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La adquisición de Bembos abrió una etapa de expansión, integración y búsqueda de sinergias. Sin embargo, las decisiones orientadas a reducir costos y acelerar el crecimiento terminaron afectando el sabor, el servicio, la motivación de los trabajadores y la relación emocional construida con los clientes.
Durante décadas, Bembos representó algo más que una cadena de hamburguesas. Para miles de consumidores peruanos, la marca estaba asociada con un sabor reconocible, productos contundentes, locales llamativos y una personalidad irreverente que la diferenciaba de las grandes franquicias internacionales.
Su historia había comenzado el 11 de junio de 1988, cuando dos jóvenes empresarios abrieron el primer establecimiento en Miraflores. En ese momento, el consumo de hamburguesas todavía no estaba completamente desarrollado en el Perú y las principales cadenas extranjeras aún no dominaban el mercado nacional.
La propuesta combinó carne cocida al carbón, sazón adaptada al paladar peruano, hamburguesas de gran tamaño, ambientes modernos y un servicio que buscaba convertir la visita en una experiencia. El éxito permitió abrir un segundo local en San Isidro en 1990 y continuar una expansión que terminaría colocando a Bembos como una de las marcas más reconocidas del país.
Cuando las grandes cadenas internacionales llegaron al Perú, Bembos ya tenía una identidad propia. La competencia no debilitó inicialmente su posición; por el contrario, impulsó a la empresa a innovar y mejorar sus procesos. Para 2013, según cálculos de la propia compañía, poseía aproximadamente el 50% del mercado formado por las principales cadenas de hamburguesas.
Sin embargo, pocos años después de su adquisición por el grupo empresarial que formó Nexus Group Restaurants, la organización comenzó a experimentar una crisis que no se explicaba únicamente por la competencia. El verdadero problema se encontraba dentro de la empresa: las decisiones tomadas para crecer y reducir costos habían comenzado a debilitar aquello que hacía especial a la marca.
Una adquisición que cambió la escala del negocio
Nexus adquirió Bembos en 2011 por una cifra cercana a los US$40 millones. La operación fue el punto de partida para construir un gran conglomerado gastronómico capaz de competir con Delosi, el principal operador de franquicias internacionales en el Perú.
Bembos aportó mucho más que su nombre. También entregó una planta de producción, una red logística, proveedores, experiencia operativa y una estructura de servicios administrativos que sirvió como plataforma para desarrollar otras marcas.
Durante 2012, el grupo amplió rápidamente su portafolio. Lanzó Don Belisario, adquirió la representación de China Wok, inició la operación de Popeyes e incorporó Dunkin’ Donuts y Papa John’s.
Al finalizar ese año, Nexus Group Restaurants gestionaba seis marcas. La expansión ofrecía oportunidades evidentes: realizar compras conjuntas, compartir recursos, aprovechar rutas de distribución y mejorar la posición del grupo dentro de los centros comerciales.
Pero detrás de esas posibilidades también aparecía un enorme desafío. Una estructura creada originalmente para atender a Bembos debía dar soporte a múltiples negocios, cada uno con productos, operaciones, proveedores y necesidades diferentes.
La empresa intentó conseguir eficiencias sin ampliar al mismo ritmo los equipos encargados de sostener el crecimiento. La organización se hizo más grande, pero varias capacidades operativas permanecieron prácticamente iguales.
El sabor comenzó a cambiar
Después de la adquisición, la empresa revisó sus costos de producción y estableció como objetivo reducirlos en 10%. Para alcanzar esa meta, buscó nuevos proveedores de carne y de insumos utilizados en la preparación de las salsas.
El cambio produjo consecuencias que fueron mucho más allá del ahorro esperado.
Entre 2012 y 2013, los consumidores comenzaron a percibir que la hamburguesa ya no tenía el mismo sabor. La modificación de los insumos afectó directamente la receta que había sostenido la promesa de Bembos durante años.
En un restaurante, un proveedor no representa solamente una cifra dentro de una negociación. La carne, el pan, las papas y las salsas son parte de la experiencia que recibe el cliente. Una reducción de costos puede convertirse en una pérdida de valor cuando modifica las características que el consumidor reconoce y aprecia.
La decisión produjo malestar en los locales y comentarios negativos en las redes sociales. Para una marca que había construido su reputación alrededor del sabor peruano, la alteración del producto significaba cuestionar su propia identidad.
En 2015, la empresa puso en marcha el programa “Tu Bembos de siempre”, orientado a recuperar la receta, el sabor y la calidad que los clientes recordaban. Se actualizaron manuales operativos, se revisaron proveedores y se reforzó el control de los insumos enviados a las tiendas.
