domingo, 7 de febrero de 2021

Talento: el factor más importante del éxito - Nick Fry

 


Talento: el factor más importante del éxito

Fuente: Cinco Días

Nick Fry está considerado como uno de los líderes mejor capacitados para combinar las sinergias que existen entre empresa y deporte. El ExCEO y copropietario del equipo Mercedes AMG, participó en el MABS2017, celebrado recientemente en Madrid. El congreso de este año consiguió reunir a los mejores talentos del mundo empresarial, en una edición que brilló por la calidad de sus ponentes.

 

Fry ha pasado los últimos 15 años de su carrera centrado en el mundo de la Fórmula Uno, pero además acumula una larga experiencia en el ámbito empresarial. Trabajó en Ford durante más de 25 años y, más tarde, se metió de lleno en el sector de los rallyes. Entre sus éxitos destaca la venta de la escudería propiedad de British American Tobacco a la japonesa Honda y su posterior adquisición por parte de Mercedes Benz, con el respaldo de un fondo soberano de inversión de Abu Dhabi. También lideró el fichaje del piloto Lewis Hamilton.

 

Durante su intervención en el MABS 2017, Fry compartió su visión sobre cómo las personas y las empresas pueden alcanzar la excelencia en entornos altamente competitivos como el de la Fórmula Uno. También explicó las principales amenazas que acechan al sector en un momento especialmente sensible para esta industria que mira con preocupación los movimientos que está llevando a cabo el gobierno británico para materializar el Brexit, ya que podrían dificultar la captación de talento.

 

“Para tener éxito es imprescindible hacer sentir a todas las personas de tu empresa que forman parte del equipo”

 

FEDERICO FERNÁNDEZ DE SANTOS: ¿Hay similitudes entre un mundo tan competitivo como el de la Fórmula Uno y el entorno empresarial?

NICK FRY: Toda mi carrera profesional ha estado centrada en trasladar prácticas empresariales al mundo de la competición automovilística. Llevo 15 años en contacto con la Fórmula Uno y tengo que reconocer que durante este tiempo la aportación de conocimientos ha sido bidireccional. Las lecciones aprendidas han sido críticas para un equipo como Mercedes, que ha ganado varios campeonatos seguidos, y todas estas experiencias acumuladas en un deporte de alta tecnología podrían transferirse al ámbito de los negocios en general.

 

La Fórmula Uno es uno de los deportes que mueve más dinero. Los equipos punteros manejan presupuestos de explotación cercanos a los 400 millones de euros anuales. Además, para alcanzar estos niveles se necesitan importantes inversiones en infraestructuras. Solo en personal los equipos cuentan con al menos, 1500 personas. En La factoría Mercedes hay 800 ingenieros diseñando las cajas de cambios, y el motor.

 

La mitad de los ingresos que mueve este deporte proceden de los medios de comunicación, -principalmente de la televisión-. El resto lo aportan los patrocinadores.

 

Desde el punto de vista de la comunicación y el marketing, la F-1 tiene un gran atractivo. Hay pocos deportes tan globales y con tanta repercusión mediática. Entre 400 y 500 millones de personas ven cada fin de semana una carrera, cifra no alcanzada regularmente por ningún otro deporte. La Fórmula Uno es capaz de activar un patrocinio en 20 países a la vez. Es un entorno donde las empresas no sólo muestran sus productos, sino que tienen la oportunidad de hacer un marketing específico en cada país. Además, permite a muchos anunciantes mostrar su tecnología de una forma directa y práctica en un entorno tremendamente competitivo.

 

F.F.S.: ¿Hasta qué punto es importante la mejora continua en los procesos de desarrollo?

 

N.F.: Un coche de competición está compuesto por más de 4000 piezas y la mayoría de ellas son rediseñadas cada año para aumentar la competitividad; de ahí que se necesiten tantas personas trabajando en el equipo. Todos los coches se rediseñan por completo cada temporada. El proceso comienza en junio, con la optimización de la caja de cambios, y termina a finales de enero, cuando empiezan los primeros test que tienen lugar en Cataluña y Valencia. En la F-1 se necesita una mejora anual mínima de al menos un 10%; si no, ¡estás fuera! Además, es un proceso continuo y la optimización del rendimiento se realiza a lo largo de toda la temporada. De hecho, un mismo coche es capaz de correr 1,5 segundos más rápido las últimas carreras del año.

 

F.F.S.: ¿Considera que su posición actual es una consecuencia lógica de sus experiencias?

 

N.F.: A finales de 2008, y trabajando como jefe ejecutivo del equipo de Fórmula Uno de Honda, éste anunció repentinamente que se retiraba de los circuitos; La causa: la crisis económica… y con ellos se fueron también todos los patrocinadores japoneses. En esas circunstancias Honda nos dio la opción, a los trabajadores, de que nos buscásemos nuevos propietarios.

 

Todos los seguidores de Fórmula Uno saben que (en aquellos momentos y también hoy) si existían dos personas claves para este deporte, estas eran Ross Brawn, quien había conseguido siete títulos trabajado con Schumacher en Ferrari, y Adrian Newey, director técnico del equipo Red Bull Racing.

 

El que Honda contase con uno de ellos, Ross Brawn, nos hizo pensar que se podrían encontrar compradores para un equipo con el potencial de estar entre tres primeros en un breve espacio de tiempo. Si bien era difícil, también era un objetivo realista.

 

Por ello, y mientras buscábamos nuevos propietarios, continuamos trabajando en el diseño del coche. Al perder a Honda elegimos los motores Mercedes por dos razones: la primera es que encajaban mejor con nuestro coche, y la segunda, porque pensamos que si éramos suficientemente buenos como para ganarles, Mercedes nos dejaría ganarles; no estábamos seguros de que Ferrari fuese a hacer lo mismo.

 

Pasaron meses y, no consiguiendo nuevos propietarios Ross y yo decidimos comprarlo creando la escudería Brawn GP Formula OneTeam. Fueron tiempos muy tensos, y hasta nuestras esposas estaban convencidas de que íbamos a perder hasta la camisa. Estábamos ante un reto en el que grandes empresas, con muchas más posibilidades y recursos, como BMW o Toyota, no habían conseguido tener éxito.

“En Fórmula Uno si no mejoras un 10% a año estás fuera. La optimización del rendimiento se realiza durante la temporada, de forma que un mismo coche corre 1,5 segundos más rápido al final de la competición Cualquiera puede marcar la diferencia. Las mejores ideas generalmente vienen de capas muy bajas de la empresa”

 

No podemos negar que al principio nos encontramos con muchas dificultades. De hecho, y por ser un equipo privado sin una gran marca detrás, tuvimos que pagar a Mercedes los motores por adelantado. ¡Una de las primeras cosas que hice en mi empresa fue extender un cheque por ocho millones de dólares!

 

Todo cambió cuando comenzó la temporada. Estábamos muy bien posicionados. En las pruebas de Barcelona fuimos los más rápidos. ¡De hecho fuimos más bastante más rápidos de lo que la gente piensa! puesto que corrimos con peso añadido para ir más despacio y disimular nuestra ventaja. Fue entonces cuando Richard Branson, como buen emprendedor, se dio cuenta de la calidad que nuestro coche y quiso invertir en nuestra empresa y también convertirse en patrocinador.

