domingo, 12 de julio de 2026

Bembos: cuando la búsqueda de eficiencia puso en riesgo una marca querida por los peruanos

 

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La adquisición de Bembos abrió una etapa de expansión, integración y búsqueda de sinergias. Sin embargo, las decisiones orientadas a reducir costos y acelerar el crecimiento terminaron afectando el sabor, el servicio, la motivación de los trabajadores y la relación emocional construida con los clientes.

Durante décadas, Bembos representó algo más que una cadena de hamburguesas. Para miles de consumidores peruanos, la marca estaba asociada con un sabor reconocible, productos contundentes, locales llamativos y una personalidad irreverente que la diferenciaba de las grandes franquicias internacionales.

Su historia había comenzado el 11 de junio de 1988, cuando dos jóvenes empresarios abrieron el primer establecimiento en Miraflores. En ese momento, el consumo de hamburguesas todavía no estaba completamente desarrollado en el Perú y las principales cadenas extranjeras aún no dominaban el mercado nacional.

La propuesta combinó carne cocida al carbón, sazón adaptada al paladar peruano, hamburguesas de gran tamaño, ambientes modernos y un servicio que buscaba convertir la visita en una experiencia. El éxito permitió abrir un segundo local en San Isidro en 1990 y continuar una expansión que terminaría colocando a Bembos como una de las marcas más reconocidas del país.

Cuando las grandes cadenas internacionales llegaron al Perú, Bembos ya tenía una identidad propia. La competencia no debilitó inicialmente su posición; por el contrario, impulsó a la empresa a innovar y mejorar sus procesos. Para 2013, según cálculos de la propia compañía, poseía aproximadamente el 50% del mercado formado por las principales cadenas de hamburguesas.

Sin embargo, pocos años después de su adquisición por el grupo empresarial que formó Nexus Group Restaurants, la organización comenzó a experimentar una crisis que no se explicaba únicamente por la competencia. El verdadero problema se encontraba dentro de la empresa: las decisiones tomadas para crecer y reducir costos habían comenzado a debilitar aquello que hacía especial a la marca.

Una adquisición que cambió la escala del negocio

Nexus adquirió Bembos en 2011 por una cifra cercana a los US$40 millones. La operación fue el punto de partida para construir un gran conglomerado gastronómico capaz de competir con Delosi, el principal operador de franquicias internacionales en el Perú.

Bembos aportó mucho más que su nombre. También entregó una planta de producción, una red logística, proveedores, experiencia operativa y una estructura de servicios administrativos que sirvió como plataforma para desarrollar otras marcas.

Durante 2012, el grupo amplió rápidamente su portafolio. Lanzó Don Belisario, adquirió la representación de China Wok, inició la operación de Popeyes e incorporó Dunkin’ Donuts y Papa John’s.

Al finalizar ese año, Nexus Group Restaurants gestionaba seis marcas. La expansión ofrecía oportunidades evidentes: realizar compras conjuntas, compartir recursos, aprovechar rutas de distribución y mejorar la posición del grupo dentro de los centros comerciales.

Pero detrás de esas posibilidades también aparecía un enorme desafío. Una estructura creada originalmente para atender a Bembos debía dar soporte a múltiples negocios, cada uno con productos, operaciones, proveedores y necesidades diferentes.

La empresa intentó conseguir eficiencias sin ampliar al mismo ritmo los equipos encargados de sostener el crecimiento. La organización se hizo más grande, pero varias capacidades operativas permanecieron prácticamente iguales.

El sabor comenzó a cambiar

Después de la adquisición, la empresa revisó sus costos de producción y estableció como objetivo reducirlos en 10%. Para alcanzar esa meta, buscó nuevos proveedores de carne y de insumos utilizados en la preparación de las salsas.

El cambio produjo consecuencias que fueron mucho más allá del ahorro esperado.

Entre 2012 y 2013, los consumidores comenzaron a percibir que la hamburguesa ya no tenía el mismo sabor. La modificación de los insumos afectó directamente la receta que había sostenido la promesa de Bembos durante años.

En un restaurante, un proveedor no representa solamente una cifra dentro de una negociación. La carne, el pan, las papas y las salsas son parte de la experiencia que recibe el cliente. Una reducción de costos puede convertirse en una pérdida de valor cuando modifica las características que el consumidor reconoce y aprecia.

La decisión produjo malestar en los locales y comentarios negativos en las redes sociales. Para una marca que había construido su reputación alrededor del sabor peruano, la alteración del producto significaba cuestionar su propia identidad.

En 2015, la empresa puso en marcha el programa “Tu Bembos de siempre”, orientado a recuperar la receta, el sabor y la calidad que los clientes recordaban. Se actualizaron manuales operativos, se revisaron proveedores y se reforzó el control de los insumos enviados a las tiendas.

La recuperación demostró que el problema no estaba solamente en vender hamburguesas, sino en cumplir la promesa que había convertido a Bembos en una marca querida.

De 7,000 a 32,000 productos en el centro de distribución

La expansión del grupo también generó una transformación abrupta en la cadena de suministro.

El sistema logístico que antes atendía principalmente a Bembos pasó a recibir y distribuir productos para las diferentes marcas de Nexus Group Restaurants. La cantidad de unidades de almacenamiento aumentó de aproximadamente 7,000 a 32,000 en un solo año.

El centro de distribución no tenía suficiente espacio, organización ni sistemas de información para manejar esa nueva complejidad. Las tiendas comenzaron a sufrir quiebres de inventario y, en los momentos más críticos, el indicador de cumplimiento de pedidos o fill rate descendió hasta 35%.

Esto significaba que una parte importante de los productos solicitados por los establecimientos no llegaba en las cantidades necesarias.

Los trabajadores se encontraban frente a consumidores que pedían productos anunciados en el menú, pero que no podían prepararse por falta de insumos. La frustración alcanzaba tanto a los clientes como a los equipos de las tiendas.

En 2014 se inauguró un nuevo centro de distribución, con 70% más capacidad de almacenamiento, dos cámaras de refrigeración y más de 550 posiciones para productos perecibles. También se incorporaron sistemas automáticos para organizar pedidos y entregas.

Sin embargo, la estabilización no fue inmediata. Recién hacia finales de 2015 comenzaron a consolidarse los nuevos procesos. Además de instalar tecnología, era necesario capacitar a los equipos de las tiendas para que realizaran correctamente sus pedidos y coordinaran la demanda con el abastecimiento.

Una eficiencia logística con costos ocultos

Bembos contaba originalmente con rutas de distribución diseñadas según las características de sus locales. Después de la integración, comenzó a compartir vehículos y recorridos con las demás marcas del grupo.

La medida reducía costos de transporte, pero generó demoras, pedidos extraviados, entregas fuera de horario y mermas innecesarias. El crecimiento de la red y la limitada capacitación del personal aumentaron el problema.

Posteriormente, la compañía decidió tercerizar el transporte y la distribución. La operación consiguió una eficiencia en costos cercana al 15% y permitió establecer acuerdos de nivel de servicio más controlables.

Aun así, el caso demuestra que una reducción de costos no puede evaluarse de manera aislada. Un transporte más barato puede resultar costoso cuando los productos llegan tarde, los locales no pueden completar sus pedidos o los clientes abandonan la compra.

Crecer sin preparar a las personas

Bembos tenía 59 locales al cierre de 2012. Al finalizar 2015 ya contaba con 72 establecimientos y 35 módulos de helados en todo el país.

La expansión exigía nuevos gerentes, asistentes y trabajadores. Sin embargo, el equipo responsable de supervisar la operación no aumentó proporcionalmente.

En 2012, seis supervisores de zona atendían 59 tiendas. Hacia finales de 2015, la cantidad de establecimientos había crecido, pero el número de supervisores se mantenía. Cada uno debía encargarse de más locales y de cientos de trabajadores.

El equipo de entrenamiento, que tenía la responsabilidad de capacitar y acompañar a los nuevos colaboradores, fue destinado a cubrir necesidades directas de la operación. Parte de las funciones formativas quedó bajo responsabilidad de los supervisores, quienes ya enfrentaban una carga creciente.

La urgencia por abrir establecimientos aceleró los ascensos. Algunos colaboradores asumieron posiciones gerenciales sin estar completamente preparados para administrar inventarios, controlar costos, realizar pedidos y gestionar personas.

Los nuevos responsables aprendían mientras las tiendas seguían funcionando. Los errores de abastecimiento, las dificultades con los sistemas y la falta de dominio operativo comenzaron a afectar la atención.

