Fuente: El líder 80/20 - Richard Koch
Se
trata de comprender que un pequeño número de sucesos da lugar a la mayoría de
los efectos. Y las consecuencias más numerosas provienen de pocas causas. La
gran mayoría de los efectos se generan a partir de una minoría de causas. La
fuerza del león surge de una pequeña cantidad de esfuerzo y energía.
En
cifras: 80 por ciento de consecuencias derivan de 20 por ciento de causas. 80
por ciento de resultados derivan de 20 por ciento de acciones. 80 por ciento de
resultados derivan de 20 por ciento de esfuerzo. Generalmente, 20 por ciento de
los atletas profesionales obtendrán 80 por ciento —o más— de medallas y
trofeos. Usarás 20 por ciento de tu ropa —o menos— en más de 80 por ciento del
tiempo. Sólo 20 por ciento de los ladrones se apropiarán de 80 por ciento de un
botín. Únicamente 20 por ciento de tus viajes en auto sumarán más de 80 por ciento
del kilometraje total. 20 por ciento de tu tiempo generará más de 80 por ciento
de resultados útiles. Y 20 por ciento de tus decisiones provocarán 80 por
ciento de tus éxitos y de tu felicidad —o lo contrario.
Cuando
reunimos datos y ponemos a prueba el Principio 80/20, por lo regular encontramos
que la mayoría de los resultados provienen de muy pocas acciones.
Lo
sorprendente del Principio es que muy pocas cosas importan, pero las
importantes poseen gran trascendencia. Eso significa que la mayoría de nosotros
no dirige su vida o carrera de modo sensible, porque no reconocemos que muy
pocos actos son determinantes. La vida, en especial en el lugar de trabajo,
conspira para hacernos perseguir numerosos objetivos irrelevantes que drenan
nuestra energía sin darnos lo que en verdad queremos.
El
verdadero valor del Principio es que nos ayuda a identificar esas pocas
actividades que debemos llevar a cabo para conducirnos a grandes resultados.
Seamos
claros: el Principio no es una teoría. Nadie lo soñó. Se llegó a él por medio
de la observación, al examinar la relación entre un número de causas,
expresadas como porcentaje, y otro de resultados, también expresados como
porcentaje. La observación es iluminadora porque encontramos que pocas causas
—aproximaciones, métodos, decisiones, sucesos naturales, productos,
tecnologías, tipos de personas, tipos de acción, o recursos— llevan a
resultados fuera de toda proporción respecto al número de causas o el esfuerzo
invertido.
El
Principio nos permite concentrarnos en causas útiles, desechando inútiles o
triviales que hacen ruido pero sólo llevan a situaciones confusas. No importa
si lo reconocemos o no: todo el progreso (desde la evolución por medio de la
selección natural hasta la última versión del iPad) proviene de experimentos
conscientes o inconscientes donde pocos sucesos inmensamente productivos
triunfan a costa de todo lo demás. Estar al tanto del Principio nos permite
simular, multiplicar y acelerar las cosas que deseamos que sucedan.
Por
ejemplo, como explicó Walter Isaacson en la brillante biografía del fundador de
Apple, Steve Jobs a menudo se concentraba en pocos productos y características esenciales
—las pocas características utilizadas la mayor parte del tiempo— e ignoraba todo
lo demás.[8] En 1997, cuando Jobs fue reinstalado como jefe de Apple, la
compañía estaba cerca de la insolvencia, con un flujo de efectivo que bastaba
para operar sólo cinco semanas.[9] Jobs “comenzó a desechar modelos y
productos. Pronto había descartado 70 por ciento de ellos. ‘Ustedes son gente
brillante’, dijo a un grupo de trabajo. ‘No deben perder el tiempo en productos
basura’”.[10] Y así Apple abandonó todos sus productos no esenciales,
incluyendo impresoras, servidores y el asistente personal digital Newton, con
su imperfecto sistema de reconocimiento de letras. Al concentrarse en 30 por
ciento de los productos que generaban ingresos y restar 70 por ciento de los
que lo drenaban, Jobs salvó la empresa.
Una
vez identificados los productos esenciales, Jobs se dispuso a aplicar el
Principio a las características de los productos. Por ejemplo: ¿por qué fue un
éxito tan grande el iPod? La respuesta es sencilla:
Apple
estudió los reproductores de mp3 y llegó a identificar 20 por ciento de las 20 características
que 80 por ciento de los usuarios utilizaban en realidad, y después se las
arregló para implementar esas características mejor que nadie… Al eliminar gran
cantidad de características inutilizadas y concentrarse en mejorar las que se
utilizaban, Apple fabricó un reproductor de mp3 que superó a la competencia y
que, hasta el día de hoy, es líder intocable en un segmento enorme del
mercado.[11]
Cuando
Apple introdujo el iPhone, muchos comentaristas del producto lo consideraron malo
por carecer de muchas características que Blackberry presumía, como el teclado físico.
Pero esa era la idea, justamente. Cuando se consideró por primera vez la idea
de un teléfono Apple, Jobs dijo: “Nos sentamos a hablar de lo mucho que
odiábamos nuestros teléfonos. Eran demasiado complicados. Tenían
características que nadie comprendía, incluida la agenda. Se trataba de algo
bizantino.”[12] En contraste, el iPhone se concentró en 20 por ciento de las
características que todos utilizaban, más de 80 por ciento del tiempo, logrando
que fueran divertidas y fáciles de usar, presentándolas en un producto que era
más delgado y ligero que cualquier otro teléfono de la competencia.
Incluso
así, muchos críticos aventuraron que el iPhone sería un desastre debido a su costo
de 500 dólares. “Se trata del teléfono más caro del mundo”, dijo el director
general de Microsoft, Steve Ballmer, en el canal CNBC, “y no atrae a los
clientes corporativos por no tener teclado”.[13] Hasta cierto punto, las
reservas de Ballmer estaban determinadas por las cifras de ventas: al término
de 2011 se habían vendido cerca de 100 millones de iPhones, dando a Apple sólo
4 por ciento del mercado global de teléfonos celulares. No obstante, al vender
ese número relativamente bajo de productos a un precio relativamente alto,
Apple obtuvo ganancias equivalentes a más de 50 por ciento de las utilidades
totales de los fabricantes de teléfonos celulares (un patrón 4/50).[14]
El
Principio funciona no sólo en el caso de los productos y sus características,
sino respecto a clientes, actividades, tiempo que estamos en el trabajo y fuera
de éste, e incluso a salud y felicidad. Por ejemplo, pregúntate qué amistad
valoras más, la de los amigos que probablemente son pocos —ciertamente menos de
20 por ciento del total—, pero contribuyen a la mayor parte de la felicidad y
el significado de tu vida, o la de los demás. No obstante, lo triste es que la
mayor parte de nosotros pasamos mucho más tiempo con amigos, vecinos y
conocidos que resultan marginales, si se les compara con las pocas personas que
sí trascienden. De manera semejante, si preguntas a alguien sobre las molestias
que hacen miserable su vida, es muy posible que obtengas una lista muy breve de
factores. ¿No es triste que no actuemos de modo decidido para librarnos de los pocos
motivos de infelicidad?
Cuando
identificamos las pocas cuestiones vitales que nos hacen felices y son útiles, el
Principio nos permite reproducir, multiplicar y acelerar la llegada de lo que
deseamos ocurra. Y nos muestra cómo eliminar la mayor parte del ruido que nos
hace correr en círculos.