 

El Gran Premio de Australia de 2009 fue nuestro debut. ¡Menudo debut! Nuestros dos pilotos hicieron el doblete en clasificación y carrera. A final de la temporada habíamos ganado ocho carreras y quedado segundos en otras cuatro. Brawn GP ha sido el primer equipo de la historia de esta categoría en conseguir el Campeonato Mundial de Constructores y el Campeonato Mundial de Pilotos el mismo año de su debut.

 

Celebrar los éxitos refuerza el trabajo en equipo, aumenta la cooperación entre los miembros y les hace apreciarse más los unos a los otros

 

Pero, a pesar de todas estas victorias, la Fórmula Uno no es un buen sitio para los privados, así que en el año 2010 decidimos vender el equipo a Mercedes y a un fondo de Abu Dabi. En ese momento teníamos dos pilotos alemanes, Michael Schumacher y Niko Rosberg. Entonces la situación tomó un cariz diferente, donde Red Bull gano de forma consecutiva, pero en 2013-14 volvimos a ser campeones… y hasta hoy, ¡qué seguimos ganando!

 

La principal lección que he aprendido de esta historia, y que se puede aplicar a cualquier negocio, es lo importante que resulta tener a los mejores. En Fórmula Uno si no tienes a grandes pilotos, como Lewis Hamilton, es imposible ganar de forma reiterada.

 

F.F.S.: Si tuviese que definir una sola función de un líder, ¿cuál sería?

 

N.F.: Si la clave para el éxito en cualquier deporte, y también en cualquier empresa, es contar con los mejores, y no solo pilotos, sino también ingenieros, especialistas en aerodinámica, en electrónica… la principal tarea de los máximos responsables es la de conseguir a los mejores, independientemente de la compañía que gestiones.

 

Lewis Hamilton no estaba esperando en su casa a que le llamásemos; mi relación con él había comenzado cinco años antes. Conocíamos a su padre, a su representante, a su familia… y cuando tuvimos los recursos financieros para contratarle, él ya sabía quiénes éramos. No es fácil para las grandes compañías contratar a los mejores. No se les contrata de un día para otro. Es necesario que te conozcan y hace falta construir una relación.

 

Lewis Hamilton se gana los 30 millones que cobra. El sólo consigue resultados equivalentes a una inversión similar en mejoras para el coche…. y son muy pocos los que pueden hacer eso.

 

Otro aspecto fundamental, especialmente en una compañía de ingeniería, es que los mejores tengan las herramientas necesarias para hacer su trabajo. No tiene sentido contratar al mejor cirujano y darle un tenedor y un cuchillo para operar. Hay que invertir tanto en herramientas como en infraestructura.

 

Una vez que tienes el mejor equipo y también las herramientas necesarias, es fundamental clarificar los objetivos y hacer a las personas responsables de conseguirlos.

 

Es importante no interferir en el trabajo de los demás. Si contratas a los mejores y les dotas con las herramientas necesarias, habiéndoles dejado claro tanto los objetivos como sus responsabilidades sobre ellos, no necesitan tener a alguien mirándoles constantemente por encima del hombro y controlándoles. Esto solo hará que ellos pierdan el tiempo justificándose.

 

La presencia del líder es imprescindible, pero hay que tener clara la diferencia entre controlar y estar presente. Niki Lauda, director no ejecutivo de Mercedes, es un buen ejemplo. Cuando quise contratar a Lewis Hamilton, él acababa de ser nombrado máximo responsable del equipo. Me dijo que siguiese adelante con mis planes y que ya daríamos explicaciones más adelante, si era necesario. Esa claridad en la dirección es muy importante. Lauda no es un hombre que esté pendiente de los detalles, pero apoya a los miembros de su equipo y hace su trabajo de maravilla.

 

El trabajo en equipo es absolutamente prioritario en Fórmula Uno. Hay muchas personas involucradas, y si no se es capaz de conectar con cada una de ellas, haciéndoles sentir que son parte del equipo y tomando conciencia de su contribución a él, no se tendrá mucho éxito.

 

Quienes están en la factoría construyendo la caja de cambios pueden crear los mismos problemas que un piloto. Hacer que los 1500 empleados se sientan parte del equipo, siendo conscientes de que contribuyen al triunfo, es el camino hacia el éxito.

 

“Fernando Alonso como conductor es brillante, impresionante. Pero creo que es un caso claro de talento desperdiciado”

 

F.F.S.: La Fórmula Uno es un entorno de alto riesgo. ¿Es esta faceta extrapolable a la empresa?

 

N.F.: Cuando se trabaja al límite hay cosas que pueden salir mal. Si le dices a un piloto de Fórmula Uno que no se choque, es probable que no tenga un accidente, pero nunca ganará una carrera. Y lo mismo ocurre en otros negocios. Para tener éxito hay que arriesgar. Y hay que ser conscientes de que tomar riesgos implica tener accidentes, problemas e, incluso, fracasar. Pero el cómo se reacciona ante estos accidentes es, precisamente, lo que marca la cultura de una compañía.

 

El primero que sabe que ha fallado un penalti es el jugador que golpea el balón. Y quien peor se siente por haber fallado es, precisamente, el jugador. Por eso, no tiene ningún sentido recriminar o chillar a los trabajadores que se equivocan, es mucho más constructivo restaurar su confianza para que hagan su trabajo mejor la próxima vez.

 

La clave está en saber anticiparse a los problemas. Saber que van a ocurrir, pero tener un plan de acción preparado para cuando ocurran. Desarrollar una cultura que no culpabilice (no blame culture) es clave para alcanzar el éxito, porque si un equipo cree que se le puede culpabilizar, nunca dará el máximo.

 

La comunicación es otro de los pilares que sustenta la base de una buena escudería, porque hay muchas personas involucradas en todo el proceso. Después de cada Gran Premio, el equipo de Mercedes realiza una reunión con todos los empleados, liderada por el piloto o por el ingeniero jefe. Durante este encuentro se analiza con detalle todo lo ocurrido en la carrera. Puedo asegurar que incluso habiendo ganado, siempre salen 40 o 50 temas que no fueron todo lo bien que deberían haber ido y se analizan diferentes formas de solventar y optimizar todos esos temas.

 

Esa comunicación abierta, esa honestidad, es necesaria para transmitir mensajes claros sobre la dirección que se quiere seguir. Y debe darse en persona, de forma directa. En Fórmula Uno se asume que o estás en el equipo, o no lo estás. Es por eso que, en esas reuniones, en las que puede haber hasta 800 personas, se discuten incluso temas considerados secretos. Se trata de información que puede resultar muy útil para los competidores, pero se comparte igualmente con todos los miembros del equipo porque se da por entendido que mantendrán la confidencialidad.

 

Esa comunicación directa y esa confianza hace que todos los empleados se sientan parte de un gran equipo y que trabajen al máximo de sus capacidades.

