sábado, 8 de abril de 2023
lunes, 27 de marzo de 2023
¿Los líderes son demasiado sensibles?
¿Los líderes
son demasiado sensibles?
Una entrevista
con Gautam Mukunda y Gianpiero Petriglieri
de Adi Ignatius y Sarah Green Carmichael
Parece mentira que haya la misma cantidad de gritos y
llantos en la política que en el
lugar de trabajo. Gautam Mukunda de la Harvard
Business School y Gianpiero Petriglieri de INSEAD
nos echan una mano para poder sacar algo en claro de este asunto.
Sarah Green Carmichael: Hoy en día, cuando los políticos han incrementado
notablemente sus apariciones en público, parece que el énfasis que muestran nuestros líderes sea totalmente «auténtico»
—la palabra de moda—. Parece que los
gritos y llantos transmiten más autenticidad.
Gianpiero, ¿qué opinas tú de esto?, ¿nuestros líderes gritan y lloran
para probar que son reales?
Gianpiero Petriglieri: No creo que la gente se preocupe demasiado
por la autenticidad de sus
líderes. Creo que la gente
se preocupa más por que estos sean
coherentes. Las emociones son una magnífica forma de expresar
correctamente lo que quieres decir.
Creo que tenemos que hacer una distinción entre las
personas que están en posiciones de
poder, para los que una conducta emocional puede
ser problemática porque, normalmente, uno espera una cierta conducta contenida —a pesar de que ahora está cambiando, según Gautam—,
y los líderes, para los que las emociones lo son prácticamente todo. Las emociones
constituyen la base de las conexiones de las personas a las que seguimos y, también,
de las que nos siguen. Por ello, el
hecho de que te encuentres en una posición de
poder visible no significa que la gente te considere como un líder.
En realidad, mostrar las emociones es una forma de
reclamar: «¡Ey, estoy aquí! Creo que deberías prestar
atención a esto. Y estoy expresando de una manera creíble un problema por el que todos ‐ deberíamos estar preocupados». Hay
gente que ostenta el poder y, mediante las emociones, intenta
liderar.
Adi Ignatius:
Gianpiero, déjame volver atrás,
porque has dicho que a la gente
no le preocupa que sus líderes sean auténticos. Y esta afirmación desafía a toda una industria, a una subindustria dedicada a la
gestión empresarial que está
convencida de que es necesario que los líderes
sean auténticos. Háblanos de ello un poco más, teniendo en cuenta las emociones. Lo que has dicho acerca de
que un líder puede ser lo emocional
que quiera mientras sea coherente, y por ello efectivo, ha sonado un poco maquiavélico. ¿Puedes
aclarárnoslo?
GP:
En realidad, cuando hablas de
autenticidad te estás refiriendo a dos cosas distintas. La primera es la espontaneidad; es decir, «expreso
mis sentimientos del momento»; lo cual podría ser apropiado
o no para actuar como un líder.
La segunda, la autenticidad también
significa: «soy capaz de expresar
lo que las demás personas también sienten de una forma creíble, coherente
y auténtica. Muestro
que, al fin y al cabo, estamos
compartiendo una misma preocupación. Me importan y me preocupan las mismas cosas que a ti».
Esto es lo que hacen los líderes la mayor parte del
tiempo. A veces, de forma maquiavélica pero,
otras veces, de forma totalmente genuina. De hecho, uno de los motivos principales
por los que decidimos seguir a alguien
es porque creemos que se preocupa genuinamente por las mismas cosas que nos importan
a nosotros. Puede verse a menudo en la política.
Durante las campañas
políticas siempre aparece
un candidato que dice: «Soy uno de vosotros. Soy igual que vosotros.
Comparto vuestro
estilo de vida. Me preocupo por las mismas cosas. Pero el otro candidato o candidata os engaña, no es como
vosotros». Y, paradójicamente, el otro candidato proclama
exactamente lo mismo:
«No, no, no. Soy yo el que habla de los temas que realmente os preocupan, él es un impostor».
Al final, todos pretenden definirse
a sí mismo como «uno de nosotros» y denuncian que el otro candidato solo intenta alcanzar
logros personales. Lo que quiero decir es que no nos preocupamos demasiado sobre si un líder está expresando algo que es
auténtico o no. De lo que realmente nos
preocupamos es de si nuestro líder está expresando emociones que tengan algún
sentido para nosotros.
Por ello, la expresión emocional es un arma de doble filo:
porque, a veces, la gente interpreta
las emociones ajenas como un acto de egoísmo, pues considera que su expresión
refleja más la preocupación por uno
mismo que por los demás.
