sábado, 18 de julio de 2026

Ofertas de 100 M$: la estrategia para dejar de competir por precio y construir una propuesta difícil de rechazar

 



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Alex Hormozi sostiene que muchos negocios no fracasan porque vendan malos productos, sino porque presentan ofertas comunes, fáciles de comparar y demasiado parecidas a las de sus competidores. Su propuesta consiste en construir una “Oferta Grand Slam”: una combinación de valor, precio, garantías, bonificaciones y condiciones comerciales que permita al cliente percibir que recibirá mucho más de lo que pagará.

En numerosos mercados, los empresarios observan lo que cobran sus competidores, calculan un precio promedio y deciden ofrecer algo ligeramente más barato.

La estrategia parece razonable. Si dos empresas venden productos parecidos, la opción económica podría atraer a una mayor cantidad de compradores. Sin embargo, esta decisión también puede iniciar una carrera peligrosa: cada nuevo competidor ofrece un poco más por un poco menos, los márgenes disminuyen y el producto termina convertido en una mercancía prácticamente indistinguible.

Cuando el cliente no encuentra diferencias importantes, utiliza el precio como principal criterio de decisión. La empresa deja de ser elegida por el valor que crea y comienza a ser comparada por cuánto cuesta.

En Ofertas de 100 M$, Alex Hormozi plantea que la respuesta no consiste en mejorar únicamente la publicidad o entrenar vendedores más persuasivos. Antes de esas acciones debe construirse una propuesta que resulte difícil de comparar.

El objetivo es abandonar la competencia directa y crear una categoría propia.

<u><strong>Cuando dos productos parecen iguales, generalmente gana el más barato. Cuando una oferta se percibe como única, la comparación por precio pierde fuerza.</strong></u>

Una historia que comienza cerca de la quiebra

Hormozi inicia el libro relatando una crisis personal y empresarial ocurrida en diciembre de 2016.

Había vendido casi todos sus gimnasios y depositado el dinero obtenido en una cuenta compartida con un nuevo socio. Poco después descubrió que aproximadamente US$45,700 habían sido retirados. Al mismo tiempo, un procesador de pagos retuvo durante seis meses alrededor de US$120,000 generados por su nuevo negocio.

Hormozi debía pagar US$22,000 de comisión a un vendedor. Después de realizar el pago, su cuenta bancaria quedó con poco más de US$1,000. Según su relato, no tenía vivienda propia, trabajaba desde una habitación utilizada como cuarto de juegos y enfrentaba una situación financiera límite.

Pese a ello, decidió continuar con el lanzamiento simultáneo de seis gimnasios. La operación consumía aproximadamente US$3,300 diarios mediante una tarjeta de crédito empresarial.

Durante enero de 2017, el proyecto recaudó alrededor de US$100,117. Hormozi afirma que, durante los primeros doce meses, el negocio acumuló unos US$3 millones en beneficios y posteriormente alcanzó ventas superiores a US$120 millones. El autor atribuye esa transformación, en gran medida, a la oferta que había desarrollado para ayudar a los gimnasios a conseguir clientes.

La experiencia funciona como punto de partida del libro. Hormozi no presenta la oferta como un detalle publicitario, sino como la estructura central de una transacción.

<u><strong>Una buena campaña puede atraer la atención, pero es la fuerza de la oferta la que determina si esa atención se convierte en ventas.</strong></u>

Qué es una Oferta Grand Slam

Hormozi define una Oferta Grand Slam como una propuesta que no puede compararse fácilmente con otros productos o servicios disponibles.

La oferta combina una promoción atractiva, una propuesta de valor diferenciada, un precio superior, una garantía convincente y unas condiciones de pago favorables para el crecimiento del negocio.

El resultado buscado es vender dentro de una “categoría de uno”. El cliente ya no compara la empresa con cinco competidores aparentemente iguales. Evalúa si desea aceptar esa propuesta particular o continuar sin ella.

Según el autor, una oferta de esta naturaleza puede mejorar simultáneamente tres elementos: la cantidad de personas que responden a la publicidad, el porcentaje que finalmente compra y el precio que están dispuestas a pagar.

La diferencia no siempre requiere inventar un producto completamente nuevo. En ocasiones, el servicio básico permanece casi igual, pero cambia la manera en que se empaqueta, se entrega, se garantiza y se comunica.

Una agencia que simplemente promete “gestionar publicidad por US$1,000 mensuales” se parece a muchas otras. En cambio, una propuesta que incluye generación de prospectos, entrenamiento comercial, guiones, seguimiento y una garantía vinculada con resultados se percibe como una solución distinta.

<u><strong>La Oferta Grand Slam no consiste en agregar elementos al azar. Consiste en organizar una solución completa alrededor del resultado que realmente desea el cliente.</strong></u>

El problema de convertirse en una mercancía

Cuando los productos son percibidos como equivalentes, la decisión se desplaza hacia el precio.

Esta dinámica conduce a la mercantilización. Los competidores reducen sus tarifas para captar clientes y los demás responden haciendo lo mismo. Con el tiempo, los márgenes se aproximan al mínimo necesario para mantener funcionando la empresa.

Hormozi considera que esta carrera puede convertir al propietario en esclavo de su negocio: debe atender a más clientes, con menos recursos y con una capacidad cada vez menor para mejorar la experiencia.

La salida consiste en trasladar la compra desde el precio hacia el valor. Una propuesta diferenciada permite que el consumidor analice el resultado esperado y no solamente cuánto debe pagar.

<u><strong>Competir por precio obliga a trabajar con el margen que permite el mercado. Competir por valor permite construir un margen suficiente para cumplir mejor la promesa.</strong></u>

Primero el mercado, después la oferta y finalmente la persuasión

Una oferta poderosa no puede salvar cualquier mercado.

Hormozi establece un orden de importancia: primero se encuentra la existencia de una “multitud hambrienta”; después, la fortaleza de la oferta; y, en tercer lugar, la habilidad para persuadir.

Su ejemplo es sencillo. Una persona que vende comida frente a un grupo hambriento después del cierre de los bares probablemente venderá incluso si su presentación y sus habilidades comerciales son deficientes.

En cambio, una oferta extraordinaria dirigida a personas sin necesidad, interés o capacidad de compra enfrentará enormes dificultades.

La jerarquía propuesta es:

Mercado con demanda > fuerza de la oferta > capacidad de persuasión.

