jueves, 30 de noviembre de 2023

El poder positivo de las emociones negativas - Daniel H. Pink




 

El poder positivo de las emociones negativas

 

(…) En 1984, la socióloga Susan Shimanoff grabó las conversaciones cotidianas de un grupo de estudiantes universitarios y de otro de parejas casadas. Analizó las grabaciones y transcripciones e identificó las palabras que expresaban o describían emociones. Luego recopiló una lista de las emociones, positivas y negativas, que la gente mencionaba con mayor frecuencia. Sentimientos como la felicidad, la excitación, la ira, la sorpresa y los celos figuran entre los veinte primeros. Sin embargo, la emoción negativa más común —y la segunda más común de cualquier tipo— era el arrepentimiento. La única mencionada con mayor frecuencia que el arrepentimiento era el amor.18

 

A principios de la década de 1950, un estudiante de economía de la Universidad de Chicago llamado Harry Markowitz concibió una idea tan elemental que, aunque ahora parece obvia, resultó ser tan revolucionaria que le valió un Nobel.8 Su gran idea llegó a conocerse como la «teoría moderna de carteras». Lo que descubrió —si se me permite contarlo a grandes rasgos para seguir con la historia — fue la matemática que subyace al adagio «No pongas todos los huevos en la misma cesta». Antes de que apareciera Markowitz, muchos inversores creían que el camino hacia la riqueza era invertir en uno o dos valores de gran potencial. A fin de cuentas, unas pocas acciones solían producir grandes rendimientos. Elige a las ganadoras y conseguirás una fortuna. Con esta estrategia, acabarás encontrándote más de un fiasco, pero, bueno, así funciona la inversión. Es arriesgada. Markowitz demostró que, en lugar de seguir esta receta, los inversores podían reducir el riesgo y seguir produciendo ganancias saludables mediante la diversificación: invertir en un conjunto de valores, no sólo en uno, ampliar las apuestas a través de una variedad de industrias. Los inversores no ganarán a lo grande con cada elección, pero, con el tiempo, percibirán más dinero con menor riesgo. Si tienes algún ahorro aparcado en fondos indexados o ETF, la teoría moderna de carteras explica el porqué. Por muy poderosa que sea la visión de Markowitz, no solemos aplicar su lógica a otros aspectos de nuestra vida. Por ejemplo, los seres humanos también tenemos lo que equivaldría a una cartera de emociones. Algunas de ellas son positivas, como el amor, el orgullo y el asombro. Otras son negativas, como la tristeza, la frustración o la vergüenza. Por lo general, tendemos a sobrevalorar una categoría y a minusvalorar la otra. Siguiendo el consejo de terceros y nuestra propia intuición, llenamos nuestras carteras de emociones positivas y vendemos las negativas. Sin embargo, adoptar este enfoque respecto de las emociones — descartar las negativas y acumular las positivas— es tan erróneo como el enfoque de inversión que prevalecía antes de la teoría moderna de carteras. Las emociones positivas son esenciales, por supuesto. Estaríamos perdidos sin ellas. Es importante ver el lado bueno de las cosas, tener pensamientos alegres, detectar la luz en la oscuridad. El optimismo se asocia con una mejor salud física. Emociones como la alegría, la gratitud y la esperanza aumentan notablemente nuestro bienestar.9 Necesitamos muchas emociones positivas en nuestra cartera y deben ser más numerosas que las negativas.10 Con todo, sobrecargar nuestra inversión con un exceso de positividad también tiene sus riesgos. El desequilibrio puede inhibir el aprendizaje, obstaculizar el crecimiento y limitar nuestro potencial. Por eso, las emociones negativas son esenciales. Nos ayudan a sobrevivir. El miedo nos impulsa a salir de un edificio en llamas y hace que pisemos con cautela para evitar una serpiente. El asco nos protege de los venenos y nos hace recular ante el mal comportamiento. La ira nos alerta de las amenazas y provocaciones de los demás, además de que agudiza nuestro sentido del bien y del mal. Un exceso de emociones negativas es, por supuesto, debilitante. Sin embargo, tener pocas también es destructivo.11 Un socio que se aprovecha de nosotros una y otra vez es esa serpiente que clava sus dientes en nuestra pierna. Tú y yo, así como nuestros hermanos erguidos, bípedos y de cerebro grande, no estaríamos aquí si careciéramos de la capacidad, ocasional pero sistemática, de sentirnos mal. Y cuando reunimos toda la gama de emociones negativas —la tristeza junto al desprecio adyacente a la culpa—, una de ellas emerge sobre el resto como la más dominante y poderosa: el arrepentimiento.

 

 

 

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