La rotación del personal llegó a alcanzar 22% mensual en su momento más crítico. La reducción de la capacitación y el debilitamiento de las líneas de carrera disminuyeron la motivación de los trabajadores. La empresa debía contratar y formar constantemente a nuevas personas, generando una espiral de mayor rotación, menor experiencia y nuevas necesidades de entrenamiento.

Innovar sin capacitar a las tiendas

La innovación había sido una de las grandes fortalezas históricas de Bembos. La empresa acostumbraba lanzar alrededor de seis productos nuevos cada año, muchos de ellos con nombres llamativos, ingredientes peruanos y campañas creativas.

Pero la innovación también exige disciplina operativa.

En algunos casos, las nuevas hamburguesas llegaron a las tiendas antes de que los trabajadores recibieran la capacitación necesaria. Los manuales no se actualizaban a la misma velocidad que los lanzamientos y los equipos desconocían detalles de preparación, presentación y venta.

El resultado era una diferencia entre la imagen mostrada al consumidor y el producto entregado en el establecimiento.

El cliente no compra únicamente una idea creativa. Espera recibir una hamburguesa igual a la prometida en la publicidad. Cuando la operación no puede reproducir esa promesa, la innovación deja de fortalecer la marca y comienza a deteriorarla.

A finales de 2014 se incorporó nuevamente una jefatura de entrenamiento con la misión de recuperar la estandarización y formar equipos capaces de capacitar local por local.

Las mediciones posteriores mostraron una mejora. La satisfacción considerada buena pasó de 88% a 96%, mientras que la evaluación regular disminuyó de 11% a 4%. La satisfacción negativa descendió de 1% a 0%.

El servicio dejó de responder a la promesa del fast food

La rapidez es uno de los atributos esenciales de la comida rápida. Sin embargo, en 2013 el flujo de atención de Bembos comenzó a verse afectado por mayores tiempos de espera y productos que no mantenían una presentación uniforme.

El problema fue especialmente visible en el canal de reparto a domicilio. Los pedidos podían tardar alrededor de una hora y llegar con una presentación deficiente.

Los consumidores reclamaban no solo por las demoras, sino también por la falta de una respuesta que demostrara preocupación por resolver el problema.

Los colaboradores de primera línea intentaban atender las quejas, pero sus esfuerzos resultaban insuficientes frente a una ola de descontento que se extendía a través de las redes sociales.

La situación era particularmente delicada porque Bembos había sido reconocida por su relación cercana y creativa con el público. Los mismos canales digitales que antes habían fortalecido su reputación se convirtieron en espacios donde los clientes expresaban su decepción.

El reemplazo de Inca Kola golpeó la identidad de la marca

Dentro del proceso de unificación de compras, Nexus Group Restaurants decidió reemplazar a Inca Kola y establecer a Pepsi como proveedor oficial de bebidas para las marcas del grupo.

Desde una perspectiva corporativa, la decisión podía generar mejores condiciones comerciales y simplificar la negociación.

Desde la perspectiva del cliente, significaba romper una combinación asociada con la identidad peruana de Bembos.

La reacción fue negativa. Algunos consumidores interpretaron el cambio como una señal de que las decisiones financieras estaban imponiéndose sobre el conocimiento del negocio y sobre las preferencias históricas del público.

El episodio demostró que determinados productos poseen un valor que no puede medirse únicamente mediante el precio de compra. Para los consumidores, la bebida formaba parte de la experiencia y reforzaba el carácter nacional de la propuesta.

Más promociones, pero una marca más dependiente del descuento

Las promociones habían sido utilizadas para captar nuevos clientes y aumentar la frecuencia de visita. Bembos había desarrollado acciones reconocidas como Rock in Bembos y el concurso Crea tu Bembos, que involucraba activamente al público en el diseño de nuevos productos.

Estas campañas fortalecían la relación emocional y destacaban la creatividad de la marca.

Después de la adquisición, la participación de las promociones dentro de las ventas aumentó de manera considerable. El descuento comenzó a tener un peso creciente como herramienta para sostener los ingresos.

El peligro era que la marca dejara de ser elegida por su sabor y su experiencia para ser comprada principalmente cuando ofrecía un menor precio.

Bembos mantenía precios superiores en parte de su portafolio. En 2016, algunas hamburguesas contundentes podían costar aproximadamente 20% más que productos comparables de sus competidores. Ese precio era sostenible mientras el consumidor percibiera una diferencia clara en sabor, tamaño y calidad.

Cuando la experiencia se deterioró, el precio superior se volvió más difícil de justificar.

Los locales comenzaron a mostrar el desgaste

El presupuesto de mantenimiento y publicidad también fue reducido. Los locales comenzaron a mostrar mobiliario deteriorado, instalaciones desgastadas y una imagen menos atractiva.

La empresa había iniciado el proyecto Bembos 2.0 para renovar algunos establecimientos y recuperar la experiencia de disfrute. Sin embargo, la remodelación avanzaba mientras otras tiendas acumulaban necesidades básicas de mantenimiento.

La reducción de estos gastos podía aliviar los resultados financieros en el corto plazo, pero debilitaba la percepción del consumidor.

La apariencia del local era parte de la propuesta de valor. Un establecimiento descuidado transmitía una señal coherente con los demás problemas: la marca ya no parecía prestar la misma atención al producto, al servicio ni a la experiencia.

La expansión no se tradujo en mejores resultados

En 2012, Bembos alcanzó los resultados esperados. Todo parecía indicar que la adquisición produciría la rentabilidad proyectada.

La situación cambió en 2013, cuando el EBITDA de la compañía cayó ocho puntos porcentuales como proporción de las ventas.

La empresa había abierto más establecimientos, buscado mejores condiciones de compra y reducido diferentes gastos. Sin embargo, los resultados continuaban deteriorándose.

Entre 2012 y 2016, la cantidad de locales registró una tasa de crecimiento acumulada de 22%. En contraste, los ingresos proyectados entre 2013 y 2016 presentaron una variación acumulada de -4%.

La red era más grande, pero cada establecimiento no generaba el mismo rendimiento que en años anteriores.

Al mismo tiempo, los gastos destinados a elementos críticos del negocio habían disminuido. Las cargas de personal se redujeron 3.3%, el mantenimiento 1.7% y el marketing y la publicidad 1.5%.

La empresa había recortado precisamente en tres aspectos directamente relacionados con su propuesta: las personas, los locales y la comunicación de la marca.

El problema no era una sola decisión

La crisis de Bembos no podía atribuirse únicamente al cambio de proveedor, a las demoras del centro de distribución o a la falta de mantenimiento.

El problema era la acumulación de decisiones conectadas entre sí.

El cambio de insumos afectó el sabor. La falta de abastecimiento impidió ofrecer el menú completo. La expansión acelerada incrementó la necesidad de personal. La reducción de la capacitación produjo trabajadores menos preparados. La rotación debilitó todavía más el servicio. Los locales deteriorados afectaron la imagen y las promociones aumentaron la dependencia del precio.

Cada acción podía parecer justificable por separado. En conjunto, modificaron la experiencia que recibía el consumidor.

La empresa prometía sabor, contundencia, peruanidad, diversión y servicio. Pero una parte creciente de los clientes recibía productos distintos, mayores tiempos de espera, quiebres de inventario y establecimientos menos atractivos.

La distancia entre la propuesta prometida y la propuesta entregada comenzó a debilitar la confianza.

El camino para recuperar la marca

El plan planteado en el caso se concentró en tres grandes frentes: producto, experiencia del consumidor e imagen.

La recuperación del producto exigía volver a la receta original, controlar la calidad de los proveedores, actualizar los manuales y establecer un equipo multifuncional responsable de cada lanzamiento. Una nueva hamburguesa debía coordinarse desde la receta y las compras hasta el almacenamiento, el entrenamiento, la promoción y el servicio.

La mejora de la experiencia requería un modelo de atención común para todas las tiendas, mediciones permanentes, seguimiento del NPS, capacitación continua y una nueva línea de carrera para los trabajadores.

También se propuso formar a los equipos gerenciales en administración de restaurantes, fortalecer el call center, supervisar los reclamos digitales y garantizar el abastecimiento necesario para ofrecer la totalidad del menú.

La renovación de imagen debía comenzar por los establecimientos con mayor afluencia. El proyecto incluía remodelaciones, mantenimiento preventivo, revisión de locales poco rentables y una campaña de comunicación que solo debía lanzarse después de resolver los problemas operativos.

La publicidad no podía prometer una renovación que todavía no existiera en las tiendas.

La lección que dejó Bembos

El caso de Bembos muestra que la búsqueda de eficiencia puede destruir valor cuando se realiza sin considerar la experiencia del consumidor.