Pero, otras veces, esa misma forma de expresarse emocionalmente se interpreta como un acto de generosidad:
«Esto indica que lo que estás sintiendo es exactamente lo mismo que siento yo». ¿Os acordáis de Bill Clinton?
En 1992, en un acto electoral durante
la campaña, hubo
un momento en el que dijo: «Siento vuestro dolor». Ese fue un momento
legendario de su primera campaña electoral, porque estaba haciendo
lo que los líderes siempre
tratan de conseguir, no siempre de forma manipuladora o maquiavélica; a menudo, de forma genuina
para transmitir que el líder no solo comparte el conocimiento de nuestra situación, sino que, además, ha vivido una experiencia similar. Esto es lo que la mayoría de
nosotros busca en los líderes: no solo queremos que entiendan nuestras circunstancias, sino que queremos que sepan realmente qué es estar en nuestras
circunstancias; es decir, que
sientan nuestro dolor, nuestras mismas preocupaciones, que compartan nuestras
aspiraciones y nuestros
mismos deseos.
A fin de cuentas, eso es lo importante cuando decimos que queremos que un líder sea auténtico: queremos que hayan vivido nuestra
situación.
AI: Gautam, ¿estás de acuerdo con esto? Porque,
de este modo, parece que la empatía
y la inteligencia emocional son la verdadera
clave para el liderazgo. Estoy simplificando, pero ¿tengo algo de razón?
Gautam Mukunda: Creo que la empatía y la inteligencia emocional son herramientas
extraordinariamente poderosas para ejercer el liderazgo. A menudo, te
das cuenta de que la gente
dice que prefiere que los líderes
digan lo que realmente piensan, en vez de que digan lo que creen que quiere
oír la gente para lograr
más apoyos.
Pero, por supuesto, vale la pena señalar que aquellas personas
que dicen esto son las que, luego, dan su voto a quienes les
dicen lo que quieren oír, en vez de a
aquellos que dicen lo que realmente piensan. Así pues, hay cierto grado de ambigüedad; por ejemplo, «Donald
Trump dice lo que pienso, así que eso también debe ser lo que él piensa».
En realidad, para mí la herramienta más efectiva para
alcanzar el poder es la capacidad de decir a la gente lo que
quiere oír de una forma que parezca totalmente sincera y honesta. Y, ciertamente, lo que me interesa del comentario de Gianpiero es hasta qué punto queremos
que nuestros
líderes no solo estén interesados en ellos mismos, sino en el bienestar del grupo; es decir, queremos que se preocupen tanto por la gente
a la que lideran como lo hacen
por sí mismos. En esencia, en muchas batallas por el poder la gente intenta definir
a sus oponentes como egoístas
que solo están interesados en sí mismos.
Y esto ocurre en casi cualquier organización. Un líder que solo se interesa
por sí mismo, probablemente, tendrá más problemas
para que sus seguidores crean que él es el indicado para liderar. Y, para mí, esta es la siguiente pregunta: «¿Qué son las emociones?».
Por ejemplo, incluso
al actor más experimentado le cuesta sacar
unas lágrimas falsas en el
momento adecuado. Es algo con lo que los actores
profesionales deben lidiar constantemente. Así que, cuando el presidente
Obama derramó unas
lágrimas por los niños que habían sido asesinados en una escuela,
no cabe la menor duda de que estaba revelando una parte muy profunda de sus emociones.
Además, resulta sorprendente que, en muchas de las
repuestas del bando republicano a ese
acto, se insinuó que Barak Obama llevaba cebollas o algún tipo de sustancia que le permitió
verter lágrimas falsas.
En primer lugar, eso indicaba lo poderosa que podía ser tal imagen y, en segundo lugar, esa reacción revelaba
algo de ellos mismos: que el asesinato
de muchos niños inocentes no era un motivo suficiente para que alguien derramara algunas lágrimas.
GP: Veréis, no creo que la gente quiera que los líderes les digan lo que
ellos piensan.
Creo que la gente quiere ver cómo los líderes
les muestran lo que ellos
sienten. Quieren ver a sus líderes expresando el sentimiento que ellos mismos también
sienten como cierto.
