lunes, 25 de enero de 2021

Compra de Makro fortalece liderazgo de Inretail en el canal moderno - Walter Noceda


 

Compra de Makro fortalece liderazgo de Inretail en el canal moderno


Con la adquisición de Makro, Inretail lidera el mercado de cash & carry, en el que seguirá expandiéndose. Además, la compra impulsará el desarrollo de otros formatos debido a las sinergias en logística y distribución.

 

Por Walter Noceda

 

La adquisición de Makro por parte de Inretail fortalece el posicionamiento de la empresa en el canal moderno, con un nuevo liderazgo en cash & carry. Con la compra, Inretail proyecta seguir expandiendo el canal a través de la apertura de nuevas tiendas. Además, la generación de sinergias en cuanto a la logística y distribución potenciará el desarrollo de otros formatos como las tiendas de descuento. Tras la compra, la empresa también implementará una plataforma e-commerce para Makro y reforzará su estrategia de precios bajos.

 

A finales de diciembre del año pasado Inretail anunció la compra de las operaciones de Makro por US$360 millones. La empresa tomó un préstamo puente por US$375 millones para financiar la operación con la que hoy lidera el segmento de food retail en el Perú, con un 45% de market share, según estimados del Banco Itaú. Así, la unidad de cash & carry se convierte en la segunda más importante del segmento de food retail para Inretail (ver gráfico). "Estamos esperando que la compra genere S/1,800 millones adicionales en el 2021, lo que haría crecer las ventas de la empresa en 18%", proyecta Marco Contreras, jefe de research de Kallpa SAB.

 

 

 

Antes de la compra de Makro, la presencia de Inretail no era tan relevante en el canal mayorista al contar con solo cinco tiendas Economax en el país. Con Makro, 16 locales complementarán su oferta. "Los 16 locales de Makro tienen un overlap mínimo con nuestras tiendas Economax y tienen un espacio de tienda difícil de replicar. Como he mencionado en otras ocasiones encontrar espacios grandes para el retail en el Perú es complicado por la falta de planeación urbana en el país", comentó Gonzalo Rosell, CFO de Inretail en una presentación sobre la compra.

 

También se dará una ampliación del público objetivo. "En términos de ventas, Makro tendía a tener una mayor cantidad de ventas de clientes del segmento profesional [aproximadamente 70%] mientras que en Economax nosotros teníamos una mayor cantidad de clientes que eran consumidores finales. Por ello, dado que tenemos una plataforma de food retail bien desarrollada con una fuerte relación con consumidores finales vemos una oportunidad de contribuir al desarrollo de Makro compartiendo nuestra experiencia y know-how que hemos tenido con estos clientes", indicó Juan Carlos Vallejo, CEO de Inretail en el conference call sobre la transacción.

 

Con este nuevo liderazgo, Inretail continuará con la expansión del formato. Según un reporte de Itaú, Makro tiene tres formatos de tiendas —áreas de 2,000 a 3,000 m², de 3,000 a 4,000m² y de 4,000 a 6,000 m²—, lo que le permite apuntar a ciudades de diferentes tamaños. Rosell también explicó en la presentación de resultados que el pipeline de aperturas de Makro era similar al de Supermercados Peruanos, por lo que se podría esperar la apertura de un par de locales nuevos en los próximos años.

 

El fortalecimiento del canal cash & carry también ayudará a la expansión de otro canal: el de tiendas mayoristas. "Creemos que Makro tiene el potencial de servir como hub de distribución para nuestras tiendas Mass, especialmente las que están ubicadas fuera de Lima. Nosotros ya hemos iniciado un plan piloto de tiendas Mass en Arequipa y tenemos la intención de empezar a probar en ciudades de la costa como Trujillo o Chiclayo. Tenemos la intención de continuar el desarrollo de las tiendas Mass con la adquisición de Makro, utilizando la parte trasera de las tiendas, consiguiendo una mayor eficiencia logística para un formato pequeño como es el de hard discount", explicó Rosell.

 

Según Contreras, de Kallpa, además de la expansión y las sinergias en la distribución, Inretail ha ganado un mayor poder de negociación con los proveedores.

 

Inretail también desarrollará una plataforma de e-commerce para Makro, utilizando la experiencia de Supermercados Peruanos. "Vemos una oportunidad en el desarrollo de una plataforma para Makro, ya que ellos nunca crearon una al operar a través de terceros [como Cornershop]", comentó Vallejo.

 

Impacto financiero

La compra de Makro tuvo un impacto directo en los indicadores financieros de la empresa. "Ellos tenían un apalancamiento de 2.8x deuda/ebitda. Con la adquisición, este apalancamiento se elevaría hasta 3.2x. La idea de la empresa es integrar Makro rápidamente para volver al ratio antes de la adquisición", indicó Contreras. Además, la empresa buscaría emitir bonos para financiar el préstamo puente de US$375 millones, como lo hizo con la adquisición de Quicorp en el 2018, según el analista. Inretail proyecta volver a los niveles de apalancamiento previos a la adquisición en los próximos 24 meses.


domingo, 24 de enero de 2021

‘Reunionitis’ online - Xavier Marcet

 


‘Reunionitis’ online

 

Por: Xavier Marcet

Presidente de la consultora Lead to Change

 

Pronto hará un año de que nuestras vidas se convirtieron en un parque temático de plataformas de videoconferencia: Zoom, Teams, Jitsi, Skype, ooVoo, Google Meet, Go to Meeting, Cisco Webex Meeting... Suma y sigue. Para ser justos hay que decir que en muchos casos estas plataformas nos han permitido teletrabajar y han evitado que muchas organizaciones se hundan. Todavía me parece mágico que haya eventos de miles de personas en videoconferencia y tampoco deja de admirarme que mi ordenador no se suicide ante tanta promiscuidad tecnológica.

 

Es sorprendente cómo algunas organizaciones han esprintado para llevar sus patologías presenciales al mundo digital. Y si algunas empresas tenían ya su punto débil en la cantidad excesiva y la baja calidad de sus reuniones presenciales era lógico que reprodujeran estas disfunciones en el ámbito digital. Al principio podía hacer una cierta gracia, pero continuar hoy afincado en casa con una agenda de reuniones online encadenadas sin respiro no parece que hable muy bien de la agilidad y de la productividad que requieren las organizaciones. Reunirse más no es trabajar más, es trabajar mal. La productividad no está correlacionada con el número de reuniones. Estar todo el día reunido es síntoma de habitar en una organización enferma. Las organizaciones no deben hacer como los malos equipos de fútbol y correr todos detrás de la pelota, las organizaciones requieren directivos que repartan juego y aporten perspectiva al regate en corto y al pase en largo. Los mismos que nos invaden con sus correos en copia a todo el mundo son los que convocan a demasiada gente a reuniones sin resolución. Detrás de una reunión innecesaria hay o un pusilánime, un ego desatado o un tertuliano frustrado. Una empresa no es una concatenación de tertulias.

 

“Reunirse más no es trabajar más, es trabajar mal, porque la productividad no está correlacionada con el número de reuniones”.

 

Necesitamos agendas llenas de objetivos más que llenas de reuniones. Y es que el abuso de un recurso tan potente como las reuniones las degrada y las iguala en el tedio. Las reuniones solamente son de trabajo si llegan a algún puerto: tomar una decisión, contrastar pareceres para avanzar, fortalecer una complicidad, generar un revulsivo, desencallar un conflicto. Las demás reuniones son artilugios gregarios en tiempo laboral, que desgastan más que aportan. Las reuniones son más eficientes en organizaciones de una cultura de egos contenidos. Y las reuniones devienen congregaciones de pesados en organizaciones donde los egos expandidos lo ahogan casi todo. Una reunión debe ser una invitación a la operatividad. Las organizaciones necesitan directivos resolutivos, que primero piensan solos, que después razonan en equipo, que dudan porque son consistentes y que deciden porque en eso consiste el trabajo directivo, en arriesgarse a tomar decisiones. No hace falta pagar grandes salarios a especialistas de la cofradía de la postergación perpetua.