Una empresa no es solamente un conjunto de costos, locales, proveedores y estados financieros. También es una promesa construida durante años. Esa promesa depende de múltiples elementos que actúan al mismo tiempo: el producto, las personas, el servicio, el abastecimiento y la imagen.

Las decisiones financieras deben evaluar sus consecuencias en el corto, mediano y largo plazo. Ahorrar en capacitación puede aumentar la rotación. Reducir mantenimiento puede deteriorar los locales. Cambiar un insumo puede modificar el sabor. Disminuir la publicidad puede debilitar la relación con los consumidores.

El problema no estuvo en buscar rentabilidad. Toda empresa necesita ser rentable para sobrevivir. El error fue intentar alcanzarla debilitando los elementos que hacían posible esa rentabilidad.

Bembos había crecido porque conocía al consumidor peruano y le ofrecía una experiencia distinta. Recuperar la marca exigía volver a comprender esa relación.

La principal enseñanza es que una adquisición no termina cuando se firma el contrato. El verdadero desafío comienza después, cuando deben integrarse procesos, culturas y objetivos sin destruir la identidad de la empresa adquirida.

Bembos necesitaba volver a ser eficiente, pero también necesitaba volver a ser Bembos.


Fuente principal: Cochachi Rivera, L. y Ponce de León Coloma, A. (2017). Caso Bembos: tiempo de cambios. Trabajo de investigación de Máster en Dirección de Empresas, Universidad de Piura, PAD–Escuela de Dirección. El presente artículo es un análisis y una adaptación periodística elaborada con fines educativos.


How Do You Find a Good Manager?

 


El mejor gerente no siempre es quien más quiere mandar

Un experimento con 555 participantes revela que los buenos gerentes pueden tener casi el doble de impacto que los buenos trabajadores. El estudio también advierte que el entusiasmo por ocupar una jefatura no garantiza la capacidad para dirigirla.

En muchas organizaciones, el camino hacia una jefatura suele comenzar de una manera aparentemente lógica: se promueve al trabajador con mejores resultados, al colaborador más visible o a la persona que manifiesta con mayor seguridad su deseo de asumir el mando.

El problema es que ser un buen trabajador no significa necesariamente ser un buen gerente. Tampoco la confianza, la extroversión o el deseo de dirigir garantizan que una persona pueda coordinar correctamente a un equipo.

Esta es la conclusión central de How Do You Find a Good Manager?, una investigación desarrollada por Ben Weidmann, Joseph Vecci, Farah Said, David J. Deming y Sonia R. Bhalotra, publicada en julio de 2024 como documento de trabajo del National Bureau of Economic Research, conocido como NBER.

El estudio propone una pregunta fundamental para cualquier organización: ¿cómo se puede identificar a una persona capaz de lograr que un equipo produzca más que la suma de los esfuerzos individuales de sus integrantes?

Los resultados cuestionan algunos de los criterios tradicionales utilizados para elegir jefes. Según la investigación, los mejores gerentes no son necesariamente quienes más desean ocupar el cargo, quienes se consideran especialmente hábiles para tratar con personas o quienes obtienen los mejores resultados en su trabajo individual.

Las habilidades que mostraron una relación más sólida con el desempeño gerencial fueron la capacidad para tomar decisiones económicas y asignar correctamente los recursos, junto con la inteligencia fluida, entendida como la habilidad para resolver problemas nuevos.

Un experimento diseñado para separar el talento individual del efecto del gerente

Medir la calidad de un gerente es una tarea compleja. Un equipo puede obtener buenos resultados porque cuenta con trabajadores muy capacitados, porque recibe tareas sencillas o porque dispone de mejores recursos. En esas condiciones, resulta difícil determinar cuánto del resultado corresponde realmente a la persona que dirige.

Para resolver este problema, los investigadores diseñaron un experimento basado en asignaciones aleatorias y repetidas. La muestra estuvo conformada por 555 participantes del laboratorio de economía de la Universidad de Essex, en el Reino Unido. A lo largo de cuatro rondas se formaron 728 grupos de tres integrantes.

Cada equipo estaba compuesto por un gerente y dos trabajadores. Los participantes conservaron su función durante todo el experimento, pero fueron asignados a diferentes equipos en cada ronda. Esto permitió observar si determinados gerentes producían resultados positivos de manera constante, incluso cuando cambiaban las personas a su cargo.

Antes de trabajar en grupo, los participantes resolvieron evaluaciones individuales de razonamiento numérico, espacial y analítico. Los investigadores utilizaron esos resultados para controlar las diferencias de capacidad entre los equipos.

De esta manera, un gerente no era considerado bueno simplemente porque había recibido a los mejores trabajadores. Su desempeño se medía según la capacidad de conseguir que diferentes equipos superaran el resultado que podía esperarse a partir de las habilidades individuales de sus miembros.

Una tarea que exigía dirigir y no solamente resolver problemas

Durante el experimento, los equipos participaron en una actividad denominada “Tarea de Producción Colaborativa”.

Cada grupo debía resolver problemas correspondientes a tres módulos: razonamiento numérico, espacial y analítico. Los gerentes eran responsables de asignar a cada integrante al módulo que consideraran más apropiado, supervisar el avance, realizar cambios en la distribución del trabajo y mantener motivado al equipo.

La calificación final no dependía de la cantidad total de problemas resueltos por todos los integrantes. El resultado del equipo estaba determinado por el módulo con la puntuación más baja.

Esto significaba que no era suficiente contar con una persona extraordinariamente productiva. El gerente debía evitar que una parte del trabajo quedara rezagada. Tenía que observar el conjunto, detectar el punto débil y redistribuir los esfuerzos cuando fuera necesario.

El diseño buscaba reproducir algunas responsabilidades centrales de la dirección dentro de una organización: delegar, coordinar, supervisar, comunicar y motivar.

Un buen gerente puede valer casi el doble que un buen trabajador

El primer resultado importante fue la confirmación de que los gerentes ejercen un efecto propio y medible sobre el desempeño de sus equipos.

Después de controlar las capacidades individuales de los participantes, los investigadores calcularon que un gerente situado una desviación estándar por encima del promedio mejoraba el rendimiento del equipo aproximadamente 0.23 desviaciones estándar.

En términos comparativos, el efecto de un buen gerente fue casi el doble del efecto producido por un buen trabajador dentro de los grupos analizados.

El resultado demuestra que la función del gerente no se limita a ocupar una posición jerárquica. Una dirección efectiva puede elevar la productividad de otras personas, reducir los errores de coordinación y conseguir que las capacidades existentes se utilicen de una manera más eficiente.

Un trabajador destacado mejora principalmente su propia producción. Un buen gerente puede mejorar simultáneamente el desempeño de todas las personas que se encuentran bajo su responsabilidad.

Querer ser gerente no significa estar preparado para dirigir

Una parte especialmente reveladora del experimento comparó dos mecanismos para seleccionar a los gerentes.

Antes de iniciar el trabajo grupal, todos los participantes indicaron cuánto deseaban ser gerentes mediante una escala del uno al diez.

En algunas sesiones, el puesto fue asignado a quienes mostraron una mayor preferencia por estar al mando. Los investigadores denominaron a este grupo “gerentes autopromovidos”.

En las demás sesiones, los gerentes fueron seleccionados mediante una lotería.

Los equipos dirigidos por gerentes autopromovidos obtuvieron resultados aproximadamente 0.10 desviaciones estándar inferiores a los equipos cuyos gerentes fueron seleccionados aleatoriamente. Los autores consideran que la magnitud del resultado es relevante, aunque señalan que su nivel de significancia estadística fue moderado.

La diferencia observada era comparable con la desventaja de tener un gerente cuya inteligencia fluida se encontrara una desviación estándar por debajo del promedio.

El estudio no afirma que todas las personas interesadas en liderar sean malos gerentes. Su conclusión es más específica: utilizar únicamente el deseo de ocupar el cargo como mecanismo de selección puede producir resultados inferiores a una elección aleatoria.

La sobreconfianza puede ocultarse detrás de la seguridad personal

¿Por qué los gerentes autopromovidos presentaron un desempeño inferior?

La investigación encontró indicios de que las personas que deseaban intensamente asumir el mando tendían a mostrar un mayor nivel de sobreconfianza. Con frecuencia valoraban sus propias capacidades por encima de lo que indicaban las pruebas objetivas.

Esta diferencia fue especialmente visible en las habilidades sociales.

Los participantes respondieron preguntas sobre su capacidad para comprender e influir en otras personas. También realizaron una prueba de percepción emocional basada en la interpretación de expresiones a través de la mirada.