Un mercado normal puede producir buenos resultados cuando recibe una oferta extraordinaria. Pero una oferta normal dentro de un mercado normal exigirá vendedores excepcionalmente hábiles para destacar.

<u><strong>La persuasión no crea hambre. Su función es ayudar a que una persona comprenda por qué una solución puede satisfacer una necesidad que ya reconoce.</strong></u>

Qué debe tener una “multitud hambrienta”

El mercado atractivo no está definido únicamente por su tamaño.

Debe existir un problema significativo, personas con capacidad de compra y una necesidad que continúe creciendo o que permanezca durante suficiente tiempo.

Una población numerosa no garantiza un buen negocio. Si las personas no perciben el problema como urgente o no están dispuestas a pagar por resolverlo, la empresa deberá invertir demasiado esfuerzo en convencerlas.

Hormozi también advierte sobre el cambio constante de nicho. Algunos empresarios prueban una oferta durante poco tiempo, no obtienen resultados inmediatos y concluyen que el mercado es malo. Después abandonan un sector para comenzar nuevamente en otro.

El problema puede no encontrarse en el nicho, sino en que todavía no se ha desarrollado una oferta suficientemente atractiva.

<u><strong>Cambiar repetidamente de mercado impide acumular el conocimiento necesario para comprender profundamente a un cliente y construir una solución superior.</strong></u>

Por qué el autor defiende los precios elevados

Uno de los planteamientos más polémicos del libro es la defensa del precio prémium.

Hormozi critica el procedimiento habitual de observar el precio de la competencia, calcular un promedio y ubicarse ligeramente por debajo. Para el autor, este método reproduce las mismas limitaciones económicas que afectan al resto del mercado.

Su argumento es que un precio demasiado bajo puede producir consecuencias que van más allá de los ingresos.

El comprador podría comprometerse menos porque su inversión fue pequeña. También puede interpretar que un producto barato posee menor calidad. La empresa, por su parte, dispone de menos margen para contratar personal competente, mejorar sus procesos, ofrecer soporte y cumplir con una experiencia extraordinaria.

Hormozi denomina a la alternativa “ciclo virtuoso del precio”. Una tarifa elevada genera más recursos; esos recursos permiten mejorar la entrega; mejores resultados fortalecen la reputación; y una reputación más sólida permite sostener el precio.

El autor también sostiene que los precios reducidos pueden atraer a compradores que valoran principalmente el descuento y que, pese a pagar menos, suelen mantener exigencias elevadas.

<u><strong>Cobrar más solo es sostenible cuando el negocio utiliza ese margen para entregar más valor, producir mejores resultados y cumplir de manera consistente.</strong></u>

El precio prémium no debe convertirse en una justificación para cobrar una cantidad arbitraria. Una tarifa alta sin una propuesta superior puede destruir la confianza. La relación debe conservar una diferencia favorable para el cliente: aunque el precio sea elevado, el valor percibido debe ser todavía mayor.

La ecuación del valor

El núcleo conceptual del libro es la ecuación del valor.

Hormozi sostiene que el valor percibido aumenta cuando crecen dos elementos: el resultado soñado y la probabilidad que el comprador atribuye a conseguirlo.

Al mismo tiempo, el valor aumenta cuando disminuyen otros dos factores: el tiempo necesario para obtener el resultado y el esfuerzo o sacrificio que el cliente deberá realizar.

La ecuación puede expresarse de esta manera:

Valor percibido = (resultado soñado × probabilidad percibida de logro) ÷ (demora × esfuerzo y sacrificio).

Las cuatro preguntas que atraviesan la mente del comprador serían las siguientes: ¿qué conseguiré?, ¿creo que funcionará para mí?, ¿cuánto tardará? y ¿qué tendré que hacer?

<u><strong>Una oferta se vuelve más valiosa cuando promete un resultado deseado, demuestra que puede conseguirlo, reduce la espera y facilita el camino.</strong></u>

Primer componente: el resultado soñado

El resultado soñado es la situación futura que el cliente realmente desea.

Una persona no compra un programa de ejercicio únicamente por las sesiones de entrenamiento. Puede estar comprando confianza, salud, reconocimiento, energía o la posibilidad de volver a utilizar determinada ropa.

Un empresario no compra publicidad porque desee anuncios. Busca más clientes, mayores ingresos o estabilidad financiera.

El error aparece cuando la empresa describe únicamente las características del producto. Habla de horas, módulos, reuniones, materiales o funciones, pero no conecta esos componentes con la transformación esperada.

El resultado soñado debe ser específico y significativo. Cuanto mejor comprenda la empresa qué desea realmente el cliente, más claramente podrá construir su oferta.

<u><strong>Las personas no compran las herramientas por amor a las herramientas; las compran porque esperan que las conduzcan hacia una realidad diferente.</strong></u>

Segundo componente: la probabilidad percibida de logro

Una promesa atractiva no es suficiente. El comprador necesita creer que puede alcanzarla.

La credibilidad puede fortalecerse mediante demostraciones, experiencia, casos anteriores, procesos claros, pruebas sociales y garantías.

La expresión “probabilidad percibida” es importante. El producto puede ser técnicamente efectivo, pero si el consumidor no comprende cómo funciona o no confía en quien lo ofrece, su percepción de éxito será baja.

También ocurre lo contrario: una comunicación muy persuasiva puede elevar artificialmente las expectativas. Cuando la empresa no cumple, la decepción deteriora la reputación y aumenta las devoluciones.

<u><strong>El valor no depende solamente de que una solución funcione; también depende de que el comprador encuentre razones suficientes para creer que funcionará en su caso.</strong></u>

Tercer componente: el tiempo de espera

Las personas valoran más los resultados rápidos.

Un cliente puede aceptar esperar meses para recibir una transformación importante, pero necesita experimentar señales de avance antes del resultado final.

Hormozi distingue entre el resultado definitivo y la experiencia inmediata. Una empresa puede reducir la demora percibida entregando una primera victoria rápidamente: una evaluación, un diagnóstico, una mejora inicial, un plan personalizado o una acción que produzca un beneficio temprano.

El autor observa que algunas de las empresas más exitosas redujeron drásticamente la espera. Amazon simplificó y aceleró las compras; Netflix permitió acceder inmediatamente al contenido; y Apple redujo la dificultad de utilizar determinados dispositivos.