 

Y si las reuniones no deben ser el parque temático de los egos, sino el campo de juego de los equipos, quienes lideran las reuniones tienen una responsabilidad fundamental al evitar ocupar un espacio desproporcionado de la reunión (los demás no vienen a escucharte, vienen a construir algo conjuntamente) y evitando a la par que nadie colonice las reuniones con sus expansiones sin rumbo. Todos sabemos el secreto: las reuniones son eficientes si son la culminación de gente que piensa y, sobre todo, que va pensada a las reuniones. Y todos sabemos diagnosticar la disfunción: las reuniones son un desastre y un dispendio de tiempo cuando la gente las convierte en un casino de ocurrencias (que algunos confunden gentilmente con creatividad). Galbraith decía que las reuniones son indispensables cuando no quieres hacer nada.

 

Nuestras empresas necesitan más agilidad, más confianza y más flexibilidad. Si de la pandemia saliéramos con organizaciones más ágiles, confiables y flexibles habríamos triunfado. Pero esto no consiste en traducir la reunionitis presencial a la reunionitis online. Esto va de entender que para multiplicar no siempre debemos estar todos juntos, que damos confianza al otro para que actúe y se comunique. Es decir, para que no nos lo cuente todo. Y que somos flexibles para definir nuevas formas de trabajar y organizarnos. Hay otra manera de vivir en las organizaciones con menos reuniones, pero mejores. Hay formas de usar las tecnologías que nos permitan decidir cuándo es mejor la presencialidad o cuándo es mejor recurrir a la rotunda practicidad de las videoconferencias. Necesitamos definir mejor el mix analógicodigital de cada organización, en ello nos irá una parte fundamental de nuestra identidad y de nuestra cultura corporativa.

 

Cuando acabe la pandemia no necesitamos profesionales y organizaciones hartos de esclavizarse ante la pantalla, necesitamos gente que ha aprendido a combinar los enormes beneficios de la presencialidad con los recursos que nos ofrece la virtualidad. Ahora ya sabemos que el teletrabajo no es la panacea, aunque tenga sonoros defensores, pero también debemos recordar que la presencialidad no es la única opción. La solución debe estar en una sabia combinación de presencialidad y virtualidad. No nos quitemos esos minutos de antes o después de las reuniones presenciales donde se cuecen oportunidades, se evitan desastres y se acunan amistades. No renunciemos al ahorro de desplazamientos prescindibles que nos permitirá un buen manejo de las plataformas.

 

La reunionitis online no es la transformación digital, no nos confundamos. La transformación digital tiene más que ver con nuevas soluciones que aporta la tecnología para compartir, crear, decidir, predecir, escogiendo cuándo lo hacemos presencialmente y cuándo lo hacemos teletrabajando. Las tecnologías son una opción, no son una imposición. Mi intuición es que los negocios no necesitarán que la gente se reúna nunca presencialmente, pero las empresas sí, porque las empresas son comunidades de personas que gustan de encontrarse alrededor de un propósito y mirarse a los ojos. Cuidemos más cómo nos reunimos, ya que es cuidar cómo las personas deciden estar y crecer en las organizaciones. Hay que rescatar a las reuniones de la reunionitis. Revalorizarlas desde la agilidad y la operatividad. Necesitamos organizaciones donde cada reunión sea una oportunidad a la inspiración. Necesitamos construir, nosotros mismos, menos organizaciones que nos aburran o nos amarguen, simplemente debemos aprender a construir organizaciones que nos inviten a permitirnos nuestra mejor versión.


sábado, 23 de enero de 2021

Claridad mental: clave estratégica para el éxito - Francisco Alcaide Hernández


 

Claridad mental: clave estratégica para el éxito

 

Fuente: Cinco Días

Francisco Alcaide Hernández

Una de las cosas más importantes para tener éxito es tener claridad mental, porque la claridad mental lleva a conducir todas las energías hacia lo importante sin despistarte ni dispersarte. Cuando sabes qué es importante y qué no, es fácil tomar decisiones.

 

La sencillez, simplificar las cosas, aporta mucha claridad mental, y esa claridad mental agiliza las decisiones, ser resolutivo o tener foco, entre otras cosas. La claridad mental es fuerza para el cerebro.

 

Un ejemplo de esto es The Paradox of Choice: Why More is Less (La paradoja de la elección: por qué más es menos) conocido libro del profesor y psicólogo Barry Schwartz (Swarthmore College). Allí se cuenta el siguiente estudio que es un clásico sobre la psicología del consumidor.

 

Los investigadores, Sheena Lyengar (Universidad de Columbia) y Mark Lepper (Stanford), pusieron a un grupo de compradores de un supermercado frente a una selección extensa de mermeladas (24 clases) y a otro frente a una selección más limitada (6 clases). Los resultados demostraron que mientras un 30% de los consumidores que sólo pudieron tener acceso a 6 mermeladas acabaron llevándose un tarro, únicamente un 3% de los del primer grupo compraron.

 

La conclusión es obvia: a partir de un número de alternativas, el cerebro se bloquea y le cuesta decidir. Racionalmente creemos que más es mejor, pero la evidencia empírica demuestra que no es así. El exceso de alternativas lleva a la duda, a la confusión, a la parálisis, a la dispersión.

 

Hoy día esto es aún más relevante porque vivimos en un mundo donde hay exceso de todo: exceso de información, exceso de datos, exceso de alternativas, exceso de redes sociales, exceso de variedad de productos de una misma gama. Esa cantidad de todo produce un cierto caos —lo opuesto a la claridad— que dificulta mucho la toma de decisiones. Todo es menos lineal, más complejo, más confuso. Hay mucho ruido alrededor. Por tanto, la habilidad para no dejarse arrastrar por el entorno, tener pensamiento propio y mirar desde arriba —que siempre ha sido importante— es crítica y adquiere mayor relevancia en el contexto actual.

 

Cuando Steve Jobs volvió en 1997 a Apple, la compañía que él mismo había fundado años atrás y de la que había sido despedido, dos palabras definieron su estrategia: sobrevivir (survival)y sencillez (simplification). Respecto a la que nos ocupa, la sencillez se convirtió en uno de los rasgos de su liderazgo y en una extensión de su persona a toda la organización: en sus presentaciones, en la estructura de la empresa, en la clase de equipos, en sus claims (iPod: mil canciones en tu bolsillo) o en sus productos, ya que cuando regresó a la empresa había más de 40 productos y los redujo a tan sólo 4. Esto comentaba Jobs: «Este ha sido uno de mis mantras: foco y sencillez. Lo simple puede ser más difícil que lo complejo. Tienes que trabajar muy duro para pensar con claridad y hacer las cosas sencillas. Pero merece la pena, porque una vez que lo logras puedes conseguir cualquier cosa. La sencillez es la suprema sofisticación».