Entre los gerentes autopromovidos, quienes se describían a sí mismos como personas especialmente hábiles para relacionarse con los demás no necesariamente demostraban esa capacidad en la evaluación objetiva. Además, dentro de ese grupo se observó una relación negativa entre las habilidades sociales declaradas y el desempeño gerencial.

La seguridad personal puede ser útil para asumir responsabilidades, comunicar decisiones y enfrentar situaciones difíciles. Sin embargo, se convierte en un problema cuando impide reconocer errores, escuchar información o evaluar con realismo las propias limitaciones.

Una persona puede parecer preparada para liderar porque habla con seguridad, se muestra extrovertida y expresa un fuerte deseo de obtener el cargo. Ninguna de esas características garantiza que sepa asignar recursos, supervisar el trabajo o tomar decisiones bajo presión.

Las verdaderas habilidades que anticiparon un mejor desempeño

Entre todas las características evaluadas, dos destacaron como predictores confiables del desempeño gerencial.

La primera fue la capacidad para tomar decisiones económicas. Esta habilidad fue medida mediante una actividad en la que los participantes debían asignar trabajadores ficticios a diferentes tareas, considerando sus capacidades y ventajas comparativas.

La segunda fue la inteligencia fluida, es decir, la capacidad para analizar situaciones nuevas, identificar patrones y resolver problemas sin depender exclusivamente de conocimientos aprendidos con anterioridad.

En cambio, el desempeño gerencial no fue anticipado de manera significativa por el género, la edad o el origen étnico.

Tampoco resultó suficiente evaluar únicamente la productividad individual del trabajador. Una persona puede resolver muy bien una tarea, pero no necesariamente saber distribuir el trabajo entre otros, detectar cuellos de botella o mantener el desempeño colectivo.

Los investigadores simularon diferentes mecanismos de selección y calcularon que elegir gerentes por su capacidad de decisión económica podía mejorar el rendimiento aproximadamente 0.7 desviaciones estándar en comparación con la autopromoción.

La selección basada conjuntamente en capacidad de decisión e inteligencia fluida también ofrecía mejores resultados que elegir gerentes por sus habilidades sociales declaradas, por su desempeño como trabajadores o mediante una asignación aleatoria.

Los buenos gerentes reducen el esfuerzo desperdiciado

La investigación también buscó identificar qué hacían los buenos gerentes de manera diferente.

Una de las principales diferencias apareció en la supervisión del trabajo.

Debido al sistema de puntuación del experimento, concentrar esfuerzos en un módulo que ya se encontraba muy por encima de los demás no mejoraba el resultado del equipo. Continuar trabajando en esa área representaba un desperdicio de recursos mientras otro módulo permanecía rezagado.

En el conjunto de los grupos, el 16% terminó la actividad con al menos una persona trabajando en un módulo que ya no contribuía de manera significativa al resultado final.

Los gerentes situados una desviación estándar por encima del promedio redujeron esta proporción del 16% al 8%.

En otras palabras, los mejores gerentes registraron aproximadamente la mitad de errores de supervisión.

Su aporte no consistía solamente en trabajar más o exigir mayor esfuerzo. Consistía en observar dónde se necesitaba realmente ese esfuerzo y evitar que los recursos disponibles se utilizaran en actividades que ya no aportaban valor.

Asignar a cada persona donde puede rendir mejor

Otra diferencia importante estuvo relacionada con la distribución inicial de las tareas.

Los gerentes recibieron información sobre las capacidades numéricas, espaciales y analíticas de sus compañeros. Con esos datos debían determinar en qué módulo podía contribuir mejor cada integrante.

Los equipos cuyos gerentes realizaban siempre la asignación inicial óptima obtuvieron puntuaciones 0.52 desviaciones estándar superiores a los grupos cuyos responsables nunca encontraban la mejor distribución.

Este resultado muestra que una parte central del trabajo gerencial consiste en reconocer las ventajas comparativas.

No siempre se trata de asignar la tarea más importante a la persona considerada más talentosa. La decisión correcta consiste en ubicar a cada integrante donde su capacidad produzca el mayor aporte en relación con las demás alternativas.

La gestión aparece así como un problema de asignación inteligente. El gerente necesita comprender las capacidades disponibles, identificar las necesidades del equipo y combinar ambos elementos para producir un resultado colectivo superior.

La motivación se vuelve decisiva al final

El desempeño de los buenos gerentes también se hizo más visible durante los últimos minutos de la actividad.

En los primeros dos minutos, los equipos dirigidos por gerentes situados una desviación estándar por encima del promedio resolvieron alrededor de 0.3 problemas adicionales.

En los últimos dos minutos, la diferencia aumentó hasta aproximadamente 0.6 problemas.

Para los investigadores, esta evolución sugiere que los mejores gerentes lograban mantener a sus equipos concentrados y comprometidos cuando aparecía el cansancio.

Los trabajadores recibían una remuneración fija y no tenían incentivos económicos individuales vinculados con el resultado del equipo. Por ello, los gerentes no podían motivarlos simplemente mediante recompensas financieras.

Debían utilizar la comunicación, el seguimiento, la orientación y la reorganización del trabajo para mantener el esfuerzo hasta el final.

El riesgo de promover al mejor trabajador

Los resultados también se relacionan con el conocido “principio de Peter”, según el cual las personas pueden ser ascendidas por su buen desempeño hasta alcanzar un puesto para el que ya no poseen las competencias necesarias.

Muchas empresas promueven al trabajador con mejores resultados porque consideran que ha demostrado mérito, compromiso y conocimiento del negocio.

Sin embargo, las capacidades necesarias para desempeñar una tarea individual no son idénticas a las requeridas para dirigir un equipo.

Un excelente especialista puede poseer grandes conocimientos técnicos y, al mismo tiempo, tener dificultades para delegar, priorizar, supervisar o asignar correctamente el trabajo.

La investigación no sostiene que el rendimiento individual deba ignorarse. Advierte que no debería utilizarse como único criterio para seleccionar a una persona que asumirá responsabilidades gerenciales.

Elegir gerentes por evidencia y no por apariencia

El estudio propone avanzar hacia mecanismos de selección basados en habilidades objetivas.

Las organizaciones pueden evaluar la capacidad de los candidatos para tomar decisiones, distribuir recursos, comprender ventajas comparativas y resolver problemas nuevos. También pueden observar su desempeño al trabajar con diferentes equipos, en lugar de basarse únicamente en entrevistas, recomendaciones o percepciones personales.

Este enfoque podría reducir la influencia de sesgos relacionados con la confianza, la extroversión, el género, la edad o la preferencia por ocupar una posición de poder.

También permitiría identificar a personas que poseen capacidad gerencial, pero que no suelen postularse espontáneamente para asumir el cargo.

Los autores señalan que las mujeres mostraron una menor tendencia a proponerse para puestos de liderazgo, pese a que podían ser igual o más efectivas en esas funciones. Una selección basada principalmente en la autopromoción puede dejar fuera a candidatos capaces simplemente porque expresan sus aspiraciones con menor intensidad.

Una conclusión que cuestiona la selección tradicional

El principal mensaje del estudio es que la calidad de la dirección puede medirse y que su impacto sobre la productividad es considerable.

Los buenos gerentes consiguen que los trabajadores superen el rendimiento esperado. Lo hacen mediante decisiones concretas: supervisan, corrigen, asignan las tareas adecuadamente y mantienen al equipo comprometido.

La investigación también muestra que la ambición de dirigir no es una prueba suficiente de capacidad. La persona que levanta primero la mano, habla con mayor seguridad o se presenta como experta en relaciones humanas no necesariamente será quien produzca mejores resultados.

Encontrar a un buen gerente exige mirar más allá de la confianza y de la productividad individual.

La pregunta correcta no es solamente quién quiere dirigir o quién ha destacado más en su puesto actual. La verdadera pregunta es quién tiene la capacidad de conseguir que otras personas trabajen mejor juntas.


Fuente principal: Weidmann, B., Vecci, J., Said, F., Deming, D. J. y Bhalotra, S. (2024). How Do You Find a Good Manager? NBER Working Paper No. 32699, National Bureau of Economic Research.



La nueva batalla de las bebidas: menos azúcar, más beneficios y un consumidor que exige innovación



El mercado peruano de bebidas atraviesa una transformación que va mucho más allá del sabor. Las gaseosas saludables y funcionales ganan espacio impulsadas por consumidores más informados, la llegada de grandes compañías y el crecimiento de marcas especializadas que identificaron anticipadamente una nueva forma de consumo.