La recuperación demostró que el problema no estaba solamente en vender hamburguesas, sino en cumplir la promesa que había convertido a Bembos en una marca querida.
De 7,000 a 32,000 productos en el centro de distribución
La expansión del grupo también generó una transformación abrupta en la cadena de suministro.
El sistema logístico que antes atendía principalmente a Bembos pasó a recibir y distribuir productos para las diferentes marcas de Nexus Group Restaurants. La cantidad de unidades de almacenamiento aumentó de aproximadamente 7,000 a 32,000 en un solo año.
El centro de distribución no tenía suficiente espacio, organización ni sistemas de información para manejar esa nueva complejidad. Las tiendas comenzaron a sufrir quiebres de inventario y, en los momentos más críticos, el indicador de cumplimiento de pedidos o fill rate descendió hasta 35%.
Esto significaba que una parte importante de los productos solicitados por los establecimientos no llegaba en las cantidades necesarias.
Los trabajadores se encontraban frente a consumidores que pedían productos anunciados en el menú, pero que no podían prepararse por falta de insumos. La frustración alcanzaba tanto a los clientes como a los equipos de las tiendas.
En 2014 se inauguró un nuevo centro de distribución, con 70% más capacidad de almacenamiento, dos cámaras de refrigeración y más de 550 posiciones para productos perecibles. También se incorporaron sistemas automáticos para organizar pedidos y entregas.
Sin embargo, la estabilización no fue inmediata. Recién hacia finales de 2015 comenzaron a consolidarse los nuevos procesos. Además de instalar tecnología, era necesario capacitar a los equipos de las tiendas para que realizaran correctamente sus pedidos y coordinaran la demanda con el abastecimiento.
Una eficiencia logística con costos ocultos
Bembos contaba originalmente con rutas de distribución diseñadas según las características de sus locales. Después de la integración, comenzó a compartir vehículos y recorridos con las demás marcas del grupo.
La medida reducía costos de transporte, pero generó demoras, pedidos extraviados, entregas fuera de horario y mermas innecesarias. El crecimiento de la red y la limitada capacitación del personal aumentaron el problema.
Posteriormente, la compañía decidió tercerizar el transporte y la distribución. La operación consiguió una eficiencia en costos cercana al 15% y permitió establecer acuerdos de nivel de servicio más controlables.
Aun así, el caso demuestra que una reducción de costos no puede evaluarse de manera aislada. Un transporte más barato puede resultar costoso cuando los productos llegan tarde, los locales no pueden completar sus pedidos o los clientes abandonan la compra.
Crecer sin preparar a las personas
Bembos tenía 59 locales al cierre de 2012. Al finalizar 2015 ya contaba con 72 establecimientos y 35 módulos de helados en todo el país.
La expansión exigía nuevos gerentes, asistentes y trabajadores. Sin embargo, el equipo responsable de supervisar la operación no aumentó proporcionalmente.
En 2012, seis supervisores de zona atendían 59 tiendas. Hacia finales de 2015, la cantidad de establecimientos había crecido, pero el número de supervisores se mantenía. Cada uno debía encargarse de más locales y de cientos de trabajadores.
El equipo de entrenamiento, que tenía la responsabilidad de capacitar y acompañar a los nuevos colaboradores, fue destinado a cubrir necesidades directas de la operación. Parte de las funciones formativas quedó bajo responsabilidad de los supervisores, quienes ya enfrentaban una carga creciente.
La urgencia por abrir establecimientos aceleró los ascensos. Algunos colaboradores asumieron posiciones gerenciales sin estar completamente preparados para administrar inventarios, controlar costos, realizar pedidos y gestionar personas.
Los nuevos responsables aprendían mientras las tiendas seguían funcionando. Los errores de abastecimiento, las dificultades con los sistemas y la falta de dominio operativo comenzaron a afectar la atención.
La rotación del personal llegó a alcanzar 22% mensual en su momento más crítico. La reducción de la capacitación y el debilitamiento de las líneas de carrera disminuyeron la motivación de los trabajadores. La empresa debía contratar y formar constantemente a nuevas personas, generando una espiral de mayor rotación, menor experiencia y nuevas necesidades de entrenamiento.
Innovar sin capacitar a las tiendas
La innovación había sido una de las grandes fortalezas históricas de Bembos. La empresa acostumbraba lanzar alrededor de seis productos nuevos cada año, muchos de ellos con nombres llamativos, ingredientes peruanos y campañas creativas.
Pero la innovación también exige disciplina operativa.
En algunos casos, las nuevas hamburguesas llegaron a las tiendas antes de que los trabajadores recibieran la capacitación necesaria. Los manuales no se actualizaban a la misma velocidad que los lanzamientos y los equipos desconocían detalles de preparación, presentación y venta.