<u><strong>El cliente puede aceptar un proceso largo cuando recibe pronto una señal convincente de que está avanzando en la dirección correcta.</strong></u>

Cuarto componente: el esfuerzo y el sacrificio

Incluso un resultado deseable puede perder atractivo cuando exige demasiado trabajo, incertidumbre o incomodidad.

El esfuerzo puede ser físico, económico, emocional o intelectual. También puede aparecer cuando el cliente debe tomar demasiadas decisiones, aprender un sistema complejo o realizar tareas que no domina.

Reducir el esfuerzo no significa prometer resultados sin participación. Significa eliminar obstáculos innecesarios y facilitar las acciones que realmente producen el resultado.

Una solución completa puede incluir instrucciones, plantillas, seguimiento, recordatorios, acompañamiento o herramientas que reduzcan la posibilidad de abandono.

Hormozi considera que muchas empresas concentran toda su comunicación en realizar promesas más grandes, cuando la oportunidad más difícil de copiar se encuentra en disminuir la espera y el esfuerzo.

<u><strong>Prometer más es relativamente sencillo. Diseñar una experiencia que permita conseguirlo con menos demora y menor fricción exige verdadera innovación.</strong></u>

Cómo construir una Oferta Grand Slam

El proceso propuesto por Hormozi comienza con el resultado soñado y avanza hacia los obstáculos que impiden alcanzarlo.

1. Identificar la transformación deseada

El primer paso es definir con precisión qué quiere conseguir el cliente.

No basta con nombrar el producto. Debe comprenderse la transformación emocional, económica, profesional o personal que representa.

La oferta debe comenzar desde la perspectiva del comprador, no desde aquello que la empresa ya sabe producir.

<u><strong>Una oferta poderosa se diseña desde el resultado del cliente hacia atrás, no desde el inventario de la empresa hacia adelante.</strong></u>

2. Enumerar todos los problemas

Una vez definido el resultado, se identifican los obstáculos que aparecen antes, durante y después de la compra.

El cliente puede creer que no tiene tiempo, que el proceso es difícil, que fracasará como en intentos anteriores, que el precio es elevado o que no podrá mantener el resultado.

Hormozi recomienda enumerar incluso los problemas aparentemente pequeños. Cada preocupación sin resolver puede convertirse en una objeción.

3. Convertir los problemas en soluciones

Cada obstáculo debe transformarse en una respuesta concreta.

Si el cliente no sabe qué hacer, se proporciona un plan. Si carece de tiempo, se reduce la duración de las tareas. Si teme equivocarse, se ofrece acompañamiento. Si duda de su disciplina, se crea seguimiento.

La oferta crece cuando deja de vender un único servicio y comienza a resolver el conjunto de dificultades que rodea al resultado.

4. Elegir cómo entregar cada solución

Una misma solución puede ofrecerse de muchas formas: individualmente, en grupo, mediante vídeos, sesiones en directo, documentos, aplicaciones, mensajes o servicios ejecutados directamente por la empresa.

Aquí aparece el pensamiento divergente. Hormozi propone generar múltiples posibilidades antes de elegir la estructura final. A diferencia de un problema matemático, en los negocios pueden existir varias respuestas correctas y alguna de ellas puede producir mucho más valor que las demás.

5. Recortar y apilar

Después de imaginar numerosas soluciones, debe eliminarse aquello que cuesta demasiado y aporta poco valor. Al mismo tiempo, se conservan los elementos de alto impacto y bajo costo.

Hormozi denomina a este proceso “recortar y apilar”. El objetivo es reunir los componentes que eleven la percepción de valor sin convertir la entrega en una operación imposible de sostener. Los cinco pasos —resultado, problemas, soluciones, formas de entrega y selección final— estructuran la creación de la oferta.

<u><strong>Una oferta no mejora simplemente porque incluya más cosas. Mejora cuando cada elemento resuelve una preocupación relevante y puede entregarse de manera rentable.</strong></u>

El equilibrio entre vender y cumplir

Una propuesta extraordinariamente amplia puede ser fácil de vender y difícil de ejecutar.

Si la empresa promete demasiadas actividades personalizadas, necesitará más personal, tiempo y recursos. El cliente recibirá mucho valor, pero el modelo puede volverse incapaz de crecer.

En el extremo contrario, una propuesta demasiado reducida puede resultar rentable de entregar, pero difícil de vender porque no resuelve suficientemente el problema.

Hormozi propone encontrar un punto en el cual la oferta sea atractiva para el comprador y sostenible para la empresa. En las primeras etapas puede ser útil entregar más, aprender qué valoran realmente los clientes y después simplificar.

<u><strong>Una oferta verdaderamente buena debe producir dos resultados: una transformación importante para el cliente y una operación económicamente sostenible para la empresa.</strong></u>

Cómo aumentar el deseo por la oferta

Después de construir el núcleo de valor, Hormozi incorpora cinco elementos que pueden fortalecerlo: escasez, urgencia, bonificaciones, garantías y un nombre atractivo.

Escasez: limitar la cantidad

La escasez aparece cuando la disponibilidad es limitada.

Puede referirse a un número determinado de plazas, una cantidad restringida de bonificaciones o una oferta que no volverá a estar disponible.

La lógica psicológica se relaciona con el miedo a perder una oportunidad. Las personas pueden actuar con mayor rapidez cuando perciben que un recurso desaparecerá.

Sin embargo, el autor insiste en que la escasez debe ser real. Anunciar continuamente “últimas plazas” mientras se acepta un número ilimitado de compradores destruye la credibilidad.

Para productos físicos, Hormozi recomienda que las ediciones limitadas efectivamente se agoten. Es preferible producir menos y cumplir la promesa de exclusividad que acumular inventario después de anunciar una escasez inexistente.

<u><strong>La escasez puede aumentar el deseo únicamente mientras el público confíe en que la limitación es verdadera.</strong></u>

Urgencia: limitar el tiempo

La escasez se relaciona con la cantidad; la urgencia, con el tiempo.

Una fecha de inicio, un cierre de inscripciones, el vencimiento de una bonificación o un cambio programado de precio pueden impulsar una decisión.

Hormozi propone utilizar cohortes que comiencen en fechas determinadas, campañas estacionales, promociones temporales y oportunidades vinculadas con acontecimientos concretos.

La fecha límite debe tener una razón real. Cuando una oferta “termina hoy” todos los días, el cliente aprende que no necesita actuar.