 

“El líder debe tener clara la diferencia entre controlar y estar presente. Si se pasa el día controlando al equipo e interfiriendo en los detalles, sólo conseguirá que los empleados pierdan el tiempo justificándose Desarrollar una cultura que no culpabilice es clave para triunfar. Si un equipo piensa que se le puede culpabilizar, nunca lo intentará al máximo”

 

F.F.S.: ¿De dónde procede la innovación dentro de un equipo de Fórmula Uno? ¿Sólo del departamento de diseño o intervienen otras áreas?

 

N.F.: En un coche de competición hay tres partes fundamentales que influyen en su rendimiento: la aerodinámica, el rendimiento del motor y las ruedas. Es muy importante centrarse en aquello que marcará la diferencia porque es fácil perderse en temas interesantes, pero que no aportan resultados en el circuito. Por eso, cuando las compañías se centran en aquello que realmente aporta, se simplifican los procesos y se obtienen mejores rendimientos.

 

La mejora llega a través de la innovación, y la innovación la puede aportar cualquier miembro del equipo. Es más, generalmente las mejores ideas proceden de los niveles más bajos de la organización.

 

Un ejemplo: durante una reunión de equipo que tuvo lugar en 2009, un ingeniero junior japonés expuso una idea que mejoraba significativamente la aerodinámica trasera del coche. En principio pensamos que el planteamiento del joven no cuadraba con el reglamento técnico, pero después nos dimos cuenta de que era una gran idea que podía tener aplicación. Si no hubiese existido esa reunión en la que él se sintió lo suficientemente cómodo como para exponer su planteamiento, quizá nunca la habríamos llegado a poner en práctica. Además, su implementación fue perfecta y nos dio una crítica ventaja competitiva.

 

En definitiva, sea lo que sea aquello en lo que estás trabajando, hay que apuntar siempre hacia lo más alto. En un sector altamente competitivo como es la Fórmula Uno existen procesos de gran complejidad. Por eso, clarificar los objetivos y planificar es básico.

 

Pero más importante aún es desarrollar una cultura basada en el trabajo de equipo. Aspectos como la cooperación, la innovación continua y la agilidad en la toma de decisiones tienen aplicación en la inmensa mayoría de las empresas.

 

Por último, no hay que olvidar celebrar el éxito. En Mercedes celebramos una gran fiesta todos los veranos, donde los empleados acuden con sus familiares. De este modo, las familias pueden contribuir al éxito del equipo. Y dado que muchos de los trabajadores están lejos de sus seres queridos gran parte del año, consideramos que es fundamental reconocer y premiar también el esfuerzo que hacen las familias.

 

Por eso, cuando ustedes tengan éxito, no duden en celebrarlo con todos aquellos que han contribuido a conseguirlo. Quizá muchos directores financieros lo consideren como algo frívolo, pero les aseguro que refuerza el trabajo en equipo, aumenta la cooperación entre los miembros y les hace apreciarse más los unos a los otros.

 

F.F.S.: ¿Qué es para usted un piloto de Fórmula Uno? ¿Qué características distinguen a los mejores?

 

N.F.: Ser piloto de Fórmula Uno es muy difícil. Aunque conducir es lo más importante, sólo es una pequeña parte de su labor. Uno de los aspectos más difíciles de su trabajo es atender a los medios de comunicación.

 

En el circuito es fácil encontrar hasta 400 periodistas, y todos ellos tienen acceso a los pilotos. Para una persona joven esta exposición mediática muchas veces es un shock. Además, existe gran presión por parte del equipo y de los anunciantes, debido a las enormes cantidades de dinero que se mueven en esta industria. Algunos pueden soportarlo, pero otros no.

 

Por otro lado, se trata de un trabajo muy complicado técnicamente. El volante puede tener hasta 40 controles individuales, y la actual normativa prohíbe a los ingenieros decir al piloto qué hacer en determinados momentos.

 

Hay pilotos excepcionales, como es el caso de Fernando Alonso, Lewis Hamilton o Sebastián Vettel. Ellos son la élite de este deporte. Pero no basta con hacer un buen trabajo técnico, también deben responsabilizarse del rendimiento de su equipo.

 

Los que son realmente grandes, como Michael Schumacher, son una parte integral del equipo. A Schumacher le costó cinco años impulsar a Ferrari hasta la cúspide. Él no sólo es un fantástico piloto sino que, además, es capaz de motivar a todos los que trabajan con él. Se sabe el nombre de cada uno de los componentes del equipo y también se preocupa de sus circunstancias personales. Un piloto nunca se puede separar del equipo, son dos componentes que están totalmente integrados.

 

También es responsable de las decisiones que toma a la hora de elegir equipo. Cuando Lewis Hamilton se fue de McLaren a Mercedes, tomo un riesgo calculado. Fue lo suficientemente inteligente como para darse cuenta de que con los motores Mercedes y los cambios que se avecinaban en la Fórmula Uno, nuestro equipo estaría en una excelente posición. Tomo una decisión acertada.

 

Sin embargo, Fernando Alonso ha tomado decisiones poco acertadas. Es un gran piloto, y lo que hizo en Indianápolis lo demuestra, pero podría haberlo hecho mucho mejor en otros aspectos.

 

F.F.S.: ¿Qué porcentaje de responsabilidad tiene el piloto a la hora de ganar una carrera?

 

N.F.: Es una pregunta difícil de responder. Alonso o Hamilton pueden hacer que un coche ligeramente más lento gane una carrera. Lo que es imposible es que un gran piloto triunfe con un mal coche. Sólo a través del trabajo en equipo y la motivación a largo plazo se puede llegar a transformar un coche. Esto no sólo ocurre en la Fórmula Uno, también pasa en muchas empresas. Y esa capacidad es más importante que el talento puro.

 

“Sólo a través del trabajo en equipo y la motivación a largo plazo se puede alcanzar el éxito”

 

F.F.S.: ¿Cuál es el impacto comercial de la Fórmula Uno?

 

N.F.: Los triunfos en Fórmula Uno tienen un tremendo impacto en las ventas. Henry Ford decía: “Ganar el domingo significa aumentar las ventas el lunes”.

 

Si una compañía puede permitirse patrocinar a Ferrari o Mercedes, su inversión será mucho más rentable que si patrocina a un equipo que siempre acaba en última posición.

 

El secreto de este deporte es tener la cabeza fría. No creerte el mejor cuando ganas, ni el peor cuando pierdes. Estar en Fórmula Uno ya es un logro, lo mismo que estar en primera división de fútbol. La diferencia entre la mitad de la tabla de clasificación y la parte de arriba no es tan grande. Es importante mantener la calma y trabajar hacia las metas planteadas sin hacer demasiado caso al ruido exterior.

 

F.F.S.: ¿Cómo ve el sector de la Fórmula Uno dentro de unos años?

 

N.F.: Según las estadísticas, en el año 2030 sólo un 20% de las personas tendrán un coche. El resto utilizará vehículos autónomos compartidos. No es descabellado que aparezca una Fórmula E (eléctrica) con pilotos que dirijan vehículos autónomos incluso desde casa. De lo que sí estoy seguro es de que será más entretenida te lo que es hoy, porque Liberty Media (multinacional mediática que adquirió a principios de 2017 la totalidad de la Fórmula Uno) hará de la competición un evento mucho más festivo.

