lunes, 7 de diciembre de 2020

Los directivos humildes vencen

 




Los directivos humildes vencen

 

La humildad es una forma de sabiduría. Es un modo de estar y de relacionarse que tiende a dejar espacio a los demás. Los directivos de empresa que más me han impresionado son gente que no perdió la humildad. No son pusilánimes. No practican el buenismo impostado.  Pueden tomar decisiones duras o liderar transformaciones en las que el final estaba por escribir. Pero no caen en la autocomplacencia del halago fácil. La humildad está incrustada en sus brillantes trayectorias como algo que surge de un modo natural. La humildad o es natural o no es. 

 

La humildad es la que permite a esos líderes continuar mejorando. Intentan encontrar personas de la que inspirarse y poder así continuar inspirando a su gente. La humildad es la que les permite valorar los éxitos de los demás y los propios con un rasero similar, proporcionado. Muchos directivos mantienen la humildad de escribir como antídoto al dejar de pensar. No dejan que les escriban todo por ellos. Escribir es tener la valentía y la humildad de poder equivocarse en primera persona y rubricarlo. Los directivos que escriben son más confiables. 

 

Personalmente prefiero esos directos que mantienen la empatía. No se olvidan de cuando empezaron y se acuerdan de lo que entonces ellos pensaban de los de arriba. Prefiero esos directivos que saben el esfuerzo que exigen porqué antes lo han experimentado. Me gustan más esos líderes que contienen sus egos y ceden el paso. Los que respetan sin escalafón. Los que estudian el nombre de su gente para saludarles convenientemente. Los que lo piden todo por favor incluso cuando amonestan seriamente. 

 

Las empresas necesitan líderes que las protejan de la autocomplacencia y la arrogancia y les pongan cada día el cliente en el centro. Líderes que sean un ejemplo de cercanía al cliente. ¿Cómo puede ser que haya directores generales que pasen una semana sin hablar con clientes importantes y con clientes sencillos? ¿Qué puede haber más importante? Líderes que militen en el empoderamiento y la autonomía de su gente aunque se afanen por conocer hasta el detalle los procesos que componen la cadena de valor. Son esos que pasean por rincones insólitos de sus empresas y normalmente madrugan como el que más. Escuchan, hacen preguntas y vuelven a escuchar. No hay humildad que no escuche. 

 

Los directivos humildes saben que lo importante es que la gente pueda crecer. Y la gente se siente crecer cuando aprende y cuando asume más responsabilidad. Aprender y respetarse es el mejor “employee branding” que hay. Los líderes humildes reconocen por igual al talento y a la buena gente. El talento es la base de la competitividad. La buena gente es la base de una comunidad generosa. Y desde su humildad militante pueden gestionar proporcionadamente el no – talento y contundentemente a los que se creen más que los demás y faltan al respeto. Sin respeto no hay comunidad. Drucker decía que hay que ser intolerante contra intolerancia. Necesitamos directivos humildes que también sean intolerantes contra la altivez que ofende.

 

Pero sobre todo los líderes humildes triunfan porqué escapan de los trastornos de la altura. La humildad no es compatible con la ostentación. No hay nada más mediocre que un directivo ostentoso. ¿Realmente alguien cree que a más ostentación, más beneficio? ¿Cómo hay directivos que todavía se equivocan tanto con las medidas de sus despachos? ¿Cómo hay directivos que todavía están enganchados a privilegios corporativos propios del siglo XX? ¿Cómo hay directivos que no entienden que lo que hacen es más importante que lo que dicen? La humildad no está reñida con alcanzar grandes resultados, al contrario, hace muchos años ya lo demostró Jim Collins en su obra de referencia: “Built to Last”

 

Los directivos humildes triunfan por qué saben que fuera de su empresa hay talento y se empeñan en crear organizaciones abiertas. Por qué creen que fuera hay quién puede innovar y disrumpir sus negocios. Por qué se afanan por entender cómo cambia el mundo y cuáles son las tecnologías que les pueden cambiar la partitura a sus productos o servicios. Los directivos humildes huyen del síndrome del “No inventado aquí” y creen que nadie tiene el patrimonio de la calidad en exclusiva. Los directivos humildes aprenden y desaprenden. Aprenden de los más jóvenes y desaprenden de sus propias trayectorias. No necesitan demostrar que lo saben todo puesto que todo el mundo sabe que conocen lo más importante. 