La urgencia bien utilizada también puede mejorar la operación. Iniciar grupos en fechas establecidas permite organizar mejor la incorporación y proporcionar una experiencia más ordenada.

<u><strong>La urgencia ética no obliga a comprar; informa con claridad que las condiciones actuales dejarán de estar disponibles en una fecha determinada.</strong></u>

Bonificaciones: hacer visible el valor que ya existe

Muchas empresas prestan numerosos servicios, pero los comunican como si fueran un solo bloque.

Hormozi sostiene que una oferta puede parecer más valiosa cuando sus componentes se separan, reciben nombres y se presentan como bonificaciones.

Un programa puede incluir diagnóstico, plantillas, seguimiento, comunidad y soporte. Si todo aparece bajo una sola denominación, el comprador puede no comprender la amplitud de lo que recibirá.

Las bonificaciones también deben resolver objeciones. No deberían añadirse únicamente para inflar artificialmente el valor.

El autor afirma que una oferta presentada como varias piezas apiladas puede generar una percepción superior a la misma propuesta presentada como un único paquete.

<u><strong>Una buena bonificación no distrae del producto principal: elimina una razón que todavía podría impedir que el cliente alcance el resultado.</strong></u>

Garantías: trasladar parte del riesgo

La principal objeción frente a una compra es el riesgo.

El consumidor teme pagar y no recibir el resultado. Una garantía puede reducir esa incertidumbre trasladando parte del riesgo hacia la empresa.

Hormozi distingue garantías incondicionales, condicionales, antigarantías e implícitas.

La incondicional permite solicitar una devolución dentro de un periodo establecido. La condicional exige que el cliente cumpla determinadas acciones. La antigarantía informa expresamente que la venta es definitiva y explica por qué. La garantía implícita vincula la remuneración con el rendimiento: si la empresa no produce el resultado, no recibe el pago completo.

Una garantía fuerte también debe indicar qué ocurrirá si no se cumple la promesa. Decir “resultados garantizados” es menos convincente que establecer el resultado, el periodo y la compensación correspondiente.

Hormozi utiliza un ejemplo matemático: si una garantía aumenta las ventas de 100 a 130, aunque las devoluciones suban de 5% a 10%, las ventas netas pasarían de 95 a 117. El negocio conservaría un aumento neto aproximado de 23%.

<u><strong>Una garantía no elimina el riesgo de la transacción; lo redistribuye hacia la parte que afirma tener mayor confianza en el resultado.</strong></u>

La garantía debe diseñarse con cuidado. En servicios costosos, una devolución puede implicar la pérdida del ingreso y de todo el costo de ejecución. También existe el riesgo de atraer compradores poco comprometidos. Por ello, una garantía condicional vinculada con las acciones necesarias para lograr el resultado puede proteger a ambas partes.

El nombre: convertir una solución en una propuesta reconocible

El nombre de la oferta debe ayudar a comprender para quién es, qué resultado promete y por qué existe en ese momento.

Hormozi propone combinar varios elementos: un motivo para la promoción, el público específico, el resultado deseado, un intervalo temporal y una palabra que describa el formato, como programa, reto, sistema o intensivo.

Por ejemplo, “asesoría empresarial” es una descripción genérica. “Programa de 12 semanas para conseguir los primeros cinco clientes” comunica un público, un objetivo, una duración y una estructura.

El autor recomienda que la denominación sea específica sin convertirse en una frase incomprensible. También reconoce que algunos nombres funcionarán mejor que otros y que será necesario probar distintas versiones.

<u><strong>Un nombre efectivo no reemplaza al valor, pero permite que el cliente comprenda rápidamente por qué la oferta podría ser relevante para él.</strong></u>

La oferta no funciona sin ejecución

Después de explicar el mercado, el precio, el valor y los mecanismos de mejora, Hormozi dedica la última sección a la ejecución.

El libro no afirma que una propuesta escrita produzca automáticamente grandes ingresos. La oferta debe presentarse, probarse, entregarse y modificarse de acuerdo con la respuesta de los clientes.

Los primeros intentos pueden fallar. Algunas denominaciones no atraerán atención, determinadas bonificaciones no tendrán importancia y ciertas garantías resultarán demasiado costosas.

La función del empresario consiste en observar, aprender y ajustar.

El autor considera que la primera gran oferta debería ayudar al negocio a alcanzar sus primeros US$100,000, pero reconoce que posteriormente serán necesarias otras capacidades: generar prospectos, convertirlos, conservar clientes y desarrollar una estructura rentable de adquisición.

<u><strong>La oferta es el primer bloque del negocio, no el negocio completo. Sin tráfico, ventas, entrega y mejora continua, incluso una propuesta brillante permanece solamente sobre el papel.</strong></u>

Una idea poderosa que necesita límites éticos

El lenguaje de Hormozi es deliberadamente agresivo. Habla de crear ofertas tan buenas que las personas se sientan “estúpidas” si las rechazan.

Sin embargo, esta expresión no debería interpretarse como una autorización para manipular.

La escasez falsa, las garantías imposibles, los precios inflados y las bonificaciones sin utilidad pueden generar ventas iniciales, pero destruyen la confianza. El verdadero fundamento del modelo es que la diferencia entre el valor recibido y el precio pagado sea favorable para el cliente.

La empresa debe poder cumplir todo lo prometido.

También debe reconocer que no toda persona necesita el producto. Una oferta puede ser excelente para determinado público y completamente inadecuada para otro.

La comunicación responsable ayuda al comprador a evaluar la propuesta. No pretende eliminar su capacidad crítica.

<u><strong>Una Oferta Grand Slam ética no consigue ventas escondiendo la realidad; las consigue aumentando la utilidad real y explicándola con claridad.</strong></u>

La gran enseñanza de Ofertas de 100 M$

La principal aportación del libro consiste en trasladar la atención desde el producto hacia la propuesta completa.

Una empresa no vende únicamente aquello que fabrica. También vende el resultado esperado, el tiempo necesario, la dificultad del proceso, el riesgo, la forma de pago, el acompañamiento y la confianza que inspira.

Hormozi propone comenzar el análisis con varias preguntas:

¿Qué desea realmente el cliente? ¿Qué obstáculos le impiden conseguirlo? ¿Cómo podemos aumentar su confianza? ¿Cómo podemos entregarle una primera victoria más rápido? ¿Qué esfuerzo innecesario podemos eliminar? ¿Cómo podemos asumir parte del riesgo? ¿Qué elementos debemos incluir y cuáles debemos retirar?

