De
empresas y negocios
Por: Xavier
Marcet
Presidente
de la consultora Lead to Change
Los mercados pueden ser despiadados,
los negocios también. Pero las empresas, no. Por eso es injusto que
tengan el mismo tratamiento jurídico-fiscal las empresas, comunidades de
personas alrededor de un propósito, que los negocios, artefactos cada vez más
tecnológicos que se apoyan en un ejército de precarios para hacer llegar los productos
a los clientes. Las
empresas deben crear valor corporativo y social, los negocios a menudo
solamente crean especulación.
Vivimos
meses muy complejos para muchas empresas. Se sienten comunidades heridas cuando
les caen los mercados por una fatalidad imprevista. Para muchas ha llegado el
momento de demostrar que es cierto lo que pregonan en sus relatos cuando
proclaman que las personas
están en el centro de la organización. Y algunas lo consiguen. A base de
sacrificios, pero creen que mantener su comunidad profesional vale la pena.
Escuchaba a Aner Garmendia, CEO de EGA Master, explicando lo primero que
hicieron tras la llegada del coronavirus. Reunir a la gente, comunicar que no despedirían a nadie y
que garantizarían los salarios. Uno puede pensar que EGA Master es una
gran multinacional de las herramientas industriales. No lo es. Eso sí, es la
empresa alavesa más internacionalizada que hay. Trabaja en 150 países, pero su
competidor es 200 veces más grande. Su filosofía es cuidar a las personas para que las personas cuiden a
los clientes. EGA Master es una empresa, no es un negocio.
Europa
lo que necesita son más empresas de este tipo. Empresas donde el nombre de las personas cuenta.
Donde la gente sabe quién toma las decisiones y normalmente sabe porqué las
toma. Empresas que sobreviven porque crean valor y que emanan una externalidad
natural que beneficia a su entorno, con un compromiso natural con su gente y su
tierra. El drama de Europa es cuando este perfil de empresas es comprado por
fondos internacionales que cambian los nombres y apellidos por guarismos
codiciosos. Entonces las
empresas pierden la memoria de quién las ayudó a crecer y queriendo aumentar la
rentabilidad a toda costa simplemente pierden el alma. Los nuevos gestores
convierten las empresas en negocios y deja de importarles el arraigo, las
trayectorias, el porqué de las cosas. A veces, los fondos mandan a
alguien que intenta surfear entre las exigencias financieras y las comunidades
de empresa y otras simplemente envían a un controller sin miramientos. Lo que
tienen los controllers es que dan mucha seguridad. Pero a menudo sólo
garantizan una muerte lenta pero segura.
“Las
empresas deben crear valor corporativo y social, los negocios a menudo
solamente crean especulación”.
Europa
necesita empresas arraigadas, con una agenda clara del compromiso con su gente, con una agenda
corporativa y social a la vez. Empresas que basen la competitividad en las
personas y en la tecnología. Empresas a las que no molesten las personas
para ser competitivas, sino todo lo contrario. Cada vez que vendemos esas
empresas que han configurado Europa como un espacio de equilibrio, bajamos un
peldaño. Debemos reaccionar. Necesitamos
renovar la energía emprendedora y crecer. El emprendimiento no es solamente
para autoemplearse o construir empresas micro, necesitamos muchos más proyectos
grandes. Necesitamos
emprendedores ambiciosos a la vez que humildes.
Dentro
de unos años veremos cómo una estupidez que muchas grandes empresas prejubilen
masivamente teniendo como único criterio la edad. El talento no tiene edad. Y el esfuerzo a menudo tampoco. Ya sabemos
de memoria cómo se crean empresas con una silueta atractiva para los inversores
y también sabemos cómo acaban muchas de ellas. El talento de verdad se adapta,
no se queda anquilosado, sabe que el cambio también es una senda individual.
Qué estupidez.
No
quiero hacer management populista. Por experiencia sé que dirigir empresas es
muy difícil. Los desafíos son muy exigentes. A veces son los mercados, a veces
las disrupciones tecnológicas, otras las administraciones que no tienen empatía
ni respeto, otras nosotros mismos cuando tenemos ataques de arrogancia por
éxitos mal digeridos. Sé
que no es fácil y sé que los dilemas de adelgazar una empresa para sobrevivir
son reales y durísimos. Lo sé. Pero también veo empresas que despiden gente que
ha sido un emblema de entrega y de resultados. Simplemente porque cuando
las cosas se ponen cuesta arriba hay directivos que no encuentran más solución
que encargar a un tercero que desde el anonimato redefina estructuras sin
importar las trayectorias que se lleva por delante. Trayectorias que hicieron
crecer la empresa. Las
empresas no pueden vivir del pasado, pero nada las obliga a vivir sin memoria.
Hace
unos años, Donald Trump se hizo muy famoso con el programa de televisión en la
cadena NBC The Apprentice, en el que el magnate evaluaba una serie de
aspirantes a dirigir alguno de sus negocios. La frase que todo el mundo
esperaba en el programa era cuando Trump le espetaba a cualquiera de los
aspirantes “you’re fired”. Usted está despedido. Después en la Casa Blanca,
Trump ha continuado una versión real del concurso que nos ha puesto todos a
temblar. Despedir a gente
sólo puede ser un deporte en un negocio. Nunca en una empresa.
Europa,
para mantener su estado social, necesita todo tipo de artefactos económicos,
negocios, chiringuitos y empresas. Pero aquellas que aguantarán el modelo
social de Europa son las empresas. Esos espacios competitivos con memoria.
Lugares con denominación de origen donde las personas tienen un nombre o un
mote cariñoso. En la época de la inteligencia artificial no podemos dimitir de
la inteligencia natural. Tenemos que redoblarla.
Las empresas viven de los resultados,
como los negocios. Pero las empresas no alcanzan los beneficios a cualquier
precio.
Los negocios a menudo sí. Las empresas son comunidades para durar, para
enfrentar éxitos y fracasos, bonanzas y adversidades. Para ello deben asegurar
que sus responsabilidades críticas estén en manos de gente capaz y
comprometida. En las empresas a menudo se exagera el valor de la promoción y se
dramatiza demasiado el hecho de la reubicación en responsabilidades de menos
visibilidad. El talento en
la empresa deber ser fluido y debe existir más solidaridad interna a la hora de
poner en cada momento a aquellos que pueden dar mejores resultados en los
puestos adecuados. Pero realojar a la gente no significa olvidar sus
contribuciones ni despreciarla. Los mercados pueden ser despiadados, los
negocios también, pero las empresas, no.