 

Jack Welch, CEO de General Electric durante más de veinte años y considerado por Business Week el mejor ejecutivo del siglo XX, también apuntaba: «Los directivos inseguros crean la complejidad. Los directivos asustados y nerviosos utilizan libros de planificación muy gruesos y complicados, y diapositivas llenas de todo lo que han aprendido desde su infancia. Los líderes de verdad no necesitan confundir. La gente debe tener la confianza en sí misma para ser clara, precisa y estar segura de que cada persona en su organización, desde la más importante a la menos, entiende cuál es el objetivo básico del negocio. Pero no es fácil. Es increíble lo difícil que es ser simple para la gente; cuánto miedo le da ser sencilla. Les preocupa el hecho de que si son simples, los demás pueden pensar que son tontos. En realidad, claro está, es justo al revés. La gente con la mente más clara y preparada es la más simple».

 

Creemos que para crecer hay que hacer más cosas. Siempre más. Parece coherente. Más productos, más procesos, más personas, más de todo. El negocio se va desarrollando. Se va haciendo más complejo. Esta es una forma de crecer, la tradicional. No haces nada especial, sólo te dejas llevar por la inercia del desarrollo. Pero, ¿es esta la mejor fórmula?

 

Entre 1985 y 1989, el sector de fabricantes de máquinas en Alemania creció la mitad del PIB alemán. En el sector, algunas compañías crecían al 3% y otras lo hacían al 9%. Para conocer las causas de esas diferencias, la consultora Mckinsey realizó un estudio —que llevaría por título Simplicity wins (La sencillez gana)— en el que analizó muchas de esas compañías (productos, procesos, clientes...) y arrojó una conclusión clara: las empresas con mejores resultados eran las más sencillas. Estas compañías superaban al resto en muchas de las áreas, y como consecuencia tenían crecimientos superiores a la demás.

 

¿Y cómo ser sencillo? El estudio de Mckinsey aporta una fórmula centrada en tres elementos:

 

1. OBJETIVOS.

 

Pocos objetivos y poco complejos. Hace algunos años le pregunté a un directivo del Real Madrid del equipo de Florentino Pérez qué había aprendido trabajando codo con codo con él. Me dijo varias cosas, pero una de ellas fue la siguiente: «Tiene siempre tres o cuatro ideas fuerzas que guían su estrategia, y luego es muy insistente en ellas hasta que están absolutamente asentadas e interiorizadas. Los procesos de asimilación no sólo tienen que ser lentos sino que deben de ser muy insistentes; por eso no se puede hablar de veinte cosas a la vez».

 

2. ESTRUCTURAS.

 

El empresario mexicano Carlos Slim señalaba cierta vez: «Estructuras simples con mínimos niveles jerárquicos. En definitiva, operar con las ventajas de la empresa pequeña, que son las que hacen grandes a las grandes empresas». La burocracia es el Drácula de la empresa, aniquila muchas iniciativas, quita energía, genera conflictos y otros muchos derivados.

 

3. PROCESOS.

 

La ejecución es la clave de todo, y los procesos son los que facilitan u obstaculizan que así ocurra. Procesos simples, directos y en menos tiempo. ¿Has visto la web de Hawkers? Sencilla. ¿Y sus productos? Sencillos. ¿Y su proceso de compra? Muy sencillo. Lo mismo pasa con Amazon. Puedes comprar en un clic sus productos directamente. Todo para facilitar la decisión (impulso) de compra.

 

SIM-PLI-FI-CA. Pocas cosas pero importantes, y después mucho foco para concentrarse en ellas. Decide los key factors (factores clave) del negocio y el resto, deséchalo, y no pienses más sobre ello, te quita energía, atención y tiempo. Bruce Lee lo resumía así: «No has de acumular, sino eliminar. No se trata de aumentar cada día, sino de disminuir cada día. Cultivarse a uno mismo culmina siempre en la simplicidad»●

jueves, 21 de enero de 2021

Un análisis del liderazgo - Marshall Goldsmith con Lars Rebien Sørensen


 

Un análisis del liderazgo

Mano a mano: Marshall Goldsmith con Lars Rebien Sørensen.

 

Fuente: Cinco Días

 

Los secretos de un CEO ganador

“Para motivar a personas mucho más listas que tú, has de ser capaz de mostrarles una oportunidad que consideren tan excitante como para dedicar su tiempo a desarrollarla. La exigencia y el control no sirven”.

 

Uno de los debates más atractivos del Thinkers50 European Business Forum fue el mantenido entre Lars Rebien Sørensen, expresidente y exCEO de Novo Nordisk, considerado como el mejor CEO mundial en los años 2015 y 2016, según Harvard Business Review, y Marshall Goldsmith, primer coach de liderazgo a nivel mundial, pionero en conseguir que los líderes alcancen un cambio positivo y duradero en su comportamiento, gracias a una aproximación al liderazgo seria y realista. Es además autor de los bestsellers del New York Times, MOJO y What Got You Here Will not Get You There –ganador del premio Harold Longman al libro de negocios del año–. Ocupa el puesto 5 en el Thinkers50 Global Ranking.

Durante una hora de conversación, el danés Lars Rebien Sørensen reflexionó con Marshall sobre sus cuatro décadas de vida corporativa, trabajando en todo el mundo, y sobre sus aprendizajes, errores y aciertos como líder empresarial. Ambos ofrecieron algunos consejos para que la próxima generación de líderes, que deberá lidiar en un entorno cada vez más incierto y volátil, sea capaz de conseguir su mejor desempeño. Estas fueron sus palabras:

MARSHALL GOLDSMITH: En primer lugar, me gustaría conocer cómo se inició en el mundo de la industria farmacéutica.

LARS REBIEN SØRENSEN: Nací en el sur de Copenhague, en un entorno no excesivamente atractivo y dentro de una familia de clase media. Mi padre fue ingeniero. Acabando el Bachillerato, empecé a pensar qué hacer con mi vida y, debido a mi falta de imaginación, comencé a estudiar Ingeniería, algo que encontré tremendamente aburrido, por lo que dejé la facultad a los tres meses. Me pasé el resto del año dando clases en el instituto donde había estudiado recientemente, replanteándome qué hacer.

 

Por un lado, pensé hacerme piloto, profesión que me parecía excitante para un hombre; aunque luego comprendí que se trataba de ser un “conductor de autobús sofisticado”. Después pensé en Medicina, ya que había miembros de mi familia en la profesión; lo malo es que trabajé como portero y conserje en un hospital, que es el puesto más bajo dentro de la jerarquía hospitalaria. Como consecuencia, recibí toda la “atención y cariño” de los médicos del hospital; pero he de decir que no quedé muy impresionado.

A continuación, consideré ser agente forestal, por no ser una educación muy distante del entorno militar; además, estimé que era adecuado para la madurez que tenía entonces y que implicaba mucho ejercicio físico y vida al aire libre… Digo todo esto porque, como sabe, he trabajado durante 16 años como CEO de una compañía farmacéutica; por lo tanto, he desempeñado mi labor en un entorno médico, hoy vuelo mucho por todo el mundo, casi tanto como un piloto… El hecho es que, desde que comencé a educarme hasta llegar donde he llegado, el camino ha sido largo.

M.G.: Estoy escribiendo un libro sobre el líder del futuro y creo que gran parte de sus cualidades y estilos de liderazgo hacen de usted un perfecto role model para los líderes del futuro. No es solo por haber tenido éxito, ya que muchos de los CEO’s que lo han tenido ha sido por casualidad (es decir, han tenido la suerte de estar en el sitio oportuno en el momento oportuno, a pesar de ser incluso pésimas personas). En su caso, además, ha tenido el privilegio de trabajar con personas tremendamente brillantes. ¿Podría compartir qué lecciones ha aprendido liderando a talentos tan brillantes?