Por supuesto, no todo el mundo comparte
los mismos sentimientos. El caso que ha
expuesto Gautam, el presidente Obama llorando, es un claro ejemplo de ello. Es un poderoso mensaje y, además, humaniza
a un líder. Para la gente que comparte la misma consternación o el mismo malestar,
esta humanización hace que crean más en su liderazgo. Y, para la gente que se
niega a comprender la situación, para la gente que no comparte
esos mismos sentimientos, esa humanización disminuye
ostensiblemente su liderazgo. Es ahí donde la expresión
emocional se presenta como un arma de doble filo. Porque las personas que compartan los mismos sentimientos que tú estás expresando se sentirán mucho más cercanas
a ti, y, en consecuencia, te
percibirán más como un líder. Pero, por otro lado, la gente que no
comparte los mismos sentimientos, de repente, se encontrará más lejos de ti y empezará a sospechar que eres un poco manipulador y maquiavélico entre otras muchas
cosas.
En el ejemplo de Gautam, se ve a un hombre que ostenta uno
de los puestos de liderazgo más
poderosos del mundo enfrentándose a una tragedia.
Una tragedia que, a pesar de todo el poder que posee, no puede revertir. Por lo tanto, es lógico que exprese la
frustración que le provocan los límites de su poder; una
frustración que no es solo suya, sino
que también se expresa en un gran número de personas que probablemente sientan que esa tragedia
se podría haber evitado fácilmente si hubieran actuado con determinación
o con la voluntad política de
hacerlo. Y que, en realidad, no se ha podido evitar porque, simplemente, no había suficiente voluntad política para implementar los cambios necesarios para la tenencia
de armas.
SGC: Ese momento, el del presidente
Obama llorando, ¿habría sido distinto
si lo hubiera protagonizado una mujer, una presidenta? ¿Hay alguna diferencia entre ver a un hombre
romperse de esa manera o ver a una líder con la misma responsabilidad romperse de igual
modo?
GM:
Seguramente, sin lugar a dudas. La crítica de que alguien es demasiado emocional es uno de los clásicos
tópicos de género que se usa para
desacreditar a las mujeres que se encuentran en posiciones de poder. Vale la pena señalar que el momento
en el que Hillary Clinton lloró un poco en New Hampshire fue
clasificado como uno de los más destacados
de su campaña electoral. Fue un momento determinante que consiguió revertir la situación y devolverla, de nuevo, a la
carrera por la presidencia frente
a Obama en 2008.
Pero, del mismo modo, es indicativo que una de las
críticas más recurrentes que recibía Hillary
era que actuaba como un robot.
¿Verdad? Y ese momento en New Hampshire
fue una oportunidad para romper esa fachada.
A pesar de todo, creo que para una líder femenina la apuesta de llorar es mucho más arriesgada que para un líder masculino. Es tan fácil que los oponentes
jueguen con los estereotipos de género que probablemente enseguida
lo usarían para resaltar sus debilidades.
SGC: También deberíamos
mencionar que, del mismo modo, puede haber estereotipos raciales. Hay muchas
más emociones, como la ira; si la expresara Obama tendría más problemas que si la expresara Hillary.
GM:
Sin duda. En una de esas pocas
ocasiones en las que Barack Obama ha desvelado qué opina de la forma en la que se
presenta a sí mismo —y está claro que él es alguien que piensa
profundamente sobre estos temas— ha dicho que, por encima de todo, lo que siempre intenta evitar es
que se le perciba como al típico hombre negro
enfadado. Esa es la frase que él mismo usó. Y aquí se encuentra una profunda fuerza que está modelando la
forma en la que quiere que lo vean
los demás.
Él estaba convencido de que, si de verdad quería ser un líder, las expresiones visibles de enfado
o ira no le estaban permitidas, por la discriminación racial que existe en su país, Estados
Unidos. Y, de hecho —si te fijas—,
antes de que fuera reelegido, la ira no hizo acto de presencia en ninguna de sus
apariciones. No puedo acordarme de ninguna ocasión
en la que Obama se mostrara airado durante los primeros
cuatro años. Lo que empezamos a ver después de que fuera reelegido
es que, básicamente, adquirió más libertad para expresar sus emociones
y que, en ocasiones, sacó provecho de ello.
AI: Tras lo que has dicho, ¿aconsejarías a las ejecutivas que mantuvieran sus emociones bajo control? Obviamente, no es justo,
pero ¿la sociedad puede usar en su contra
que lloren en público delante
de su equipo?
GM: En primer lugar, recomendaría a cualquier líder, sea
hombre o mujer, que trabajara con
todas sus fuerzas para poder llegar a hacerlo
algún día. El poder de ese momento es, en parte, el culpable de que ellos sean únicos.