 

F.F.S.: ¿Es la fidelidad es una virtud difícil de encontrar en un entorno tan competitivo?

 

N.F.: No, en absoluto. Como en todas las actividades profesionales, uno se encuentra con diferentes personas. He tenido experiencias de todo tipo, pero recuerdo una en particular con alguien que, además, salió en esta revista: Sebastien Loëb. Quedé con él cuando gestionaba un equipo internacional de rallyes, y lo primero que me sorprendió fue que acudió solo, sin representante. Yo llevaba preparado un contrato muy lucrativo. Le dije que se lo entregaba firmado por mi parte. Que lo estudiase. Se mostró muy agradecido, pero me contestó que Peugeot Citröen había confiado en él desde el principio y que había financiado su carrera hasta ese momento. Le habían prometido hacerle campeón del mundo (cosa que ocurriría ¡nueve veces!) y, por eso, quería ser leal con ellos.

 

F.F.S.: El entorno de la Fórmula Uno es tremendamente multicultural. ¿Hasta qué punto es importante la humildad para triunfar en este ámbito?

 

N.F.: Yo procedo de una familia humilde. No estudié en escuelas elitistas y fui el primer miembro de mi familia en acceder a la universidad. Siempre he tenido claro que se puede aprender algo de todo el mundo. He conocido a personas famosas, entre ellas la reina de Inglaterra, y me siento tan cómodo hablando con ellos como trabajando en la fábrica. Todos tenemos algo que aportar, y es difícil encontrar a alguien que no aporte nada.

 

Eso sí, para aceptar este planteamiento es importante interiorizar que uno no siempre sabe lo que es mejor. Hay que escuchar a las personas que son expertas en sus campos. No existen los absolutos más allá de lo obvio. Las personas se enfrentan a las situaciones de forma diversa. Siempre me ha parecido fascinante intentar comprender y extraer lecciones de las diferentes culturas.

 

“Siempre he tenido claro que se puede aprender algo de todo el mundo. Todas las personas tenemos algo que aportar en diferentes momentos Alonso o Hamilton pueden hacer que un coche ligeramente más lento gane una carrera. Lo que es imposible es que un gran piloto triunfe con un mal coche”

 

Por ejemplo, la cultura americana tiene un gran positivismo, mientras que la japonesa es diametralmente opuesta. Creo que lo más importante es conocer los diferentes puntos de vista y verlos de una forma constructiva.

 

Es fundamental la forma en la que nos comportamos y pensamos. En mi casa no es algo consciente, sino que forma parte de los valores que admiro y respeto: todos somos iguales. Evidentemente, hay unas personas más inteligentes que otras, pero esto no las hace buenas per se en todos los aspectos.

 

F.F.S.: Pienso que en la Fórmula Uno es Inglaterra, y que Inglaterra es la Fórmula Uno. ¿Por qué cree que este país aglutina tanto talento en este deporte?

N.F.: La industria ha crecido mucho en los últimos años. No hay que olvidar que en Inglaterra se fabricó el primer Fórmula Uno de producción, el March, con Max Mosley a la cabeza. Hoy hay más de 40.000 personas y una gran cantidad de pymes que realizan trabajos de alta calidad. Esas compañías no sólo trabajan en la competición automovilística, sino que se han diversificado y también trabajan para otras industrias como la de defensa o la aeroespacial. Es un importante sector empresarial en el Reino Unido. Supera los 10 billones de libras de facturación y el 60% está destinado a la exportación.

 

Todas estas empresas se ubican en Oxfordshire o en la zona entre el aeropuerto de Heathrow hasta Silverstone, en el norte, y han convertido al país en un lugar muy apropiado para trabajar en este sector.

 

Además, en Fórmula Uno se trabaja con una mentalidad muy británica. Aunque el talento proceda de otros lugares, es importante que los ingenieros se formen en este entorno. Se trata de los mismos fundamentos físicos o químicos, pero se enseñan de una forma muy concreta que encaja perfectamente en un entorno innovador que trabaja toda velocidad.

 

Sin embargo, en el ámbito de la producción en cadena los británicos no son tan buenos.

 

“En unos años podríamos llegar a ver una Fórmula E (eléctrica) con pilotos que dirijan vehículos autónomos a distancia”

 

F.F.S.: ¿Se podría decir que Ross Brawn y usted fueron los primeros particulares (tras Bruce Mclaren en 1973) que han conseguido ganar en Fórmula Uno?

N.F.: Sí, pero digamos que lo que ocurrió es bastante inusual. Tuvimos la tormenta perfecta. Como dijo uno de nuestros competidores, conseguimos cinco éxitos en un año, y es algo que muchas otras escuderías no consiguen en toda una vida.

 

Las cosas se acoplaron magníficamente, aunque las circunstancias fueron inusuales, y lo más lógico era pensar que alguna pieza de la maquinaria hubiera fallado.

 

F.F.S.: Como suele decir Francisco Alcaide, lo hicieron porque no sabían que era imposible…

 

N.F.: Fue una situación graciosa. Los riesgos eran increíbles, pero no pensábamos en ellos. Nunca tuvimos la sensación de que fracasaríamos. Teníamos la “obligación” de hacer lo que hicimos porque contábamos con un equipo de 720 personas. A algunas de ellas las despedimos porque no podíamos pagarlas, pero retuvimos a la mayoría.

 

Teníamos la responsabilidad de hacer las cosas lo mejor posible para sacar adelante la mayor cantidad de puestos de trabajo. Mi mujer no estaba nada convencida y la de Ross ya se veía viviendo en una tienda de campaña. De hecho, ese debería haber sido el resultado. Pero el espíritu de equipo era tan grande que o triunfamos o fracasábamos todos juntos. Ross es un ingeniero con unas capacidades únicas. Quisiera pensar que mis habilidades comerciales ayudaron, así como las habilidades y capacidades del resto de los integrantes del equipo. Fue un ejemplo de cómo teniendo una espada de Damocles sobre nuestras cabezas, dimos todos lo mejor que teníamos.

 

F.F.S.: Desde un punto de vista global tanto de este sector como del entorno industrial británico, ¿cómo puede afectar el Brexit?

 

N.F.: Creo que el Brexit es una idea terrible. Lo he dicho desde el principio; es una locura. En un mundo global donde todos tenemos que trabajar juntos, no hay que construir barreras.

 

El mayor problema para una industria global como la nuestra se presentará a la hora de contratar a personas de otros países. Nos va a impedir obtener el mejor talento. Se podría perder competitividad y, por tanto, la privilegiada situación actual. Es posible construir coches de carreras en otros sitios, y si a causa del Brexit resulta más fácil hacerlo fuera, así ocurrirá. La Fórmula Uno es una industria capitalista, y se desplazará donde encuentre las mejores ventajas competitivas.