L.R.S.: Durante un periodo de tiempo trabajé en el área de Operaciones de negocio. Gracias a un trabajo duro y a mis condiciones intelectuales, durante bastante tiempo pude ser el líder de mi entorno; sin embargo, al ir ascendiendo en la jerarquía, cada vez era más difícil mantener esa posición de liderazgo. Imagínese gestionar una compañía farmacéutica, sin tener una licenciatura médica, sino cierta comprensión sobre la biología. ¡El resto de las personas que me rodeaban eran mucho más listas que yo!

No se motiva a este tipo de personas a través de exigencia y control. Has de ser capaz de mostrarles una oportunidad que consideren tan excitante que quieran dedicar su tiempo para desarrollarla. Esto es incluso más cierto en la investigación, donde para poder cerrar un proyecto has de ser capaz de ofrecer a cambio otro más excitante, si cabe; pues de lo contrario los profesionales continuarán trabajando en sus proyectos de investigación.

Compartir miedos, preocupaciones o ansiedades hace que todos los miembros del equipo se den cuenta de que tienen los mismos problemas, y se apoyen entre sí

M.G.: Uno de los CEOs al que tuve el placer de dar coaching fue Jean Pierre Garnier, de GSK. Le pregunté entonces cuáles eran las lecciones más duras de ser el máximo ejecutivo, y me contestó que lo más difícil era que sus sugerencias eran órdenes, ya fuesen inteligentes o estúpidas; siempre eran órdenes. Es decir, si daba órdenes, eran órdenes; pero si no daba órdenes, seguían siéndolo.

Llevo una década haciendo coaching con almirantes de la Marina norteamericana y lo primero que intento enseñarles es que, cuando alcanzan esa posición, sus sugerencias se transforman en órdenes. Los almirantes no sugieren, ordenan.

¿Cómo cree que se combate ese deseo o esa urgencia de hacer sugerencias, cuando uno no es el experto? L.R.S: Si uno es honesto consigo mismo y comprende la calidad de las personas que lo rodean, la forma de actuar es obvia: ellos poseen el conocimiento, y solo a través de la combinación de ese conocimiento, podemos tener la oportunidad de encontrar soluciones que puedan ser sostenibles. Una de las grandes transiciones, y quizás más complejas, es la de pasar de ser responsable de las operaciones a máximo ejecutivo. Cuando por primera vez se tiene la responsabilidad absoluta de la corporación de la empresa, uno pasa a hacerse cargo ante la sociedad, los empleados, los clientes… En mi caso, esa situación fue un baño de humildad.

Lo que nosotros hacíamos en nuestra empresa era intentar –o al menos yo lo intenté personalmente– adoptar un estilo de liderazgo donde compartía, tanto con mis colegas como con los profesionales próximos, las cosas buenas y malas de la vida. Evidentemente eso no se puede hacer a primera hora de la mañana en una reunión de grupo, sino que hay que hacerlo en un contexto adecuado; has de llevártelos a un ambiente diferente y, después de haberlos “agotado físicamente”, hacer que se den cuenta de que somos todos iguales; que comprendan que yo no soy más genio que ninguno de ellos, que mi vida nunca ha sido un camino de rosas y que me he equivocado, tanto en el ámbito personal como en el profesional.

Compartiendo esa vulnerabilidad, me sentí menos solo, e imagino que los demás también sintieron algo parecido. Lo cierto es que se dieron cuenta de lo complicada que es la situación para un máximo ejecutivo y me dieron “un poco de bola”, entendiendo que alguno de ellos sería también quien acabase ejerciendo el liderazgo de la compañía en el futuro. Evidentemente, esto me ha servido a mí en un entorno específico, pero entiendo que cada empresa trabaja en el suyo propio y con situaciones diferentes; por lo cual, tengo todo el respeto del mundo ante otras formas de actuar.

M.G.: Me gustaría que explicase más en detalle algo que ha mencionado de pasada, cuando hablaba de actividades en entornos diferentes. ¿Puede compartir con nosotros qué es el “ejercicio de la línea de la vida”? L.R.S: Esto es algo que “sustraje”, con orgullo, de Unilever. Hay un libro titulado Ida y vuelta al desierto, donde el equipo de Brand de Unilever tenía que revitalizar una de sus marcas. Teniendo un nuevo equipo de liderazgo, decidieron marcharse a un lugar remoto donde el grupo fue impactado, descolocado y luego recompuesto. Nosotros hemos hecho lo mismo: las personas pasan una semana en lo que denominamos “el reto de liderazgo”. Allí se exponen a desafíos de negocio, empresariales, medioambientales, sociales y, por supuesto, de liderazgo.

Para ilustrar los retos del liderazgo, el ejemplo de la línea de la vida es oportuno. A quienes asisten al curso les retamos a que, de dos en dos, con alguien que no conocen de la compañía, se cuenten su vida de la forma más detallada. Para animar a todos, yo les hago una exposición personal en la que incluyo detalles muy personales. Compartir miedos, preocupaciones o ansiedades hace que todos se den cuenta de que tienen los mismos problemas y se apoyen entre sí, llevando el grupo hacia adelante. No existe ningún liderazgo al estilo John Wayne, que consiga hacer avanzar un equipo. Es posible que en ciertos momentos ese liderazgo sirva, pero son solo eso, breves momentos.

“En muchas ocasiones, los líderes trabajamos con las preguntas erróneas”.

M.G.: Si contemplamos la historia del liderazgo, vemos que en un principio el grande ganaba, pero luego los jóvenes llegaban y vencían al jefe, comenzando el proceso de nuevo. Luego vino el maestro y aprendiz; ahora se gestionan entornos multiculturales, no locales, en los que tecnología cambia continuamente. Al final, cada vez más esa antigua imagen de liderazgo de una persona que sabía todo y les decía a los demás qué hacer está desapareciendo.

Peter Drucker enseñó que para gestionar a un trabajador con conocimiento no se le puede decir qué y cómo hacer las cosas. Paul Hersay fue mi mentor y me enseñó el liderazgo situacional, del cual soy un creyente, que dice que los líderes deben ajustar su estilo al nivel de desarrollo de las personas que dirigen. El problema es que, si nos imaginamos que somos directivos motivados y queremos aprender a liderar a personas que saben más que nosotros, vemos que el liderazgo no consiste en proporcionar el conocimiento…

Siempre he intentado adoptar un estilo de liderazgo donde compartía, tanto con mis colegas como con los profesionales próximos, las cosas buenas y malas de la vida. Creo que compartir la vulnerabilidad te hace sentir menos solo

 

L.R.S: Lo más difícil no es encontrar las respuestas, sino definir las preguntas adecuadas. Tenemos el conocimiento suficiente como para proporcionar muchas soluciones a diferentes cuestiones; pero el problema consiste en que, en muchas ocasiones, trabajamos con las preguntas erróneas. Cuando nos damos cuenta de esto, vemos que no tenemos que ser expertos para realizar preguntas.

Si se formulan las cuestiones adecuadas, todo el mundo tendrá la oportunidad de contribuir. Por supuesto que algunas veces se han de tomar decisiones porque se está bajo presión, ya sea porque haya que responder inmediatamente o por la influencia de las empresas competidoras, o incluso por vernos sometidos a juicio…, pero hay que intentar darse tiempo y seleccionar, en primer lugar, las preguntas adecuadas.