Las respuestas permiten construir una oferta menos comparable y, por tanto, menos dependiente del precio.

<u><strong>El precio deja de ser el centro de la conversación cuando el cliente comprende que la propuesta resuelve mejor su problema, reduce su riesgo y facilita el resultado que desea.</strong></u>

Ofertas de 100 M$ no presenta una fórmula mágica capaz de convertir cualquier negocio en una empresa exitosa. El mercado debe existir, el producto debe cumplir y la operación debe ser rentable.

Pero sí ofrece un cambio de perspectiva importante.

En lugar de preguntar inmediatamente “¿cómo puedo vender más?”, invita a preguntar primero: “¿cómo puedo construir algo que merezca ser comprado?”.

<u><strong>La mejor venta no comienza con una técnica de cierre. Comienza mucho antes, cuando la empresa diseña una propuesta cuya utilidad resulta evidente para la persona adecuada.</strong></u>


Fuente principal: Hormozi, Alex. Ofertas de 100 M$: Cómo hacer ofertas tan buenas que la gente se sienta estúpida si las rechaza. Primera edición en español, EBL, 2023. El presente artículo es un análisis y una adaptación periodística elaborada con fines educativos. 




viernes, 17 de julio de 2026

Extreme Ownership: el liderazgo comienza cuando dejamos de buscar culpables

 



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Jocko Willink y Leif Babin trasladan al mundo empresarial las lecciones que aprendieron dirigiendo equipos SEAL en Irak. Su planteamiento es exigente: cuando un equipo fracasa, el líder debe mirar primero sus propias decisiones, asumir la responsabilidad y construir una solución.

En las organizaciones, el fracaso suele iniciar una búsqueda inmediata de responsables.

La dirección culpa a los trabajadores por no ejecutar correctamente. Los trabajadores señalan que recibieron instrucciones confusas. Producción responsabiliza a ventas; ventas acusa a logística; logística afirma que no contó con los recursos necesarios. Mientras cada área intenta protegerse, el problema continúa intacto.

Extreme Ownership, de Jocko Willink y Leif Babin, plantea una forma radicalmente distinta de entender el liderazgo: el líder no comienza preguntando quién tuvo la culpa, sino qué pudo haber hecho de manera diferente para evitar el resultado.

Los autores fueron oficiales de los Navy SEAL y sirvieron juntos en Ramadi, Irak, durante uno de los periodos más violentos de la guerra. El libro reúne experiencias de combate, principios de liderazgo y casos empresariales con una misma estructura: primero presenta una situación extrema, después identifica la enseñanza y finalmente muestra cómo puede trasladarse a una organización civil.

No pretende glorificar las acciones individuales. Desde el comienzo, los autores aclaran que sus historias pertenecen al equipo y que no puede existir liderazgo sin un grupo de personas trabajando para cumplir una misión.

<u>La tesis central del libro es que el liderazgo se mide por el resultado colectivo: si el equipo gana, el líder cumplió su función; si el equipo fracasa, debe asumir la responsabilidad de corregirlo.</u>

Ramadi: el laboratorio extremo del liderazgo

Willink y Babin desarrollaron gran parte de estos principios durante la batalla de Ramadi, una ciudad iraquí que en 2006 era considerada uno de los territorios más peligrosos del país.

Las fuerzas estadounidenses controlaban aproximadamente una tercera parte de la ciudad, mientras los insurgentes dominaban el resto. Los ataques eran frecuentes, las decisiones debían tomarse con información incompleta y cualquier error podía producir consecuencias mortales.

La Unidad de Tareas Bruiser, dirigida por Willink, participó junto con soldados e infantes de marina estadounidenses en la estrategia destinada a recuperar y estabilizar Ramadi. Los autores sostienen que la experiencia les permitió comprobar que el liderazgo no depende únicamente de los comandantes superiores: también surge entre quienes dirigen pequeños grupos y toman decisiones en primera línea.

El libro no presenta esas experiencias como una receta militar que deba copiarse literalmente en las empresas. Utiliza el combate como un escenario donde los problemas habituales de cualquier organización aparecen amplificados: comunicación deficiente, objetivos contradictorios, ego, presión, información incompleta, falta de coordinación y resistencia a asumir responsabilidades.

<u>Cuando la presión aumenta, las debilidades del liderazgo dejan de estar ocultas y comienzan a afectar directamente el desempeño del equipo.</u>

Primera parte: ganar la guerra interna

Antes de dirigir a otros, el líder debe controlar sus propias reacciones. Por eso, la primera parte del libro se concentra en cuatro desafíos personales: asumir la responsabilidad, elevar los estándares, creer en la misión y dominar el ego.

1. Propiedad extrema: no hay nadie más a quien culpar

El concepto que da título al libro nació después de un grave incidente de fuego amigo ocurrido durante una operación en Ramadi.

Diversas unidades se encontraban actuando en un entorno confuso. La falta de coordinación provocó que combatientes del mismo bando se enfrentaran entre sí. Cuando llegó el momento de explicar lo sucedido, Jocko Willink comprendió que podía señalar numerosos errores cometidos por otras personas.

Sin embargo, él era el comandante. Por esa razón, decidió asumir toda la responsabilidad.

No afirmó que hubiera realizado personalmente cada acción equivocada. Reconoció que no había logrado coordinar adecuadamente, comunicar con suficiente claridad, anticipar la confusión ni garantizar que todas las unidades comprendieran el plan.

Para los autores, propiedad extrema significa que el líder se apropia de todo aquello que afecta la misión. Si un trabajador no comprende, el líder debe revisar cómo explicó. Si el equipo no está preparado, debe preguntarse cómo lo capacitó. Si faltaron recursos, debe analizar qué hizo para conseguirlos o advertir oportunamente su ausencia.

La responsabilidad no termina en admitir el error. También exige crear un plan para corregirlo.

<u>El líder efectivo no utiliza la responsabilidad para castigarse, sino para recuperar la capacidad de actuar: mientras culpa a otros, entrega el control; cuando asume su parte, puede comenzar a cambiar el resultado.</u>

Esto no significa tolerar indefinidamente un bajo rendimiento. El libro sostiene que el líder debe capacitar, orientar y proporcionar oportunidades de mejora. Pero, cuando una persona incumple repetidamente los estándares y perjudica la misión, también corresponde tomar decisiones difíciles para proteger al equipo.