Durante muchos años, la competencia entre las bebidas gaseosas se concentró principalmente en el precio, el sabor, la distribución y la publicidad. Hoy, esa fórmula ya no resulta suficiente. Una parte creciente de los consumidores revisa los ingredientes, compara la cantidad de azúcar y busca productos que, además de refrescar, puedan ofrecer algún beneficio asociado con el bienestar.

Esta evolución está modificando el mercado peruano. Marcas especializadas como Hula y Mein Soda abrieron camino en una categoría que ahora también despierta el interés de grandes empresas como Coca-Cola y el Grupo AJE. La entrada de estos nuevos competidores confirma que las bebidas funcionales dejaron de ser una propuesta dirigida únicamente a pequeños grupos de consumidores para convertirse en una oportunidad comercial con posibilidades de crecimiento sostenido.

Un mercado que crece mientras las categorías tradicionales se desaceleran

De acuerdo con Euromonitor International, el mercado peruano de bebidas experimentó un importante dinamismo durante 2025, especialmente en las propuestas relacionadas con la funcionalidad y el bienestar. Estos atributos se encuentran entre los principales motores de crecimiento del sector.

El avance resulta más significativo cuando se compara con el comportamiento general de las bebidas sin alcohol. NielsenIQ reportó que su consumo disminuyó 1.1% en volumen entre enero y abril de 2025. Esta reducción evidencia el menor dinamismo de algunas categorías tradicionales y demuestra que la innovación comienza a determinar el rumbo de la industria.

En otras palabras, el consumidor no necesariamente está comprando más bebidas, sino que está seleccionando con mayor cuidado qué productos incorporar a su consumo cotidiano. Dentro de esa decisión, las opciones con menos azúcar, menor cantidad de calorías o atributos funcionales adquieren una ventaja competitiva.

Rafael Vega, country manager de AJE Perú, sostiene que las bebidas funcionales y naturales registran crecimientos de dos dígitos dentro del portafolio de la compañía y se encuentran entre sus categorías más dinámicas.

Una tendencia similar se observa en Coca-Cola. Maricruz Gonzáles, directora sénior de Marketing de Coca-Cola para Perú, señala que las bebidas sin azúcar se han consolidado como uno de los principales motores de crecimiento de la empresa.

El consumidor ya no compra únicamente por sabor

El principal responsable de esta transformación es un consumidor más informado y consciente. La decisión de compra ya no depende exclusivamente del sabor, el precio o la disponibilidad del producto. Ahora también se consideran la composición, la cantidad de azúcar, las calorías y los posibles beneficios relacionados con el bienestar.

Un estudio realizado por AJE entre más de 2,300 consumidores identificó una creciente preferencia por bebidas con menos azúcar y calorías, así como por propuestas vinculadas con estilos de vida saludables.

Este comportamiento obliga a las compañías a replantear la manera en que desarrollan y presentan sus productos. Ya no basta con colocar una bebida diferente en el mercado. El consumidor espera una explicación clara sobre sus ingredientes, su funcionalidad y la razón por la que debería incorporarla a su rutina.

La Generación Z lidera gran parte de esta transformación. Se trata de consumidores jóvenes que muestran mayor interés por conocer la composición de los productos, comparar alternativas y elegir marcas que respondan a sus expectativas de salud, innovación y responsabilidad.

Gonzáles considera que este grupo impulsa un consumo más consciente y demanda propuestas novedosas. Marco Díaz, fundador y gerente general de Hula, coincide en que los jóvenes se encuentran entre los principales compradores de bebidas funcionales.

Sin embargo, el mercado ya no se limita exclusivamente a ellos. Mauricio Andújar, cofundador de Mein Soda, explica que la categoría comienza a atraer consumidores desde los 11 hasta los 80 años. Las motivaciones son diversas: algunos buscan reducir su consumo de azúcar, otros desean cuidar su salud y determinados consumidores utilizan estas bebidas como una alternativa frente al alcohol.

De tendencia internacional a oportunidad peruana

Las bebidas funcionales no aparecieron de manera repentina. Según Andújar, la tendencia comenzó a desarrollarse globalmente hace aproximadamente siete u ocho años, se consolidó en América Latina hace tres o cuatro años y tomó mayor fuerza en el Perú durante los últimos tres años.

Para el empresario, no se trata de una moda pasajera, sino de una transformación que continuará expandiéndose. El interés por la alimentación saludable, la reducción del azúcar y el consumo responsable forma parte de un cambio más amplio en los hábitos de las personas.

Díaz estima que el mercado peruano de esta categoría creció más de 100% durante el último año. Una parte de ese crecimiento se explicaría por la entrada de grandes compañías, cuyo poder de distribución y comunicación contribuye a instalar el concepto de bebida funcional en la mente de consumidores, comerciantes y distribuidores.

La presencia de empresas de mayor tamaño también ayuda a reducir una de las principales barreras de las categorías emergentes: el desconocimiento. Cuando una compañía reconocida lanza una bebida de este tipo, el consumidor comienza a familiarizarse con expresiones como “sin azúcar”, “bajas calorías”, “ingredientes naturales” o “beneficios funcionales”.

AJE y Coca-Cola ingresan a una competencia que se intensifica

El Grupo AJE ingresó al segmento mediante el lanzamiento de Hey Fit, una propuesta que busca aprovechar el crecimiento de las bebidas saludables y funcionales. La empresa tiene como objetivo consolidar la marca entre los principales líderes de la categoría hacia 2027.

Coca-Cola también observa oportunidades en este mercado. La compañía continuará evaluando posibilidades para ampliar su portafolio hacia productos relacionados con el bienestar y la funcionalidad, en función de la evolución de las preferencias de los consumidores.

La llegada de estas compañías cambia las condiciones de competencia. Las grandes empresas poseen capacidad financiera, redes de distribución, presencia en puntos de venta y recursos de comunicación que pueden acelerar el crecimiento de la categoría.

No obstante, las marcas especializadas mantienen una ventaja importante: fueron las primeras en comprender las nuevas necesidades del consumidor y construyeron su identidad alrededor de atributos funcionales.

Para Hula, la llegada de nuevos participantes no representa solamente una amenaza. También valida el potencial del mercado. Cuando grandes compañías deciden invertir en una categoría, confirman que existe una demanda relevante y oportunidades de expansión.

Mein Soda comparte una lectura similar. La empresa considera que el crecimiento puede atraer nuevos competidores e incluso generar futuras adquisiciones de marcas emergentes por parte de compañías de mayor tamaño.

La innovación será la principal diferencia

La competencia ya no consistirá únicamente en lanzar una bebida nueva. Las empresas tendrán que desarrollar productos con características cada vez más diferenciadas.

El consumidor puede encontrar numerosas opciones sin azúcar o con pocas calorías. Por ello, las marcas deberán avanzar hacia combinaciones más innovadoras de ingredientes, sabores, presentaciones y beneficios.

La innovación puede convertirse en el elemento que separe a las marcas que logren consolidarse de aquellas que desaparezcan después de sus primeros lanzamientos. No todas las propuestas sobrevivirán a una competencia más intensa, especialmente cuando aumenten las alternativas disponibles en supermercados, bodegas y tiendas de conveniencia.

AJE, por ejemplo, contempla ampliar el portafolio de Hey Fit con nuevos productos. Coca-Cola mantiene abierta la posibilidad de continuar desarrollando categorías vinculadas con el bienestar conforme evolucionen las preferencias del público.

Las marcas especializadas también preparan sus propios movimientos. Mein Soda trabaja en su expansión hacia Colombia y México, además de evaluar una ronda de inversión que le permita acelerar su crecimiento. La empresa proyecta incorporar entre dos y tres nuevas variedades cada año.

Un mercado con potencial, pero cada vez más exigente

Las empresas que participan en la categoría coinciden en que todavía existe un amplio espacio para crecer. Hula estima que el mercado podría expandirse alrededor de 50% anual durante los próximos años. Sin embargo, reconoce que no todas las marcas nuevas conseguirán consolidarse.

El crecimiento atraerá inversiones, nuevos productos y una mayor competencia por los espacios de exhibición. También incrementará las exigencias de los consumidores, quienes compararán con mayor atención los ingredientes, beneficios, sabores, precios y credibilidad de cada propuesta.

El verdadero desafío será evitar que la expresión “bebida funcional” se convierta solamente en una herramienta publicitaria. Las compañías deberán comunicar con claridad qué ofrece cada producto y respaldar sus promesas para construir confianza.

La nueva batalla del mercado peruano de bebidas ya no se libra solamente en torno al sabor o al precio. Se disputa en la capacidad de interpretar al consumidor, innovar permanentemente y desarrollar productos coherentes con una sociedad que presta mayor atención a lo que consume.