M.G.: Alan Mulally, CEO de Ford Motor Company, ha sido uno de los mejores líderes, aunque no he tenido la oportunidad de dar coaching. Bajo su mandato, las acciones de Ford pasaron de 1 dólar a 18.4 dólares. Cuando Alan llegó a Ford, la compañía estaba perdiendo 17 billones de dólares. Reunió a los 16 ejecutivos más altos y les preguntó si sus prioridades estaban en rojo, amarillo o verde, siendo rojo estar muy retrasado en su plan y verde, en línea con su planificación. De los 16, todos tenían sus prioridades –cinco áreas cada una– en verde. A lo cual respondió: “Si estamos perdiendo 17 billones de dólares y estamos de acuerdo con el plan, entiendo entonces que nuestro plan es perder, al menos, 17 billones de dólares”. Finalmente, Mark Fields, que es el actual CEO de Ford, admitió tener algún rojo. Mulally se lo agradeció y le aseguró que no era la única persona que no sabía cómo llegar a un resultado. Dijo incluso que él sabía aún menos cómo hacerlo, pero que si trabajaban juntos y encontraban a las personas adecuadas que les pudieran dar las respuestas necesarias, saldrían adelante.

Este estilo de liderazgo –al igual que el suyo– puede parecer de sentido común, pero está muy alejado de ser la práctica habitual. La mayoría de los máximos ejecutivos actúan como si fuesen los mayores expertos, aquellos que todo lo saben.

 

“Si se formulan las cuestiones adecuadas, todo el mundo tendrá la oportunidad de contribuir Incluso teniendo que dar informes trimestrales, es obligación del máximo ejecutivo, junto con el Consejo de Administración, definir una estrategia a largo plazo, ya que solo así se podrá crear sostenibilidad”.

 

L.R.S: Quienes conocen la estructura empresarial danesa saben que he sido el CEO de una empresa que tiene una estructura accionarial excepcional, lo cual proporciona ciertas ventajas al tiempo que impone varias obligaciones a quienes la lideramos. En Novo Nordisk focalizamos el crecimiento a largo plazo. Esa ha sido una gran ventaja, que no evita que debamos tener buenos resultados financieros.

Cuando se habla de corto plazo frente a largo, es obligación del máximo ejecutivo, junto con el Consejo de Administración, definir una estrategia a largo plazo, ya que solo así se podrá crear sostenibilidad. Incluso teniendo que dar informes trimestrales, uno ha de ser capaz de reconocer que, aunque los próximos trimestres no sean muy positivos, los resultados a largo plazo serán mejores, haciendo de la empresa algo sostenible. Podríamos hablar mucho sobre mercados de capitales, pero debería valer el decir que nuestra obligación es la de asegurarnos de que tomamos el largo plazo como algo primordial para la compañía.

M.G.: Un refuerzo a este planteamiento se basa en la honestidad y la transparencia. Trabajando con un nuevo CEO de una empresa del Fortune 500, me decía que su antecesor padecía un problema clásico: make my number (o llegar a las cifras). Cuando alguien dice que no puede llegar a las cifras requeridas, muchos buscan a otro que las alcance. Este nuevo máximo ejecutivo se encontró con una empresa que, por esa política de llegar a los objetivos, era un auténtico desastre. Le contesté que era muy importante ser honesto, pues si no tienes una máquina de imprimir billetes, solo puedes cumplir los objetivos durante un breve periodo, y aquello termina siendo una estafa piramidal.

Otro de los conceptos próximos a la máxima responsabilidad es el de “la soledad del directivo”. ¿Qué opina al respecto?

L.R.S.: Esa es una de las sensaciones a las que se llega como máximo responsable, es lo que se experimenta cuando de ti depende una organización entera (con sus familias, los accionistas, el impacto sobre la sociedad…). Uno se pregunta si, sinceramente, puede relacionarse y confiar en alguien, comentándole las preocupaciones y angustias del cargo. Yo lo he encontrado muy difícil, quizás por eso no soy un buen coach. Incluso fue complicado para mí tener esa honestidad y transparencia con mi propio presidente del Consejo de Administración, que a fin de cuentas era mi jefe. Pensaba que si le decía que estaba flipando (freaking out), él sentiría lo mismo.

Para mí, este es un tópico muy complejo que conlleva el cargo. Cuando se lidera una organización, la vida es todo un reto. Al mismo tiempo, el trabajo es tan tremendamente intenso que debo reconocer que no he pensado seriamente en estos temas hasta que dejé de trabajar. Es como montar en una bicicleta, no dejas de pedalear. No tienes tiempo para reflexionar sobre esas cuestiones personales.

Por eso, y antes de que alcancéis mi edad, os recomiendo que intentéis vivir una vida más equilibrada. Hay una vida después del trabajo y son muy pocas las personas que, cuando llaman a las puertas de San Pedro, le confiesan que deberían haber pasado más horas trabajando. El pensar en esto nos hará mejores líderes.

M.G.: En relación a su responsabilidad en Novo Nordisk, me impresionan sus comentarios acerca de la importancia de encontrar la cura para la diabetes.

L.R.S.: Nuestra compañía se dedica especialmente a la diabetes. En 1921, recibimos un tremendo regalo con el descubrimiento de la insulina en la Universidad de Toronto. Este regalo se trajo a Dinamarca, permitiéndonos la producción de insulina. Como consecuencia, hemos estado trabajando durante más de 90 años con la comunidad golpeada por esta enfermedad debilitante y potencialmente mortal.

Cuando preguntamos a nuestros pacientes en todo el mundo sobre lo que querían que hiciésemos en relación a la insulina, pensamos que su respuesta sería inyectores automatizados, bombas dosificadoras…, pero la contestación fue que deseaban que buscásemos la cura. Si nosotros somos, de verdad, una empresa orientada a nuestros consumidores, nuestra obligación es la de buscar la cura de la diabetes. Y esto es lo interesante: si se puede hacer, se hará.

Hay una gran oportunidad, y les digo a mis empleados que siempre será mejor que seamos nosotros quienes encuentren la cura, a que la encuentren otros. Ahora bien, es un problema complejo sobre el que trabajamos muy intensamente, y creo que algunos tratamientos curativos estarán disponibles dentro de 15 años.

Cuando se lidera una organización, el trabajo es tan intenso que debo reconocer que no he pensado seriamente en temas como la soledad del directivo hasta que dejé mi cargo

M.G.: Un aspecto a tener en cuenta es que tanto el dinero como el estatus son importantes hasta cierto nivel; de nada sirven si uno no es feliz con lo que es. Por eso, objetivos como el de la cura de la diabetes son mucho más importantes que tener unos millones más…

Los científicos nunca quieren darse por vencidos en sus proyectos; pero mi obligación era saber si un proyecto estaría listo para el mercado, si pasaría las próximas fases de desarrollo, y sería un medicamento lo suficientemente bueno como para obtener un retorno

L.R.S.: La verdad es que esto es algo fácil de decir a nuestra edad, cuando tenemos una seguridad financiera en el futuro y nuestra carrera ya hecha. En cambio, no es tan sencillo cuando se tienen 30 o 40 años y todo el futuro por delante. Cuando uno tiene aspiraciones profesionales y está comenzando el camino para lograr ser financieramente independiente, es un lujo tener una perspectiva como la descrita.

M.G.: Del fracaso se habla mucho, no solo porque es una enseñanza sino porque no se debe castigar; y todos cometemos errores. ¿Cuáles han sido sus equivocaciones?

L.R.S.: De mi anterior introducción se deduce que no soy un científico. Todas las empresas farmacéuticas tienen fracasos, y yo he participado en alguno de los mayores de mi empresa. Mi experiencia me dice que hemos de probar y hay que proveer de los recursos necesarios para que los proyectos se maximicen, al tiempo que se les valora de forma continuada y se cierran, cuando sea necesario. Esta es la responsabilidad del CEO.