 

En un mundo que cambia aceleradamente no hay estrategia que cien años dure, a veces dura meses. Y entonces se requiere líderes que con humildad sepan modificar el rumbo, que no se aferren a sus pronósticos y que sepan leer antes que otros los cambios necesarios. La visión y la misión deberían tender a perdurar pero todo lo demás tiende a ser bastante coyuntural. La flexibilidad requiere humildad, saber regresar sobre las propias decisiones y los propios sermones. Solamente dudan los humildes, por eso son confiables. 

 

A lo largo de mi vida profesional de quién más he aprendido es de los directivos humildes. Gente que combina visión, pasión, exigencia y humildad. Personas que encarnan un modo de hacer que compatibiliza la ambición de los negocios y de los proyectos con un talante personal contenido. Los grandes desafíos requieren grandes compromisos y la altivez nunca fue la madre de compromisos consistentes. Y finalmente, los directivos humildes no necesitan decirlo todo, hacen de la brevedad una forma de respeto a los demás. Procuran no ocuparles demasiado espacio, saben que su gente también tiene trabajo. Respetar a tu gente significa no convocarles a cualquier reunión. 

 

Por : Xavier Marcet

 


Diez cosas que nos desesperan profesionalmente

 

  




 

Diez cosas que nos desesperan profesionalmente

 

Repitamos la tesis: al trabajo hay que ir motivado de casa. La función de los directivos consiste en gran parte en dejar crecer la motivación individual. Pero desmotivar es muy fácil. Ver a buenos profesionales desesperados por la mediocridad es un pésimo síntoma para las organizaciones. 

Veamos algunas cosas que nos acostumbran a desesperar profesionalmente.

1. La inconsistencia, la falta de autenticidad, el saltar de una cosa a otra sin que nada llegue a ser verdad. Blablabla. El gatopardismo permanente.

2. La estulticia corporativa, la tontería, la falta de compromiso real. Aparentar valores. La poca importancia de los clientes.

3. El trato desigual y el desprecio a la meritocracia como forma de progresar. El reparto injusto de las oportunidades.

4. La incapacidad de aprender, la convicción de estar más instalados en el bucle del error que en el del fracaso.

5. La poca calidad fruto de la falta de profesionalidad y de talento. Contemplar el emerger de la mediocridad. En las organizaciones, talento llama talento igual que mediocridad llama mediocridad. Es una espiral terrible pero cierta.

6. Los liderazgos egoístas. La incapacidad de compartir los logros. La falta de una lógica de generosidad y empatía que permite entender que en una organización todos quieren crecer. El no entender que liderar es servir.

7. La lentitud y la sinuosidad en las decisiones. Todo es complicado, farragoso, no hay el mínimo sentido de fluidez organizacional.

8. La cerrazón corporativa, el vivir en el perímetro de las propias ortodoxias. La reclusión en la memoria corporativa y la no innovación. El aprecio a la inercia por encima de todo. La sensación de estar más orientados al pasado que al futuro.

9. La falta de reconocimiento al trabajo bien hecho, el poco estímulo al esfuerzo y al despliegue emprendedor de la gente.

10. La falta de respeto a las personas, la poca educación. Respetamos a aquellos de los que aprendemos y admiramos a aquellos que desprenden una coherencia natural.

No nos preocupemos tanto de motivar a la gente, con no desmotivar debería ser suficiente.

Por : Xavier Marcet

sábado, 5 de diciembre de 2020

Los beneficios ocultos de la competencia

 


Los beneficios ocultos de la competencia

El competidor a quien hay que temer es aquel que en lugar de preocuparse por usted, mejora sin pausa su negocio.