 

“El Brexit es una idea terrible que impactará en la industria de la Fórmula Uno, porque dificultará la captación del mejor talento”


El próximo paso: de la filantropía corporativa al valor compartido - Michael Porter


El próximo paso: de la filantropía corporativa al valor compartido

Fuente: Cinco Días

Michael Porter.

 

Está considerado como el padre de la estrategia empresarial, además de uno de los pensadores más brillantes de nuestros tiempos. Michael Porter ha sido, y es, el profesor con mayor poder de influencia sobre directivos y gobiernos. No en vano, ha trabajado como asesor estratégico de las principales compañías internacionales y ONGs, ha participado en los foros públicos de Fortune 500 y ha desempeñado un papel activo en la política económica de Estados Unidos aplicando principios competitivos a los problemas sociales como el medio ambiente, la prestación de servicios de salud y la responsabilidad corporativa. El semanario británico The Economist afirma que lo que ha hecho Porter por el capitalismo global es solo comparable a lo que hizo Marx con la lucha de clases.

 

Nacido en 1947 en Estados Unidos, Michael Porter, es autor de más de 19 libros y alrededor de 125 artículos sobre estrategia, competencia y asistencia sanitaria. Economista, investigador, escritor y conferenciante, tiene un Ph.D. y un MBA por la Universidad de Harvard y un BSE en ingeniería aeroespacial por la Universidad de Princeton. Actualmente es profesor en la Escuela de Negocios de Harvard y dirige el Instituto para la Estrategia y Competitividad de la misma, fundado para apoyar su trabajo. Sus investigaciones sobre el desarrollo económico en las ciudades del interior de Estados Unidos dieron lugar a la fundación de la Iniciativa para una Ciudad Competitiva, de la que es presidente; es un proyecto sin ánimo de lucro cuyos objetivos son catalizar el desarrollo de los negocios y empresas en ciudades del interior del país.

 

Ha recibido más de 30 importantes premios y títulos honorarios y fue elegido como el pensador estratégico más influyente de la Strategic Management Society. Sus modelos y teorías inspiran muchos cursos sobre estrategia y competitividad en escuelas de negocio de todo el mundo. Su nombre también se incluye en varios rankings especializados en dirección de empresas y competitividad. Entre otros, fue elegido número uno del “Global Top 30 Management Gurus” elaborado por Thinkers50 en el año 2007, número siete en 2013 y número uno nuevamente en 2015.

 

El profesor Porter ha creado varias teorías que han marcado un antes y un después en el ámbito de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Entre ellas destaca la novedosa estrategia del valor compartido, que defiende que las empresas y la sociedad deben unir sus esfuerzos para obtener un beneficio común o, lo que es lo mismo, crear valor compartido (corporate Shared Value). El profesor Porter sostiene que no es la responsabilidad social, la filantropía o la sostenibilidad lo que empresa y sociedad requieren actualmente, sino una nueva manera de lograr el éxito económico a través de un modelo escalable y sostenible.

 

Este concepto supone toda una revolución para la idea tradicional de la RSC, que ya no queda relegada a una simple declaración retórica, sino que es el resultado de una acción medida y calculada que genera valor social y también económico.

 

Aunque siempre con el foco puesto en el entorno social de compañías y corporaciones, Porter ha realizado importantes innovaciones en el campo de la gestión empresarial como la cadena de valor, el modelo de las cinco fuerzas o los grupos estratégicos. También se ha mostrado siempre como un firme defensor de los clusters y la ventaja competitiva que ofrecen dentro de los diferentes sectores productivos y de la economía global.

 

Michel Porter fue uno de los ponentes más destacados del European Business Forum de Thinkers50 celebrado recientemente en Odense (Dinamarca), donde compartió con los asistentes mensajes cargados de reflexiones útiles y valiosas, recibiendo además el premio a la trayectoria profesional.

 

Construir una ventaja competitiva

Toda mi carrera profesional ha estado centrada en estudiar las relaciones que existen entre empresa y sociedad. Hace muchos años, cuando empecé a trabajar en este ámbito, no estaba seguro de si llegaría a obtener algún resultado, porque era un tema que no generaba un gran interés. Sin embargo, hoy las cosas han cambiado y creo que los asuntos sociales ahora representan una de las mayores oportunidades en el campo de la gestión empresarial, aunque a priori esto pueda parecer extraño.

 

El propósito de la corporación debe ser redefinido como creación de valor compartido, no sólo beneficio per se. Esto impulsará la siguiente ola de innovación y crecimiento de la productividad en la economía global

 

Aprovechando que estamos en Odense, no puedo dejar pasar la oportunidad de resaltar la maravillosa historia de desarrollo económico que ha experimentado esta ciudad, porque se ha convertido en todo un ejemplo de cómo convertir los momentos de dificultad en elementos catalizadores del cambio.

 

La crisis de los astilleros y la irrupción de la robótica llevó a Odense una situación crítica de la que ha conseguido salir airosa gracias a la creación de un clúster de empresas que no ha dejado de crecer desde sus inicios aportando innovación y generando actividad económica. Hasta hace unos años, Odense era una ciudad que no estaba en el mapa empresarial. Hoy, gracias a la actividad que ha conseguido impulsar este clúster, ha encontrado su lugar.

 

Pero, volviendo a la relación que existe entre empresa y sociedad, no hay que pasar por alto que hoy más que nunca se está cuestionando el papel que las compañías tienen en el ámbito social, haciendo que estas también se planteen su rol y su contribución a la misma. ¿Qué ha pasado para que esto ocurra? Hace tiempo que las compañías invierten grandes cantidades de dinero en Responsabilidad Social Corporativa pero, ¿es realmente rentable esta inversión?

 

El gran interrogante

Normalmente, se piensa que los aspectos más importantes de una empresa, desde un punto de vista estratégico, se centran en la esfera económica y evidentemente es en este entorno donde suelen generarse los temas que más preocupan a la dirección.

 

Cierto es que la revolución digital está propiciando un fuerte impacto en el entorno empresarial, habiendo conseguido cambiar la competitividad de las industrias en prácticamente todo el mundo y, consecuentemente es crítica para la estrategia de muchas compañías; pienso sin embargo que hay otro tema, aún más urgente, que han de acometer hoy las empresas: conseguir que los negocios sean una fuerza que ayude a mejorar la sociedad.

 

Vivimos un momento muy complicado, circundados por problemas. Estamos en un periodo muy difícil de nuestra historia y, ningún país europeo o americano, se escapa a esta nueva realidad.

 

Por eso es tan importante retomar esa pregunta crítica: ¿cuál es el rol del mundo empresarial en la sociedad?

 

Las teorías tradicionales siempre han defendido que los negocios eran simplemente negocios; actividades donde se crean productos, se generan beneficios, se contratan personas, se pagan salarios, se invierte… siendo este su único papel en el contexto social. Las empresas reducían su campo de acción a la tarea de realizar una actividad económica pura y dura. Otorgarles un cariz diferente, que fuese más allá completando esta perspectiva, era tomado con escepticismo desde los despachos a los grupos de poder.

