La vacuna de Pfizer/BioNTech ha devuelto la esperanza al obtener resultados preliminares de eficacia del 90%. Pero el fármaco requiere temperaturas muy bajas de conservación que ponen a prueba los sistemas logísticos
Por: Gonzalo López Sánchez
(…) De hecho, tras la aprobación de una vacuna por parte de la
autoridad competente, son necesarios meses de preparación para construir las
bases de datos en las que estarán los individuos a vacunar. También es necesario asegurar el suministro
y la operación de grandes centros de vacunación, o bien de instalaciones más
pequeñas que cubran mejor el territorio. Los retos logísticos son inimaginables,
sobre todo cuando se pretende vacunar a una parte importante de la población.
Pfizer ha
asegurado que podrá producir 50 millones de dosis de su vacuna en 2020 y hasta
1.300 millones en 2021. Puede parecer mucho, pero se estima que la quinta parte
de los 7.800 millones de habitantes del planeta están en riesgo de padecer la
Covid-19 severa y, por tanto, de necesitar una inoculación.
Además de
esto, el candidato a vacuna más avanzado en su desarrollo, es también el más
difícil de distribuir. Se espera que
la FDA («Food and Drug Administration») autorice la vacuna de Pfizer/BioNTech
en cuestión de tres semanas, pero sus responsables se enfrentan ahora a un reto
considerable, porque su vacuna ha de
conservarse a una temperatura de entre -70 y -80 ºC.
«No
es imposible, pero mantener una cadena de frío con esos requisitos es
complicado, especialmente si se pretende distribuir la vacuna en una zona poco
poblada o con malas comunicaciones», ha explicado Jaime Pérez, vocal de la
Asociación Española de Vacunología.
De hecho, esta semana la
Organización Panamericana de la Salud (OPS) alertó de que ningún sistema de
salud del mundo está preparado para cubrir las necesidades de almacenamiento y
transporte de la cadena de frío de una vacuna ultraenfriada, y recordaba
que ninguna otra vacuna utilizada comparte estas características. No obstante,
sí hay vacunas aprobadas, como Ervebo,
frente al virus ébola, que requieren temperaturas muy bajas, de -60 a -80 ºC, y
que pueden conservarse en nevera un máximo de 14 días.
«Si
los países van a utilizar esas vacunas tendrán que preparase. Las otras vacunas
que están en fase 3 sí se pueden manejar en las cadenas de frío que encontramos
hoy en cualquier país», ha advertido Jarbas Barbosa, subdirector de la OPS.
Pfizer está en proceso de establecer acuerdos bilaterales con varios países
para reforzar las capacidades de transporte y de los almacenes centrales.
Cuanto más
baja sea la temperatura de conservación, más exigente es la distribución. Lo
ideal es que el fármaco se conserve a temperatura ambiente o que baste con una
nevera y temperaturas de 2 a 8ºC.
El próximo paso son los congeladores, con temperaturas de -20ºC, y lo más
extremo y difícil de lograr es la ultracongelación, con temperaturas de -70 a
-80 ºC.
El
enemigo de la vacuna: las «ARNasas»
La causa de estos exigentes requisitos está en unas enzimas muy abundantes
en la naturaleza y que se llaman «ARNasas». Están presentes en multitud de
bacterias y facilitan la degradación del
ARN, el ácido nucleico en el que se basa la vacuna de Pfizer y BioNTech. «Se
degrada realmente rápido, mucho más que el ADN o las proteínas, como se puede
comprobar en cualquier laboratorio», ha explicado Javier Burgos, doctor en
biología molecular que ha trabajado en el desarrollo de fármacos.
La solución
es bajar la temperatura de conservación para ralentizar las reacciones
químicas. Por eso, Pfizer ha diseñado una ambiciosa cadena de suministro y
distribución capaz de repartir cientos de millones de dosis por todo el mundo
muy rápidamente. Por ello no sorprende que tanto el desarrollo de la vacuna
como el de la cadena logística le haya costado a la empresa unos 2.000 millones
de dólares (al cambio, unos 1.700 millones de euros).
La
larga cadena de distribución
La cadena empieza en centros de distribución situados en Kalamazoo
y Michigan (en Estados Unidos) y en Puurs, Bélgica, donde Pfizer cargará
contenedores refrigerados para llenar unos 24 camiones al día, según informa
«The Washington Post». En Michigan la
compañía ya ha preparado 350 grandes congeladores, en un área similar a la de
un campo de fútbol americano, y también cuenta con varios centros logísticos
auxiliares repartidos por Europa.
La compañía
cuenta con enviar 7,6 millones de dosis diarias a aeropuertos cercanos, que se
embarcarían en alrededor de 20 aviones al día de empresas de transporte, hasta
puntos cercanos a los centros de vacunación, como grandes hospitales y centros
médicos. En total, el transporte no debe llevar más de tres días, por término
medio. No obstante, dado que la vacuna requiere inyectar dos dosis, separadas
por 21 días, se hace necesario repetir el envío para completar la vacunación.
Para poder trasladar y conservar las vacunas en congeladores
convencionales, Pfizer ha desarrollado
un envase reutilizable capaz de preservar las temperaturas ultrafrías hasta 10
días en congeladores y cinco en neveras. Cada caja contiene entre 1.000 y
5.000 viales y hielo seco o hielo de dióxido de carbono, para preservar la
temperatura.
Para asegurar
que la cadena de frío no se rompe y que las vacunas no se quedan inservibles,
cada caja está seguida por GPS y cuenta con termómetros para registrar las
temperaturas.
Los expertos consideran que el punto más vulnerable de la larga cadena de transporte se producirá cerca del destino final, cuando las vacunas se muevan en lotes más pequeños.