HENRY FORD, fundador de la Ford Motor Company y pionero de la cadena de montaje

 

Una de las experiencias más comunes entre quienes se convierten en empresarios por primera vez es percatarse de que su maravillosa idea de negocio no es tan original como creían, que existen otras empresas que ya están ofreciendo productos o servicios similares. Esto podría minar la confianza de cualquiera; aunque, ¿por qué preocuparse por que alguien se dedique a lo que nosotros queremos hacer?

 

Anímese: hay que contar con «los beneficios ocultos de la competencia». Cuando dos mercados son igual de atractivos en otros aspectos, vale más sumarse al de los competidores. Y le diré por qué: al saber de entrada que existe un mercado de clientes dispuesto a pagar por esa idea, elimina un gran riesgo.

 

La existencia de un mercado significa que se ha situado en el lado correcto de «la dura ley del mercado», y que puede dedicar más tiempo a elaborar su oferta en lugar de demostrar que existe un mercado para ella. Si varias empresas de éxito están sirviendo a un mismo mercado, preguntarse si su inversión tiene sentido no debería preocuparle tanto; ahora ya sabe que la gente compra.

 

La mejor manera de observar lo que hacen sus potenciales competidores es convertirse en cliente. Compre todo lo que pueda sobre el producto que le ofrecen. Observar a su competidor de cerca puede enseñarle muchísimas cosas sobre el mercado: el producto de valor que ofrece su competidor, su modo de atraer la atención, el precio que ha marcado, la manera de cerrar las ventas, el estilo de complacer a los clientes y abordar los problemas, y las necesidades que existen todavía y no han sido satisfechas.

 

Como cliente que ha adquirido el producto, tiene la posibilidad de observar lo que funciona y lo que no antes de embarcarse en una estrategia en concreto. Aprenda todo lo que pueda de su competidor, y luego cree un valor superior.


Por : Josh Kaufman


Diez maneras de evaluar el mercado

 


Diez maneras de evaluar el mercado

A menudo las personas trabajan con gran empeño en una dirección equivocada. Trabajar en la dirección correcta probablemente sea más importante que trabajar con gran empeño. 

CATERINA FAKE, fundadora de Flickr.com y Hunch.com

 

 

Si está pensando en iniciar un negocio o en incorporar uno ya existente a un nuevo mercado, merece la pena que investigue un poco antes de dar el salto.

En las «diez maneras de evaluar el mercado» le propongo el método «apúntelo en la servilleta», válido para identificar el atractivo de cualquier mercado potencial. Para ello tiene que puntuar del 0 al 10 los diez factores que aparecen a continuación considerando el 0 absolutamente desagradable y el 10 extremadamente atractivo. Si duda, sea conservador en su valoración.

 

1.La urgencia. ¿Cuánto le urge al cliente poseer esto ahora mismo? (Alquilar una película antigua es un claro ejemplo de poca urgencia; ver el primer pase de una película la noche del estreno es un ejemplo de mucha urgencia, porque eso solo ocurre una vez.)

 

2.El tamaño del mercado. ¿Cuántas personas compran de manera frecuentemente productos parecidos al suyo? (El mercado de las asignaturas-relleno de la universidad es muy reducido; el mercado de los remedios para el cáncer es enorme.)

 

3.El precio del potencial producto. ¿Cuál es el precio máximo que un comprador estaría dispuesto a pagar por una solución? (Las piruletas se venden a 0,05 dólares; los portaviones, a miles de millones.)

 

4.El coste de ganar un cliente. ¿Es fácil ganar un nuevo cliente? Como promedio, ¿cuánto costaría generar una venta, tanto en dinero como en esfuerzo? (Los restaurantes ubicados en autopistas interestatales muy transitadas gastan poco en atraer nuevos clientes. Los negociadores por cuenta del gobierno pueden gastar millones en conseguir grandes contratos por las adquisiciones.)

 

5.El coste del lanzamiento del producto de valor. ¿Cuánto costaría crear y proveer el bien o servicio de valor ofrecido, tanto en dinero como en esfuerzo? (Enviar documentos vía internet es prácticamente gratis; inventar un producto y construir una fábrica cuesta millones de dólares.)