Los científicos nunca quieren darse por vencidos en sus proyectos; se enamoran de ellos y de la ciencia de la tecnología; los ven como si fueran sus hijos. Mi obligación es saber si un proyecto estará listo para el mercado, si pasará las próximas fases del desarrollo, si es un medicamento lo suficientemente bueno como para obtener retorno, y hacer sitio para otros proyectos. En cualquier caso, es inevitable experimentar y tener fracasos.

Gracias al feedback 360 en compañías de investigación y desarrollo, nos damos cuenta de que, en última instancia, la cuestión es estar dispuestos a dejar proyectos que pueden no funcionar. Las personas invierten su alma durante años y les resulta muy difícil abandonarlos.

Creo que no soy el mejor CEO del mundo, sino el CEO de la mejor empresa del mundo. Parte de este éxito se debe a la estructura societaria, y otra parte al contexto cultural y social que tenemos en Escandinavia

M.G.: ¿Qué significa que Novo Nordisk pertenezca a una fundación? ¿Qué ventajas e inconvenientes aporta?

L.R.S.: En Dinamarca estamos bendecidos con una estructura propietaria única, que nos permite capitalizar las compañías cuando sea necesario, sin que los fundadores tengan que perder el control de las mismas, transformándolas en fundaciones. Esto evita que sean compradas y permite que tengan objetivos a largo plazo. Esto es algo que no se puede hacer en otros países, estando obligados a trabajar –entre el liderazgo y el Consejo– para poder llegar a un consenso y dar un convencimiento que permita adoptar objetivos a largo plazo. Evidentemente, si los resultados no acompañan, la compañía será vendida, absorbida u opada. Por eso, es esencial asegurarse de tener ciertos niveles de rentabilidad continuados en el tiempo.

En nuestro país, tenemos la suerte de contar con esas condiciones desde el nacimiento de la empresa, cosa que ha de ser conseguida con tremendos esfuerzos en el exterior. Quizás por eso yo no soy el mejor CEO del mundo, sino el CEO de la mejor empresa del mundo. Creo que parte de este éxito se debe a la estructura societaria, y otra parte al contexto cultural y social que tenemos en Escandinavia. Esto no se puede trasladar a compañías en otros entornos geográficos y con otras estructuras societarias, donde primero hay que dar un gran rendimiento que genere confianza a los accionistas y permita un planteamiento a largo plazo

 

Paradigmas de gestión erróneos - Roger Martin.


 

Paradigmas de gestión erróneos

Opinión de expertos: Roger Martin.

Fuente: Cinco Días

 

Roger Martin forma parte de ese distinguido grupo de personas que han recibido el premio Thinkers 50, entre los que se encuentran nombres tan conocidos en el ámbito del management como Peter Drucker, Michael Porter, C.K Prahalad, Clay Kristensen o Tom Peters.

 

“Los paradigmas son teorías que se asumen como ciertas y resultan fáciles de adoptar, pero pueden estar basados en creencias erróneas y generar anomalías”.

 

Comenzó su aventura profesional como consultor y ha sido decano de la Rotman School of Management (Universidad de Toronto), institución de la que todavía forma parte como director del Instituto Martin Prosperity, especializado en asesorar a CEOs de todo el mundo. También ha liderado ideas en el ámbito del design thinking, pensamiento integrador (integrative thinking)o social enterprise en compañías como LEGO, Procter&Gamble y otras grandes empresas.

 

El profesor Martin ha publicado 11 libros, incluidos los ganadores del premio Thinkers 50 Playing to Win (con AG Lafley) y Getting Beyond Better (con Sally Osberg).

 

Defiende que no hay nada tan práctico como las grandes ideas, y así lo pudimos comprobar en la conferencia magistral que pronunció en el Thinkers 50 European Business Forum que se celebró recientemente en Odense (Dinamarca).

 

EL PERSUASIVO PODER DEL ESLOGAN

 

A lo largo del siglo XX se han creado multitud de eslóganes publicitarios, y algunos de ellos fueron tan famosos que todavía se mantienen vivos. En 1988, el cofundador de la agencia Wieden&Kennedy ideó el lema de Nike, “Just do it”, inspirado en las últimas palabras que pronunció Gary Gilmore, asesino convicto y confeso, ante el pelotón de fusilamiento. Otro gran eslogan es “Porque tú lo vales”, creado por McCann&Ericson para L’Oreal. Pero, quizá, el mejor de todos sea “A diamond is forever” (Un diamante es para siempre), el lema acuñado por la firma de publicidad NW Ayer en 1948 por encargo de la compañía de extracción de diamantes De Beers, para incitar a regalar estas joyas como símbolo de compromiso matrimonial. La frase fue premiada por la revista Advertising Age pero, sin embargo, la publicación nunca contempló la posibilidad de incluir en su lista el eslogan de Carl Schwartz “no acid, no ulcer” (no hay ácido, no hay úlcera), que fue incuestionable durante 87 años. La principal razón es que el lema no había sido creado por una agencia de publicidad, sino por un médico cirujano que trabajaba en Zagreb.

 

Esta consigna adquirió gran fama a principios del siglo XX, cuando los científicos se devanaban los sesos intentando descubrir la causa de las ulceras gástricas. Todas las investigaciones apuntaban a que el exceso de ácido en el estómago generaba estas peligrosas lesiones y bajo esta premisa Schwatz creó su lema. Esto hizo que se generase un paradigma, es decir, un modelo que hace que pensemos de una determinada forma sobre un tema.

 

Nadie dudó de esta afirmación y se terminó determinando que si se eliminaba el ácido, las úlceras también desaparecerían. Las investigaciones se centraron, por tanto, en controlar la acidez estomacal, al principio a través de cirugía, y después con medicamentos destinados a inhibir la generación de este flujo.

 

Pero al igual que ocurre con muchos paradigmas, aparecieron anomalías o eventos no previstos por el modelo utilizado para tomar decisiones e investigar. En el caso de las úlceras gástricas, las anomalías se centraban en los tratamientos, que no curaban a las personas que tenían este tipo de lesiones… y si lo hacían tardaban una eternidad. La dieta, la reducción del estrés, el reposo, e incluso la cirugía, tenían índices de curación muy bajos.

 

EL ERRÓNEO ESTABLECIMIENTO DE PARADIGMAS

 

En 1970 los científicos australianos Barry Marshall y Robin Warren pensaron que la solución podía deberse a una causa diferente al ácido y se centraron en estudiar la bacteria Helicobacter pylori, descubriendo finalmente que esta era la causante de las úlceras. Sería lógico pensar que la solución se habría adoptado rápidamente, pero como existía un firme paradigma establecido, no conseguían que nadie publicase su descubrimiento.

 

Movido por su frustración profesional, Marshall optó por ingerir una solución de Helicobacter pylori en cultivo para provocarse una úlcera y, después, curarse con antibióticos; sólo entonces, tras 20 años de ostracismo, consiguió que se publicase el estudio por el cual ambos médicos recibieron en 2005 el Premio Nobel de Medicina en 2005.

 

Curiosamente, el sistema estaba tan profundamente establecido que los profesionales médicos tardaron muchos años en adoptar las medidas oportunas, y los tratamientos predominantes para tratar las úlceras gástricas continuaron siendo los clásicos hasta entonces: quirúrgicos y químicos. En 1997 tuvo lugar un cambio de paradigma: el Centro de Enfermedades de Atlanta declaró que la causa de las úlceras gástricas era la bacteria Helycobacter pylori y recomendó antibióticos como tratamiento. ¡Pasaron 87 años antes de que el eslogan se invalidara!

 

Si llevamos este ejemplo al entorno empresarial, es evidente que en él perviven varios paradigmas que dan lugar a diferentes anomalías que no podemos continuar ignorando.