La incansable capacidad que tenía John Boehner para romper a llorar en cualquier acto
público fue un duro golpe para el dramatismo en ‐ Washington. No creo que sus constantes lloros
fueran un activo
para su liderazgo. Pero, cuando Barack Obama lo hizo, fue impactante
porque nunca habíamos visto a un
presidente hacer algo parecido, al menos que
yo recuerde. Así pues, tanto a un
hombre como a una mujer, les diría: «si siempre eres
extremadamente emocional, es probable que, de alguna manera, al final sea un hándicap para ti como
líder». Y, además, les diré algo a las mujeres ejecutivas que es tremendamente injusto: «que en la valoración de las emociones
ellas serán juzgadas
de forma más severa».
Probablemente, lo sepan mucho mejor de lo que yo nunca
llegaré a saber. Jamás he hablado con
una líder que no sea consciente de este hecho y que no piense —o haya pensado— que está siendo
juzgada por unos patrones que no afectan
a sus homólogos masculinos.
La verdad es que es muy fácil usar los ataques de género — atribuyéndole demasiada sensibilidad en vez de reflexión—
contra una líder, o contra cualquier mujer que se encuentra en una situación donde hay gente que
trata de socavarla, como para no tenerlo en cuenta y tratar de ser tremendamente cautelosos.
SGC: Gianpiero, ¿tienes algo que añadir sobre el asunto de la ira o del llanto?
GP: En general, siempre
he pensado que la indignación es mucho más
fácil
de falsear que la tristeza. Quizás por eso también es más fácil no creérsela. En realidad, yo pienso
que invertimos demasiado tiempo y energía
en estereotipos acerca de lo que uno debería o no debería hacer.
Acostumbro a estar de acuerdo con ello cuando se aplica a
líderes experimentados o a algún político u hombre de negocios; es una buena
norma general que se comporten de forma relativamente contenida. Pero, del mismo modo, pienso
que cualquiera que verdaderamente
quiera ser un líder —no solo llamárselo a sí mismo— debe tener cierto
tipo de relación con su vida emocional. No solo deberían ser
capaces de preguntarse si han de expresar sus emociones, sino que
deberían ser un poco más sofisticados
y preguntarse a sí mismos y a los demás cómo expresan sus emociones.
Si estás atento a la vida
subterránea que se desarrolla en cualquier
organización o empresa,
puedes ver que las emociones
surgen constantemente. Cuando
trabajo con grupos de altos directivos con experiencia,
nunca les hago esta pregunta: «¿Expresas abiertamente tus emociones?». En vez de esa, la pregunta que les hago es esta:
«¿Cómo acostumbras a expresar tus emociones?».
Por ejemplo, una forma clásica de mostrar tu opinión
disconforme en un grupo puede ser, simplemente, no
acudir a una reunión. O acudir tarde y no participar en nada mientras
todos los asistentes se muestran animados con la reunión. Esa es una
expresión clara y evidente de disconformidad, o incluso de agresión. Ahora bien, que esta disconformidad se haya discutido,
verbalizado o decodificado es una cosa muy diferente. El hecho de que no dotemos de palabras a nuestras
emociones o no nos echemos a llorar no significa que no estemos expresando emociones
fuertes o que no las estamos expresando de la forma apropiada. Mostrarse demasiado distante
de una respuesta emocional, a menudo, puede ser extremadamente inapropiado e ineficaz. Por esto creo que, para un líder,
las preguntas más importantes son estas: ¿Sabes
lo que estás sintiendo? ¿Sabes qué tipo de sentimientos son? ¿Sabes por qué te sientes de esa manera? ¿Estás mostrando esos sentimientos tan solo como una expresión de tu estado
emocional de este momento? ¿O eres capaz de profundizar más? ¿Qué te dicen
estos sentimientos de lo que ocurre a tu alrededor y de la gente de la que eres responsable? ¿Puedes darles un
sentido y articularlos de forma que
sean útiles para que puedan ayudarte a avanzar en lo que haces?
GAUTAM MUKUNDA es profesor adjunto en la Unidad de Comportamiento Organizacional de la Harvard Business
School. Doctorado del MIT en Ciencias Políticas. Su primer libro es Indispensable: When Leaders Really Matter (Harvard Business Review Press, 2012). GIANPIERO
PETRIGLERI es un profesor asociado de Comportamiento Organizacional en
el ‐ INSEAD, donde dirige el
Management Acceleration Programme, el programa abanderado de la escuela para líderes emergentes. Médico y
psiquiatra de formación, investiga y entrena el desarrollo del liderazgo. Síguelo en Twitter
@gpetrglieri. ADI IGNATIUS es el editor en jefe de la Harvard Business Review. SARAH GREEN CARMICHAEL es la editora de la Harvard
Business Review. Síguela en Twitter:
@skgreen.
Adaptado de Are Leaders
Getting Too Emotional?, en HBR IdeaCast (podcast), marzo 17, 2016.
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