2. No hay malos equipos, solo malos líderes

Durante el entrenamiento de los SEAL, los participantes debían competir organizados en tripulaciones. Una de ellas obtenía resultados deficientes de manera constante. Sus integrantes parecían lentos, desorganizados e incapaces de colaborar.

Los instructores cambiaron al responsable de ese grupo por el líder de una de las mejores tripulaciones. El rendimiento se transformó.

Las personas eran prácticamente las mismas. Lo que cambió fue la dirección: se establecieron expectativas, se organizó el esfuerzo y se creó la convicción de que podían competir.

La frase “no hay malos equipos, solo malos líderes” es deliberadamente provocadora. No afirma que todas las personas tengan idénticas capacidades ni que ningún trabajador sea responsable de sus decisiones. Su propósito es impedir que el jefe utilice las deficiencias del equipo como excusa para no revisar su propia gestión.

El líder define los estándares no solamente mediante sus discursos, sino mediante aquello que permite. Cuando tolera repetidamente un desempeño deficiente, ese rendimiento termina convirtiéndose en la nueva norma.

<u>En una organización, el estándar real no es aquello que el líder exige públicamente, sino aquello que acepta diariamente sin intervenir.</u>

Los buenos equipos tampoco permanecen satisfechos. Evalúan con honestidad sus debilidades, corrigen procedimientos y elevan progresivamente sus expectativas. Esa actitud comienza en el líder y, con el tiempo, puede convertirse en parte de la cultura.

3. Creer: nadie se compromete con una misión que no comprende

Durante su despliegue, Willink recibió la orden de incorporar soldados iraquíes en las operaciones de los SEAL. Al principio consideró que la decisión aumentaba los riesgos y dificultaba las misiones.

Sin embargo, después de examinar la estrategia general, entendió el propósito: si las fuerzas iraquíes nunca desarrollaban la capacidad de garantizar la seguridad de su propio país, los militares estadounidenses tendrían que permanecer allí durante generaciones.

La participación de los soldados iraquíes no era un inconveniente añadido a la operación. Formaba parte esencial del resultado estratégico que se buscaba.

Una vez que Willink comprendió el motivo, pudo explicarlo a sus hombres. No consiguió que todos recibieran la decisión con entusiasmo, pero logró que entendieran por qué debían ejecutarla. Esa comprensión aumentó la disposición a perseverar frente a las dificultades.

El libro sostiene que un líder no puede transmitir convicción sobre una misión en la que él mismo no cree. Cuando duda, sus palabras, actitudes y decisiones revelan esa falta de certeza.

Pero creer no significa obedecer ciegamente. Cuando una orden no resulta comprensible, el líder debe preguntar, analizar la perspectiva estratégica y buscar información hasta entender su razón. Después debe explicar ese “porqué” a quienes realizarán el trabajo.

<u>Las personas pueden obedecer una instrucción que no comprenden, pero difícilmente se comprometerán con ella. El compromiso comienza cuando el equipo conoce el propósito.</u>

La responsabilidad también corresponde a los niveles superiores. Una política de puertas abiertas no garantiza que los trabajadores se atrevan a preguntar. El peso jerárquico puede impedir que expresen dudas, aun cuando el jefe crea que ha comunicado perfectamente.

4. Controlar el ego

El ego puede impulsar la competencia, la ambición y el deseo de superación. El problema aparece cuando comienza a alterar la percepción de la realidad.

Un líder dominado por el ego rechaza observaciones, interpreta las preguntas como amenazas y busca proteger su imagen antes que cumplir la misión. Puede ocultar errores, competir con otros departamentos o negarse a solicitar ayuda para no parecer débil.

Los autores relatan el caso de una unidad que llegó a Ramadi con buena preparación y mejores recursos, pero cuyos integrantes se mostraron incapaces de coordinar con otros grupos. Su arrogancia y resistencia a compartir información terminaron convirtiéndolos en un riesgo para las fuerzas con las que debían trabajar. Finalmente, fueron apartados de la operación.

El ego también puede aparecer cuando otro equipo posee mejores capacidades. El líder puede intentar competir internamente o retener información para preservar su territorio.

Willink recuerda que tuvo que recordarle a uno de sus subordinados que el enemigo se encontraba fuera de la base, no dentro de ella. No importaba qué unidad recibiera el reconocimiento; importaba cumplir la misión.

<u>Cuando el reconocimiento personal se vuelve más importante que el objetivo colectivo, el ego deja de ser una fuente de confianza y se convierte en un obstáculo para el equipo.</u>

Controlar el ego no significa carecer de seguridad. El libro propone combinar confianza con humildad: confiar lo suficiente para decidir, pero conservar la humildad necesaria para escuchar, aprender y admitir errores.

Segunda parte: las leyes del combate

La segunda parte desarrolla cuatro principios de coordinación. Aunque proceden del campo de batalla, describen dificultades frecuentes en cualquier organización: departamentos aislados, planes incomprensibles, exceso de prioridades y jefes que concentran todas las decisiones.

5. Cubrir y moverse: ningún departamento gana solo

En las operaciones militares, un equipo proporciona cobertura mientras otro se desplaza. Después intercambian funciones. Ninguno puede avanzar de manera segura sin el apoyo del otro.

Willink y Babin convierten esta táctica en una definición de trabajo en equipo.

En una empresa, los departamentos pueden olvidar que forman parte de una organización mayor. Ventas quiere aceptar todos los pedidos; producción necesita estabilidad; finanzas exige control; logística busca reducir urgencias. Cada área puede cumplir su indicador y, al mismo tiempo, perjudicar el resultado general.

Cuando surgen dificultades, los equipos comienzan a competir, culparse y proteger su territorio. La solución propuesta es recuperar la perspectiva de la misión global: si la organización fracasa, ningún departamento gana realmente, aunque haya cumplido su meta individual.

El principio exige romper los silos, identificar quién depende de nuestro trabajo y reconocer de quién dependemos nosotros.

<u>El éxito de un área no puede considerarse una victoria cuando dificulta que el resto de la organización cumpla la misión.</u>

Cubrir y moverse significa compartir información, ofrecer apoyo y coordinar los esfuerzos. Cuando el equipo obtiene el resultado, todos participan de la victoria.