 

UNA VISIÓN “MAQUINISTA” DE LA EMPRESA

 

El paradigma dominante e implícito es pensar en las empresas como una máquina que se puede desmontar por piezas, entendiendo el concepto causa y efecto a partir de los fragmentos. Este pensamiento “maquinista” y lineal está muy extendido, pero lo cierto es que genera anomalías a las que no se da importancia como, por ejemplo, que la compensación de incentivos no mejora el rendimiento de los empleados. Llevamos décadas practicando esta política, pero ¡no hay ni un solo estudio que demuestre que la compensación de incentivos aumenta el rendimiento! Es cierto que existen datos aleatorios, pero no tienen suficiente consistencia. Únicamente existe un caso de clara correlación entre incentivos y rendimiento: el tiempo dedicado a la negociación de objetivos. Argumentaría, sin miedo a equivocarme, que este tipo de negociaciones tienen un elevado coste por persona.

 

¿Era nuestra intención al desarrollar la compensación por incentivos que el único resultado demostrable empíricamente fuese el de pasar cada vez más tiempo negociando objetivos? Estoy convencido de que no y, por eso, se trata de una anomalía. Por tanto, la teoría según la cual si presionamos el acelerador de la máquina aumentamos la producción y los resultados, no concuerda.

 

Existen múltiples ejemplos, pero uno de los más llamativos es el basado en la idea de que reduciendo los costes laborales se incrementa la rentabilidad. Sin embargo, esta afirmación no tiene relación con resultados reales.

 

En las últimas décadas se han invertido ingentes cantidades de dinero en crear instrumentos para controlar el riesgo financiero pero, ¿qué resultados se han obtenido? Warren Buffet define estos instrumentos como “armas de destrucción financiera masiva” (weapons of financial mass destruction).

 

Necesitamos un mejor paradigma para las empresas basado en un sistema adaptativo complejo, similar al que impera en la selva amazónica. Esta estructura no funciona a través de departamentos estanco, sino que se adapta rápidamente a nuestras acciones y dificulta la consecución de conclusiones causa-efecto de forma anticipada.

 

La primera adaptación que la compensación por incentivos genera no es un mejor rendimiento, sino un aumento de la negociación. Tal y como explica Michael Jensen en su obra Fundamentos de la estrategia organizacional, la compensación por incentivos se traduce en “pagar a las personas para que mientan”. Cuanto mejor mientas sobre lo que puedes hacer, mas dinero ganarás. El resultado final es una adaptación, no la respuesta lineal que buscamos en la compensación por incentivos. Estoy convencido de que no lograremos avances sustanciales en management mientras sigamos manteniendo el paradigma de la empresa como una máquina.

 

Además, esta forma de actuar tiene graves consecuencias para determinadas áreas como la formación, las estructuras de management y las organizacionales. Es necesario pensar en el sistema de forma conjunta, si queremos reducir las anomalías, porque de lo contrario acabaremos dudando de los métodos o la calidad del trabajo -como les ocurrió a los médicos que pretendían eliminar el ácido-, y tendremos que empezar de nuevo, revisar y repetir el trabajo realizado, y buscar las causas de un procedimiento basado en un paradigma equivocado.

 

Zeyned Ton (autora de El caso Mercadona que se estudia en Havard) afirma en su libro The Good Jobs Strategy: How the Smartest Companies Invest in Employees to Lower Costs and Boost Profits, que cuando se retribuye a los empleados, cuando se les forma y se eliminan las tensiones, se obtienen mayores beneficios.

 

Es necesario entender el sistema de forma conjunta, y no como piezas individuales, porque de lo contrario acabaremos dudando de los métodos o la calidad del trabajo

 

Zeyned demuestra que estudiando el sistema en su integridad y no por partes, se consiguen grandes resultados. Pero también resalta que son muchas las compañías que tras leer su libro únicamente aplican una o dos de las cuatro acciones que recomienda, por lo que no consiguen los resultados deseados. Hay que aplicarlas todas pensando en el sistema y no sólo en alguna de sus partes.

 

En este sentido, la iteración puede resultar muy efectiva. Construir prototipos y repetirlos sin pensar jamás que sabemos la respuesta es fundamental para crear nuevos diseños y, además, permite obtener gran cantidad de información sobre el usuario. Por ejemplo, David Kelly, fundador de Ideo, siempre trató a la empresa como un sistema adaptativo complejo. Pensaba que era más inteligente aprender adaptándose al ecosistema y propiciaba la adaptación continuamente, mostrando al consumidor versiones iniciales de servicios que no sabía que necesitaba o quería. De esta manera creaba una demanda que nunca hubiera existido, si la empresa hubiese realizado un análisis previo.

 

A veces los paradigmas están tan profundamente establecidos que tardan décadas en ser inhabilitados

 

Para actuar de esta forma es fundamental encontrar un equilibrio entre head, heart and gut dentro de la empresa. Los principios de economía conductual (behavioral economics) señalan que vamos en buena dirección y subrayan la importancia de poner el foco sobre la conducta a la hora de tomar decisiones dejando de lado la parte racional del cerebro.

 

Aun así, tenemos mucho camino por recorrer hasta llegar a un paradigma que tenga en consideración a la persona de forma integral.

 

Afortunadamente, la regla de oro no es nada compleja. Usted es el mejor ejemplo para su empleados, ¿les trata como a usted le gustaría que le trataran? Esta pregunta también se aplica a los clientes. Todos nosotros debemos buscar el equilibrio entre nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones (head, heart and gut) y no limitarnos a aplicar nociones puramente racionales en la gestión empresarial.

 

ESTRATEGIA VERSUS EJECUCIÓN

 

El modelo empresarial imperante es comparable al funcionamiento del cuerpo humano: el cerebro elige y el cuerpo responde. Aplicando esa metáfora a una empresa, podríamos decir que los líderes senior formulan una estrategia y los currantes la ejecutan. Por tanto, estrategia y ejecución están bien diferenciadas.

 

Ahora bien, ¿cuáles son las anomalías que este paradigma genera? En primer lugar, la dificultad en la ejecución y, después, el planteamiento de estrategias que no se pueden implementar.

 

Este modelo se basa en nuestra creencia de que los líderes desarrollan buenas estrategias y que los empleados las materializan a través de una buena ejecución. Todos conocemos los resultados de la primera hipótesis, y en el campo de la ejecución no veo que haya grandes evidencias de mejora.

 

Formular una estrategia es, esencialmente, tomar decisiones en un entorno de incertidumbre y competencia. Sin embargo, incertidumbre y competencia son dos palabras que se refieren a cosas muy similares. En el ámbito empresarial, es muy habitual utilizar varias palabras para definir una misma cosa, y esto da lugar a la primera consecuencia, porque dota a los diseñadores de una excusa para justificar el fracaso de la estrategia: la mala ejecución.

 

“Construir prototipos y repetirlos es fundamental para crear nuevos diseños y permite obtener gran cantidad de información sobre el usuario”.

 

Quienes ejecutan saben que si gracias a su esfuerzo, empeño, dedicación y sacrificio la estrategia tiene éxito, todo el mundo alegará que la estrategia era brillante, y el mérito se lo llevarán sus jefes. En cambio, si ejecutan como autómatas y fracasan, se achacará a una mala ejecución.

 

Este planteamiento inserta una excusa en el proceso para justificar una mala estrategia, y coloca a quienes ejecutan en una situación de inferioridad que nunca les permitirá alcanzar el éxito, pues si ejecutan con excelencia otros se llevan el mérito, y si ejecutan con mediocridad se les atribuye la responsabilidad. ¿Qué tipo de modelo es este? ¿Qué resultados se pueden obtener con un paradigma de este calibre? Si continuamos utilizando esta metodología, seguiremos teniendo estrategias no implementables y malas ejecuciones.