 

6.La singularidad de la oferta. ¿Su oferta es especial comparada con las que compiten en el mercado? ¿Será fácil para los competidores potenciales copiar su idea? (Hay muchas peluquerías, pero muy pocas empresas que ofrezcan un viaje particular por el espacio.)

 

7.La rapidez con que entra en el mercado. ¿Eres rápido creando algo para vender? (Ofrecer al vecino cortar el césped le llevará unos minutos; la apertura de un banco puede llevar años.)

 

8.La inversión de capital. ¿Cuánto tendrá que invertir antes de estar preparado para vender? (Para ser una limpiadora lo único que necesita son varios productos de limpieza valorados a un módico precio. Para extraer oro, necesita varios millones para comprar el terreno y el equipo de extracción.)

 

9.La capacidad de ventas. ¿Cuenta con alguna otra oferta relacionada que pueda presentar a los posibles compradores? (Los clientes que compran máquinas de afeitar también necesitan espuma y cuchillas de recambio. Por el contrario, si compra un frisbee (disco volador) no necesitará otro a menos que lo pierda.)

 

10.El potencial perenne. Una vez creada su oferta, ¿cuánto trabajo adicional tendrá que hacer para seguir vendiendo? (El asesoramiento empresarial requiere dedicación a lo largo de un período; un libro se edita una sola vez y luego se vende repetidas veces tal como se editó en su momento.)

 

Cuando haya terminado, sume sus respuestas. Si ha obtenido 50 puntos o menos, cambie de idea: dirija su energía y sus recursos en otra dirección. Si ha obtenido entre 50 y 75 puntos, su idea le permitirá pagar facturas, pero no conseguirá maravillas sin haber invertido una gran cantidad de energía y de recursos en el proyecto; téngalo en cuenta. Si la puntuación es de 75 puntos o más, su idea promete mucho; pise a fondo el acelerador.

 

Por: Josh Kaufman


Las necesidades básicas


  

 

 

Las necesidades básicas

Quien descubra las necesidades humanas estará a medio camino de alcanzarlas.

ADLAI STEVENSON, político y ex gobernador de Illinois

 

Si va a montar un negocio de éxito le irá bien comprender básicamente lo que quiere la gente. Según los profesores de la Escuela de Negocios de Harvard Paul Lawrence y Nitin Nohria, autores de Driven: How Human Nature Shapes Our Choices, los seres humanos están regidos por cuatro «necesidades básicas» que influyen profundamente en nuestras decisiones y en nuestros actos:

 

1.Adquirir. El deseo de obtener o reunir objetos físicos, así como cualidades inmateriales, como el estatus, el poder y la influencia. Entre los negocios creados para satisfacer la necesidad de adquirir están los de minoristas, las corredurías de bolsa y las empresas de consultoría política. Las empresas que prometen hacernos ricos, famosos, influyentes o poderosos tienen en cuenta esta necesidad.

 

2.Sentirse vinculado. El deseo de sentirse valorado y querido estableciendo relaciones con los demás, sean platónicas o románticas. Entre los negocios creados para satisfacer la necesidad de las personas de sentirse vinculadas a otras están los restaurantes, los congresos y los servicios de citas. Las empresas que prometen hacernos más atractivos, dignos de admiración o de ser bien considerados tienen en cuenta esta necesidad.

 

3.Aprender. El deseo de satisfacer nuestra curiosidad. Entre los negocios creados para satisfacer la necesidad de aprender están los programas académicos, las editoriales y los talleres y escuelas de formación. Las empresas que prometen mejorar nuestra formación o hacer de nosotros personas más competentes tienen en cuenta esta necesidad.

 

4.Protegerse. El deseo de protegernos, de proteger a nuestros seres queridos y preservar nuestras propiedades. Entre los negocios creados para satisfacer esta necesidad están los de los sistemas de alarmas domésticas, las aseguradoras, la formación en artes marciales y los servicios legales. Las empresas que prometen mantenernos a salvo, eliminar un problema o evitar desgracias tienen en cuenta esta necesidad.

