido de novia en el salón de Mark es de 6.000 dólares, cuatro veces más que el promedio nacional. Para lograr que la venta sea posible, las asesoras de Mark deben ayudar a la novia (y a sus padres, que suelen ser los que pagan) a comprender que el vestido vale ese precio.

 

Sin duda, es posible encontrar un vestido menos caro en algún otro salón de costura, pero en esos vestidos más económicos se ha intentado simplificar: han usado tejidos de menor calidad, se han ahorrado pasos en la confección y la pedrería o los encajes han sido confeccionados a máquina. Además, es necesario hacer retoques para asegurar que el vestido se ajuste a la perfección a la novia. El equipo de modistas que hace los vestidos de novia de Mark es el mejor del mundo, y solo se puede acceder a ellas si compra un vestido en el salón de alta costura.

 

Si le interesan estas cosas, y a la mayoría de novias que sigue la moda les interesan, es fácil comprender que, si puede permitírselo, vale la pena comprar el vestido en el salón de Mark. La «venta basada en las formas» sigue los pasos que hacen que sus potenciales clientes estén bien informadas.

 

Como asesora de ventas, Kelsey trabajó con dos objetivos a la vista:

 

(1) hacer que la novia se sintiera más cómoda y relajada, y

(2) ayudarla a tomar conciencia de lo que significa un vestido de novia, dando detalles sobre su confección y dejando claro lo que hay que buscar cuando se quiere comprar uno.

 

En lugar de presionar a la novia para cerrar la venta, Kelsey siempre se entretenía explicando a la novia y a sus familiares los pormenores de los tejidos, los encajes, las perlas, la confección y los retoques. Invertía tiempo en las novias para que estas tomaran conciencia del tema. Eso las hacía más proclives a comprar uno de esos vestidos caros porque aprendían a apreciar la calidad del producto y ella se había ganado su confianza.

 

La venta basada en las formas exige invertir por adelantado en sus potenciales clientes, pero vale la pena. Al dedicar su energía a dar información a sus potenciales clientes consigue que confíen en su profesionalidad y que se conviertan en buenos clientes. Tenga en cuenta, de todos modos, que para que la información sea eficaz su oferta debe superar de alguna manera la de sus competidores; en caso contrario ahuyentará a sus clientes. Razón de más para que se asegure de que vale la pena vender lo que ofrece.

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