Las marcas especializadas demostraron que existía una oportunidad. La entrada de Coca-Cola y AJE confirma su potencial. A partir de ahora, la competencia determinará cuáles empresas serán capaces de transformar esta tendencia en una categoría sólida, rentable y duradera.

Fuente principal: Reyes, Sandra (10 de julio de 2026). Mercado de gaseosas saludables habría crecido 100% en el último año. Diario Gestión. Artículo analizado y adaptado con fines educativos.

domingo, 28 de junio de 2026

Las empresas que enseñan a pensar cinco jugadas por delante: las lecciones empresariales del libro Tus próximas cinco jugadas

 



En el mundo de los negocios, muchas empresas no solo venden productos, servicios o experiencias. Algunas se convierten en verdaderos laboratorios de estrategia. Sus éxitos, errores, alianzas, crisis y decisiones permiten entender cómo funciona el poder empresarial. En Tus próximas cinco jugadas, Patrick Bet-David utiliza diversos ejemplos de empresas para explicar una idea central: quien quiere crecer en los negocios no puede vivir reaccionando al día a día; debe aprender a pensar varias jugadas por adelantado.

El libro no es simplemente una obra sobre emprendimiento. Es, sobre todo, una guía para pensar como estratega. Bet-David compara el mundo empresarial con el ajedrez: el empresario aficionado mira solo la siguiente jugada; el empresario estratégico observa el tablero completo, anticipa respuestas, calcula riesgos y prepara movimientos futuros. A partir de esa mirada, el autor recurre a empresas reales para mostrar enseñanzas que sirven tanto para emprendedores como para gerentes, docentes, estudiantes y líderes de equipos.

PHP Agency: el ejemplo de construir desde abajo

Uno de los casos más importantes del libro es la propia empresa fundada por Patrick Bet-David: PHP Agency. El autor cuenta que la empresa comenzó con sesenta y seis agentes en una oficina de Northridge, California, y que diez años después llegó a contar con más de quince mil agentes y ciento veinte oficinas en cuarenta y nueve estados de Estados Unidos, además de Puerto Rico.

La enseñanza de PHP Agency es clara: una empresa no nace grande, se construye con visión, cultura, sistema y repetición. Bet-David no presenta su compañía como un milagro, sino como el resultado de haber aprendido a convertir una industria considerada “aburrida”, como la de seguros de vida, en una oportunidad de mercado.

La lección periodística que deja PHP Agency es poderosa: muchas veces la oportunidad no está en crear un producto completamente nuevo, sino en entrar a un sector tradicional con una mirada diferente. El autor entendió que el negocio de seguros podía hablarle a una nueva generación, con nuevos perfiles de agentes, más diversidad y mayor presencia en redes sociales.

PHP Agency enseña que una empresa puede diferenciarse incluso dentro de un mercado maduro. Para lograrlo, debe entender a quién quiere servir, qué cultura quiere construir y qué tipo de personas quiere atraer. En ese sentido, el caso funciona como una prueba de que la estrategia no depende únicamente del dinero inicial, sino de la claridad de dirección.

Valuetainment: convertir el conocimiento en marca

Otro ejemplo fundamental es Valuetainment, el canal y plataforma de contenidos creada por Bet-David. El autor explica que empezó haciendo videos sencillos sobre lo que le funcionaba en los negocios. Primero los llamó “Dos minutos con Pat” y luego la marca evolucionó hasta convertirse en Valuetainment.

La enseñanza aquí es que el conocimiento también puede escalarse. Bet-David no se limitó a aprender para sí mismo; transformó sus aprendizajes en contenido, comunidad y reputación. Con el tiempo, Valuetainment pasó de tener pocos suscriptores a convertirse en una plataforma seguida por millones de personas.

Este caso deja una lección importante para cualquier emprendedor, docente o profesional: en la economía actual, quien sabe algo valioso debe aprender a comunicarlo. El conocimiento guardado sirve poco; el conocimiento compartido puede convertirse en influencia, autoridad y negocio.

Valuetainment también muestra el poder de la marca personal. Bet-David entendió que una empresa no solo compite por vender, sino también por educar, inspirar y ganar confianza. En un mercado saturado de información, la autoridad se construye cuando una persona o empresa entrega valor de manera constante.

Bally Total Fitness: cuando el mérito no siempre gana dentro de una corporación

Antes de crear sus propios negocios, Bet-David trabajó en Bally Total Fitness. En el libro narra cómo logró mejorar los resultados de un gimnasio que no cumplía sus objetivos. Según su relato, el club pasó de alcanzar apenas el cuarenta por ciento de los objetivos mensuales a superar el ciento quince por ciento. Sin embargo, cuando esperaba ser ascendido, la oportunidad fue entregada a otra persona con más antigüedad.

La enseñanza de Bally Total Fitness es dura, pero realista: en las empresas no siempre asciende quien más resultados produce. A veces pesan más la política interna, la antigüedad, las relaciones o los intereses de la organización.

Este ejemplo es importante porque permite comprender una de las ideas centrales del libro: antes de tomar una decisión profesional, una persona debe conocerse a sí misma. Algunas personas pueden prosperar dentro de una empresa; otras necesitan crear su propio camino. Bet-David utiliza esta experiencia para explicar que el dolor, la frustración y la injusticia pueden convertirse en combustible.

Bally Total Fitness enseña que una mala experiencia laboral puede ser el punto de partida para una decisión estratégica. No se trata de renunciar por enojo, sino de entender qué quiere uno construir y qué jugadas debe realizar para llegar allí.

Tesla y SpaceX: anticipar el futuro antes que los demás

El libro menciona a Elon Musk, fundador de Tesla y SpaceX, como ejemplo de alguien capaz de ver muchas jugadas por adelantado. Bet-David destaca la idea de que Musk piensa como un gran maestro de ajedrez: observa escenarios futuros, imagina consecuencias y actúa antes de que el mercado tradicional entienda completamente hacia dónde se dirige el mundo.

Tesla y SpaceX dejan una enseñanza sobre visión. No basta con administrar bien el presente. Algunas empresas cambian industrias porque se atreven a apostar por un futuro que otros consideran improbable.

Tesla desafió la lógica tradicional de la industria automotriz. SpaceX hizo lo mismo con la industria aeroespacial. En ambos casos, el mensaje es que la innovación exige una mentalidad capaz de soportar crítica, burla, presión financiera y alta incertidumbre.

La lección empresarial es clara: quien quiera transformar un sector no puede esperar aprobación inmediata. Las grandes jugadas suelen parecer exageradas al principio. Solo con el tiempo se entiende que no eran locura, sino anticipación estratégica.

Microsoft: cultura, acciones y continuidad más allá del fundador

Microsoft aparece varias veces en el libro como una empresa clave para entender el intraemprendimiento, la cultura y la escalabilidad. Uno de los ejemplos más fuertes es Steve Ballmer, quien ingresó como el empleado número treinta de Microsoft y terminó convirtiéndose en director ejecutivo. Su caso muestra que no todos necesitan fundar una empresa para construir riqueza o impacto; también se puede actuar como emprendedor dentro de una gran organización.

La enseñanza es que el intraemprendedor piensa como dueño, aunque no haya fundado la empresa. Trabaja con urgencia, protege la marca, innova y busca resultados. Microsoft se convierte así en un ejemplo de cómo una empresa puede crear oportunidades para personas ambiciosas dentro de su propia estructura.

Otro mensaje importante del caso Microsoft es el valor de las acciones y participaciones. Bet-David señala que Bill Gates otorgó participaciones a personas que se lo ganaron. Esta práctica ayudó a crear riqueza dentro de la organización y reforzó el compromiso de quienes formaban parte del crecimiento.

Microsoft también aparece como ejemplo de una empresa que pudo seguir creciendo después de que su fundador dejara el mando operativo. El libro resalta que, años después de la salida de Gates de la gestión diaria, la empresa aumentó enormemente su valor. La lección es profunda: una compañía verdaderamente escalable no puede depender eternamente de una sola persona.

La enseñanza para los estudiantes y emprendedores es directa: si una empresa solo funciona cuando el fundador está presente, todavía no es una empresa sólida; es una extensión de su personalidad. Para escalar, se necesitan cultura, sistemas, líderes y principios.

Apple: identidad, regreso y alianzas inteligentes

Apple es uno de los ejemplos más ricos del libro. Bet-David recuerda que Steve Jobs fundó Apple, fue despedido y luego regresó después de crear NeXT y Pixar. La historia es utilizada para explicar que incluso Jobs, uno de los grandes símbolos del emprendimiento moderno, también actuó como intraemprendedor cuando volvió a Apple y negoció acciones dentro de la empresa.