 

“Hace tiempo que las compañías invierten grandes cantidades de dinero en Responsabilidad Social Corporativa pero, ¿es realmente rentable esta inversión?”

 

Hacia un cambio de paradigma

El economista y pensador estadounidense Milton Friedman afirmaba que la Responsabilidad Social de los negocios debía estar encaminada a maximizar los beneficios. Esa idea estaba profundamente enraizada tanto en las empresas como en el sector financiero y de capital, y los mercados no estaban interesados en que las empresas se involucrasen en actividades sociales. Pero a medida que mi equipo y yo íbamos profundizando en este tema, más convencíamos estábamos de lo inadecuado de esta forma de actuar.

 

Hoy en día, en un contexto diferente y cambiante, tanto países ricos como pobres se enfrentan a problemas de índole diversa: sociales, medioambientales, económicos, gubernamentales… Todos ellos comparten dos comunes denominadores: son problemas de gran complejidad y generan grandes tensiones sobre las instituciones sociales que, supuestamente, deberían ocuparse de ellos. Estos problemas no actúan sólo sobre los gobiernos, quienes carecen de herramientas suficientes para solventarlos; también actúan sobre las ONG, incapaces de enfrentarse a los retos que se les plantean en su área de acción.

 

Sabemos que los negocios son la única institución con capacidad para crear riqueza y generar prosperidad. Por ello, si se consigue cubrir una necesidad social y, además, obtener un beneficio, el resultado es algo mágico. No sólo porque el negocio crece, se contratan personas y, además, existe suficiente margen para pagar los impuestos, sino porque además se cubre una carencia social existente.

 

La capacidad de los negocios es única para crear riqueza, y esta capacidad puede ser utilizada por otras instituciones para realizar acciones necesarias y socialmente responsables, al tiempo que se genera riqueza. Por eso resulta tan importante el potencial que tienen los negocios como herramienta para actuar contra los problemas y carencias sociales, especialmente si lo comparamos con otras entidades sociales de las que dependemos los ciudadanos para que se nos solucionen nuestros problemas.

 

Sin embargo, la legitimidad de los negocios como institución está siendo cuestionada. El mundo empresarial está muy presionado, y la confianza que se tiene en él no hace más que disminuir. Toda esta confluencia de factores nos hizo reflexionar y preguntarnos: ¿qué necesita hacer el entorno empresarial para contribuir a la sociedad, realizando al mismo tiempo una gestión eficiente de sus negocios?

 

Los nuevos retos de futuro

Si pensamos con perspectiva sobre esta pregunta, descubriremos que existe toda una trayectoria de pensamiento en este ámbito. Frente a las teorías de Milton Friedman, y tiempo después, se comenzó a gestar una nueva línea de pensamiento que contemplaba la obligación de las empresas de compartir parte de su riqueza con la sociedad. Esta forma de pensar daría lugar a lo que más tarde se conocerá como filantropía corporativa. Hoy casi todas las grandes compañías, y muchas de las medianas, tienen diferentes programas en este ámbito.

 

La filantropía corporativa es beneficiosa para la imagen de las empresas, demostrando la preocupación de estas por la sociedad pero sus efectos no son significativos sobre la misma. Se apoya financieramente a organizaciones y causas que lo merecen, pero esa generosidad es incapaz de marcar grandes diferencias.

 

Muchos líderes empresariales creen que esta filantropía es necesaria, pero insuficiente; siguen teniendo claro que hay que continuar reflexionando sobre el rol de las empresas en la sociedad. Si destinar dinero a causas sociales se revela como insuficiente, ¿cómo conseguir que los negocios sean más respetados de lo que lo son hoy en muchas partes del mundo?

 

Como respuesta a este interrogante, una nueva generación de pensadores resaltaba las bondades de la Responsabilidad Social Corporativa como una actividad destinada a elevar la involucración empresarial en la sociedad. Si aportar dinero ya no era suficiente, había que elevar la participación de las empresas en la sociedad, pasando de la teoría a la práctica.

 

Para conseguirlo, lo primero que había que hacer era cumplir con los estándares éticos, ya que a nadie se le escapaba cuantas empresas han cometido equivocaciones en este terreno, cuyas consecuencias han enturbiado la reputación empresarial.

 

La RSC es cada vez más importante. Las compañías deben seguir prestando especial atención en este ámbito, porque aún hay muchas empresas que aparecen en primera plana a causa de su mala gestión, impactando negativamente al resto del sector. Afortunadamente, las compañías implementan hoy programas cada vez más definidos y rigurosos que se ajustan a los requisitos legales y éticos.

 

Hasta hace unos años, otorgar a las empresas atribuciones diferentes a las puramente económicas se veía con escepticismo desde los grupos de poder

 

Conseguir que los negocios sean una fuerza que ayude a mejorar la sociedad es el asunto más urgente que deben acometer las empresas actuales

 

La RSC se asocia hoy al paradigma del comportamiento correcto de los ciudadanos, a la colaboración activa con las entidades locales y al apoyo decidido a las instituciones públicas en sus necesidades, entre otras cosas. Todo ello ha sido construido sobre la base de pensamiento que afirma que la sostenibilidad es crítica. No podemos, por obtener más beneficios hoy, poner en peligro el mañana.

 

Pero, ¿es la RSC la única respuesta?

Básicamente, la RSC consiste en implementar las prácticas necesarias para tratar de mitigar los diferentes riesgos que acechan a las compañías, reduciendo los impactos negativos, aumentando la reputación y generando confianza del consumidor en la marca.

 

No obstante, a través de nuestras investigaciones, hemos llegado a la conclusión de que la RSC no es capaz, por sí sola, de resolver los problemas sociales y necesidades existentes. La RSC no soluciona los problemas de salud, de nutrición o las dificultades de la infancia o de los refugiados. Si bien la RSC es positiva, no tiene suficiente poder como para producir cambios importantes. De hecho, ¡y afortunadamente nos hemos dado cuenta!, la mayor fuerza de la que dispone la sociedad para enfrentarse a sus problemas es la fuerza de las empresas actuando como tales, a esta fuerza la hemos definido como Shared Value, que es la creación de valor compartido.

 

En el ámbito del management existen numerosos ejemplos sobre cómo las empresas y la sociedad pueden generar sinergias. Es más, en los últimos años han surgido movimientos como el capitalismo consciente o el capitalismo inclusivo que defienden la inexistencia de un conflicto inherente entre los negocios y la sociedad. De hecho, creen que sociedad y capitalismo puede alinearse, si bien aún carecemos de un pensamiento sistemático para ponerlo en práctica.

 

¿Cómo se integra impacto social y compromiso social en las estrategias empresariales?

 

Este es uno de los principales problemas a los que se enfrentan hoy los departamentos de RSC. Según la teoría del valor compartido, el impacto social más profundo se consigue si se actúa sobre una necesidad, un déficit o un problema social a través de un modelo de negocio. Es decir, solucionar un problema obteniendo beneficios.

 

Este procedimiento es tan poderoso porque nos retrotrae a la “magia” del capitalismo: Si una empresa es capaz de cubrir una necesidad obteniendo beneficios, puede hacerlo de forma escalable, algo que no pueden hacer ni los gobiernos ni las ONG, ¡algo que sólo las empresas pueden hacer!