6. Sencillo: si el equipo no lo entiende, el plan no existe

Las operaciones complejas pueden tentar a los líderes a crear instrucciones igualmente complejas.

El problema es que, bajo presión, las personas no ejecutan aquello que apenas lograron comprender durante una reunión. Cuando aparecen cambios, urgencias o imprevistos, un plan confuso se desintegra.

El libro presenta el caso de una planta que diseñó un sistema de bonificaciones con numerosos pesos, categorías, cálculos de eficiencia, niveles y penalizaciones. La dirección consideraba que el modelo era técnicamente sofisticado. Los trabajadores, en cambio, no comprendían qué conducta debían modificar para mejorar su remuneración.

El incentivo existía, pero no orientaba el comportamiento.

Los autores ayudaron a reducir el sistema a dos elementos principales: cantidad producida y calidad. Cuando los trabajadores comprendieron la relación entre sus acciones y la recompensa, la productividad comenzó a aumentar.

La simplicidad no significa superficialidad. Un plan puede considerar numerosas variables durante su diseño, pero su ejecución debe expresarse de manera clara.

<u>La prueba de una comunicación efectiva no es que el líder pueda explicarla, sino que la persona encargada de ejecutarla pueda comprenderla, recordarla y adaptarla.</u>

Cuando todos poseen una comprensión básica común, el equipo puede modificar rápidamente sus acciones sin perder el rumbo.

7. Priorizar y ejecutar

En una crisis, todos los problemas parecen urgentes.

El teléfono suena, aparecen reclamos, falla un sistema, falta personal y se acumulan decisiones. El líder que intenta resolverlo todo simultáneamente termina dispersando la atención y transmite su ansiedad al equipo.

Los autores proponen una secuencia: observar la situación, identificar el problema de mayor impacto, comunicar una prioridad clara, asignar recursos, ejecutar y después pasar a la siguiente.

En una operación narrada por Babin, un miembro del equipo había resultado herido mientras existían amenazas en distintas posiciones. La reacción emocional inmediata era acudir directamente hacia él. Sin embargo, antes debían establecer seguridad. De lo contrario, más personas podían resultar heridas y el rescate sería imposible.

El equipo resolvió un problema prioritario y después avanzó hacia el siguiente.

<u>Cuando todo parece prioritario, nada lo es. El líder debe determinar qué problema, si no se resuelve primero, hará irrelevantes todos los demás.</u>

Priorizar no significa olvidar el resto. Significa ordenar temporalmente la atención para que el equipo pueda avanzar sin quedar paralizado por la cantidad de dificultades.

8. Mando descentralizado: el líder no puede decidirlo todo

Una organización no puede depender de una sola persona para cada autorización.

Cuando todas las decisiones ascienden hacia la dirección, el jefe se convierte en un cuello de botella y quienes se encuentran cerca del problema pierden la capacidad de responder.

El mando descentralizado divide al equipo en unidades manejables con responsables claramente identificados. Esos líderes deben comprender el objetivo general, conocer los límites de su autoridad y contar con información suficiente para decidir.

No se trata de permitir que cada grupo actúe según sus propios intereses. La autonomía necesita dirección. Quienes toman decisiones tácticas deben entender la intención estratégica y comunicar hacia arriba aquello que excede su autoridad.

Los autores sostienen que los líderes de primera línea deben explicar lo que planean hacer, en lugar de limitarse a preguntar constantemente qué deben hacer.

<u>Delegar tareas no es suficiente. El verdadero mando descentralizado transfiere comprensión, autoridad y responsabilidad.</u>

Cuando esta estructura funciona, el responsable superior puede dejar de controlar cada movimiento y concentrarse en observar el panorama general, anticipar riesgos y coordinar los distintos elementos.

Tercera parte: sostener la victoria

Alcanzar un buen resultado una vez no garantiza mantenerlo. La tercera parte se concentra en la planificación, la comunicación jerárquica, las decisiones bajo incertidumbre y el equilibrio entre cualidades aparentemente contradictorias.

9. Planificar para lo que puede salir mal

Una buena planificación no intenta predecir con exactitud todo lo que ocurrirá. Su objetivo es preparar al equipo para responder cuando la realidad se aparte del plan.

El proceso comienza definiendo la misión y el resultado deseado. Después se identifican recursos, riesgos, responsabilidades y posibles contingencias.

Los autores insisten en que la intención del comandante —el propósito general— es la parte más importante. Cuando todos entienden el estado final buscado, pueden tomar decisiones coherentes incluso si pierden comunicación con sus superiores.

El plan debe considerar riesgos, pero no puede eliminarlos todos. La función del líder es mitigar aquellos que puede controlar y preparar respuestas para los principales escenarios adversos.

Después de la ejecución debe realizarse una revisión: qué funcionó, qué salió mal y qué debe cambiarse antes de la próxima operación. Los autores consideran que esta evaluación es indispensable, aunque el equipo esté cansado o ya tenga otra misión pendiente.

<u>Planificar no significa adivinar el futuro; significa preparar al equipo para actuar cuando el futuro no se comporte como esperábamos.</u>

Un proceso estandarizado permite que la organización conserve el aprendizaje y no dependa exclusivamente de la experiencia de determinadas personas.

10. Liderar hacia abajo y hacia arriba

Los trabajadores suelen pensar que el liderazgo fluye únicamente desde la parte superior de la organización.

Sin embargo, Willink y Babin sostienen que los subordinados también deben dirigir la relación con sus superiores. Cuando la alta dirección no comprende una dificultad operativa, puede ser porque quienes trabajan sobre el terreno no comunicaron adecuadamente la información.

Durante una operación, Babin se frustró porque sus superiores retrasaban aprobaciones. Willink le hizo notar que los comandantes no se encontraban en Ramadi y no podían conocer todas las medidas adoptadas para reducir los riesgos. Si todavía tenían dudas, el equipo debía proporcionar mejores informes, realizar llamadas y facilitar una observación directa de la situación.

En el mundo empresarial, culpar a la sede central puede ser comprensible, pero no siempre soluciona el problema. El gerente debe aprender qué información necesitan sus superiores, presentar sus argumentos con claridad y ayudarles a comprender las consecuencias de sus decisiones.