La primera enseñanza de Apple es que una carrera empresarial no siempre es lineal. Un fracaso, una salida forzada o una etapa difícil no significan el final. A veces son parte del camino que prepara una jugada mayor.

La segunda enseñanza aparece en el regreso de Jobs a Apple. El libro presenta el momento en que Apple atravesaba dificultades y Jobs decidió hacer algo impensable: acercarse a Microsoft, su rival histórico. Bill Gates y Microsoft invirtieron ciento cincuenta millones de dólares en Apple, resolvieron disputas legales y aseguraron la compatibilidad de Microsoft Office con las computadoras Mac.

Esta alianza deja una de las lecciones más potentes del libro: en los negocios, el ego puede destruir oportunidades. Apple no necesitaba “vencer” a Microsoft para sobrevivir; necesitaba recordar quién era Apple. Jobs entendió que un enemigo podía convertirse temporalmente en socio si eso ayudaba a proteger el futuro de la empresa.

Apple enseña que la estrategia no consiste en odiar al competidor, sino en saber cuándo competir, cuándo negociar y cuándo aliarse. La verdadera jugada no es la que satisface el orgullo, sino la que mantiene vivo el proyecto.

NeXT y Pixar: los caminos paralelos que preparan el regreso

NeXT y Pixar aparecen vinculadas al recorrido de Steve Jobs después de su salida de Apple. Estas empresas representan una enseñanza complementaria: una etapa aparentemente secundaria puede convertirse en preparación para una etapa superior.

NeXT no solo fue una empresa creada después del golpe sufrido por Jobs; terminó siendo parte del camino que facilitó su regreso a Apple. Pixar, por su parte, fortaleció la imagen de Jobs como visionario más allá de la computación.

El mensaje para el lector es que no toda jugada produce resultados inmediatos. Algunas decisiones preparan capacidades, relaciones, reputación y experiencia que serán útiles más adelante. Pensar cinco jugadas implica entender que una acción de hoy puede tener valor años después.

Google: innovación interna y libertad para crear

Google aparece como ejemplo de una empresa que fomenta el intraemprendimiento. El libro menciona la política del “veinte por ciento”, vinculada a la idea de permitir que los empleados dediquen parte de su tiempo a proyectos que consideren beneficiosos para la empresa.

La enseñanza de Google es que las organizaciones inteligentes no contratan talento para encerrarlo en procedimientos rígidos. Lo contratan para liberar su creatividad. Cuando una empresa da espacio para que sus trabajadores propongan, experimenten y construyan, puede convertir a sus empleados en motores de innovación.

Google también sirve para contrastar culturas. Bet-David comenta que no todas las empresas permiten innovar. Algunas quieren personas obedientes, no pensantes. En esas organizaciones, el talento termina frustrado o se marcha.

El mensaje es claro: si una empresa quiere atraer personas brillantes, debe crear un ambiente donde esas personas puedan actuar como emprendedoras internas. La innovación no aparece por decreto; aparece cuando la cultura permite pensar, probar y equivocarse.

Amazon: capital, velocidad y obsesión por el cliente

Amazon aparece en varios momentos del libro. Bet-David utiliza el caso de Jeff Bezos para hablar de capital, crecimiento exponencial, alianzas y velocidad.

Uno de los ejemplos gira alrededor de los primeros años de Amazon, cuando Bezos buscaba capital para financiar la empresa. La enseñanza aquí es que conseguir dinero no depende solo de tener una idea atractiva; exige claridad, narrativa, confianza y capacidad de explicar el futuro de la empresa.

Amazon también aparece como ejemplo de crecimiento exponencial con Amazon Prime. La creación de una membresía anual para recibir productos en dos días no fue simplemente una promoción comercial; fue una jugada estratégica. Prime generó ingresos recurrentes, aumentó la fidelidad del cliente y reforzó el hábito de comprar dentro del ecosistema Amazon.

Otra enseñanza de Amazon está relacionada con la velocidad. El libro menciona los pedidos con un solo clic como ejemplo de cómo reducir fricción en el proceso de compra. Amazon entendió que cada paso adicional puede hacer perder ventas. Por eso, simplificar el proceso también es una forma de estrategia.

El mensaje es directo: en los negocios modernos, la velocidad no es un lujo; es una ventaja competitiva. Una empresa que hace más fácil la vida del cliente gana terreno frente a competidores más lentos.

Amazon y Toys “R” Us: las alianzas pueden salvar, pero también deben vigilarse

El libro también presenta la alianza entre Amazon y Toys “R” Us. En el año 2000, en medio del estallido de la burbuja puntocom, Amazon necesitaba fortalecer su posición. La alianza permitió que Toys “R” Us vendiera juguetes y productos para bebés dentro del sitio de Amazon.

La enseñanza inicial es que una alianza correcta puede dar oxígeno a una empresa en crisis. Para Amazon, la relación ayudó a generar ingresos, atraer tráfico y fortalecer su plataforma.

Pero el caso también deja una advertencia: las alianzas no eliminan la necesidad de estar alerta. Años después, ambas empresas terminaron enfrentadas legalmente. Por eso, Bet-David utiliza este ejemplo para explicar que un empresario debe ser capaz de construir alianzas, pero también mantenerse paranoide en el buen sentido: atento, cuidadoso y consciente de los intereses de cada parte.

La enseñanza para cualquier negocio es que asociarse no significa confiar ciegamente. Una alianza debe tener reglas claras, beneficios mutuos y mecanismos de protección.

Walmart y Kmart: el pequeño que puede derrotar al gigante

Walmart y Kmart aparecen en el libro dentro del capítulo sobre cómo vencer a Goliat. Bet-David plantea que nadie habría imaginado que Walmart, en su momento más pequeño, terminaría llevando a Kmart prácticamente a la quiebra.

El mensaje es uno de los más importantes para los emprendedores: un gigante puede ser vencido, pero no por entusiasmo ingenuo. Para enfrentar a un Goliat se necesita resistencia, velocidad, estrategia, alianzas, diferenciación y capacidad de soportar dolor.

Walmart enseña que una empresa aparentemente menor puede crecer hasta superar a una más establecida si encuentra una estrategia superior. Kmart, por el contrario, representa el riesgo de confiar demasiado en la posición alcanzada.

La enseñanza periodística es contundente: en los negocios, el tamaño protege, pero también adormece. Cuando una empresa grande se relaja, abre espacio para que otra más rápida, disciplinada y enfocada le quite el mercado.

Costco, Target y Walmart: el peligro de depender de un solo gran cliente

Costco, Target y Walmart aparecen como ejemplo de grandes clientes que muchos emprendedores sueñan conquistar. Bet-David advierte que algunos empresarios piensan que si logran colocar su producto en una gran cadena, todos sus problemas estarán resueltos.

La enseñanza es prudente: un gran cliente puede parecer una solución mágica, pero también puede convertirse en una fuente de dependencia. Cuando una empresa depende demasiado de un solo comprador grande, ese comprador gana poder de negociación. Puede exigir mejores precios, condiciones más duras o cambios que debiliten al proveedor.

Este caso enseña que el verdadero poder empresarial consiste en tener opciones. Si una empresa tiene muchos clientes, muchos canales y muchas alternativas, negocia mejor. Si depende de uno solo, vive con miedo.

El mensaje para emprendedores es simple: venderle a un gigante puede ser bueno, pero depender de él puede ser peligroso.

Netflix: cultura de alto rendimiento y conversaciones difíciles

Netflix aparece a través de Patty McCord, exdirectora de talento de la compañía y autora de un libro sobre cultura de libertad y responsabilidad. Bet-David la utiliza para hablar de contratación, exigencia y decisiones difíciles dentro del equipo.

La enseñanza de Netflix es que una empresa no puede crecer si evita las conversaciones incómodas. La cultura no se construye solo con frases bonitas, sino con decisiones claras sobre quién debe estar en el equipo y quién ya no encaja.

Patty McCord representa una visión exigente de la gestión humana: contratar bien, decir la verdad, evaluar el rendimiento y aceptar que una persona pudo haber sido valiosa en una etapa, pero no necesariamente ser la adecuada para la siguiente.

Netflix enseña que el crecimiento exige madurez. Una empresa que quiere jugadores de alto rendimiento debe estar dispuesta a tomar decisiones difíciles sin perder respeto ni humanidad.

Toyota: resolver problemas rápido y no esconder fallas

Toyota aparece como ejemplo de velocidad operativa y mejora continua. Bet-David menciona el sistema en el que los trabajadores podían alertar rápidamente de problemas en la línea de producción para que un supervisor acudiera a resolverlos.