 

Lo más adecuado sería crear un paradigma en el que no existiese diferencia entre diseño y ejecución, porque una estrategia se debe plantear para influir en múltiples capas de una corporación y en sentido transversal.

 

Cuando en una organización todos tienen un determinado nivel de autoridad y pueden actuar de forma coordinada en la toma de decisiones desde diferentes áreas, las probabilidades de tener éxito aumentan exponencialmente. Es mucho más eficiente que los directivos se limiten a tomar las decisiones que les afectan directamente y permitan a los demás decidir sobre los temas que les competen, que intentar controlar todo el proceso desde arriba.

 

Cuando los empleados de menor nivel reciben la orden de ejecutar una estrategia que, bajo su punto de vista, es irrealizable o no tiene sentido, deben comunicárselo a sus superiores para poder cambiar los aspectos más espinosos y conseguir materializar la idea. De igual manera hay que actuar hacia abajo.

 

Actuando de esta forma, elegir y tomar decisiones en un entorno de competencia e incertidumbre, tendrá buenos resultados, porque las personas se sentirán parte integral de la empresa y partícipes de su éxito.

 

UNA EQUIVOCADA CONCEPTUALIZACIÓN DEL TRABAJO

 

La forma dominante de conceptualizar los trabajos se fundamenta en la definición de trabajo plano que se ha mantenido inalterable a lo largo del tiempo (NdR: se consideran trabajos planos a aquellos puestos en los que se hace lo mismo cada día, cada mes y cada año como, por ejemplo, en una línea de montaje de una fábrica, en servicios de atención telefónica o en determinados puestos de la administración).

 

Hasta hace poco, el coste laboral más importante era el de las operaciones y la producción: hacer cosas o dar servicios. En las últimas décadas ha nacido un tipo de “fábrica” integrada por trabajadores con “corbata” (whitecollar), y hoy los principales costes salariales de las grandes corporaciones proceden de esos trabajos que yo denomino “factorías de decisiones”. Por ejemplo, el 70% de los costes laborales de Procter&Gamble proviene de sus “fábricas de decisiones”, a pesar de que su actividad principal es la fabricación de bienes de consumo.

 

La productividad de las fábricas se ha ido incrementando a lo largo del tiempo. En Estados Unidos, por ejemplo, crece aproximadamente un 3% al año pero, en cambio, esta mejora no se ve reflejada en la rentabilidad de las empresas, ya que únicamente impacta cerca de un 50%. ¿Por qué ocurre esto? Básicamente porque la mejora de la productividad en la “fábrica de decisiones” es cero. La tesis de la productividad depende de cómo fabricamos las decisiones, no de la producción en sí misma.

 

Es sabido que cuando las cosas van bien las compañías contratan gran cantidad de personal para hacer frente al aumento de producción, pero en épocas malas despiden a un importante porcentaje de empleados generando un proceso que se repite de forma cíclica. La productividad de estos entornos depende directamente de las contrataciones y despidos, y esto da lugar a una importante anomalía.

 

Otra incoherencia es la creación del departamento de gestión de proyectos que se encarga de implementar los proyectos importantes. ¿Por qué nos empeñamos en tratar a las “fábricas de decisiones” igual que si fueran trabajos planos, como si se tratase de una cadena de montaje?

 

Un diseño adecuado para una fábrica no tiene por qué serlo para un proyecto. Lo habitual para los directivos de las “fábricas de decisiones” es volcarse 100% en un proyecto que una vez terminado no se volverá a tocar. Los proyectos empiezan y terminan dependiendo de las circunstancias y del momento. Además, las necesidades cambian continuamente, porque como hemos comentado anteriormente, las empresas se mueven en entornos complejos y deben desarrollar características adaptativas.

 

“La economía conductual subraya la importancia de poner el foco sobre la conducta a la hora de tomar decisiones, dejando de lado la parte racional del cerebro”.

 

Estructuramos todos los puestos de las organizaciones como si fueran trabajos planos sin tener en cuenta la realidad, pero cuando aparece un proyecto importante y, además, urgente, ¿quiénes se benefician? ¡Los consultores! En muchas ocasiones no hay recursos disponibles para los imprevistos porque todos se han destinado a trabajos planos, a pesar de que las necesidades no hacen más que fluctuar.

 

¿De qué forma contratamos y creamos nuestro headcount? Habitualmente planificamos estructuras de personal capaces de cubrir los picos de demanda, igual que si fuésemos una empresa de generación eléctrica que, por ley, está obligada a suministrar un servicio sin interrupción y está obligada a contar con muchos activos que no siempre funcionan. Pero las fábricas de decisiones no son empresas eléctricas.

 

“Es necesario crear un modelo que no diferencie entre diseño y ejecución, con el fin de influir eficazmente en todas las capas de una corporación”.

 

Cuando una empresa despide al 15% del personal que trabaja en las “fábricas de decisiones”, la compañía sigue adelante sin problema, porque estas factorías suelen tener un exceso de capacidad cercano al 30%. Esto es sólo un ejemplo más de la querencia que existe a la hora de tipificar estos puestos.

 

Una “factoría de decisiones” debería estructurarse de forma que los empleados no tengan un trabajo per se, sino que se organicen en base a un grupo de proyectos que van cambiando continuamente a lo largo del tiempo. Sólo así pasaremos de un mundo de trabajos planos a una organización donde se trabaje por proyectos, aunque se mantengan algunos puestos planos para llevar a cabo el trabajo administrativo.

 

Muchos dudan de este planteamiento, pero empresas como Accenture, donde trabajan 300.000 empleados y que factura 50 billones de dólares, o Deloitte, que cuenta con cientos de miles de profesionales y tiene un volumen de negocio de 40 billones de dólares, están organizadas por proyectos casi por completo.

 

Salvo las compañías tecnológicas, que cuando aciertan crecen exponencialmente, algunas de las empresas que más han crecido en las últimas décadas son aquellas gestionadas en base a proyectos. Se trata de una estructura más eficiente donde no tiene cabida el obsoleto paradigma del trabajo plano.

 

Estoy convencido de que en un futuro muy cercano las carreras cambiarán de jerarquía y pasarán a organizarse en base a la gestión de proyectos cada vez más complejos. Se accederá a la categoría de seniority por los trabajos y encargos que se recibe, y no por lo que ponga la tarjeta de visita. En las empresas de servicios profesionales, de diseño, o incluso en un estudio de arquitectura, la diferenciación entre un profesional senior y otro junior dependerá de la complejidad de los trabajos, y no del número de personas que uno tenga a su cargo.

 

Nos encontramos atrapados en empresas que funcionan como si fuesen máquinas, pensando que la estrategia y la ejecución son diferentes, y atascados en un paradigma de trabajos planos, mientras que el mundo exterior demuestra a diario que estamos equivocados.

 

Todas estas situaciones deberían cambiarse, porque de lo contrario continuaremos teniendo compañías inadecuadas e incapaces de operar con la eficiencia necesaria en estos tiempos de cambio.

 

Hemos pasado a un mundo donde las compañías viven 16 años en vez de 60; olvidamos continuamente que operamos en entornos complejos y adaptativos; sufrimos una crisis de ejecución y no tenemos ningún conocimiento sobre la productividad en las fábricas de decisiones. Pero lo más grave de todo es que esta situación no cambiará mientras sigamos centrándonos en cómo mejorar estos paradigmas, y no en cómo resistirnos a ellos.

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