<u>Cuando la dirección no comprende lo que sucede en primera línea, la responsabilidad de comunicar mejor también pertenece a quienes poseen esa información.</u>

Liderar hacia arriba no implica desafiar permanentemente la autoridad ni manipularla. Significa proporcionar contexto, formular preguntas y participar responsablemente en la construcción de las decisiones.

11. Decidir con información incompleta

Los líderes rara vez disponen de todos los datos que desearían.

Esperar una certeza absoluta puede parecer prudente, pero también puede permitir que la situación empeore. La indecisión es una decisión: deja que los acontecimientos continúen sin dirección.

En el libro, una ejecutiva enfrentaba un conflicto destructivo entre dos ingenieros importantes. Temía despedir a la persona equivocada y perder conocimientos técnicos. Por eso, pensó en esperar hasta obtener mayor claridad.

El problema era que probablemente nunca tendría una imagen completa. Mientras esperaba, ambos líderes continuaban deteriorando la cooperación y amenazaban la estabilidad del equipo.

Los autores sostienen que el líder debe reunir información, evaluar las consecuencias probables y tomar la mejor decisión posible en ese momento. Después debe estar preparado para modificarla cuando aparezcan nuevos datos.

Esperar una respuesta completamente segura puede producir retrasos e incapacidad para ejecutar.

<u>El liderazgo no consiste en garantizar que todas las decisiones serán correctas, sino en decidir responsablemente, observar el resultado y corregir el rumbo con rapidez.</u>

La decisión debe ser proporcional al riesgo. No se trata de actuar impulsivamente, sino de aceptar que la incertidumbre nunca desaparecerá por completo.

12. Disciplina es igual a libertad

A primera vista, disciplina y libertad parecen conceptos contrarios.

Los autores sostienen lo contrario: los procedimientos disciplinados crean una base que permite actuar con mayor rapidez y flexibilidad.

Cuando todos conocen las reglas fundamentales, los formatos de comunicación y los procedimientos, el equipo no necesita diseñar nuevamente cada acción desde cero. Puede combinar recursos, reorganizarse y adaptarse sin perder coordinación.

Durante las operaciones, la estandarización permitió que los equipos trabajaran juntos aunque cambiaran sus integrantes. Cuando surgía el caos, podían recurrir a métodos conocidos y concentrar la atención en la nueva dificultad.

Sin embargo, una disciplina excesivamente rígida también puede impedir que las personas piensen. Por eso, el libro habla de una dicotomía: el líder debe encontrar equilibrio entre control y autonomía.

Debe dirigir, pero también saber seguir. Debe mostrarse seguro, pero conservar humildad. Debe ser agresivo frente a los problemas, pero no autoritario con las personas. Debe prestar atención a los detalles sin perder la visión general.

<u>La disciplina efectiva no encierra al equipo: elimina el desorden innecesario y le proporciona libertad para concentrarse en lo verdaderamente importante.</u>

La paradoja del líder: sostener fuerzas contrarias

La última enseñanza del libro trasciende sus doce capítulos.

El liderazgo no consiste en aplicar una cualidad en su máximo nivel. Una fortaleza llevada al extremo puede convertirse en una debilidad.

Un líder demasiado autoritario destruye la iniciativa; uno excesivamente pasivo deja al equipo sin dirección. El exceso de confianza produce arrogancia; la falta de confianza impide decidir. Una planificación insuficiente genera improvisación; una planificación excesiva puede consumir el tiempo necesario para actuar.

La dificultad se encuentra en mantener el equilibrio adecuado según la situación.

<u>El buen líder no permanece en un extremo: aprende a desplazarse entre cualidades opuestas sin abandonar la misión ni los principios.</u>

Responsabilidad no significa cargar con toda la culpa

La propiedad extrema podría interpretarse incorrectamente como una invitación a aceptar cualquier culpa, incluso cuando existen problemas estructurales o decisiones fuera del control del líder.

La idea más útil del libro no es afirmar que una sola persona causó todo lo ocurrido. Es preguntar qué parte del resultado puede influir y qué debe hacer a continuación.

Un gerente no controla la economía, las leyes, las decisiones de los clientes ni todos los comportamientos de sus trabajadores. Pero sí puede controlar cómo prepara, comunica, supervisa, aprende y responde.

La propiedad extrema desplaza la conversación desde la defensa personal hacia la acción.

<u>Asumir responsabilidad no significa negar las causas externas; significa negarse a utilizarlas como excusa para permanecer inmóvil.</u>

¿Los líderes nacen o se forman?

En el epílogo, los autores reconocen que algunas personas poseen cualidades naturales como carisma, serenidad o facilidad para asumir riesgos.

Pero consideran que esas ventajas no garantizan un liderazgo efectivo. Una persona talentosa puede fracasar si no reconoce errores, rechaza la crítica y deja de aprender.

Del mismo modo, alguien con menor facilidad inicial puede desarrollar capacidades mediante entrenamiento, práctica, humildad y disciplina.

El liderazgo se convierte así en una práctica, no en una identidad reservada para determinadas personalidades.

<u>El líder no se define por tener siempre la respuesta correcta, sino por su disposición a aprender, asumir responsabilidad y preparar a otros para decidir.</u>

La gran lección de Extreme Ownership

El libro de Jocko Willink y Leif Babin utiliza un lenguaje duro porque nace de un contexto donde los errores tenían consecuencias extremas.

Sin embargo, su mensaje fundamental puede expresarse con una pregunta sencilla: cuando algo sale mal, ¿buscamos primero una explicación que nos proteja o una responsabilidad que nos permita mejorar?

Las organizaciones no necesitan líderes que se declaren culpables de todo. Necesitan personas capaces de reconocer su influencia, corregir sus errores y ayudar al equipo a recuperar el rumbo.

La propiedad extrema comienza cuando el jefe deja de decir “ellos no entendieron” y se pregunta “¿cómo pude explicarlo mejor?”. Cuando abandona “no hicieron su trabajo” y analiza “¿establecí el estándar, proporcioné recursos y supervisé correctamente?”. Cuando sustituye “la dirección no me apoya” por “¿qué información necesita para comprender esta situación?”.

<u>El liderazgo verdadero comienza cuando dejamos de proteger nuestra imagen y empezamos a proteger la misión, el aprendizaje y el desempeño del equipo.</u>


Fuente principal: Willink, Jocko y Babin, Leif. Extreme Ownership: How U.S. Navy SEALs Lead and Win. El presente artículo es un análisis y una adaptación periodística elaborada con fines educativos.




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