 

Este planteamiento es una forma sostenible de enfrentarse a los problemas; se puede conseguir obtener un proceso de mejora continua al tiempo que se ejerce un impacto sustancial sobre los problemas, de una forma difícilmente alcanzable por el resto de instituciones sociales.

 

El ejemplo de Firetrade

Hemos llegado al convencimiento de que, si realmente queremos tener impacto, esta es la forma más adecuada de actuar. Los problemas sociales en el mundo empresarial no deben ser vistos como algo periférico, sino como algo que afecta al propio negocio. Sin embargo, aún nos enfrentamos a mucha ambigüedad en este ámbito.

 

Fairtrade es un ejemplo clásico de cómo responder ante un problema social. Se trata de un movimiento que empodera a los productores y trabajadores agrícolas defendiendo sus derechos ante la distribución global. En origen, esta empresa defendía los derechos de pequeños agricultores que producían materias primas como cacao o café para las cadenas de suministro, quienes abusaban de su posición dominante. Pagaban poco por la materia prima y después obtenían grandísimos beneficios por su venta. El objetivo era conseguir precios razonables para los agricultores, mientras que las compañías obtenían una certificación de que sus productos procedían del comercio justo. Los resultados fueron excelentes y el número de clientes de productos de este tipo sigue en continuo crecimiento.

 

Ahora bien, ¿definiríamos este movimiento cómo filantropía, RSC o valor compartido?

 

Esencialmente, se pagaba más al granjero por hacer lo mismo. Y ello generaba una redistribución de los ingresos pero sustancialmente no cambiaba nada más, por lo que se podría decir que era un movimiento básicamente filantrópico.

 

“Los gobiernos y las ONGs carecen de herramientas y recursos para enfrentarse a todos los problemas sociales La capacidad de los negocios para crear riqueza puede ser utilizada por otras instituciones para realizar acciones sociales”

 

Sin embargo, con el tiempo, se ha producido un importante cambio, naciendo un modelo de negocio diferente: ahora, las multinacionales financian (o facilitan la financiación) de la compra de fertilizantes, de riego artificial o de métodos para mejorar la calidad del producto, mejorando así la productividad por hectárea.

 

Los agricultores ganan significativamente más, no gracias a la filantropía sino al incremento de la productividad de sus campos y el precio de sus productos (gracias a la mejor calidad). Además, lo aprendido puede aplicarse a otras producciones agrícolas, generando un círculo virtuoso.

 

Si bien en un principio, las empresas pusieron en marcha este proceso para solucionar su problema del abastecimiento, el impacto ha sido increíble, no sólo para ellas sino también para los agricultores. Lo importante de este proceso es que fué alumbrado desde una perspectiva de negocio un ejemplo de lo que significa el Shared Value.

 

Negro sobre blanco

Cuando uno desea impactar positivamente en la sociedad, lo primero que debe hacer es clarificar cómo. Nuestra aportación puede ser filantrópica, un tipo de aportación que siempre será buena; lo mismo si deseamos poner en marcha acciones de RSC que además siempre elevan el listón ético.

 

 

“La filantropía corporativa es buena, pero no tiene efectos importantes ni genera grandes cambios”

 

“Ahora bien, si decidimos solucionar un problema social desde la perspectiva empresarial, aplicando Shared Value, el impacto generado será ¡sostenible y escalable!”

 

Por las características expuestas, esta forma de actuar se está transformado en una tendencia global, cada vez más practicada por las compañías. No es una actividad sustitutiva de la RSC; es una acción nueva que la complementa, mejorando el rendimiento de las empresas que la practican.

 

SI antes las multinacionales no se planteaban como obligación colaborar con los agricultores y únicamente iban a los mercados para realizar las compras, esta nueva forma de actuar ahora descubre beneficios para toda la cadena de valor.

 

Ahora bien, ¿qué genera estas oportunidades de valor compartido? ¿Ocurren estas con frecuencia?

 

Tradicionalmente, para el mundo de la empresa, adentrarse en este tipo de disquisiciones siempre ha sido considerado como adentrarse en una política de “compensaciones”.

 

“Según la teoría del valor compartido, el impacto social más profundo se consigue al tratar un problema social a través de un modelo de negocio que genere una estructura escalable y sostenible Aportar dinero no es suficiente. Es necesario aumentar la participación de las empresa en la sociedad”

 

Personalmente, y desde una perspectiva esencialmente económica, pienso que los negocios generan muchas externalidades a la sociedad. Si por ejemplo consideramos la contaminación, estaremos de acuerdo que cuando una compañía contamina, genera un gasto social. Por lo tanto, esa contaminación ha de ser “controlada”, ya sea regulando los niveles, prohibiendo las emisiones, o creando incentivos para que las empresas reduzca sus emisiones.

 

SI la contaminación es el fruto de una utilización ineficiente de los recursos, reducir el impacto ambiental mejorará los resultados y la calidad del producto producido por la empresa. Lo que en un principio era visto como un coste (hacer crecer hacia la eco-eficiencia) termina por generar ahorro de energía, aportando todo tipo de beneficios al negocio. Lo mismo al ocurre cuando se incrementa la seguridad en unas instalaciones.

 

Históricamente, siempre se ha creído que ser socialmente responsable era caro, y por ello el mundo empresarial se ha mostrado contrario a las regulaciones. Cierto es que muchas de estas pautas son innecesarias o inefectivas, pero son muchas las que contribuyen a crear un entorno beneficioso para el desarrollo de la actividad empresarial. Aún así, y a pesar de todo, algunas compañías prefieren ignorar las reglas, algo que produce un importante perjuicio a la comunidad.

 

 

sábado, 6 de febrero de 2021

Ser femeninos para comunicar mejor - Arturo Merayo


 

Ser femeninos para comunicar mejor

Opinión de expertos: Arturo Merayo.

Fuente: Cinco Días

Hoy es imposible consolidar una sólida reputación corporativa si se prescinde de webs, blogs y perfiles sociales. A estas alturas, debería estar claro que la reputación digital ya no es para las empresas, marcas e instituciones algo menor u optativo a lo que se llega cuando se puede y en lo que se invierte cuando sobra. Los mensajes corporativos en los entornos digitales, la generación de contenidos, el seguimiento y la escucha de los seguidores, las conversaciones con ellos, el posicionamiento de la marca y la gestión de las crisis de comunicación tienen hoy mucho que ver con cómo se adquiere reputación en los entornos digitales.

 

“En las redes sociales, funcionan bien las imágenes positivas, la curiosidad, la alegría, el respeto mutuo, incluso el afecto y el cariño… Funcionan mal el desprecio, la mala educación, las actitudes prepotentes, el dogmatismo o el derrotismo”

 

 

Esta se construye atendiendo a tres ámbitos fundamentales: el primero es la visibilidad, es decir, qué huella y rastro digital es capaz de generar la organización; el segundo, cómo se contribuye al proceso de comunicación y qué valoración hacen los demás miembros de la red de esa aportación; y el tercer mecanismo de construcción de confianza es el grado de recomendación directa que promueven los restantes miembros de la red de comunicación.