 

Hay, sin embargo, una quinta necesidad fundamental que a Lawrence y a Nohria se les pasó por alto:

 

5.La necesidad de experimentar nuevas sensaciones. El deseo de nuevos estímulos sensoriales, experiencias emocionales intensas, placer, excitación, entretenimiento y anticipación. Entre los negocios creados para satisfacer esta necesidad están los restaurantes, películas, juegos, conciertos y eventos deportivos. Ofertas que prometen darnos placer, emocionarnos u ofrecernos el medio de satisfacer esa necesidad.

 

Siempre que un grupo de personas tenga alguna necesidad insatisfecha en uno o en varios de estos ámbitos, se creará un mercado para satisfacerla. Como resultado, en la medida en que su oferta esté relacionada con varias de estas necesidades, más atractiva resultará para su mercado potencial.


En lo fundamental, todos los negocios de éxito venden una combinación de dinero, estatus, poder, amor, conocimiento, protección, placer y excitación. Cuanto más claramente vincule la manera de satisfacer una o varias de estas necesidades con su producto, más atractiva será su oferta.


Por : Josh Kaufman

La dura ley del mercado

 

La dura ley del mercado

El mercado es lo más importante; ningún equipo estelar, ni ningún producto fantástico le salvarán de un mal mercado. A los mercados inexistentes les da igual lo listo que sea.

MARC ANDREESEN, socio capitalista y fundador de Netscape y Ning.com

 

¿Qué pasaría si montara una fiesta y nadie asistiera? En el mundo de los negocios es el pan de cada día.

Dean Kamen, un conocido y prolífico inventor entre cuyas creaciones se cuentan el motor Sterling, la primera bomba de insulina del mundo y diversos mecanismos para purificar el agua, invirtió más de 100 millones de dólares en el desarrollo del Segway PT, un vehículo motorizado de dos ruedas con equilibrio propio y a un precio de 5.000 dólares, vehículo que aseguraban revolucionaría el transporte individual «del mismo modo que lo hizo el coche cuando sustituyó al caballo y a los carruajes». Cuando en 2002 el Segway se puso a disposición del público, la empresa anunció que esperaba vender 50.000 unidades al año.

 

Tras cinco años de negocio, la empresa vendió un total de 23.000 unidades, menos del 10 % del objetivo inicial. (El balance financiero de la compañía es confidencial, pero nos atrevemos a decir que no pinta nada bien.)

 

El problema no fue que el producto estuviera mal diseñado. La tecnología de que hace gala el Segway es extremadamente sofisticada y las ventajas del producto son significativas: el Segway es un adecuado sustituto del automóvil y además es ecológico. El problema fue que muy poca gente estaba interesada en gastar 5.000 dólares en algo que parecía una tontería y que se presentaba como la alternativa a ir en bicicleta o a pie; el enorme mercado que Kamen presagiaba no existía.


Esto mismo pasa a diario en varios negocios. Sin unos ingresos suficientes que lo sostengan, todo negocio fracasa. Los ingresos dependen por completo de que las personas deseen realmente lo que usted ofrece.

 

Cada negocio está limitado fundamentalmente por el tamaño y la calidad del mercado al que intenta servir con su producto. La dura ley del mercado es fría, inmisericorde y desagradecida: si no cuenta con un grupo numeroso de personas que desee realmente lo que ofrece, sus probabilidades de constituir una empresa realmente viable serán escasas.

 

La mejor forma de abordar el tema es centrarse en producir algo que la gente quiera comprar. Crear algo que nadie quiere es inútil. El estudio de mercados es el equivalente empresarial a la frase «mire antes de saltar». Un libro como el de John Mullins, The New Business Road Test, le ayudará a identificar mercados prometedores desde el principio, y a tener más probabilidades de que su nueva empresa sea un éxito.

