lunes, 11 de octubre de 2021

¿Qué es el Principio 80/20?



 Fuente: El líder 80/20 - Richard Koch

Se trata de comprender que un pequeño número de sucesos da lugar a la mayoría de los efectos. Y las consecuencias más numerosas provienen de pocas causas. La gran mayoría de los efectos se generan a partir de una minoría de causas. La fuerza del león surge de una pequeña cantidad de esfuerzo y energía.

En cifras: 80 por ciento de consecuencias derivan de 20 por ciento de causas. 80 por ciento de resultados derivan de 20 por ciento de acciones. 80 por ciento de resultados derivan de 20 por ciento de esfuerzo. Generalmente, 20 por ciento de los atletas profesionales obtendrán 80 por ciento —o más— de medallas y trofeos. Usarás 20 por ciento de tu ropa —o menos— en más de 80 por ciento del tiempo. Sólo 20 por ciento de los ladrones se apropiarán de 80 por ciento de un botín. Únicamente 20 por ciento de tus viajes en auto sumarán más de 80 por ciento del kilometraje total. 20 por ciento de tu tiempo generará más de 80 por ciento de resultados útiles. Y 20 por ciento de tus decisiones provocarán 80 por ciento de tus éxitos y de tu felicidad —o lo contrario.

Cuando reunimos datos y ponemos a prueba el Principio 80/20, por lo regular encontramos que la mayoría de los resultados provienen de muy pocas acciones.

Lo sorprendente del Principio es que muy pocas cosas importan, pero las importantes poseen gran trascendencia. Eso significa que la mayoría de nosotros no dirige su vida o carrera de modo sensible, porque no reconocemos que muy pocos actos son determinantes. La vida, en especial en el lugar de trabajo, conspira para hacernos perseguir numerosos objetivos irrelevantes que drenan nuestra energía sin darnos lo que en verdad queremos.

El verdadero valor del Principio es que nos ayuda a identificar esas pocas actividades que debemos llevar a cabo para conducirnos a grandes resultados.

Seamos claros: el Principio no es una teoría. Nadie lo soñó. Se llegó a él por medio de la observación, al examinar la relación entre un número de causas, expresadas como porcentaje, y otro de resultados, también expresados como porcentaje. La observación es iluminadora porque encontramos que pocas causas —aproximaciones, métodos, decisiones, sucesos naturales, productos, tecnologías, tipos de personas, tipos de acción, o recursos— llevan a resultados fuera de toda proporción respecto al número de causas o el esfuerzo invertido.

El Principio nos permite concentrarnos en causas útiles, desechando inútiles o triviales que hacen ruido pero sólo llevan a situaciones confusas. No importa si lo reconocemos o no: todo el progreso (desde la evolución por medio de la selección natural hasta la última versión del iPad) proviene de experimentos conscientes o inconscientes donde pocos sucesos inmensamente productivos triunfan a costa de todo lo demás. Estar al tanto del Principio nos permite simular, multiplicar y acelerar las cosas que deseamos que sucedan.

Por ejemplo, como explicó Walter Isaacson en la brillante biografía del fundador de Apple, Steve Jobs a menudo se concentraba en pocos productos y características esenciales —las pocas características utilizadas la mayor parte del tiempo— e ignoraba todo lo demás.[8] En 1997, cuando Jobs fue reinstalado como jefe de Apple, la compañía estaba cerca de la insolvencia, con un flujo de efectivo que bastaba para operar sólo cinco semanas.[9] Jobs “comenzó a desechar modelos y productos. Pronto había descartado 70 por ciento de ellos. ‘Ustedes son gente brillante’, dijo a un grupo de trabajo. ‘No deben perder el tiempo en productos basura’”.[10] Y así Apple abandonó todos sus productos no esenciales, incluyendo impresoras, servidores y el asistente personal digital Newton, con su imperfecto sistema de reconocimiento de letras. Al concentrarse en 30 por ciento de los productos que generaban ingresos y restar 70 por ciento de los que lo drenaban, Jobs salvó la empresa.

Una vez identificados los productos esenciales, Jobs se dispuso a aplicar el Principio a las características de los productos. Por ejemplo: ¿por qué fue un éxito tan grande el iPod? La respuesta es sencilla:

Apple estudió los reproductores de mp3 y llegó a identificar 20 por ciento de las 20 características que 80 por ciento de los usuarios utilizaban en realidad, y después se las arregló para implementar esas características mejor que nadie… Al eliminar gran cantidad de características inutilizadas y concentrarse en mejorar las que se utilizaban, Apple fabricó un reproductor de mp3 que superó a la competencia y que, hasta el día de hoy, es líder intocable en un segmento enorme del mercado.[11]

Cuando Apple introdujo el iPhone, muchos comentaristas del producto lo consideraron malo por carecer de muchas características que Blackberry presumía, como el teclado físico. Pero esa era la idea, justamente. Cuando se consideró por primera vez la idea de un teléfono Apple, Jobs dijo: “Nos sentamos a hablar de lo mucho que odiábamos nuestros teléfonos. Eran demasiado complicados. Tenían características que nadie comprendía, incluida la agenda. Se trataba de algo bizantino.”[12] En contraste, el iPhone se concentró en 20 por ciento de las características que todos utilizaban, más de 80 por ciento del tiempo, logrando que fueran divertidas y fáciles de usar, presentándolas en un producto que era más delgado y ligero que cualquier otro teléfono de la competencia.

Incluso así, muchos críticos aventuraron que el iPhone sería un desastre debido a su costo de 500 dólares. “Se trata del teléfono más caro del mundo”, dijo el director general de Microsoft, Steve Ballmer, en el canal CNBC, “y no atrae a los clientes corporativos por no tener teclado”.[13] Hasta cierto punto, las reservas de Ballmer estaban determinadas por las cifras de ventas: al término de 2011 se habían vendido cerca de 100 millones de iPhones, dando a Apple sólo 4 por ciento del mercado global de teléfonos celulares. No obstante, al vender ese número relativamente bajo de productos a un precio relativamente alto, Apple obtuvo ganancias equivalentes a más de 50 por ciento de las utilidades totales de los fabricantes de teléfonos celulares (un patrón 4/50).[14]

El Principio funciona no sólo en el caso de los productos y sus características, sino respecto a clientes, actividades, tiempo que estamos en el trabajo y fuera de éste, e incluso a salud y felicidad. Por ejemplo, pregúntate qué amistad valoras más, la de los amigos que probablemente son pocos —ciertamente menos de 20 por ciento del total—, pero contribuyen a la mayor parte de la felicidad y el significado de tu vida, o la de los demás. No obstante, lo triste es que la mayor parte de nosotros pasamos mucho más tiempo con amigos, vecinos y conocidos que resultan marginales, si se les compara con las pocas personas que sí trascienden. De manera semejante, si preguntas a alguien sobre las molestias que hacen miserable su vida, es muy posible que obtengas una lista muy breve de factores. ¿No es triste que no actuemos de modo decidido para librarnos de los pocos motivos de infelicidad?

Cuando identificamos las pocas cuestiones vitales que nos hacen felices y son útiles, el Principio nos permite reproducir, multiplicar y acelerar la llegada de lo que deseamos ocurra. Y nos muestra cómo eliminar la mayor parte del ruido que nos hace correr en círculos. 




 

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