 

Tres principios esenciales: diálogo, emoción y naturalidad

 

Para comunicar con eficacia en los entornos digitales hay que tener siempre muy presentes tres principios esenciales:

 

Las redes sociales no funcionan según los tradicionales esquemas de la publicidad masiva, puesto que en ellas no se trata de percutir machaconamente sino de escuchar y participar en un diálogo respetuoso e igualitario. Tener más dinero ya no es garantía de poder llevar la voz cantante, porque la organización no es en las redes más que cualquiera de sus seguidores. El dinero ya no compra el tiempo de atención de los demás ni su conexión emocional; no garantiza que funcione el boca a oreja acerca de un determinado mensaje, así que tampoco es capaz de asegurar la capacidad de influencia o la de prescripción. Es decir, en el entorno digital disponer de mucho dinero no garantiza necesariamente ni la credibilidad ni la reputación corporativa.

 

Por tanto, aunque haya que adaptar el mensaje a las etiquetas y formatos específicos de cada red social, canal y dispositivo, la presencia en los nuevos medios de comunicación exige escuchar con respeto, participar con amabilidad y ayudar en las conversaciones, aportando contenidos de verdadero interés para la comunidad; después –solo después– se estará en condiciones de pedir algo a cambio.

 

El segundo principio esencial es comunicar de tal modo que se produzca un encuentro natural capaz de generar vinculación y compromiso (engagement), para lo que resulta muy útil que el mensaje tenga que ver con o suscite experiencias emocionales: en las redes sociales funcionan bien las imágenes positivas, la curiosidad, el asombro, la sorpresa, la incertidumbre, la alegría, la esperanza, la amabilidad, el respeto mutuo, incluso el afecto y el cariño… Funcionan mal el enfado, el desprecio, la mala educación, las actitudes prepotentes, el dogmatismo, el derrotismo, la falta de entusiasmo…

 

Finalmente, en las redes sociales hay que atreverse a comunicar con nuestro estilo de comunicación natural. Si caemos en la tentación de exagerar nuestra máscara social –idealizando nuestros méritos o pregonando excesivamente nuestros éxitos– o si impostamos un modo de comunicar ajeno a lo que habitualmente somos (en el caso

 

de las organizaciones su identidad corporativa), resultará más difícil conectar con otros usuarios. Esta autenticidad es especialmente importante en el caso de las empresas, marcas e instituciones, pues a menudo cometen el error de refugiarse en un estilo de comunicación excesivamente institucional, estereotipado, a veces demasiado encorsetado y sin frescura, y en otras ocasiones demasiado espectacular y rotundo, con tics propios de la publicidad de los medios masivos.

 

Sea femenino: comparta emociones

El concepto clave, por tanto, en cualquier diálogo digital es compartir emociones. Y en esto da igual que se trate de un perfil individual o corporativo. Compartimos los proyectos en los que trabajamos, las ideas que tenemos, los productos, las presentaciones, los eventos, las opiniones, las lecturas, los vídeos, las tiendas que visitamos, lo que comemos, compartimos dónde estamos y cómo nos sentimos. Y compartimos todo ello envuelto en emociones, porque en las redes sociales la información conceptual y racional se viraliza con dificultad.

 

“La reputación en los entornos digitales se construye atendiendo a tres ámbitos fundamentales: la visibilidad, la contribución al proceso de comunicación y la valoración que de esa aportación hacen los miembros de la red, y el grado de recomendación directa que estos promueven”

 

¿Y a quién se le da mejor compartir las emociones? Pues a las mujeres. Hay suficiente literatura científica que lo evidencia. Así que mi recomendación para los varones es esta: saque usted su lado femenino; no se avergüence de mostrarlo en su comunicación digital, porque probablemente va a servirle de utilísimo salvoconducto para moverse con eficacia en este proceloso territorio. Ya sé que la cultura y la sociedad en la que hemos sido educados presionan mucho en sentido contrario, pero yo creo que conviene hacer el esfuerzo y reconciliarse con ese lado maravilloso de nuestra personalidad. Y alguien podría estarse preguntando: ¿Y tú recomendación para las mujeres? Mi recomendación para las mujeres es fácil de entender, pero difícil de vivir: tened paciencia; los varones no podemos luchar contra seiscientos mil años de biosociología simplemente colgando unos cuantos tuits; nos va a llevar algo más de tiempo y –atentas, porque esto no nos lo oís a menudo– necesitamos vuestra comprensión.

 

En su obra El cerebro femenino, la reconocida investigadora Louann Brizendine, explica que las mujeres están mejor dotadas para la comunicación verbal, no verbal y emocional. En términos generales, el cerebro femenino tiene un 10% más de neuronas en las áreas dedicadas al lenguaje y al oído; por eso ellas comienzan a hablar antes que los niños, desarrollan antes las facultades para el contacto visual y para el reconocimiento facial, adquieren más rápido más vocabulario, reconocen un mayor espectro de sonidos y, cuando son adultas, pronuncian al cabo del día más del doble de palabras que los varones. Las mujeres son también más diestras para la empatía, porque disponen de un número superior de neuronas espejo, con lo que les resulta más fácil ponerse en la piel de la persona con la que se comunican. En resumen, el territorio de la comunicación es básicamente femenino; así lleva siéndolo desde que bajamos de los árboles.

 

De hecho, las relaciones emocionales proporcionan a las mujeres mayor placer que a los hombres, porque su cerebro está gobernado por estrógenos que provocan que la conexión emocional aumente los niveles de dopamina y oxitocina. La testosterona varonil disminuye el interés por el trato social y la conversación. Otra diferencia: la autoestima en los hombres tiene relación con la capacidad de ser independientes; la de las mujeres, con la de establecer y conservar relaciones afectuosas con los demás. Quizá todo esto tenga relación con el hecho de que los trastornos de relación social, como el síndrome de Asperger o el autismo, sean ocho veces más frecuentes entre los hombres que entre las mujeres.

 

“Las relaciones emocionales proporcionan a las mujeres mayor placer que a los hombres, porque su cerebro está gobernado por estrógenos que provocan que la conexión emocional aumente los niveles de dopamina y oxitocina. La testosterona varonil disminuye el interés por el trato social y la conversación”

 

Por todo ello, en las redes sociales las mujeres, en términos generales, están más cómodas que los hombres. Más nos vale a los varones que aprendamos de la habilidad de las mujeres para comunicar y particularmente para establecer conexiones emocionales. Y la razón es clara: las redes sociales recompensan a quienes se relacionan con más personas, de manera más natural y cercana, o más rica y emocionalmente. El premio lo otorgan en forma de visibilidad, protagonismo, reconocimiento social, credibilidad, confianza, prestigio y reputación. Por cierto, ¿hay alguna empresa, marca o institución a la que este premio le parezca poco interesante?

 

El premio por relacionarse de manera más cercana y emocional se otorga en forma de visibilidad, protagonismo, reconocimiento social, credibilidad, confianza, prestigio y reputación

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