Destrucción
creativa
El
arriesgado negocio de ir en contra de la corriente
Fuente:
ORIGINALES
Autor:
GRANT, ADAM
El hombre razonable se adapta al mundo; el irracional
insiste en intentar adaptar el mundo a sí mismo. Por tanto, todo progreso
depende del hombre irracional. GEORGE BERNARD SHAW
En
una fresca noche del otoño de 2008, cuatro estudiantes se lanzaron a revolucionar
una industria. Sepultados en préstamos, se les habían perdido o roto sus gafas y estaban
indignados por lo mucho que les costaría sustituirlas. Uno de ellos
había usado sus gafas dañadas durante cinco años: utilizaba un clip para sostener
la montura en su sitio. Incluso después de que su graduación hubiera cambiado
dos veces, se negaba a pagar el elevado precio de unas gafas nuevas.
Luxottica, el gorila de la industria,
controlaba más del 80 % del mercado de gafas. Para lograr que
estas fueran más asequibles, los estudiantes tendrían que derribar a un
gigante. Como habían visto la forma en que Zappos cambió el mercado del calzado
vendiendo zapatos en línea, se
preguntaban si podrían ellos hacer lo mismo con las gafas.
Cada
vez que por casualidad mencionaban esta idea en su círculo de amistades,
recibían fuertes críticas. Nadie compraría gafas por internet, insistían sus
amigos. La gente tenía que
probárselas primero. Es cierto que Zappos había logrado hacerlo con los
zapatos, pero seguramente había una razón por la cual esto no funcionaba con
las gafas, pues «si efectivamente fuera una buena idea, —escucharon
repetidamente—, ya lo habría hecho alguien».
Ninguno
de los estudiantes tenía formación en comercio electrónico ni en tecnología, y
mucho menos en venta al por menor, moda o ropa. A pesar de que les dijeron que
su idea era una locura, rechazaron
lucrativas ofertas de empleo para fundar su propia empresa. Venderían las gafas
que normalmente costaban 500 dólares en una óptica por solo 95 en internet y,
por cada compra, donarían otras a alguien del Tercer Mundo.
El negocio dependía de que su sitio web
fuera funcional. Sin eso, sería imposible que los
clientes pudieran ver o comprar sus productos. Tras dejarse las pestañas
montando el sitio web, finalmente lograron ponerlo en línea a las cuatro de la
madrugada del día anterior a su lanzamiento oficial, en febrero de 2010. Llamaron a su empresa Warby
Parker, en el cual combinaban los nombres de dos personajes creados por
el novelista Jack Kerouac, que
fue quien los impulsó a liberarse de los grilletes de la presión social y
embarcarse en su aventura. Admiraban su espíritu rebelde, que
infundieron en su cultura. Y valió la pena.
Los
estudiantes aspiraban a vender uno o dos pares de gafas al día. Pero, cuando GQ
se refirió a ellos como «el Netflix de las gafas», en menos de un mes cumplieron sus objetivos para
el primer año entero, vendiendo tan rápidamente que tuvieron que poner a veinte
mil clientes en lista de espera. Les llevó nueve meses reunir un stock
suficiente para satisfacer la demanda.
En
2015, cuando Fast Company publicó una lista de las empresas más innovadoras del
mundo, Warby Parker no
solo aparecía en la lista, sino que la encabezaba. Los tres ganadores
anteriores habían sido Google, Nike y Apple, gigantes creativos con más de
cincuenta mil empleados cada uno. El novato Warby tenía solo quinientos.
En un lapso de cinco años, los cuatro amigos construyeron una de las marcas más
de moda en el planeta y
donaron más de un millón de gafas a personas necesitadas. La compañía
ganó cien millones de dólares en ingresos anuales y fue valorada en más de mil
millones.
En
2009, uno de los fundadores me presentó la compañía, ofreciéndome la oportunidad
de invertir en Warby Parker. Yo no acepté. Fue la peor decisión financiera que
he tomado en mi vida y necesitaba entender en qué me había equivocado.
original: adj. El origen o fuente de
algo; aquello de donde algo surge, procede o se deriva.
original: m. Algo de carácter singular o
único; una persona que se diferencia de las demás por su carácter atractivo
o interesante; una persona con iniciativa o capacidad inventiva.
Hace años, los psicólogos descubrieron
que hay dos rutas para llegar al éxito: la conformidad y la originalidad.
Conformidad significa seguir a la multitud por caminos convencionales y
mantener el statu quo. Originalidad es tomar el camino menos recorrido, defendiendo
un conjunto de ideas novedosas que van en contra de la corriente, pero que, en
última instancia, mejoran las cosas.
Es
obvio que nada es totalmente original en el sentido de que todas nuestras ideas están
influenciadas por lo que aprendemos del mundo que nos rodea.
Constantemente
tomamos prestadas ideas de otras personas, ya sea de manera intencionada o sin
darnos cuenta. Todos somos
vulnerables a la «cleptomnesia», esto es, recordamos accidentalmente ideas
ajenas como si fueran propias. Según mi definición, la originalidad consiste en
introducir y promover una idea que es relativamente inusual dentro de un dominio
particular y que tiene el potencial necesario para mejorarlo.
La originalidad misma comienza con la
creatividad, con la generación de un concepto novedoso y útil.
Pero no se detiene ahí. Las
personas originales son aquellas que toman la iniciativa para hacer realidad
sus visiones. Los fundadores de Warby Parker tuvieron la originalidad de
soñar con una forma poco convencional de vender gafas en línea, pero llegaron a ser originales
al tomar medidas para que estas fueran fácilmente accesibles y asequibles a
todos los bolsillos.