La enseñanza es extraordinaria: las empresas fuertes no esconden los problemas; los hacen visibles. Toyota comprendió que un problema detectado a tiempo cuesta menos que un defecto ignorado.

Este caso es especialmente útil para estudiantes de gestión, operaciones y administración. Enseña que la calidad no se logra solo revisando el producto final. Se logra creando sistemas para detectar errores durante el proceso.

Toyota deja una lección aplicable a cualquier negocio: si la empresa castiga a quien reporta problemas, los problemas se ocultarán. Si la empresa valora la detección temprana, mejorará más rápido.

Ferrari: la velocidad como mentalidad empresarial

Ferrari aparece en el libro como ejemplo para hablar de velocidad. Bet-David compara distintos modelos de Ferrari y su capacidad de acelerar de cero a sesenta millas por hora. A partir de esa comparación, invita a pensar cómo las empresas también pueden reducir tiempos.

La enseñanza no es sobre automóviles, sino sobre procesos. Si un Ferrari mejora su aceleración con los años, una empresa también debe preguntarse qué actividades puede hacer más rápido sin sacrificar calidad.

Ferrari simboliza la búsqueda constante de mejor desempeño. En los negocios, acelerar puede significar responder más rápido al cliente, entregar antes, cobrar más pronto, decidir con mayor claridad o reducir pasos innecesarios.

La lección es que toda empresa debería hacerse una pregunta: ¿en qué proceso estamos siendo demasiado lentos?

Boeing 747: sin velocidad no hay despegue

El Boeing 747 aparece como metáfora del momentum empresarial. Bet-David explica que un avión necesita alcanzar cierta velocidad para despegar. Lo mismo ocurre con una empresa: si no logra impulso suficiente, no despega o termina cayendo.

La enseñanza es que el crecimiento necesita energía acumulada. Una empresa no puede avanzar con movimientos aislados, lentos o contradictorios. Necesita dirección, capital, liderazgo y ritmo.

Boeing funciona como imagen clara para explicar que el momentum no aparece de casualidad. Se construye con velocidad, enfoque y ejecución sostenida.

IBM: vivir la verdad futura

IBM aparece vinculada a Thomas J. Watson y a la idea de construir una empresa imaginando desde el inicio cómo debería verse cuando alcanzara su madurez. Bet-David utiliza esta idea para explicar la “verdad futura”: actuar hoy como si la visión futura ya estuviera en camino.

La enseñanza de IBM es que una gran empresa primero existe en la mente de quien la lidera. Antes de tener edificios, empleados o presencia global, debe existir una imagen clara de lo que quiere llegar a ser.

Esto no significa fantasear. Significa definir estándares actuales a partir de una visión futura. Si el líder quiere una empresa seria, debe actuar con seriedad desde el inicio. Si quiere una organización confiable, debe construir confianza desde el primer día.

IBM enseña que la visión no sirve si no cambia la conducta presente.

Apple, Google, Southwest Airlines y Walmart: la cultura como religión empresarial

Bet-David compara a empresas como Google, Apple, Southwest Airlines y Walmart con religiones empresariales. No lo hace en sentido literal, sino para señalar que las grandes culturas tienen creyentes, rituales, símbolos, principios y formas de actuar compartidas.

La enseñanza es que una empresa fuerte no se sostiene solo por salarios o productos. Se sostiene porque sus miembros creen en algo. Cuando hay cultura, las personas saben cómo comportarse incluso cuando el líder no está presente.

Apple representa la obsesión por identidad y diseño. Google representa innovación y creatividad. Southwest Airlines simboliza una cultura reconocible de servicio y eficiencia. Walmart representa disciplina comercial y enfoque competitivo.

El mensaje es que las empresas con cultura fuerte no improvisan su comportamiento. Tienen principios repetidos, practicados y defendidos.

General Motors, Boeing, Campbell Soup, Colgate-Palmolive, Deere, IBM, Kellogg, Procter & Gamble y Whirlpool: sobrevivir en el tiempo es una hazaña

El libro menciona empresas que estuvieron en la lista Fortune 500 tanto en 1955 como en 2019: Boeing, Campbell Soup Company, Colgate-Palmolive, Deere & Company, General Motors, IBM, Kellogg Company, Procter & Gamble y Whirlpool Corporation. Bet-David las utiliza para explicar que mantenerse relevante durante décadas es extremadamente difícil.

La enseñanza es que el éxito pasado no garantiza permanencia futura. La mayoría de empresas que alguna vez fueron grandes desaparecen, son adquiridas o pierden relevancia.

Estas compañías representan la resistencia empresarial. Han atravesado cambios tecnológicos, crisis económicas, transformaciones del consumidor y nuevos competidores.

La lección para cualquier organización es clara: la estabilidad es temporal. Una empresa que hoy domina puede quedar fuera mañana si deja de aprender, innovar y proteger su posición.

Nike: autopromoción sin vergüenza

Nike aparece a través de Phil Knight como ejemplo de autopromoción. Bet-David señala que los visionarios no pueden tener miedo a mostrarse. Una marca que no comunica su valor queda invisible.

La enseñanza de Nike es que una empresa no solo debe ser buena; debe atreverse a ocupar espacio en la mente del mercado. La autopromoción, cuando está respaldada por valor real, no es vanidad: es estrategia.

Este punto es especialmente importante para emprendedores pequeños. Muchos fracasan no porque su producto sea malo, sino porque nadie lo conoce. Nike enseña que construir marca exige presencia, relato y valentía.

YouTube, Instagram, Facebook, Twitter y LinkedIn: el campo de batalla de la atención

El libro menciona redes y plataformas como YouTube, Instagram, Facebook, Twitter y LinkedIn dentro del contexto de la distracción, la comunicación y la autopromoción. Valuetainment, por ejemplo, creció sobre YouTube.

La enseñanza es doble. Por un lado, estas plataformas pueden distraer y fragmentar la atención. Por otro, también pueden convertirse en herramientas de posicionamiento, relato y construcción de comunidad.

Bet-David insiste en que controlar el relato es fundamental. Si una empresa o líder no comunica quién es, otros lo harán por él. Las redes sociales son, entonces, un campo de batalla narrativo.

El mensaje es que no basta con tener una empresa; hay que saber contar su historia.

Harvard, Stanford y Wharton: la educación formal no es el único camino

Aunque no son empresas, el libro menciona escuelas de negocios como Harvard, Stanford y Wharton para contrastarlas con Valuetainment. Bet-David no niega el valor de la educación formal, pero sostiene que el aprendizaje práctico, transferible y aplicado también puede formar emprendedores.

La enseñanza es que el conocimiento empresarial no vive únicamente en las aulas. También se aprende entrevistando, vendiendo, negociando, equivocándose, leyendo, liderando y construyendo.

Para estudiantes, esta idea es valiosa: la formación académica importa, pero debe conectarse con la realidad. Una teoría que no se aplica queda incompleta.

La gran enseñanza común: pensar antes de moverse

Si algo une a todas estas empresas es que cada una deja una enseñanza sobre estrategia.

PHP Agency enseña a construir desde abajo. Valuetainment enseña a transformar conocimiento en marca. Bally Total Fitness enseña que una frustración laboral puede revelar el verdadero camino. Tesla y SpaceX enseñan a anticipar el futuro. Microsoft enseña a crear cultura y oportunidades internas. Apple enseña a recordar la identidad y formar alianzas inteligentes. Google enseña a liberar la innovación interna. Amazon enseña velocidad, capital y obsesión por el cliente. Walmart enseña que un pequeño puede vencer a un gigante. Netflix enseña que la cultura exige decisiones difíciles. Toyota enseña a resolver problemas rápido. Ferrari enseña a acelerar procesos. IBM enseña a vivir desde la visión futura. Nike enseña a promocionarse sin miedo.

La conclusión del libro, vista a través de sus empresas, es que los negocios no se ganan solo con esfuerzo. Se ganan con estrategia. El esfuerzo sin dirección puede agotar; la estrategia convierte el esfuerzo en avance.

Patrick Bet-David invita al lector a dejar de pensar como empleado pasivo, vendedor impulsivo o emprendedor improvisado. Su propuesta es pensar como jugador de ajedrez: mirar el tablero, reconocer al rival, entender los recursos, calcular consecuencias y actuar con disciplina.

En un mercado donde muchas empresas viven apagando incendios, la gran enseñanza de Tus próximas cinco jugadas es aprender a mirar más lejos. Porque quien solo mira la próxima venta puede sobrevivir un día. Pero quien aprende a mirar cinco jugadas por delante puede construir una empresa capaz de crecer, resistir y dejar huella.

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