 

Por : Josh Kaufman

La creación de un bien o producto de valor



 

La creación de un bien o producto de valor

 

Haga algo que la gente quiera… No hay nada más valioso que cubrir una necesidad insatisfecha. Si descubre que algo no funciona y es capaz de lograr que lo haga y de ofrecérselo a los demás, tiene en sus manos una mina de oro.

PAUL GRAHAM, fundador de Y Combinator, empresario capitalista y articulista en Paulgraham.com

 

Los negocios de éxito crean bienes o servicios de valor. El mundo ofrece muchas oportunidades de mejorar la vida de los demás, y su trabajo como hombre o mujer de negocios es identificar qué le falta a la gente y encontrar la manera de ofrecérselo.

 

El bien o servicio de valor que genere puede adoptar formas muy diversas, pero el propósito siempre es el mismo: mejorar un poco la vida de los demás. Sin la creación de algo de valor, ningún negocio tiene sentido; no puede hacer transacciones con los demás si no tiene algo valioso con lo que comerciar.

 

Los mejores negocios del mundo son los que crean algo que tiene mucho valor para los demás. Algunas empresas prosperan aportando algo de poco valor a un gran número de personas, mientras otras generan algo de muchísimo valor para unos pocos. Sea como fuere, cuanto más real sea el producto de valor que cree para los demás, mejor irá su negocio y más riqueza acumulará.

 

 

Los cinco factores de un negocio

 

 

Un negocio es un proceso repetitivo que crea riqueza. Lo demás son entretenimientos.

PAUL FREET, socio capitalista y experto en comercialización

 

UN NEGOCIO ES UN PROCESO REPETITIVO QUE:

 

1)   Crea y ofrece algo de valor…

 

2)   Que los demás quieren o necesitan…

 

3)   A un precio que están dispuestos a pagar…

 

4)   De un modo que satisface las necesidades y expectativas del cliente…

 

5)   De tal manera que el negocio reporte los beneficios suficientes para que los propietarios sigan adelante con la operación.

 

Si elimina alguno de estos cinco factores, se queda sin negocio… Una empresa que no genere un bien o servicio de valor para los demás no es una empresa sino un hobby. Una empresa que no llame la atención es un fiasco. Una empresa que no venda el producto de valor que genera es una empresa con pérdidas. Una empresa que no ofrezca lo que promete es un fraude. Una empresa que no ingrese suficiente dinero para seguir operando cerrará inevitablemente.

 

En el fondo, los negocios son en esencia la suma de cinco procesos «interdependientes» (término que retomaremos más adelante), cada uno de los cuales confluye en el siguiente:

 

1)   La creación de un producto de valor. Descubrir lo que la gente necesita o quiere y crearlo.

 

2)   El marketing. Llamar la atención y generar una demanda para lo que hemos creado.

 

3)   Las ventas. Convertir a potenciales clientes en clientes seguros que pagarán por adquirir este producto de valor.

 

4)   La provisión del bien o servicio de valor. Dar a los clientes lo prometido y asegurarse de que estén satisfechos.

 

5)   Las finanzas. Ingresar el dinero suficiente para seguir funcionando y hacer que nuestro esfuerzo haya valido la pena.

 

Si estos cinco factores parecen simples es porque lo son. Los negocios no son cosa de genios, ni nunca lo han sido. Son sencillamente el proceso de identificar un problema y encontrar una manera de solucionarlo que beneficie a ambas partes. Quien intente hacerle creer que dedicarse a los negocios es muy complicado, o bien está intentando impresionarle, o intenta venderle algo que no necesita.

 

Los «cinco factores de un negocio» constituyen la base de un buen proyecto empresarial y de un buen plan de negocio. Si usted es capaz de definir con claridad cada uno de estos cinco procesos en una empresa cualquiera, entenderá perfectamente cómo funciona. Si está pensando en montar un negocio, lo mejor es empezar definiendo la forma que adoptarán estos procesos. Si usted no es capaz de describir o dibujar un diagrama de su idea de negocio teniendo en cuenta estos procesos fundamentales, significa que no conoce el tema tan a fondo como creía y no logrará que funcione.

 

Por: Josh Kaufman


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