El resultado era una diferencia entre la imagen mostrada al consumidor y el producto entregado en el establecimiento.
El cliente no compra únicamente una idea creativa. Espera recibir una hamburguesa igual a la prometida en la publicidad. Cuando la operación no puede reproducir esa promesa, la innovación deja de fortalecer la marca y comienza a deteriorarla.
A finales de 2014 se incorporó nuevamente una jefatura de entrenamiento con la misión de recuperar la estandarización y formar equipos capaces de capacitar local por local.
Las mediciones posteriores mostraron una mejora. La satisfacción considerada buena pasó de 88% a 96%, mientras que la evaluación regular disminuyó de 11% a 4%. La satisfacción negativa descendió de 1% a 0%.
El servicio dejó de responder a la promesa del fast food
La rapidez es uno de los atributos esenciales de la comida rápida. Sin embargo, en 2013 el flujo de atención de Bembos comenzó a verse afectado por mayores tiempos de espera y productos que no mantenían una presentación uniforme.
El problema fue especialmente visible en el canal de reparto a domicilio. Los pedidos podían tardar alrededor de una hora y llegar con una presentación deficiente.
Los consumidores reclamaban no solo por las demoras, sino también por la falta de una respuesta que demostrara preocupación por resolver el problema.
Los colaboradores de primera línea intentaban atender las quejas, pero sus esfuerzos resultaban insuficientes frente a una ola de descontento que se extendía a través de las redes sociales.
La situación era particularmente delicada porque Bembos había sido reconocida por su relación cercana y creativa con el público. Los mismos canales digitales que antes habían fortalecido su reputación se convirtieron en espacios donde los clientes expresaban su decepción.
El reemplazo de Inca Kola golpeó la identidad de la marca
Dentro del proceso de unificación de compras, Nexus Group Restaurants decidió reemplazar a Inca Kola y establecer a Pepsi como proveedor oficial de bebidas para las marcas del grupo.
Desde una perspectiva corporativa, la decisión podía generar mejores condiciones comerciales y simplificar la negociación.
Desde la perspectiva del cliente, significaba romper una combinación asociada con la identidad peruana de Bembos.
La reacción fue negativa. Algunos consumidores interpretaron el cambio como una señal de que las decisiones financieras estaban imponiéndose sobre el conocimiento del negocio y sobre las preferencias históricas del público.
El episodio demostró que determinados productos poseen un valor que no puede medirse únicamente mediante el precio de compra. Para los consumidores, la bebida formaba parte de la experiencia y reforzaba el carácter nacional de la propuesta.
Más promociones, pero una marca más dependiente del descuento
Las promociones habían sido utilizadas para captar nuevos clientes y aumentar la frecuencia de visita. Bembos había desarrollado acciones reconocidas como Rock in Bembos y el concurso Crea tu Bembos, que involucraba activamente al público en el diseño de nuevos productos.
Estas campañas fortalecían la relación emocional y destacaban la creatividad de la marca.
Después de la adquisición, la participación de las promociones dentro de las ventas aumentó de manera considerable. El descuento comenzó a tener un peso creciente como herramienta para sostener los ingresos.
El peligro era que la marca dejara de ser elegida por su sabor y su experiencia para ser comprada principalmente cuando ofrecía un menor precio.
Bembos mantenía precios superiores en parte de su portafolio. En 2016, algunas hamburguesas contundentes podían costar aproximadamente 20% más que productos comparables de sus competidores. Ese precio era sostenible mientras el consumidor percibiera una diferencia clara en sabor, tamaño y calidad.
Cuando la experiencia se deterioró, el precio superior se volvió más difícil de justificar.
Los locales comenzaron a mostrar el desgaste
El presupuesto de mantenimiento y publicidad también fue reducido. Los locales comenzaron a mostrar mobiliario deteriorado, instalaciones desgastadas y una imagen menos atractiva.
La empresa había iniciado el proyecto Bembos 2.0 para renovar algunos establecimientos y recuperar la experiencia de disfrute. Sin embargo, la remodelación avanzaba mientras otras tiendas acumulaban necesidades básicas de mantenimiento.
La reducción de estos gastos podía aliviar los resultados financieros en el corto plazo, pero debilitaba la percepción del consumidor.
La apariencia del local era parte de la propuesta de valor. Un establecimiento descuidado transmitía una señal coherente con los demás problemas: la marca ya no parecía prestar la misma atención al producto, al servicio ni a la experiencia.
La expansión no se tradujo en mejores resultados
En 2012, Bembos alcanzó los resultados esperados. Todo parecía indicar que la adquisición produciría la rentabilidad proyectada.
La situación cambió en 2013, cuando el EBITDA de la compañía cayó ocho puntos porcentuales como proporción de las ventas.
La empresa había abierto más establecimientos, buscado mejores condiciones de compra y reducido diferentes gastos. Sin embargo, los resultados continuaban deteriorándose.
Entre 2012 y 2016, la cantidad de locales registró una tasa de crecimiento acumulada de 22%. En contraste, los ingresos proyectados entre 2013 y 2016 presentaron una variación acumulada de -4%.
La red era más grande, pero cada establecimiento no generaba el mismo rendimiento que en años anteriores.
Al mismo tiempo, los gastos destinados a elementos críticos del negocio habían disminuido. Las cargas de personal se redujeron 3.3%, el mantenimiento 1.7% y el marketing y la publicidad 1.5%.
La empresa había recortado precisamente en tres aspectos directamente relacionados con su propuesta: las personas, los locales y la comunicación de la marca.
El problema no era una sola decisión
La crisis de Bembos no podía atribuirse únicamente al cambio de proveedor, a las demoras del centro de distribución o a la falta de mantenimiento.
El problema era la acumulación de decisiones conectadas entre sí.
El cambio de insumos afectó el sabor. La falta de abastecimiento impidió ofrecer el menú completo. La expansión acelerada incrementó la necesidad de personal. La reducción de la capacitación produjo trabajadores menos preparados. La rotación debilitó todavía más el servicio. Los locales deteriorados afectaron la imagen y las promociones aumentaron la dependencia del precio.
Cada acción podía parecer justificable por separado. En conjunto, modificaron la experiencia que recibía el consumidor.
La empresa prometía sabor, contundencia, peruanidad, diversión y servicio. Pero una parte creciente de los clientes recibía productos distintos, mayores tiempos de espera, quiebres de inventario y establecimientos menos atractivos.
La distancia entre la propuesta prometida y la propuesta entregada comenzó a debilitar la confianza.
El camino para recuperar la marca
El plan planteado en el caso se concentró en tres grandes frentes: producto, experiencia del consumidor e imagen.
La recuperación del producto exigía volver a la receta original, controlar la calidad de los proveedores, actualizar los manuales y establecer un equipo multifuncional responsable de cada lanzamiento. Una nueva hamburguesa debía coordinarse desde la receta y las compras hasta el almacenamiento, el entrenamiento, la promoción y el servicio.
La mejora de la experiencia requería un modelo de atención común para todas las tiendas, mediciones permanentes, seguimiento del NPS, capacitación continua y una nueva línea de carrera para los trabajadores.
También se propuso formar a los equipos gerenciales en administración de restaurantes, fortalecer el call center, supervisar los reclamos digitales y garantizar el abastecimiento necesario para ofrecer la totalidad del menú.
La renovación de imagen debía comenzar por los establecimientos con mayor afluencia. El proyecto incluía remodelaciones, mantenimiento preventivo, revisión de locales poco rentables y una campaña de comunicación que solo debía lanzarse después de resolver los problemas operativos.
La publicidad no podía prometer una renovación que todavía no existiera en las tiendas.
La lección que dejó Bembos
El caso de Bembos muestra que la búsqueda de eficiencia puede destruir valor cuando se realiza sin considerar la experiencia del consumidor.
Una empresa no es solamente un conjunto de costos, locales, proveedores y estados financieros. También es una promesa construida durante años. Esa promesa depende de múltiples elementos que actúan al mismo tiempo: el producto, las personas, el servicio, el abastecimiento y la imagen.
Las decisiones financieras deben evaluar sus consecuencias en el corto, mediano y largo plazo. Ahorrar en capacitación puede aumentar la rotación. Reducir mantenimiento puede deteriorar los locales. Cambiar un insumo puede modificar el sabor. Disminuir la publicidad puede debilitar la relación con los consumidores.
El problema no estuvo en buscar rentabilidad. Toda empresa necesita ser rentable para sobrevivir. El error fue intentar alcanzarla debilitando los elementos que hacían posible esa rentabilidad.
Bembos había crecido porque conocía al consumidor peruano y le ofrecía una experiencia distinta. Recuperar la marca exigía volver a comprender esa relación.
La principal enseñanza es que una adquisición no termina cuando se firma el contrato. El verdadero desafío comienza después, cuando deben integrarse procesos, culturas y objetivos sin destruir la identidad de la empresa adquirida.
Bembos necesitaba volver a ser eficiente, pero también necesitaba volver a ser Bembos.
Fuente principal: Cochachi Rivera, L. y Ponce de León Coloma, A. (2017). Caso Bembos: tiempo de cambios. Trabajo de investigación de Máster en Dirección de Empresas, Universidad de Piura, PAD–Escuela de Dirección. El presente artículo es un análisis y una adaptación periodística elaborada con fines educativos.